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Ni ropa, ni retos virales, ni viajes por el mundo: ¿de qué hablan las mujeres 'influencers' de Emiratos Árabes?
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Ni ropa, ni retos virales, ni viajes por el mundo: ¿de qué hablan las mujeres 'influencers' de Emiratos Árabes?

Viajamos al emirato de Sharjah para conocer de cerca su imparable crecimiento en el sector cultural y por qué son las mujeres quienes más están haciendo por dar a conocer las costumbres de su país

Foto: Amal Ahmed, una de las 'influencers' más seguidas de Sharjah y Dubai, durante el Foro Internacional de la Comunicación Gubernamental de Sharjah. (Enrique Zamorano)
Amal Ahmed, una de las 'influencers' más seguidas de Sharjah y Dubai, durante el Foro Internacional de la Comunicación Gubernamental de Sharjah. (Enrique Zamorano)
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Con tan solo nueve años, Mezna descubrió Instagram. No tanto por sus colegas o de manera informal (como nos sucedió a muchos adolescentes españoles con el MySpace o Tuenti), sino a través de una iniciativa impulsada por el propio gobierno. Según cuenta, el sultán Sheik Hamdan bin Mohammeded bin Rashid, organizó una competición entre todos los estudiantes del país para que crearan un perfil en la plataforma y empezaran a grabarse de forma casera.

“Al principio, no me interesaba mucho, pero luego quedé fascinada, ya que no tenía que hablar de mí misma, sino sobre mi gente y mi país”, relata Mezna, quien con solo 16 años es a día de hoy una de las influencers emiratís más seguidas de la región. Nos muestra su número de seguidores con orgullo. Afirma que las visualizaciones de sus vídeos han superado las 4 millones. Así, de primeras, resulta cuando menos curioso que en Emiratos Árabes Unidos se fomente a los más jóvenes a estar online, cuando en nuestra parte del mundo el uso de las redes sociales es una fuente de preocupación para padres y profesores.

Mezna se encuentra bajo el paraguas de la UEA Academy, una organización creada por el propio sultanato que se encarga de formar a jóvenes influencers como ella. En su feed no hay planes con amigos, ni marcas de ropa, ni tampoco elementos concernientes a su vida privada; más bien contenidos culturales del emirato, en este caso el de Sharjah, el tercero en cuanto a población y tamaño (seguido de los poderosos Abu Dhabi y Dubai). Eso es, precisamente, lo que le gusta de su trabajo como influencer. “Esto me ha ayudado a aprender muchas cosas que también enseño a otros, y por otro lado me hace ser más consciente de mí misma”, asevera.

A decir verdad, la comunicación es una de las grandes inversiones del gobierno del Sultán bin Muhammad Al-Qasimi, el gobernador de Sharjah, al margen de los bienes raíces, sin duda el sector que más riqueza propicia a los siete emiratos, sin olvidar el petróleo. Por ello, se celebró por decimocuarta vez el Foro Internacional de la Comunicación Gubernamental en el Centro de Exposiciones de Sharjah, donde más de 300 conferenciantes impartieron charlas sobre negocios, economía, sostenibilidad y, sobre todo, de comunicación. De ahí que las jóvenes influencers, en su mayoría mujeres, estuvieran presentes no como ponentes principales, pero sí como las más reconocidas defensoras de la cultura emiratí.

"Si enseñas todo el rato tu estilo de vida o las compras que haces… no creo que sea una buena forma de usar las redes, la verdad"

“Amo a mi país, hay buen tiempo y está repleto de buenas personas, y cuando estoy lejos de casa doy las gracias por vivir aquí”. Quien habla ahora es Amal Ahmed, otra joven influencer de más edad que Mezna y con mucha más trayectoria. A sus 24 años, ha hecho de todo: es directora de contenidos de una emisora de televisión, ha trabajado para la policía de Dubai en el área de la comunicación externa y también es presentadora en inglés de una cadena internacional, al margen de su trabajo como influencer, elaborando contenidos culturales y de ayuda al extranjero, como qué hacer para venir a vivir a Emiratos o conseguir una VISA.

