Un chicle de 6.000 años revela cómo eran los roles de género en el Neolítico
El alquitrán de corteza de abedul se masticaba probablemente con fines medicinales, y además aporta luz sobre la división del trabajo en estas sociedades
Parece que en el Neolítico era tan habitual masticar chicle como lo es hoy en día para un aburrido alumno de instituto. Un equipo de investigadores de la Universidad de Copenhague ha analizado 30 piezas de alquitrán de abedul de hasta 6.300 años de antigüedad —utilizadas por comunidades del Neolítico en la región de los Alpes— con el objetivo de explorar prácticas y roles sociales hace milenios, informa Science Alert.
El alquitrán de corteza de abedul —una de las primeras “materias sintéticas” conocidas— servía para fijar mangos a cuchillas de piedra o reparar cerámica, y en ciertos casos también fue masticado. "El motivo exacto por el que se masticaba no está claro, pero se ha sugerido que se masticaba con fines medicinales, ya que contiene compuestos naturales con propiedades antimicrobianas", señala un equipo de arqueólogos dirigido por Anna White, de dicha universidad.
Los arqueólogos identificaron que un buen número de piezas presentaban huellas de masticación; en otros casos, la sustancia se usó como adhesivo sin que se detectara necesariamente actividad oral.
Mediante secuenciación de ADN antiguo, el equipo descubrió ADN humano lo bastante conservado como para determinar el sexo de quien masticó el material. Encontraron ADN masculino ligado a piezas que habían sido usadas como adhesivo en herramientas de piedra, y ADN femenino en las que habían sido empleadas para reparar cerámica.
Los investigadores sugieren que podría tratarse de una división de trabajo por género: los hombres podrían haber estado más involucrados en la fabricación o manipulación de herramientas, mientras que las mujeres se ocupaban de todo aquello relacionado con la cerámica.
Los hombres podrían haber estado más involucrados en la fabricación de herramientas. Las mujeres se ocupaban de la cerámica
Además de ADN humano, las muestras contenían restos de microbioma bucal y trazas de alimentos o aditivos —por ejemplo, linaza y semillas de amapola—, lo que aporta pistas sobre dieta y usos adicionales del alquitrán, además de su función adhesiva.
El hallazgo abre nuevas vías para el estudio del pasado social humano, ya que los restos óseos de estas comunidades son escasos y este tipo de “chicle” neolítico preserva información biológica y cultural hasta ahora difícil de acceder.
Parece que en el Neolítico era tan habitual masticar chicle como lo es hoy en día para un aburrido alumno de instituto. Un equipo de investigadores de la Universidad de Copenhague ha analizado 30 piezas de alquitrán de abedul de hasta 6.300 años de antigüedad —utilizadas por comunidades del Neolítico en la región de los Alpes— con el objetivo de explorar prácticas y roles sociales hace milenios, informa Science Alert.