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El instante que hizo que hoy no vivamos más de 40 años de dictadura
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73 EDICIÓN DEL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

El instante que hizo que hoy no vivamos más de 40 años de dictadura

Tras su paso por el Festival de San Sebastián, esta miniserie de cuatro capítulos se estrenará en Movistar+ el 20 de noviembre, coincidiendo con los 50 años de la muerte de Franco

Foto: Manolo Solo es Gutiérrez Mellado y Álvaro Morte es Adolfo Suárez en 'Anatomía de un instante'. (Movistar+)
Manolo Solo es Gutiérrez Mellado y Álvaro Morte es Adolfo Suárez en 'Anatomía de un instante'. (Movistar+)

Busco en esos ojos y esa nariz y esa voz una cara conocida, pero se me resiste. Me extraña que hayan dado un papel de tanto peso a una cara desconocida. Una cara virgen de siquiera un secundario. "¿Quién es, quién es?", me pregunto. Hasta que los créditos finales desvelan que detrás del maquillaje de Adolfo Suárez se encuentra Álvaro Morte, protagonista de La casa de papel, ahora metido en un rol presidencial en el que clava esos aires de controlada moderación (un Oscar para el maquillaje). El yerno perfecto. El estabilizador de la España convulsa. El vendedor de lavadoras que llegó hasta Moncloa. El todavía presidente del Gobierno que no se parapetó tras el escaño cuando los guardiaciviles se liaron a tiros en el hemiciclo aquel 23-F de 1981. Sentados frente a las metralletas, Suárez y dos diputados más, dos enemigos enconados, el capitán franquista Manuel Gutiérrez Mellado (Manolo Solo, irreconocible también) y el comunista Santiago Carrillo (Eduard Fernández). Y estos son los tres puntos de vista —más el del golpista Antonio Tejero (David Lorente)— desde los que Alberto Rodríguez disecciona aquel momento-bola-de-partido de la Historia de España.

Imagínense la ucronía: ¿Y si aquel 23-F de 1981 a uno de los guardia civiles disruptores, de la euforia, se le hubiera escapado una bala que pegara de lleno en el presidente Suárez? ¿Y si aquel día Gutiérrez Mellado se lo hubiera pensado mejor y se hubiera replanteado por qué apoyar la democracia, cuando él le debía toda su posición a la dictadura y al golpe de Estado en el que participó en 1936? ¿Qué si el rey hubiera dado luz verde al plan de los militares? Tantos factores fueron decisivos para sostener en pie aquella democracia frágil que daba sus primeros pasos, tantos que probablemente llevaríamos hoy más de cuarenta años viviendo otra dictadura.

Un mismo instante y esos cuatro puntos de vista en primera línea de fuego en esta adaptación a la televisión del ensayo novelado Anatomía de un instante, escrito por Javier Cercas — muy adaptado últimamente— y publicado en 2009 en la Editorial Mondadori. Alberto Rodríguez, que compite en Sección Oficial del Festival de San Sebastián con el thriller subacuático Los tigres (largometraje), hace doblete con la presentación en el certamen de su Anatomía de un instante, que prevé su estreno en Movistar+ para el próximo 20 de noviembre, fecha conmemorativa de los cincuenta años de la muerte del dictador Francisco Franco. A las teclas de estos cuatro episodios de algo más de cuarenta minutos, también los guionistas Fran Araújo y Rafa Cobos, colaborador habitual de Rodríguez.

placeholder Carrillo estrecha la mano de Suárez en 'Anatomía de un instante'. (Movistar+)
Carrillo estrecha la mano de Suárez en 'Anatomía de un instante'. (Movistar+)

Empiezan los títulos de crédito con esa percusión bombeante y esos metales de Julio de la Rosa que se entrometen mientras la cámara gira sobre las pinturas de Carlos Luis Ribera en el Congreso de los Diputados, alegorías de la propia España y representaciones de los legisladores de distintas épocas de nuestra historia. El 23-F fue, al final, ese instante entre una infinidad, pero también ese instante decisivo. De la Rosa también por trompetas, que pueden sonar a marchas militares, a jazz fusión o a Semana Santa.

