Anatomía de un bulo: Walt Disney, el español que nunca lo fue (por mucho que nos empeñemos)
Una leyenda urbana muy extendida, que incluso ha saltado fuera de España, afirma que nació en Mojácar. Jorge Fonte, experto en Disney, desmenuza el origen de esa fábula en uno de los capítulos de su nuevo libro
Uno de los aspectos más curiosos que giran en torno a la mítica figura de Walt Disney es el posible origen español de su nacimiento. En un caso que puede equipararse al de Rita Hayworth (aunque siempre se supo fehacientemente que Margarita Carmen Cansino había nacido en Nueva York) o con la eterna discusión sobre dónde están enterrados los restos mortales de Cristóbal Colón (¿en Sevilla?, ¿en la República Dominicana?), desde hace mucho tiempo más de un investigador poco informado ha defendido alegremente la posibilidad de que Walt Disney hubiera nacido en España. Sobre ello, dice el periodista y crítico de cine Carlos Boyero: "Alguien difundió en la España franquista el infundado y nacionalista rumor de que el gran amigo y protector de los niños buenos había nacido en Almería".
Toda esta historia comenzó a raíz de un artículo (y una portada) aparecido en el segundo número de la revista cinematográfica Primer Plano, publicado el 27 de octubre de 1940 con el título "Walt Disney nació en Mojácar y se llama José Guirao Zamora". El artículo en cuestión (que no tiene desperdicio, créanme) provenía de una noticia de agencia donde se afirmaba que realmente Disney era hijo de una mujer andaluza llamada Isabel Zamora Asensio y de un campesino, José Guirao, que había emigrado con su familia a Norteamérica en 1903. Según esa misma fuente, los Guirao Zamora entraron al servicio de los señores Disney en una granja de Missouri, pero murieron repentinamente y la familia Disney acogió al pequeño José Luis Guirao Zamora, al que llamaron Walter.
Haciéndose eco de esa información, el 14 de octubre de ese año —1940, en plena postguerra, es importante tenerlo en cuenta—, la revista envió a Mojácar a su periodista Juan de Alcaraz y al fotógrafo Manuel Alegría para que realizaran un reportaje especial. Allí, Alcaraz se entrevistó con el párroco, don Antonio Cuesta López, y con el alcalde del pueblo, don Ginés Carrillo, quienes le aseguraron que los padres del célebre productor hollywoodiense se casaron en un pueblo cercano llamado Guazamara, donde también fue bautizado su hijo primogénito, pero que los archivos de esa iglesia fueron quemados por los republicanos durante la Guerra Civil. Los periodistas de Primer Plano también se entrevistaron con una anciana de noventa y seis años llamada Catalina Asensio, que, supuestamente, era tía de la madre del pequeño José. Aunque la verdad es que, si hacemos caso a la descripción que el propio Alcaraz nos hace de ella, su testimonio no puede ser muy fiable: "Sorda, medio ciega, apenas nos contesta a lo que le vamos preguntando. En realidad, no pertenece ya al mundo de los vivos o al menos de los seres conscientes".
Igualmente, ambos reporteros hablaron con varios "testigos" más: con una presunta tía segunda de Disney, con la pitonisa de la Canela —curandera del pueblo— y con un mojaquero que decía haber trabajado durante diecisiete años como artista de cine en los Estados Unidos —aunque de ninguno de ellos se facilita el nombre—. Este último se aventura a decir: Yo conozco mucho a Walt Disney. En San Francisco, en Los Ángeles, en Hollywood, he hablado con él muchas veces. Él me distinguía mucho con su aprecio por razones de paisanaje. Los dos éramos de Mojácar, y esto, en el extranjero, daba una fuerza extraordinaria a nuestra amistad.
Él me distinguía mucho con su aprecio por razones de paisanaje. Los dos éramos de Mojácar, y esto, en el extranjero, daba fuerza a nuestra amistad
En ningún momento Juan de Alcaraz se cuestiona en lo más mínimo si toda esa información es veraz, y todos y cada uno de los entrevistados la dan por cierta al cien por cien. Sin embargo, el artículo —de tres páginas— no va más allá ni plantea una conclusión a la investigación, sino que más bien lo deja todo en el aire. Ni afirma ni desmiente, solo —y de una manera irresponsablemente cuestionable— informa.