Sharjah, capital de la cultura

En Emiratos Árabes Unidos impera la ley islámica, lo que significa que las mujeres son uno de los colectivos más oprimidos, por no hablar de las trabas y dificultades para llevar una vida al margen del hogar y del cuidado de los hijos. Aquellas que tienen libre y fácil acceso a los libros suelen aprovechar ese privilegio, como las que aparecen en este reportaje. Por otro lado, las autoridades de Sharjah llevan décadas haciendo un enorme esfuerzo en desarrollar su poder cultural, postulándose a ser una de las capitales mundiales de la cultura árabe. También, en parte, por el sultán Al-Qasimi y su incansable afán cultural, quien cuenta con muchos títulos honoríficos en universidades de todo el mundo (como en la Universidad Autónoma de Madrid).

Foto: jeque-qasimi-arqueologos-mezquita-cordoba

“No diríamos que somos la ciudad más tradicional de todos los emiratos, porque al final todos somos árabes y respetamos por igual la ley islámica”, explica Ahmed Al Qaseer, CEO de Shurooq, una importante empresa de inversión y desarrollo del país.Sí que es cierto que entre las tres ciudades más importantes, cada una cumple un papel: Abu Dabi es la capital política, Dubái la financiera y Sharjah es sin duda la cultural”. Hay que tener en cuenta que en todo el emirato de Sharjah está prohibido el consumo, posesión y transporte de alcohol, lo que hacen de ella una de las más estrictas en cuanto a normativa se refiere, ya que en Dubai se puede consumir este tipo de bebidas en bares y restaurantes concretos (especialmente si llevas pasaporte extranjero).

Al Qaseer admite que la región sigue abierta a recibir mucho más turistas, y por ello siguen invirtiendo en hoteles de lujo, instalaciones adicionales en su aeropuerto e infraestructuras, así como en actividades culturales relacionadas con la historia islámica antigua o el desierto. “Queremos que nuestra actividad económica dedicada al turismo abarque el 20% del PIB en los próximos años”, recalca. “¿Cómo? Fomentando que la estancia media del turista aumente de tres días a una semana, ese es nuestro objetivo”.

placeholder Una de las impresionantes mezquitas iluminadas con motivo del Sharjah Light Festival. (EFE)
Una de las impresionantes mezquitas iluminadas con motivo del Sharjah Light Festival. (EFE)

Cuando le preguntamos si los conflictos armados de los países de alrededor son un freno para la demanda turística internacional del país, Al Qaseer se defiende alegando que en Europa también hay conflictos en curso, como la invasión rusa en Ucrania, y que no por ello dejamos de visitar las zonas que sí que están pacificadas. El directivo pronuncia esta frase justo un día después de que Israel lanzara un ataque en la ciudad de Doha, en el vecino Qatar, por primera vez desde que comenzó a bombardear Gaza. Pero, evidentemente, en el Foro nadie quiere saber nada de estas noticias, pues al fin y al cabo Emiratos Árabes Unidos es la excepción en Oriente Próximo en lo que a mantener la paz social se refiere o con respecto a sus siempre beligerantes potencias vecinas.

Oriente y Occidente juntos en un gran centro comercial

Volviendo al tema de las mujeres y su desempeño como influencers, llama la atención que sus contenidos en redes no sean permeables a una de las ciudades más instagrameables del mundo, como es la vecina Dubai. Que exista ese choque de culturas en torno a lo que suben a las redes, que convivan el lujo occidental con la aparente frugalidad y sencillez de las kandoras (la famosa túnica árabe blanca que llevan los hombres en público en Emiratos) o los hijabs. Cuando preguntamos a Amel Ahmed qué opina de sus contrapartes femeninas occidentales, rechaza por completo la noción de “contenidos” para sus publicaciones. “Son más bien bloggers o youtubers… esa gente está metida en su vida y las redes no están para eso. En mi opinión, creo que están para que la gente aprenda, pero si enseñas todo el rato tu estilo de vida o las compras que haces… no creo que sea una buena forma de usar las redes, la verdad. Puede ser mentira lo que publican, entonces…”

Advertimos durante la conferencia que dos mujeres entre el público vestidas con el hijab se hacen un selfi sonriendo. A ambos lados, sus maridos. Y, pronto, descubrimos que en ese simple acto que en Occidente se considera como algo normal e incluso como un signo de narcisismo si se practica en exceso, aquí en esta parte del mundo parece ser un signo de reconocerse a una misma o a sus semejantes, como postula el teórico Matt Colquhoun en su libro Narciso desatado (Mutatis Mutandis, 2024). Una muestra más de los significados diferentes que tiene la exposición en redes por parte de las mujeres a un lado y a otro del mundo.

