Violencia explícita y sangre en 'Fuenteovejuna': la manchega que está agitando el teatro español
Rakel Camacho estrena este jueves la famosa tragedia de Lope de Vega en el Teatro de la Comedia y se confirma como una de las grandes figuras de la escena actual. "Sí, es un buen momento, pero falta riesgo", asegura
La manchega Rakel Camacho (Albacete, 1979) es una de las directoras de teatro más potentes que ha visto el público (y la crítica) en los últimos dos años. No es una frase gratuita sino que ahí están los hechos. Desde el estreno en 2023 en el Español de Coronada y el toro, de su apreciado Francisco Nieva -otro manchego y aquí la cosa de La Mancha no es casual- ha dirigido tres montajes llenos de aplausos y, en algunos casos, con todo vendido incluido: La Paz. Celebración grotesca sobre Aristófanes, también de Nieva (en Teatros del Canal), El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite (La Abadía) y Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, de Fassbinder (en el Matadero). Y ahora está a dos días del estreno de una de las obras más esperadas de la temporada, el Fuenteovejuna, de Lope de Vega con versión de María Folguera (además son amigas), en el Teatro de la Comedia en la que será su primera vez con la Compañía Nacional de Teatro Clásico que dirige Laila Ripoll. Camacho es el nombre teatral del momento.
“Lo estoy viviendo con mucha emoción y creo que va a ser una maravilla. Por otro lado, con el paso de los días y viendo lo que está sucediendo en este planeta ahora mismo, esta obra va cobrando todavía más pertinencia, por lo tanto hay algo de una conexión muy fuerte que espero que el espectador también la reciba así”, comenta a este periódico desde La Comedia, donde se realizó esta entrevista hace más de una semana mientras ultimaba los ensayos definitivos.
La obra ya se estrenó en el pasado Festival de Almagro obteniendo buenas críticas y provocando cierto impacto en los espectadores. Es marca de la casa de Camacho: que la escenografía, la puesta en escena y el tratamiento del texto sorprendan. Y siempre hay algo muy físico. Aquí, una vez más, no se ha cortado.
“Fuenteovejuna tiene un contenido muy fuerte, y la forma también transmite ese contenido. Para mí era muy importante que la violencia fuera explícita. Para eso tengo un maravilloso especialista en lucha escénica como Kike Inchausti. Hemos trabajado la violencia con mucha acción. También hay momentos en los que la sangre es protagonista. Es algo estético y no es feísta, pero sí que es tal vez una estridencia. Pero es que para mí esta obra es un grito. Lope escribe una acción trepidante y hay que responder a esa acción trepidante”, cuenta la directora que además ha concebido un espacio en el que hay hasta estacas clavadas como en el castillo del conde Drácula junto a otras referencias como la de
El influjo de Francisco Nieva
Camacho comenzó en el teatro como actriz en su Albacete natal mientras lo compaginaba con la carrera de Magisterio. Tenía 19 años, trabajaba para compañías castellano-manchegas y le daba para vivir de eso. Pero en ella latía la pasión por contar ella misma las historias. “Yo tenía una ambición y una imaginación que tenía que manifestar en la escena y comunicarla al espectador. Quería dirigir primero mis ideas, tratar de hacerlas tangibles, ordenarlas y tratar de dirigir un equipo que no creo que sea lo más difícil, sobre todo si es muy numeroso, porque realmente se me dan mejor los equipos muy grandes que los más pequeños”. En este Fuenteovejuna dirige nada más y nada menos que a 19 personas.
Dejó Albacete y se vino a estudiar Dirección de Escena en la RESAD de Madrid donde se graduó en 2009 “y ahí fui encontrando un poco la directora que era y eso lo fui potenciando, lo fui desarrollando. He hecho trabajos muy diferentes, pero siempre han tenido que ver conmigo”.