El caso es que hasta su publicación nunca antes se había realizado ni el más mínimo comentario sobre el tema por parte de la prensa especializada. Y eso que, desde que en 1929 se estrenaran en España los primeros cortometrajes de Oswald —a quien se intentó rebautizar como el Conejo Blas—, la popularidad de Walt Disney en nuestro país fue enorme, y su presencia en la prensa, constante.
Sin embargo, fomentado con toda seguridad por el aparato propagandístico del régimen franquista surgido tras el final de la contienda bélica, desde 1940 prácticamente en todo texto en el que se hablara de Walt Disney se aseguraba —en algunos casos de forma tajante— que, efectivamente, había nacido en Mojácar. Por ejemplo, en la crítica de Blancanieves y los siete enanitos que Miguel Ródenas publicó en el ABC el 7 de octubre de 1941, se dice textualmente: "De un humilde burgo de la provincia de Almería, salió en fecha no demasiada lejana una familia que, camino de Norteamérica, iba en busca de fortuna. De esa familia surgió un muchacho avispado y poco estudioso, que al correr del tiempo logró, por sus cualidades de dibujante, una personalidad en el mundo del cinema. Este muchacho es nada menos que Walt Disney.”
Es más, pese a que desde 1946 Edmundo Lassalle, delegado general de The Walt Disney Productions para Europa, lo desmintiera reiteradamente en todas y cada una de las entrevistas que le hicieron durante sus visitas a España, el propio Walt Disney tuvo que negarlo en octubre de 1957, cuando el periodista Manuel del Arco lo abordó a la salida del antiguo Hotel Ritz de Barcelona: “Se dijo que yo era español por confusión con un artista que trabajaba conmigo llamado Zamora.”
Desgraciadamente, esta más que lógica explicación no sirvió de mucho porque, al parecer, nadie le ha creído (o no han querido hacerlo). Y, sin embargo, para nosotros es, sin duda, la más sensata: seguramente, alguien relacionó el apellido del animador Rudy Zamora con la ciudad castellano-leonesa, y el resto de la historia corrió a cargo de la fértil inventiva nacionalista.
Tras la muerte de Walt Disney, en diciembre de 1966, toda la prensa nacional volvió a retomar, con más fuerza e hincapié, si cabe, la —llamémosla así— curiosa anécdota sobre los orígenes del empresario. Pero, en esta ocasión, por primera vez ya se empezaron a oír algunas voces discordantes que trataron de poner algo de cordura en todo esto. Por ejemplo, Pascual Cebollada dijo en su crónica: “Walt Disney no nació en Mojácar, aunque nos pese y en nuestros periódicos se haya dicho.”
Aun así, la fantasía de imaginar a un Walt Disney andaluz no cesó de reaparecer insistentemente en los medios de comunicación, no solo jaleada por periodistas más interesados en el puro sensacionalismo que en el rigor informativo, sino incluso por sesudos investigadores del arte cinematográfico. Para intentar zanjar de forma definitiva el tema, Román Gubern, en su Historia del cine (Lumen, 1973), afirmó: “Nacido en Chicago en 1901 (a pesar de que algunos pseudohistoriadores se han empeñado en hacerle español a la fuerza)...”.
Sobre el autor y el libro
Jorge Fonte nació en Santa Cruz de Tenerife en julio de 1967 y, tras pasar por la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Laguna, se graduó como Técnico Superior de Fotografía en la Escuela de Artes y Oficios Fernando Estévez de Santa Cruz de Tenerife. Durante más de veinte años se ha centrado en la publicación de ensayos cinematográficos con distintas editoriales nacionales, especializándose en Woody Allen y Walt Disney. De hecho, es autor de cinco libros sobre este último.
Su nuevo libro, Eso no estaba en mi libro de historia de Disney (Almuzara), explora el lado menos conocido -y más sorprendente- de Walt Disney y su legendario estudio de animación, que pasaría a la historia como la fábrica de los sueños, donde, más allá del relato oficial, lo verdaderamente fascinante está en lo que no nos contaron.
