Esta pareja lleva 26 años felizmente casada y 17 años de matrimonio abierto: este es su secreto
Molly Roden Winter y Stewart, su marido, comenzaron en 2008 a mantener relaciones con terceras personas. Ella cuenta los problemas con que se toparon en un libro que ha dado mucho que hablar en EEUU y que ahora se publica en España
Ocurrió de repente, sin planearlo. Molly y Stewart llevaban nueve años casados y tenían dos niños pequeños. Él llegaba muchos días tarde a casa del trabajo, ella estaba cansada de apechugar prácticamente sola con el cuidado de los críos y de ver cómo su vida social se había esfumado. Una noche en 2008, una de tantas en las que Stewart no apareció por el hogar de la pareja en Brooklyn hasta que los niños ya estaban acostados, Molly decidió salir a dar una vuelta. “Tengo que airearme”, le soltó a su marido.
Acabó junto con una amiga en un bar. Allí conoció a Matt, un chico de un metro ochenta y cinco, ojos verdes y bastante más joven, que le invitó a un par de cervezas e intentó descaradamente ligar con ella.
Al regresar a casa, Molly le contó lo sucedido a su marido quien, contra todo pronóstico, le animó a explorar su sexualidad con Matt. “Puedes volver a salir con él, siempre y cuando me lo cuentes”, le dijo.
Molly y Stewart comenzaron entonces una relación en la que cada uno de ellos podía mantener sexo con terceras personas, el suyo se convirtió en un matrimonio abierto. No fue fácil, para nada, como queda meridianamente claro en
“En realidad, todo empezó antes de casarnos. Mi marido es mayor que yo y antes de conocernos él ya había tenido muchas parejas, mientras que yo muy pocas. Conocí a mi marido cuando yo tenía 23, nos casamos cuando yo tenía 26, fui madre a los 29. Cuando aún éramos novios, en alguna ocasión él me dijo: “Es imposible que a partir de ahora yo vaya a ser la única persona con la que te vayas a acostar”. Por aquel entonces a mí me parecía imposible, yo sólo quería estar para siempre con él”, nos cuenta Molly por videoconferencia.
Pero aquella noche en que conoció a Matt en un bar, todo cambió. “Sentí que necesitaba libertad, explorar, vivir una aventura. Y mi marido la verdad es que había preparado el terreno para que pudiera hacerlo. Lo único que me había pedido siempre es que, si algún día me acostaba con otra persona, se lo dijera, que no hubiera mentiras entre nosotros. Fui honesta con él, y así empezó todo”, recuerda Molly.
Lo que ella no había calculado es lo mucho que le dolería que su marido también comenzara a tener sus propias aventuras con otras mujeres. “La verdad es que no lo había pensado. Y fue extremadamente difícil para mí. De hecho, si el libro cuenta los diez primeros años de nuestro matrimonio abierto es porque tardé unos diez años en sentirme cómoda, incluso con la etiqueta de poliamor. Hubo muchas dificultades, no ha sido para nada un camino de rosas, ha sido difícil llegar hasta donde estoy ahora. Y sigue siendo complicado, pero ahora lo es muchísimo menos”.
Asegura Molly Roden Winter que los celos son lo más difícil de llevar en una relación abierta. Pero no sólo. “Los celos son lo peor, sí, pero lo que realmente enmascaran los celos es mucha inseguridad y mucho miedo. En una relación abierta los celos te llevan a plantearte si perderás a tu marido, si serás suficiente para él, si serás capaz de conservar vuestra relación… Los celos son mucho más profundos y complejos de lo que pensamos. Queremos simplemente etiquetarlos como celos y dejarlos en la superficie, pero ocultan muchas cosas de nuestros miedos internos, y ese es el verdadero trabajo que hay que hacer”.
"Ahora tengo varias relaciones simultáneas y mi esposo tiene varias extramatrimoniales. Gracias a eso nuestras vidas son mucho más ricas"
Cuando Molly y Stewart se convirtieron en un matrimonio abierto, hace ya 17 años, se impusieron una serie de reglas. La primera y más importante, en torno a la cual orbitan todas las demás: no enamorarse de aquellos terceros con los que mantenían relaciones. Podía haber sexo, pero no amor, nada de vinculaciones emocionales. “Creo que es posible, sé que hay gente que lo hace, que tiene relaciones pasajeras cuando por ejemplo viaja por trabajo y que se trata de encuentros únicamente sexuales. Pero a mí me llevó un tiempo darme cuenta de que no me gusta el sexo sin amor, el sexo sin amor me hace sentirme vacía”, explica Molly.
El matrimonio fue así evolucionando, cambiando sus propias normas y permitiendo que entrara el amor en sus relaciones con terceros. De hecho Molly aún sigue a día de hoy en contacto con ese primer hombre del que se enamoró en su relación poliamorosa. “Ya no estamos juntos, pero todavía le quiero y todavía seguimos en contacto. Ahora mismo tengo varias relaciones simultáneas y a todos ellos les quiero; mi esposo tiene varias relaciones extramatrimoniales y quiere a varias mujeres. Gracias a eso creo que nuestras vidas son mucho, muchísimo más ricas”, sostiene.
