Culos, mujeres maltratadas y moscas en el pubis: Yoko Ono más allá de los prejuicios
La genial exposición 'Yoko Ono. Insound and Instructure' muestra con más de 80 obras cómo la artista es "una precursora del activismo, la paz y el feminismo con el que se están identificando los jóvenes"
Una mujer joven pasea por un parque de Londres cuando la intercepta una cámara. En un principio la mujer mira y sonríe y sigue su camino. Sin embargo, la cámara no se va y la sigue grabando. Ella comienza a sentirse incómoda, agobiada. Y el espectador también empieza a sentir lo mismo. Tras una hora de grabación, la mujer está muy tensa, ansiosa y acaba gritándole a la cámara (en varios idiomas, se escuchan el alemán y el italiano) qué es lo que están haciendo. Aquella hora de grabación completamente real a una desconocida fue la película Violación que concibieron Yoko Ono y John Lennon en 1968. En realidad, la grabaron durante dos días. Fue una forma de protestar por el acoso que sentían por aquel entonces por parte de la prensa, y a la vez una denuncia del hostigamiento que pueden padecer las mujeres al sentirse miradas, perseguidas, violentadas. Lo hicieron hace casi 60 años. Podría haber sido antes de ayer.
Esta es solo una pieza de la genial irreverencia, la absoluta modernez de Yoko Ono (Tokio, 1933) que se puede ver a partir de mañana en el MUSAC de León en la exposición Yoko Ono. Insound and Instructure. Son más de 80 piezas entre grandes instalaciones, películas, dibujos, fotografías que la artista creó desde el año 1953 hasta el presente (la pieza más actual es de 2015) y que, como afirma el comisario Álvaro Rodríguez Fominaya, “la refleja más allá de los prejuicios” (de las famosas broncas de Los Beatles). No solo eso, la exposición muestra por qué Ono es (una vez más) “una precursora del activismo, la paz y el feminismo con el que se están identificando la generación Z y los Millennials”. A sus 93 años, la japonesa sigue siendo la más moderna de todos lo que no habla particularmente bien de los tiempos (rancios) que vivimos.
A buen seguro va a ser una de las exposiciones más visitadas del año. Porque también es divertida (el visitante puede interactuar mucho con las diferentes piezas: “Que sean también artistas”, según Connor Monaham, otro de los comisarios y el director del estudio de Ono, y juguetona (la artista tiene una concepción muy directa del arte y el juego), porque los mensajes son directos y contundentes, porque también es combativa, porque se entiende a la primera (dentro de su arte conceptual y experimental) y porque a día de hoy, pese a que ya hemos visto todo tipo de performances, sigue sin dejar indiferente. Desde la propia Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León se pretende que se superen los 100.000 visitantes que tuvo la de Ai Wei Wei (una cifra altísima incluso para los grandes museos nacionales).
El cuerpo
Esta retrospectiva de más de siete décadas —aunque la más grande de la artista en España, con más de 200 obras, fue en el Guggenheim de Bilbao en 2014— comienza desde el título con una declaración de intenciones:. “Insound” y “Instructure” son dos palabras que Ono se inventó en un concierto en el Yamaichi Hall de Tokio en 1964 y señalan el poder de la imaginación, una de las señas de identidad de la artista. Y una modernidad en este mundo en el que hasta las metáforas llevan camino de desaparecer del lenguaje cotidiano.
"Es una de las artistas más importantes por el lugar que ocupa en el canon contemporáneo y por cómo se traduce al mundo actual"
Después se atraviesa la entrada, que en sí misma es otra pieza (de 1997) en la que hay pasillos estrechos con espejos (agobio) y hasta un tobogán. Sí, se puede entrar en la exposición deslizándose. A partir de ahí… el mundo de la japonesa. Desde aquellos años 60 en los que estuvo ligada al mítico grupo experimental Fluxus de Nueva York con John Cage y otros (cuando el Soho era verdaderamente un Soho artístico y no un lugar de tiendas y restaurantes para clases adineradas) hasta piezas más actuales. La mítica Pomelo con las 360 páginas de instrucciones para concebir una obra. Escaleras que suben al cielo (1968). Los rayos de la mañana (1996 y La leche de río (1996). La película Mosca (1970-71) en la que se pueden ver el cuerpo desnudo de una mujer y como diversas moscas se van posando en él, incluso en su pubis (la cámara lo enfoca de forma directa durante varios minutos). O Whisper (2013) en el que vemos a Ono en escena emitiendo gritos y gemidos y que acaba resultando hipnótica.
A continuación, otra de las salas enormes del MUSAC que concibió el estudio de Tuñón y Mansilla muestra la instalación Piezas para reparar: una mesa en la que vemos fragmentos de tazas junto a su celo, tijeras y otros instrumentos y que tienen verdaderamente la función de ser reparadas. Es una obra que no solo invita a la creación directa, sino que tiene hasta un punto de calma y relajación muy en la línea del pensamiento budista que la artista comenzó a practicar (y que influiría tanto en Lennon) en los sesenta.