Sin embargo, el runrún nunca ha cesado del todo y, por ejemplo, coincidiendo con la celebración del centenario del nacimiento de Walt Disney, en diciembre de 2001, la prensa española se volvió a hacer eco de la noticia, publicándose infinidad de artículos sobre el tema. Como el de la periodista Flora Sáez del diario El Mundo, que entrevistó a Diego Carrillo, un señor de setenta y nueve años, supuesto hermano de Walt Disney. Pero, ya decimos, la prensa se llenó de artículos en los que de una u otra forma se conmemoraba el aniversario del nacimiento de Walt Disney y, al mismo tiempo, no se desaprovechaba la oportunidad para seguir alimentando el mito.
Enumerarlos todos sería una tarea demasiado tediosa, pero, al menos, déjenme plasmar unos cuantos, cuyos titulares ya de por sí solos son bastante reveladores: “El trazo andaluz de Mickey Mouse” (María José López Díaz en El País, 01/12/2001), “La pista sevillana del pato Donald” (M. Navarrete en ABC, 05/12/2001), “Walt Disney, claroscuros de un centenario” (Lluis Bonet Mojica, en La Vanguardia, 02/12/2001), etcétera.
No es extraño, pues, que este singular asunto haya arraigado tan profundamente en nuestro acervo popular y que, más que una leyenda urbana (rural, en este caso), para muchos ya se haya convertido en una verdad incuestionable. Una verdad incuestionable que, curiosamente, a lo largo de los años ha ido variando y, según quien la cuente o según las fuentes consultadas, los hechos —e incluso el nombre de los protagonistas— también han ido cambiando, lo cual constituye la prueba más evidente de su falsedad e inverosimilitud. Pero, aunque tengamos que hacer un gran esfuerzo y poner en ello un alto grado de imaginación, vamos a intentar reconstruirla lo mejor posible.
La historia popular cuenta que, a finales del siglo XIX, vivía en Mojácar (Almería) una hermosa lavandera llamada Isabel Zamora Asensio, a la que todos apodaban la Bicha. Digamos que tenía una vida sentimental algo movidita y que, en una calurosa noche del verano andaluz, se quedó embarazada de su amante, el doctor del pueblo (un hombre casado), llamado José Guirao, quien, siendo un ferviente católico, mantuvo en secreto su adúltero idilio. Pero, cuando este murió, la desamparada madre soltera decidió emigrar a Norteamérica. En su honor, le puso al niño su nombre: José Guirao.
Sin embargo, en una historia llena de contradicciones, otras fuentes apuntan que el nombre del doctor era don Ginés Carrillo (1889-1970) y que, tras el nacimiento de su hijo, Isabel Zamora abandonó Mojácar y se fue hasta un pueblo cercano llamado Palomares, donde tenía familia. Unos meses después, cuando varios de sus parientes decidieron emigrar a los Estados Unidos, Isabel y su hijo se fueron con ellos. A este respecto, el escritor Christopher Jones —que en 2001 estaba preparando un detallado libro sobre el tema (sin que sepamos ciertamente si al final llegó a publicarlo)— apunta que en un directorio de la ciudad de Chicago de principios del siglo XX aparece un tal Juan Zamora empadronado en la misma calle donde por aquella época vivían Elias y Flora Disney. Y sí, efectivamente, entre 1889 y 1906, la familia Disney vivió en Chicago, en el 1249 de la avenida Tripp (lo cual, más allá de pura coincidencia, no significa nada).
Se supone que fue entonces cuando Isabel Zamora les dio a su hijo en adopción, aunque nadie se atreve a especificar los motivos. Pero aquí nos volvemos a encontrar con otra contradicción, y esta vez no de nombre, sino de fechas: recordemos que Juan de Alcaraz, en su artículo en Primer Plano, decía que Isabel Zamora y José Guirao conocieron a Elias Disney en 1903 en su granja de Marceline (Missouri). Sin embargo, se sabe (y está perfectamente documentado) que los Disney no se mudaron a Marceline hasta tres años después, en abril de 1906.
