Rosalía asciende con 'LUX': la colosal sinfonía de una artista sin límites
Más allá del pop y la ópera, el cuarto disco de la artista no solo es un manifiesto sobre la emoción sincera y la búsqueda de pureza en un mundo saturado de ruido, sino también el mejor disco de 2025
Fotografía cedida este lunes por Sony México de la cantante española Rosalía.
Rosalía tiene una visión prodigiosa sobre las posibilidades infinitas de la música. Después del éxito de MOTOMAMI (2022), regresa para demostrarlo con su cuarto álbum de estudio, LUX (Columbia Records, 2025). Regresa después de tres años de un silencio prácticamente inquebrantable, entre apariciones espectrales por Callao, como una deidad bajada a la tierra, discursos sobre Dios, desprendiéndose del look moto-urbano, monopolizando todas las conversaciones culturales y con un disco filtrado apenas dos días antes de su lanzamiento. Regresa rodeado de un fervor absolutamente justificado: LUX es el disco más colosal que se ha escrito en lo que llevamos de siglo XXI.
Quien esperara encontrar una aproximación masticadilla a la ópera, o temas de música clásica para dar cabezazos en la pista de baile -estilo el viralizado remix techno de Vois sur ton chemin de Los Chicos del Coro-, ya puede ir cerrando la puerta por fuera. Tampoco se trata de una continuación natural de su predecesor, ni un retorno a El Mal Querer (2018). Ambos discos, aunque se movían por géneros no necesariamente comerciales en el momento de su lanzamiento, tenían una fuerte voluntad de ser consumidos por el mainstream como un producto pop.
LUX es un álbum que amalgama todas las multitudes musicales que se encuentran en Rosalía. Trabaja a partir de los más de 10 años de conservatorio en un ejercicio, en su gran mayoría de música clásica contemporánea, donde pone a su disposición pequeños engranajes pop, que sirven casi de agarres, donde el oyente medio puede sujetarse para no perderse a lo largo del viaje. En esta reconstrucción de sus conocimientos al más puro estilo avant-pop, en cuatro movimientos, tanto tiene cabida una aria, Mio Cristo Piange Diamante, que termina con ella señalando el manierismo de la dirección con un “and then” hablado para que caiga la última nota de efecto, como quien cuenta, en lugar de interpretar la canción; como su colaboración con Yahritza y su Esencia, un grupo estadounidense de música regional mexicana especializada en el género del sierreño urbano.
El disco es premeditadamente caótico y exigente con el oyente, al estar pensado para ser escuchado y percibido como un todo. En aproximadamente una hora, Rosalía busca de una manera incansable y metódica una redención ante un dolor tan propio como es el mal de amor, que se convierte en universal. Por eso no es de extrañar que en el álbum la catalana llegue a cantar en trece idiomas distintos, entre los que se encuentran español, catalán, inglés, francés, portugués, alemán, latín, árabe, hebreo, japonés, mandarín, ucraniano y siciliano. Cada lengua se convierte en una extensión emocional y espiritual de su voz, como si cada idioma abriera un nuevo registro afectivo desde el que abordar el amor, la pérdida y la fe. Como bien dice en el disco, no le basta con siete cielos, quiere más, quiere infinitos.
Una catarsis que busca dejar atrás (o tal vez no) a su ex, Rauw Alejandro, a partir de un trabajo obsesivo sobre la música. La sinfonía de un corazón despedazado en busca de una cura. Como si este intento de lograr algo más grande que ella la pudiese liberar de la pena y el dolor que la embarga. Es por esto que el punto de referencia para construir sus letras y sus paisajes sonoros proviene de figuras de la mística femenina, como Santa Rosa de Lima, Santa Teresa de Jesús, o Hildegarda de Bingen. Sus historias y sus procesos fueron su inspiración. En ningún caso se trata de un disco de grandes actos o acciones de impacto, sino de un proceso que se retuerce a sí mismo, donde la sanación no es lineal.