El director sevillano le ha cogido el pulso al thriller político desde esa maravilla que es El hombre de las mil caras (2016) y en Anatomía de un instante recurre a una narración fragmentada, llena de saltos en el tiempo e hilada por una voz en off omnisciente que contextualiza, apunta o refuta lo mostrado en las imágenes. Quizás los dos primeros episodios son los más lineales, los que adolecen de una narrativa más convencional, y a la serie le cuesta arrancar y exige cierta paciencia, mientras que los dos últimos juegan más con ese montaje con ese punto de ironía que tan bien funciona y acaban en alto, con una imagen para el recuerdo que nos exige, como ciudadanos, un ojo crítico para los relatos oficiales. Anatomía de un instante es una serie que va a más, en la que el cine se acaba imponiendo y en la que también se acaba mostrando la suntuosidad de los escenarios de esa España de madera y uniformes, de esa España franquista y cuartelera que no es tan pasado.

placeholder Otro momento de 'Anatomía de un instante'. (Movistar+)
Otro momento de 'Anatomía de un instante'. (Movistar+)

Es una empresa compleja explicar comprensiblemente toda aquella maraña política de tramas y subtramas y no perder naturalidad, aunque juega a favor la retórica épica propia de aquellos militares. Y un recurso que juega a favor de esa legibilidad es plantear el último capítulo como un juicio en el que los golpistas, Óscar de la Fuente, estupendo como un inquietante Milán del Bosch, y Juanma Navas como Alfonso Armada, entre otros, desgranan frente al juez —es decir, frente a nosotros, el espectador— el papel de cada peón y cada alfil en aquel 23-F.

Con los diferentes puntos de vista, Anatomía de un instante se permite entender las motivaciones de cada facción en ese golpe de Estado. También la de unos militares que veían cómo sus privilegios sobre el mundo civil desaparecían, que además estaban muriendo a centenares a manos del terrorismo etarra, y que veían el Estado de las Autonomías como la gran fractura del país. "España se rompe", ya gritaban entonces. Y por allí se apunta también a aquel "elefante blanco", al mando de toda la operación, del que nadie quiso hablar.

placeholder Los militares toman las calles en 'Anatomía de un instante'. (Movistar+)
Los militares toman las calles en 'Anatomía de un instante'. (Movistar+)

Los tres anteriores capítulos inciden más en las relaciones personales entre los protagonistas, que siempre influyen en la política, en un retrato más bien admirativo de unos personajes que se encontraron solos al frente de una democracia que muchos intereses querían tumbar. Anatomía de un instante presenta a Suárez como un padre de familia, marido amante y político seductor y zalamero, camaleónico según las necesidades, ambicioso y estratega, pero también con una gran vulnerabilidad cuando el viento no le venía de cara.

Gutiérrez Mellado es, probablemente, el personaje con un retrato más favorecedor, el de un hombre leal a su palabra y a Suárez, que se mantuvo firme en una posición mucho más compleja, el hombre bisagra entre dos fuerzas antitéticas y el peor parado por considerarlo traidor sus propios compañeros. Santiago Carrillo, por su parte, se presenta como un personaje introspectivo, más de mirar que de hablar, que vuelve a España con todo el país en contra, que consigue abrir la puerta para el Partido Comunista, pero que acaba, igual que Suárez, perdiendo la mayoría de los votantes y relegado al grupo mixto.

Anatomía de un instante demuestra que esos instantes son decisivos, pero también que se pierden fácilmente en la desmemoria y en la paradoja, como resume en sus últimos minutos, que caen como una losa.

Busco en esos ojos y esa nariz y esa voz una cara conocida, pero se me resiste. Me extraña que hayan dado un papel de tanto peso a una cara desconocida. Una cara virgen de siquiera un secundario. "¿Quién es, quién es?", me pregunto. Hasta que los créditos finales desvelan que detrás del maquillaje de Adolfo Suárez se encuentra Álvaro Morte, protagonista de La casa de papel, ahora metido en un rol presidencial en el que clava esos aires de controlada moderación (un Oscar para el maquillaje). El yerno perfecto. El estabilizador de la España convulsa. El vendedor de lavadoras que llegó hasta Moncloa. El todavía presidente del Gobierno que no se parapetó tras el escaño cuando los guardiaciviles se liaron a tiros en el hemiciclo aquel 23-F de 1981. Sentados frente a las metralletas, Suárez y dos diputados más, dos enemigos enconados, el capitán franquista Manuel Gutiérrez Mellado (Manolo Solo, irreconocible también) y el comunista Santiago Carrillo (Eduard Fernández). Y estos son los tres puntos de vista —más el del golpista Antonio Tejero (David Lorente)— desde los que Alberto Rodríguez disecciona aquel momento-bola-de-partido de la Historia de España.

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