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Manifiesta este artículo: 'El Secreto' cumple veinte años de fantasías egoístas
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María Díaz

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Manifiesta este artículo: 'El Secreto' cumple veinte años de fantasías egoístas

El poder del pensamiento sobre la evidencia de los análisis clínicos es un fenómeno que, aunque exótico y risible al comienzo, ha tenido unas consecuencias sociales catastróficas en los últimos cinco años

Foto: El secreto está en pensar en positivo y "manifestar" lo que uno quiere.
El secreto está en pensar en positivo y "manifestar" lo que uno quiere.

A punto de cumplirse veinte años del best seller de autoayuda El Secreto, el pensamiento mágico propuesto por su autora aún se propaga descontextualizado e influencia las corrientes ideológicas actuales.

Algunos lo recordarán con lejanía y puede que unos pocos conserven aún un ejemplar en casa. El Secreto fue, a comienzos de siglo, un éxito editorial en todo el mundo. Su autora, Rhonda Byrne, fundó un imperio que aún mantiene vivo con nuevas publicaciones y su página web y que despegó como fenómeno global cuando fue recomendado por Oprah en su programa. Un ejemplo como cualquier otro de por qué, quizá, no deberíamos hacer mucho caso a las opiniones de una millonaria televisiva.

Entonces, El Secreto era nuevo y misterioso, pero también sencillo y familiar: un método para mejorar integralmente la vida de las personas de manera fácil y positiva. Más que psicología, Rhonda Byrne ofrecía el secreto de la felicidad, de forma práctica pero no técnica, laica pero espiritual. Aunque en teoría El Secreto puede aplicarse a cualquier ámbito de mejora personal, el libro subraya de manera constante las posibilidades de éxito económico que ofrece el método. Precisamente, el triunfo de El Secreto es adelantarse a una economía y cultura en la que vender la fantasía de riquezas ilimitadas sin consecuencias es realmente la única forma de hacer dinero.

Empecemos por el principio. ¿Cuál era entonces el secreto de El Secreto? Bueno, ahora se conoce esta técnica como manifestar, es decir, reafirmar nuestros deseos y objetivos personales a través del pensamiento, la palabra, la fe y la imaginación. Es conocido que este tipo de afirmaciones permiten dar confianza a los individuos, que se sienten más motivados y capaces de alcanzar sus objetivos. La perspectiva esotérica de Byrne lo llama sin embargo Ley de la atracción — así, con mayúscula, como si fuese una ley física — y se supone que es una ley del universo en la que todo lo que se piensa es devuelto. Así, si una persona tiene pensamientos positivos, vivirá acontecimientos positivos y si piensa en negativo le ocurrirán cosas malas: causa y efecto directos, sin correlación.

¿Cuál era entonces el secreto de El Secreto? Bueno, ahora se conoce esta técnica como manifestar, es decir, reafirmar nuestros deseos

Aparentemente, este secreto del universo forma parte de un conocimiento ancestral compartido por los hombres más importantes de Occidente y motivo último de su éxito. El libro, que también fue “documental” del tipo Canal Historia, está lleno de presuntos expertos en la materia magufa y son presentados con títulos tan peregrinos como coach personal, visionario, aventurero de la vida o, mi favorito personal, experto en ganar dinero.

El proceso de manifestación positiva es tremendamente complejo. Aunque Byrne lo reduzca a tres cómodos pasos — y además resuma los puntos clave de cada capítulo al final del mismo para los lectores más dispersos — El Secreto carga con mucha letra pequeña. Si no funciona, es porque no te lo crees. Si no funciona, es porque estás pensando en negativo de forma subconsciente. Si no funciona, es porque no te comportas como si ya funcionase. Si te sientes bien, entonces funcionará. Y, si ya te sientes bien ¿qué más necesitas que funcione?

Sin embargo, el proceso de manifestación negativa es constante y automático. Cualquiera puede atraer todo tipo de desgracias, desde una pequeña avería doméstica hasta una deuda, solo con el pensamiento generado en las pequeñas ansiedades del día a día. La Ley de la atracción no solo afecta a los aspectos de la vida sobre los que actúa parcialmente el libre albedrío, como la carrera profesional, el estilo de vida o la situación sentimental, sino también sobre aquellos totalmente azarosos, como la lotería o un accidente de coche.