La cuestión se complica aún más si hacemos caso a lo que Pedro Ruiz Zamora, supuesto sobrino de Walt Disney, dice en una entrevista con Martín Navarrete, publicada en el ABC de Sevilla el 5 de diciembre de 2001. Según su versión, su abuelo emigró a los Estados Unidos con su prima Isabel Zamora, el marido de esta, José Guirao, y el hijo de ambos, también llamado José. Allí, la familia Guirao Zamora comenzó a trabajar para Elias Disney. “Es muy posible que adoptaran al pequeño José y americanizaran su identidad, ya que sus padres murieron al poco de emplearse en la casa de los Disney”, dice Ruiz Zamora.
Esta versión se hace un tanto inverosímil, sobre todo porque en aquellos años la familia Disney —con cuatro hijos ya en el mundo— malvivía con lo poco que Elias ganaba con su pequeña agencia de distribución de periódicos mientras hacía algún que otro encargo como carpintero. Así que es muy poco probable que pudiera dar trabajo a José Guirao y, mucho menos, a toda su familia.
El historiador catalán Carlos Almendros dijo haberse pasado más de diez años investigando el supuesto origen español de Walt Disney, y su trabajo estuvo avalado por el Gobierno del general Franco. De hecho, en su libro sobre la historia del pueblo, Mojácar (publicado por Gráficas Savir, S.A. en 1970), Almendros nos cuenta una nueva versión sobre el supuesto padre de Disney: esta vez era “cargador de material de las minas de Villaricos”.
Su hijo pequeño [es decir, José Guirao/Walter Disney] hizo amistad con el capitán del barco que desde Boston venía a cargar minerales de Sierra Almagrera, quien se llevó al pequeño de grumete, tras uno de sus viajes. Al morir su padre, él contaba doce años, y tuvo que marchar junto a su madre a Estados Unidos. Trabajaron ambos en una granja de California, cuyo propietario se llamaba Elias Disney, quien lo adoptó y le dejó su herencia al morir.
Si se fijan, cada uno cuenta la historia según su propio criterio. Aquí, José Guirao era marinero y conoció a la familia Disney cuando ya tenía doce años. Almendros no explica en ningún momento de dónde sacó esta (sorprendente) nueva versión; sin embargo, figura en un libro oficial sobre la historia de Mojácar. ¡En un libro oficial!
Trabajaron ambos en una granja de California, cuyo propietario se llamaba Elias Disney, quien lo adoptó y le dejó su herencia al morir
Pero aquí no queda la cosa. En una entrevista que el periodista andaluz Martín Navarrete le realizó en enero de 1984, Carlos Almendros fue aún un poco más lejos al afirmar, sin la más mínima duda, lo siguiente: “Los rasgos de Walt Disney son netamente mediterráneos, y de ahí la convicción de que mi tesis es la más acertada. Sin embargo, los rasgos de su hermano Roy, fallecido recientemente, son netamente sajones, lo cual confirma aún más la teoría existente de que José Guirao, cuando emigró con sus padres a los Estados Unidos, a principios de siglo, fue adoptado por la familia Disney, de Chicago.”
Para un artículo publicado en la revista Interviú en enero de 1981, el periodista Julián Ruiz viajó a Mojácar y allí se entrevistó con Antonio Flores, considerado como el archivo viviente del pueblo, quien, por su parte, le contó una nueva (y más fascinante aún) historia: “A finales del siglo pasado vivía aquí una lavandera muy guapa, muy atractiva, que se llamaba Isabel Zamora Asensio. Le llamaban la Bicha. Vivía allí arriba, en el sitio que se le llamaba El Castillo. Todos los hombres se volvían locos por ella. La Bicha se quedó embarazada y se fue de aquí. Todos pensamos que se fue a parir a Guazamara o a Villaricos, donde tenía familia. La criatura nació alrededor de 1900. El padre se llamaba Pedro González Carrillo, el Ginesillo. Era el barbero del pueblo. Era un hombre casado. Walt Disney, por eso, nunca estuvo interesado en contar la verdadera historia de su vida. Ya sabe usted, las “historias guarras” siempre tratan de esconderse, pero el Ginesillo tuvo varios hijos, el segundo se llamaba Pedro, y recuerdo que don Ginés Carrillo, el médico del pueblo de aquella época, siempre comparaba la foto de Pedro con Walt Disney. Eran iguales, iguales, como dos gotas de agua.”