Dice Molly Roden Winter que su matrimonio con Stewart, del que ya han celebrado su 26 aniversario, seguramente hubiera durado lo mismo, aunque no hubieran optado por ser una pareja abierta. “Creo que sí, porque estamos muy comprometidos el uno con el otro. Pero si no hubiéramos decidido ser un matrimonio abierto, tal vez habría habido infidelidades. El otro día estuve de hecho en un podcast con un terapeuta que trabaja sobre todo con parejas que han tenido problemas de infidelidad y que están intentando reconstruir su relación y me dijo que poner los cuernos es tan común como pillar la gripe, y creo que es verdad. Pero nosotros hemos hecho todo lo posible para no sentirnos traicionados el uno por el otro. Si no hubiéramos optado por ser una pareja abierta, creo que habría querido tener una aventura en algún momento. Y mi esposo seguramente también, porque ambos tenemos una libido bastante alta. Así que creo que convertirnos en una pareja abierta fue lo mejor para que nuestro matrimonio funcionara”.
La familia, nos confiesa, fue el territorio que Stewart y ella preservaron para ellos dos solos en los primeros años de su relación abierta. Sus dos hijos eran entonces pequeños, y ninguna de sus otras parejas era invitada a su hogar en Brooklyn o a compartir nada de tiempo con la familia. Pero eso ha empezado a cambiar. Sus dos hijos ahora son mayores, tienen 20 y 23 años, y el más mayor ha conocido en el pasado cumpleaños de Molly a la pareja extramatrimonial más duradera con la que está su madre, un hombre con el que lleva cinco años de relación. Molly, además, ha conocido a las dos parejas extramatrimoniales más duraderas de Stewart. “Son personas encantadoras. Pero no nos juntamos todos, no hacemos cosas en grupo. Hay quien lo hace, pero para nosotros la familia es nuestro espacio sagrado”.
"Creo que convertirnos en una pareja abierta fue lo mejor para que el matrimonio funcionara"
Le preguntamos a Molly si considera que es más difícil para una mujer estar en un matrimonio abierto de lo que lo es para un hombre. Al fin y al cabo, en un pasaje memorable de su libro de memorias, Stewart le explica por qué cree que es más sencillo para él tener relaciones extramatrimoniales que para ella: “Porque yo salgo con mujeres. Y tú sales con hombres. Y, como ambos sabemos, los hombres son unos capullos”, se lee en ¡Más! Memorias de un matrimonio abierto.
“Creo que hay muchas cosas que hacen que sea más difícil para una mujer”, responde Molly. “Sobre todo si eres madre. Porque, seamos sinceros, ser madre y ser padre son cosas muy diferentes. Ser madre biológica es un acto físico, llevas a tu hijo dentro de ti, lo alimentas con tu cuerpo, hay una conexión muy fuerte. Así que al principio fue muy difícil para mí tener otras relaciones porque sentía mucha culpa. Y también creo que tardé en encontrar hombres que fueran buenas personas”.
Confiesa Molly Roden Winter que en estos 17 años de matrimonio abierto se ha planteado en varias ocasiones dar marcha atrás y volver a ser una pareja monógama. En ese sentido, Stewart siempre le ha dejado claro que si tenía que elegir entre divorciarse o no, siempre apostaría por seguir juntos. Pero Molly puso entonces una condición: debían de hacer terapia de pareja.
“Necesitábamos ayuda. Yo no me sentía bien, estaba muy perdida y dolida. Estuvimos en terapia de pareja sólo un año, aprendimos a comunicarnos mejor. Y creo que lo más importante es que Stewart y yo aprendimos a entendernos y a tolerar cada uno los sentimientos del otro”.
El hijo mayor de la pareja ha leído el libro; el menor, al que le costó bastante asimilar que sus padres tenían un matrimonio abierto, no ha querido sin embargo hacerlo. Pero lo más sorprendente quizás es que los padres de Molly han tenido ellos mismos un matrimonio abierto, algo que ella descubrió no hace mucho. “Ahora tienen más de ochenta años y ya no mantienen relaciones sexuales con otras personas, pero Jim, una vieja relación de mi madre, de vez en cuando acude a su casa y desayuna con ellos. Y un día comí con mi padre y una de sus relaciones, una mujer encantadora. Los dos aún todavía conservan amistad con personas con las que antes mantenía una relación íntima, y creo que eso es muy importante. Ambos hablan de eso como algo que enriquece sus vidas”.
Ocurrió de repente, sin planearlo. Molly y Stewart llevaban nueve años casados y tenían dos niños pequeños. Él llegaba muchos días tarde a casa del trabajo, ella estaba cansada de apechugar prácticamente sola con el cuidado de los críos y de ver cómo su vida social se había esfumado. Una noche en 2008, una de tantas en las que Stewart no apareció por el hogar de la pareja en Brooklyn hasta que los niños ya estaban acostados, Molly decidió salir a dar una vuelta. “Tengo que airearme”, le soltó a su marido.