Más comedida responde Fatma Alsalmi, del país vecino Omán, quien ha venido hasta Sharjah para asistir a la conferencia y conocemos durante una comida en un centro público de ayuda para discapacitados. Ella sí que admite que también hay mujeres influencers que suben aspectos de su estilo de vida a las redes, pero afirma que no consume el tipo de contenidos que crean las occidentales. Las mujeres, ya sea en Emiratos o en Omán, juegan un papel crucial en la sociedad, no solo en la cultura, sino en todas las áreas, también en la política, la economía, la salud o la educación. Y tienen plenos derechos, como los hombres”, aduce, con su característica sonrisa de oreja a oreja.

Alsalmi trabaja para el Ministerio de Información de Omán, y también es consultora y promotora cultural en el Festival Internacional de Cine Muscat. Selecciona películas para convenciones de cine y forma parte del jurado. "Lucho para que la cultura cinematográfica crezca en Omán con el apoyo tanto de instituciones privadas como públicas", explica a este diario. Cuando le preguntamos si las protestas de Irán por la eliminación de la ley que hace obligatorio el uso del hijab de 2017 han servido de influencia para el empoderamiento femenino que están experimentando tanto Omán como Emiratos Árabes, ella asegura que "para nada", poniendo en valor que ambos países tienen "sociedades conservadoras que siguen los preceptos religiosos del Islam". En este sentido, añade: "El islam quiere que nos cubramos la cabeza con el hijab. Y nosotras lo hacemos por convicción".

placeholder Panorámica de la costa de Sharjah, con sus hoteles rascacielos. (E. Z.)
Panorámica de la costa de Sharjah, con sus hoteles rascacielos. (E. Z.)

Bien es cierto que, como decíamos, Emiratos Árabes y en especial Sharjah, es uno de los territorios del Oriente Próximo que más avanzados están en cuanto a igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pese a ser un país musulmán que todavía hace oídos sordos a culturas globales como el feminismo, aunque compartan espacio en los grandes centros comerciales de Dubai, y también en las redes. En el discurso de apertura del Foro, la mujer de Al-Qasimi, Sheikkha Jawaher bin Mohammed Al-Qasimi, pronunció un emotivo y vehemente discurso en defensa de la familia y de la mujer. “Los hombres jóvenes deben colaborar en el cuidado de los hijos y de la casa, y el gobierno lo apoya”, espetó. No en vano, está muy dedicada a la labor humanitaria, como su marido, siendo una de las principales líderes de ACNUR en defensa de los refugiados, las mujeres y los niños. Incluso, ha hecho grandes esfuerzos económicos en defensa y ayuda de los refugiados palestinos, al haber sido fundadora de una organización de la UNRWA dedicada expresamente a ellos.

Sea como sea, lo que está claro es que Emiratos Árabes Unidos y, en especial Sharjah, es un conglomerado urbano construido a los pies del desierto y frente al Golfo Pérsico que no deja de atraer turistas y trabajadores cada año. Un 80% de la población es extranjera, algo que comprobamos fácilmente al charlar con los conductores Uber. En una rápida interacción con uno de ellos, afirma ser natural de Ahmedabad, en la India. "Cuando llegó la pandemia volví a mi casa, con mis hijos", admite. "Luego, volví aquí, a Sharjah. Es una ciudad bonita y próspera". Otro de ellos es de Yemen, un país con una situación muchísimo peor. La mayoría de ellos llegan a Emiratos para ahorrar y confiesan, sin rodeos y emocionados, que echan mucho de menos a sus seres queridos en sus países de origen, esperando volver a encontrarse con ellos en un futuro.

Con tan solo nueve años, Mezna descubrió Instagram. No tanto por sus colegas o de manera informal (como nos sucedió a muchos adolescentes españoles con el MySpace o Tuenti), sino a través de una iniciativa impulsada por el propio gobierno. Según cuenta, el sultán Sheik Hamdan bin Mohammeded bin Rashid, organizó una competición entre todos los estudiantes del país para que crearan un perfil en la plataforma y empezaran a grabarse de forma casera.

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