Portada del disco 'Lux' de Rosalía (Instagram/@rosalia.vt)
Para lograr un trabajo de tal envergadura, ella misma se ha encargado la producción ejecutiva y se ha rodeado de gente como Noah Goldstein, reconocido productor vinculado a Kanye West y Frank Ocean; Dylan Wiggins, figura emergente del R&B experimental que ya pudimos escuchar en MOTOMAMI; o Jake Miller, artífice de un pop de vanguardia pulido y cinematográfico, y con quien ya trabajó en VAMPIROS. Además, firman también distintos temas Björk, Yves Tumor, Carminho, Estrella Morente, Sílvia Pérez Cruz y Yahritza y su Esencia, junto a la Escolania de Montserrat y Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana. Además de elevar la instrumentación gracias a la London Symphony Orchestra a la batuta de Daníel Bjarnason, director y compositor islandés que firmó Processions (2010) un debut que fue descrito como “un sonido que se acerque inquietantemente a definir el indefinible y feliz nuevo mundo de la música clásica.”
El resultado son 18 cortes que van desde el piano de Sexo, violencia y llantas, que abre el álbum con los mismos acordes de Sakura y la estructura numérica de Hentai, de su anterior álbum, hasta la calma redentora de Memoria, donde un fado se disuelve en la voz de Rosalía. En el camino, el disco despliega un abanico de paisajes emocionales y estéticos que dialogan entre lo carnal y lo divino. Un proceso de transformación que se encuentra también en la propia estructura de los temas que mutan a medida que avanzan. Aun así, algunos de sus temas, logran ser potencialmente hits para las listas. Aunque se trate de una búsqueda de lo elevado, sus narraciones llegan a tender puentes con lo mundano. Reliquia funciona como un luminoso paseo con una amiga que te pone al día en una canción que culmina en un estallido de vivacidad PC Music. También presenta la versión de estudio de De Madrugá, tema que ya había tocado en directo en la gira de El Mal Querer. Y La Perla, la canción de venganza y exponer el patetismo de tu ex, es una de sus muestras líricas más brillantes y actuales. Su manera de escribir también la contextualiza en un riguroso presente, al no tener miedo de exponer las conductas más pudorosas que todos podemos tener hoy en día. Como bien hace en Dios es un stalker al que afirma “mi baby le voy a stalkear para poderle enamorar”. Mucho Dios, pero también mucha hiperconexión.
Una catarsis que busca dejar atrás (o tal vez no) a su ex, Rauw Alejandro, a partir de un trabajo obsesivo sobre la música
Destacan también Porcelana, que cuenta con una voz masculina que muchos desean sea de Frank Ocean, como quien obra un milagro, y Divinize, el único tema que canta parcialmente en catalán donde confirma estar “més viva que mai”, donde el oyente se encuentra retumbando entre bajos distorsionados y arreglos de orquesta.Focu’ Ranni y Sauvignon Blanc irradian esperanza: dos canciones que miran al futuro con una fe tranquila, como si en ellas se purificara todo el caos previo, afirmando que “mi paz me la ganaré” entre copas de victoria. En el extremo opuesto, Jeanne (d’Arc) se alza en francés como un rezo entre la penumbra, sostenido por cuerdas tenues, como quien ve caer la última lágrima de alivio al aceptar su destino en el rostro de Maria Falconetti en La Passion de Jeanne d’Arc (1928). Son piezas donde Rosalía se mueve entre lo humano y lo divino, la carne y la luz, en un equilibrio que sólo ella parece capaz de habitar. Todo para desembocar en Magnolias, el tema que cierra el álbum en una completa liberación, la muerte de la artista y su retorno al cielo.
LUX no sigue pautas, aunque conoce y juega a su favor los patrones de la historia. Con él, Rosalía se ha desmarcado del ruido del presente para crear su propio huracán, y al mismo tiempo nos entrega un álbum que solo podría haber hecho después del talento adquirido a través de su trabajo incansable, metódico y prácticamente de orfebrería a lo largo de los años. No es un disco que podría ser un debut, ni revelación, es una pieza de absoluta consagración como una de las artistas más grandes de nuestros tiempos.
Rosalía tiene una visión prodigiosa sobre las posibilidades infinitas de la música. Después del éxito de MOTOMAMI (2022), regresa para demostrarlo con su cuarto álbum de estudio, LUX (Columbia Records, 2025). Regresa después de tres años de un silencio prácticamente inquebrantable, entre apariciones espectrales por Callao, como una deidad bajada a la tierra, discursos sobre Dios, desprendiéndose del look moto-urbano, monopolizando todas las conversaciones culturales y con un disco filtrado apenas dos días antes de su lanzamiento. Regresa rodeado de un fervor absolutamente justificado: LUX es el disco más colosal que se ha escrito en lo que llevamos de siglo XXI.