Lejos de quedarse en el ámbito de la rumorología puramente nacional, el supuesto nacimiento español del Mago de Burbank (desgraciadamente) ha traspasado nuestras fronteras, y, pese a que ninguno de los muchos investigadores serios que se han especializado en el estudio de la vida y obra de Walt Disney —tal es el caso de John Canemaker, Leonard Martin, Christopher Finch, Neal Gabler, Didier Ghez, Bob Thomas o Dave Smith— le ha dado la menor verosimilitud a tal historia, existen dos biografías (no oficiales y escasamente documentadas) que sí han tenido una enorme repercusión mediática, por lo que han contribuido nefastamente a prolongar la creencia en esta fantasía irreal.
Lejos de quedarse en el ámbito de la rumorología nacional, el supuesto nacimiento español de Walt Disney ha traspasado nuestras fronteras
En este sentido, Marc Eliot, en un delirio de inventiva, apunta que en 1890 Elias Disney se fue a California en busca de oro y que, cuando regresó a su casa en Chicago, junto a su mujer y sus hijos, se encontró con un niño de más —que, supuestamente, había nacido durante su ausencia—, según lo cual, Walt Disney nació diez años antes de su fecha oficial. Eliot no aporta siquiera pruebas circunstanciales sobre estos hechos y nunca corrobora ninguna de sus afirmaciones. Pero es que, yendo aún más allá, incluso plantea otra versión: que realmente Elias pudiera haber conocido a Isabel Zamora en California y que mantuviera un idilio amoroso con ella. De regreso a Chicago, se trajo consigo a su amante y al hijo de esta, y obligó a su mujer, Flora, a adoptarlo como propio. Sin embargo, el párroco de la ciudad de Chicago, el padre Parr, descubrió el adulterio y la familia Disney tuvo que mudarse a Marceline.
Las teorías y propuestas de Eliot son poco creíbles, no solo por sus propias contradicciones, sino por lo irrisorio e infundado de sus tesis. Absolutamente ningún biógrafo de Walt Disney sitúa a su padre en California durante la fiebre del oro. Pero, entonces, ¿de dónde se sacó Eliot esta información? Eso es algo que ni él mismo se ha molestado en contar.
Rizando un poco más el rizo, en su biografía The Real Walt Disney (Futura Publications, 1987), Leonard Mosley nos cuenta otra versión totalmente diferente de la historia —tanto que incluso los nombres de los protagonistas cambian—. Según Mosley, Walt Disney era el hijo ilegítimo de una tal Consuelo Suárez, cuyo prometido, habiéndola dejado embarazada, murió en Marruecos poco antes de la fecha prevista para su boda. Apiadándose de la pobre mujer, el cura de Mojácar le dio el bebé a un matrimonio norteamericano y, años después, la propia Consuelo Suárez emigraría a los Estados Unidos. Solo poco antes de morir, ya de regreso en España, desvelaría el verdadero nombre de su hijo.
Aunque Mosley opina que toda esta historia es totalmente falsa, no deja de ser curioso que sus fuentes de información le hayan facilitado unos datos tan diferentes de la supuesta versión oficial, con la que la única coincidencia es la ubicación del nacimiento de Disney en el pueblo andaluz.
La especulación periodística también afirma que en los años 40 dos agentes del FBI llegaron a Mojácar para borrar toda evidencia
Ahondando un poco más en toda esta rocambolesca historia, la rumorología y la especulación periodística también afirman que, a principio de los años cuarenta, dos jóvenes norteamericanos llegaron a Mojácar con una “misión especial” y se entrevistaron con el alcalde del pueblo, Jacinto Alarcón. Estaban buscando la partida de bautismo de un niño, nacido alrededor de 1890, que se llamaba José Guirao Zamora y que era hijo de una tal Isabel Zamora.