Su trabajo de fin de carrera fue el texto de Nieva
"Los teatros están llenos y esto hay que celebrarlo, pero creo que falta riesgo"
Precisamente, el montaje de Coronada y el toro, de Nieva, un retrato de nuestra idiosincrasia, de lo español -”de ese pueblo alegre a pesar de su descontento”, que decía el dramaturgo- “del amor a ciertas tradiciones, el martirio, eros y thanatos, lo metateatral, el rito irremediable, lo surreal, la alegría y la pena…”, como escribió la propia Camacho de esta obra, fue lo que cambió todo en su carrera. Antes había hecho de todo -hasta darle la vuelta a Los Caprichos de Goya en el circo Price- pero este trabajo la colocó definitivamente en el foco.
“Efectivamente, marcó un antes y un después. Yo ya había dirigido muchísimas obras en un ambiente precario. Había hecho algún teatro público, pero con Coronada y el Toro fui a por todas. Comparo mucho este Fuenteovejuna con Coronada y el Toro porque hay algo en ellas que es muy fuerte. Son obras mucho más grandes que nosotros. Están hablando de algo muy fuerte de la humanidad. Y cuando algo es bueno, el resultado va a ser bueno”, comenta.
Teatros llenos
A Camacho este éxito le ha venido en uno de los mejores momentos del teatro en los últimos tiempos. Los patios de butacas se llenan, hay avidez por experimentar lo que pasa en los escenarios y también hay historias buenas. En un mundo tan digital y tan virtual palpar lo físico aunque sea ficticio se ha vuelto casi de prescripción médica.
Asiente ante este nuevo boom. “Sí, los teatros están llenos y esto hay que celebrarlo”, sostiene, pero también le gustaría que las obras fueran más allá. “Creo que falta riesgo. A mí me dicen que soy arriesgada, pero es que yo no lo pienso, me sale así. Porque no hay otra manera. Son proyectos, son obras, son espectáculos, son poesías, son poemas que trascienden un poco a la lógica y requieren un elenco muy, muy poderoso. Lo dan todo y acaban agotados, pero son brillantes. Y eso en Fuenteovejuna sucede”.
"Claro que tiene que haber muchas creadoras. Es algo que cae por su propio peso, pero muchas no están donde deberían estar"
Este boom, además, lleva firma femenina. Su nombre se une al de otras tantas creadoras que están agitando las tablas españolas. Para Camacho no es una casualidad ni un accidente fortuito sino que “el paso del tiempo y las acciones hacen que las cosas caigan por su propio peso: claro que tiene que haber muchas creadoras”. Es más, cree que no están todas ni “muchas donde deberían estar” en lo que parece un tirón de orejas hacia los puestos de verdadera responsabilidad. Ella misma se muestra prudente ya que, aunque sabe que está en un buen momento, “nadie sabe qué nos va a pasar”.
En cualquier caso, después de este Fuenteovejuna que se estrena ya en Madrid, va a parar. Toca descansar. Ha dicho que no a proyectos y no tiene aún nada cerrado. “Ha sido un año realmente duro para mí. Y quiero apostar por proyectos donde yo pienso que puedo brillar. Hay otros en los que a lo mejor no brillo igual”, resume. En eso, más o menos, consiste la libertad (que se ha ganado a pulso).
La manchega Rakel Camacho (Albacete, 1979) es una de las directoras de teatro más potentes que ha visto el público (y la crítica) en los últimos dos años. No es una frase gratuita sino que ahí están los hechos. Desde el estreno en 2023 en el Español de Coronada y el toro, de su apreciado Francisco Nieva -otro manchego y aquí la cosa de La Mancha no es casual- ha dirigido tres montajes llenos de aplausos y, en algunos casos, con todo vendido incluido: La Paz. Celebración grotesca sobre Aristófanes, también de Nieva (en Teatros del Canal), El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite (La Abadía) y Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, de Fassbinder (en el Matadero). Y ahora está a dos días del estreno de una de las obras más esperadas de la temporada, el Fuenteovejuna, de Lope de Vega con versión de María Folguera (además son amigas), en el Teatro de la Comedia en la que será su primera vez con la Compañía Nacional de Teatro Clásico que dirige Laila Ripoll. Camacho es el nombre teatral del momento.