Precisamente, el cantante de Los Beatles es el protagonista absoluto de Smile, una filmación de 50 minutos de su rostro realizada en 1968. Si algo había en la pareja era, sin duda alguna, adoración mutua. A su lado está el cuadro en el que solo se lee Sí (en español), de 1966, que es una palabra que ella usó muchísimo para reafirmarse como artista y como mujer en el mundo de los artistas. De hecho, fue en una exposición en la galería Indica de Londres de aquel año 1966 en la que estaba esta pintura donde Ono y Lennon se conocieron. Y estarían juntos hasta el asesinato del músico en 1980.
El cantante de Los Beatles es el protagonista absoluto de Smile, una filmación de 50 minutos de su rostro realizada en 1968
Otra de las piezas más provocativas de la exposición es Traseros, de 1967. Es una película en la que se pueden ver 365 culos de distintos hombres y mujeres durante casi una hora y media. Y la cámara enfoca únicamente a esta parte del cuerpo. Fue emitida por primera vez en el Carnegie Hall de Nueva York y está considerada una de sus piezas fundamentales.
Feminismo, paz
El feminismo de Yoko Ono está presente en buena parte de su obra. No solo con la ya citada Violación. Ahí está, por ejemplo, la famosa película Pieza Corte, de 1964, en la que podemos verla sentada en un escenario y cómo los que asisten a esa performance, hombres y mujeres, la van cortando partes de su vestido con unas tijeras. Cada uno donde quiera. Hay quien corta un trocito de manga, pero también se ve a un hombre que le corta a la altura del pezón. Angustia, una vez más. Muchos años después hemos visto a Marina Abramovich y otros, pero Ono fue una de las grandes pioneras en el arte performativo.
Posiblemente, Ascendendiendo (2013) sea una de instalaciones más dolorosas de toda la muestra. Está hecha a partir de testimonios reales de mujeres que viven en España y que han sufrido algún tipo de maltrato. Ya sea desde los dedos que le introdujo un ginecólogo a una mujer en una consulta sin guantes y sin nada a los golpes o abuso sexual padecidos por otras. La artista los pidió para hacer la pieza y se pueden leer junto a un montón de ropa de estas mismas mujeres. Y que el espectador saque sus propias conclusiones.
Y, por supuesto, donde está Yoko Ono hay una petición por la paz. Lo lleva haciendo desde hace 60 años. Algo sabe de guerras. Sufrió los bombardeos de los aliados en Japón cuando era una niña. Vio las ciudades devastadas, sufrió malnutrición. En 2003 concibió Un mapa para imaginar la paz, otra de sus obras participativas: el visitante podrá estampar con un sello la palabra "paz" en el lugar que desee de un enorme mapamundi. La pieza más contemporánea de la exposición, Banderas Invisibles (2015), también hace referencia al pacifismo. Son los mástiles de las banderas vacíos: no países, no fronteras, no pasaportes.
“Yoko Ono es hoy en día una de las artistas más importantes por el lugar que ocupa en el canon contemporáneo y por cómo se traduce al mundo actual. Además, ahora estamos viendo sus trabajos ya con menos prejuicios, como artista y mucho más allá de su leyenda”, reconoce Rodríguez Fominaya.
"Cuando cruzamos el umbral pasamos a participar. Porque para ella cualquier gesto por pequeño que sea puede generar conexiones"
La artista “acaba con aquello que se asume o está implícito en las cosas. Es una exposición en la que hay que tomar decisiones y elegir entre los distintos caminos que se nos ofrecen”, ratifica Connor Monaham. Quizá sea esto lo que la haga tan moderna: se sale del carril. “Cuando cruzamos el umbral pasamos a participar. Porque para ella cualquier gesto por pequeño que sea puede generar conexiones y suponer un gran cambio. Y eso forma parte de convertirnos en artista. Su idea siempre ha sido darle valor a las cosas a través de la transformación y el juego”, ha subrayado este comisario que la conoce bien.
Yoko Ono. Insound and Instructure es una de las exposiciones del año. Se podrá ver en el MUSAC de León hasta el 17 de mayo de 2026.
Una mujer joven pasea por un parque de Londres cuando la intercepta una cámara. En un principio la mujer mira y sonríe y sigue su camino. Sin embargo, la cámara no se va y la sigue grabando. Ella comienza a sentirse incómoda, agobiada. Y el espectador también empieza a sentir lo mismo. Tras una hora de grabación, la mujer está muy tensa, ansiosa y acaba gritándole a la cámara (en varios idiomas, se escuchan el alemán y el italiano) qué es lo que están haciendo. Aquella hora de grabación completamente real a una desconocida fue la película Violación que concibieron Yoko Ono y John Lennon en 1968. En realidad, la grabaron durante dos días. Fue una forma de protestar por el acoso que sentían por aquel entonces por parte de la prensa, y a la vez una denuncia del hostigamiento que pueden padecer las mujeres al sentirse miradas, perseguidas, violentadas. Lo hicieron hace casi 60 años. Podría haber sido antes de ayer.