Según el exconcejal José Luis Cano, la llegada de esos dos hombres fue real y causó gran expectación entre los vecinos. Años después, el periodista catalán Paco Flores afirmaría que eran agentes del FBI y que, según algunos testimonios locales, su verdadera misión era borrar toda evidencia del nacimiento de Disney en Mojácar.
Otras versiones señalan que en 1954 un grupo de franciscanos de California viajó a Mojácar para investigar el asunto, sin éxito, y que en 1967 un comité norteamericano volvió al pueblo con autorización judicial. Los mojaqueros sostienen que encontraron la partida de nacimiento y la destruyeron para evitar futuras reclamaciones de herencia.
Nada de esto pudo demostrarse jamás. Ninguna comitiva, de haber existido, logró probar nada, y todas las versiones se basan únicamente en la especulación.
El periodista Julián Ruiz también investigó la visita de aquellos supuestos agentes y el alcalde Jacinto Alarcón le aseguró que se presentaron como miembros del estudio Disney, sin saber si encontraron el documento.
El caso es que, como nada se puede confirmar, cada uno cuenta la historia como mejor le parece. Hay demasiadas contradicciones entre todas las versiones, no solo en fechas y nombres, sino en los hechos que supuestamente ocurrieron.
Sin una prueba de ADN de los descendientes vivos de ambas familias nunca podremos poner fin a los rumores. Y eso es poco probable que se lleve a cabo.
Ni Juan de Alcaraz, ni Julián Ruiz, ni Carlos Almendros, ni la plaga de periodistas e investigadores que han tratado el tema —ni muchísimo menos Marc Eliot— han sido capaces de aportar credibilidad a una de las cuestiones más extravagantes de cuantas forman parte de las leyendas urbanas de nuestro país.
Como dijo Julián Ruiz, puede que, a fin de cuentas, todo, simplemente, sea cuestión de fe: “Esto es o creértelo (como no hay pruebas definitivas) o no creértelo. Ellos no tienen pruebas, ni nosotros tampoco. Son muchas casualidades como para que no sea verdad. Algo así no se puede inventar, es demasiado rocambolesco. Por eso tiene que ser verdad. Ni el mayor tío con la mayor imaginación del mundo puede inventarse algo así. Es decir: ¡es verdad! Claro, es que la verdad supera a la ficción, siempre.”
Hay una grabación donde el antiguo director de 'Primer Plano' admitía que el artículo original había sido inventado.
Por último, en 2010, el cineasta Eduardo Soler dirigió un documental titulado Disney: A través del espejo, protagonizado por Tito del Amo, un fotógrafo estadounidense afincado en Mojácar que de niño vivió frente a la casa de Walt Disney en Los Ángeles. El filme, sin llegar a conclusiones definitivas, entrevistó a autoridades locales y reprodujo una grabación donde el antiguo director de Primer Plano admitía que el artículo original había sido inventado.
Del Amo también constató que ni Isabel Zamora ni su supuesto hijo José Guirao aparecen en los registros de inmigración de Estados Unidos, lo que refuta de forma concluyente toda la teoría.
Aun así, la leyenda persiste. En Mojácar incluso surgió una asociación llamada Walt Was Here, encabezada por el cineasta Óscar Gagliardi, que propone organizar eventos infantiles y crear un parque temático inspirado en la “cuna española de Disney”. De ilusión, también se vive.
Uno de los aspectos más curiosos que giran en torno a la mítica figura de Walt Disney es el posible origen español de su nacimiento. En un caso que puede equipararse al de Rita Hayworth (aunque siempre se supo fehacientemente que Margarita Carmen Cansino había nacido en Nueva York) o con la eterna discusión sobre dónde están enterrados los restos mortales de Cristóbal Colón (¿en Sevilla?, ¿en la República Dominicana?), desde hace mucho tiempo más de un investigador poco informado ha defendido alegremente la posibilidad de que Walt Disney hubiera nacido en España. Sobre ello, dice el periodista y crítico de cine Carlos Boyero: "Alguien difundió en la España franquista el infundado y nacionalista rumor de que el gran amigo y protector de los niños buenos había nacido en Almería".