Para mantener los pensamientos positivos que generan buenas experiencias en la vida, Byrne recomienda informarse poco, lo justo

Para mantener los pensamientos positivos que generan buenas experiencias en la vida, Byrne recomienda informarse poco, lo justo, más bien nada. Si quieres cambiar el mundo, manifiesta un mundo mejor y el universo proveerá. De hecho, en la web de Byrne aún se puede descargar un cheque en blanco para rellenar con la cifra deseada a reclamar al cosmos. No hay de qué preocuparse: en el mundo, hay de sobra para todos y son los pensamientos de escasez la razón del hambre global. Pensándolo bien, no hay motivo para padecer por otros. Si todos somos dueños de nuestros destinos y tenemos esta capacidad de cambiar el entorno a través del pensamiento, toda injusticia es responsabilidad de quien la padece. No es falta de empatía, es justicia retributiva, el universo dando a cada cual lo suyo. ¿Les suena? Quizá sea de alguna campaña electoral.

Byrne y sus expertos se atreven a afirmar, incluso, que la Ley de la atracción funciona, atención, para atraer y repeler enfermedades. Los problemas morales, y posiblemente legales, de estas afirmaciones no debían ser ajenos a la producción del documental y el libro, pues pronto se especifica la necesidad de tratamiento probado en casos de enfermedades graves. Sin embargo, al mismo tiempo, Byrne recoge el testimonio de una paciente de cáncer de mama que dice haberse curado en tres meses a través de la risa y la manifestación, sin recibir quimioterapia.

El poder del pensamiento sobre la evidencia de los análisis clínicos es un fenómeno que, aunque exótico y risible al comienzo, — cuando era cosa de Gwyneth Paltrow y cuatro pijipis más — ha tenido unas consecuencias sociales catastróficas en los últimos cinco años. Los peligros de restar credibilidad a los datos medibles, las teorías falsables y los hechos probados van desde la salud pública a la salud democrática.

Los peligros de restar credibilidad a los datos medibles y los hechos probados van desde la salud pública a la salud democrática

Aún así, hace veinte años, la sanidad era aún una línea roja que había que tener mucho cuidado de no cruzar. Por eso, cuando la teoría está a punto de desmoronarse y la audiencia comienza a sospechar y hacer pesquisas, la autora, muy convenientemente, recurre entonces a la ciencia y al argumento — o falacia — de autoridad para reforzar posiciones. Figuras como Einstein son citadas con frecuencia sin contexto alguno. Byrne tiene para todos. Si las matemáticas no te seducen, lo hará el nombre de Platón o de Beethoven. Y si lo tuyo es la teología, solo basta con aderezarlo todo con citas inconexas de los textos sagrados de diferentes religiones, lo mismo cristianos que budistas.

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Todo lo que sea necesario para probar, de manera evidente para la autora, que todos los genios de la espiritualidad y conocimiento humanos — a pesar de las diferencias temporales y culturales — pensaban similar porque, como la misma Byrne y ahora el propio lector, conocían El Secreto. También dijo Jesús que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que lo haga un rico en el reino de los cielos. De igual manera, Buda fundamentó todo su pensamiento y práctica espiritual en la ausencia de deseo, especialmente el material. Por algún tipo de motivo, esto no parece entrar en contradicción con la avaricia positivista de El Secreto.

¿No se parece esto bastante a los cantamañanas que regurgitan los aforismos de las Meditaciones de Marco Aurelio para vender autoayuda de machotes en internet? Como siempre, Byrne pionera. Es triste sentir este paso del tiempo, en el que las Humanidades se han devaluado — algunos no olvidamos que el ministro Wert eliminó la filosofía como asignatura troncal en Bachillerato — a la vez que las transforman en una papilla ultraprocesada con la que rellenar lucrativas salchichas. A la pregunta con la que comenzó el pensamiento occidental — “¿qué es lo bueno?” — Byrnes y sus discípulos contemporáneos responden “una mansión”. A la pregunta con la que se inició la Edad Moderna — “¿cuál es el bien común?” — , el silencio y un curso de mejora personal por 50 euros.

A punto de cumplirse veinte años del best seller de autoayuda El Secreto, el pensamiento mágico propuesto por su autora aún se propaga descontextualizado e influencia las corrientes ideológicas actuales.

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