No, las grandes empresas no te atenderán en catalán (y hay una explicación convincente)
Dos hablantes tienen que usar la lengua más útil, no la que alguien obligue y aquí lo que importa realmente es la comunicación, no el nombre de la lengua
Dos personas miran un escaparate de una tienda de Barcelona. (Getty/Cesc Maymo)
Dice la ley que el catalán es la lengua propia de Cataluña, pero es falso, mucho más propia es el español que es la de todos los catalanes. Dice la ley que el catalán es lengua vehicular, y todos sabemos que tampoco. Dice la ley que los comercios de Cataluña han de atender en catalán, y una ley natural la deroga: dos hablantes usan la lengua más útil, no la que alguien obligue. Y la última bufonada es que sea obligatorio en la atención al cliente de unas 4000 empresas de toda España. Tampoco se cumplirá. Contraviene el principio elemental de la comunicación: entenderse. Es como exigir que, si así lo solicita el cliente, la comunicación se realice con teléfono fijo y máquina de escribir.
El gran momento de la lengua catalana
Hacia el siglo XI la lengua catalana ya estaba formada. Contaba con rasgos propios y suficientemente distanciados del latín como para constituir un código independiente. Cuando en 1137 se produce la unión dinástica entre el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona, el catalán pasó a utilizarse como lengua de la administración. En el siglo XIII ya era lengua normal y habitual de Cataluña y sus hablantes se servían de ella en todos los usos: jurídicos, religiosos, históricos, filosóficos y literarios. Una lengua habilitada para toda usanza que contaba con un altísimo porcentaje de hablantes monolingües.
Tras la conquista de Mallorca en 1229, repobladores catalanohablantes se instalaron en la isla. En el seno de una de aquellas familias nació Raimon Llull (1232–1316), que habría de dar un impulso decisivo a las letras catalanas. Fue un erudito de extraordinarias capacidades: filósofo, teólogo, poeta, místico, divulgador científico y misionero. Utilizó su lengua materna como instrumento normal de comunicación en una vasta obra. Como hasta entonces había tenido el catalán escaso desarrollo cultural, modeló sus formas, la enriqueció y le proporcionó un estilo. Hoy es considerado el principal artífice de la dimensión literaria del catalán, además de uno de los primeros en servirse de una lengua heredera del latín para tratar asuntos filosóficos.
En el siglo XIII ya era lengua normal y habitual de Cataluña y sus hablantes se servían de ella en todos los usos
Tendría unos treinta años cuando experimentó una conversión espiritual que lo llevó a abandonar su vida cortesana, vender su patrimonio y dedicarse a la predicación. Aprendió árabe, llevó vida eremítica y se formó en el monasterio cisterciense de La Real, donde profundizó en el latín, la gramática y la filosofía. Viajó por el Mediterráneo, evangelizó y escribió incansablemente. Rompió con la tradición que privilegiaba al latín y al provenzal en la producción culta, e impulsó la normalización del catalán al transformarlo en una lengua habilitada para todo desarrollo. Su labor en solitario es comparable a la de un equipo de sabios de Alfonso X el Sabio con el castellano.
Se conservan 246 obras auténticas, escritas sobre todo en catalán, pero también en latín y árabe. Para su poesía eligió a veces el provenzal, lengua prestigiosa y refinada, como Alfonso X escogió el gallego para su lírica personal.
Llull, en solitario, situó a la evolución del latín en Cataluña a una altura envidiable, y fue una suerte que así lo hiciera y que dejara en ella un sutilísimo buen gusto y una inteligencia excepcional, original y sugestivamente caprichosa. La difusión de sus libros fijó los patrones del catalán culto, el que pronto ha de ser reglamentado por la Cancillería Real.
En el siglo XIV el catalán alcanzó su máxima expansión política y geográfica. Su prestigio lo situaba entre las lenguas neolatinas más extendidas. Se impuso sobre el mozárabe con la conquista de los reinos de Valencia y Murcia, y se difundió por Sicilia, Cerdeña y Nápoles, y alcanzó incluso a Atenas y al Ducado de Neopatria en Tesalia.
En el siglo XIV el catalán alcanzó su máxima expansión política y geográfica. Su prestigio lo situaba entre las lenguas más extendidas
Cinco estados mediterráneos fueron gobernados por dinastías catalanas. La prosa alcanzó tan alto grado de perfección por su uniformidad que escritores como BernatMetge (1340–1413), autor de Lo somni (El sueño), dio muestra de la capacidad de una lengua de estilo claro, elegante y riguroso que introdujo el humanismo en la literatura catalana.
Los siglos oscuros
Pero llegado el siglo XVI, tras la unificación política de España, el catalán fue perdiendo presencia escrita. El centralismo administrativo y cultural de Castilla lo relegó, y el castellano ganó prestigio y uso en todo el territorio.
María de Molina, reina de Castilla. (iStock)
No fue un caso aislado, sino un movimiento natural de las lenguas. Parecida evolución se había producido cuando el toscano del Renacimiento, luego llamado italiano, eclipsó a las otras lenguas latinas de la península itálica y transformó al resto del país en ambilingües o usuarios de dos lenguas como maternas, la familiar y el italiano. Y ocurrió algo parecido con la expansión del francés en el siglo XVIII, que frenó el desarrollo del vasco, el catalán, el occitano y el bretón. Y con el alemán tras la unificación del país en 1871. Y con el inglés tras la unión de Escocia e Inglaterra en 1707 y su posterior difusión imperial, que limitó el desarrollo de las lenguas celtas: galés, manés, gaélico escocés e irlandés. Y con el ruso al destacar, por sus avances, sobre las lenguas eslavas y túrquicas en su difusión hacia el Cáucaso y Asia Central, entre ellas el tártaro.
Tras la unificación política de España, el catalán fue perdiendo presencia escrita. El centralismo administrativo y cultural de Castilla lo relegó
El catalán siguió usándose en la vida cotidiana y en documentos locales, pero perdió peso en la literatura culta por decisión de sus propios hablantes. En el Siglo de Oro, el castellano lo eclipsó, y lo relegó a la poesía popular, el folclore y la documentación administrativa. La Guerra de Sucesión (1701–1714) acabó con las instituciones catalanas y el castellano ocupó sus espacios. Fue una situación semejante a otros procesos históricos de sustitución lingüística que pueden ser discutidos o discutibles, pero que pertenecen al curso de la historia.
Importa la comunicación
El gran momento del catalán —como el del provenzal, el veneciano, el irlandés o el tártaro— se frustró por la competencia de lenguas mejor implantadas. Las lenguas no son sus nombres, sino códigos de comunicación que se adoptan en función de la utilidad y las necesidades de sus hablantes. Y no importa que sea una u otra, lo primordial es disponer de ellas. Si las nombráramos con números, lengua 25, lengua 37, desaparecerían los conflictos.
A esa coexistencia equilibrada de dos lenguas la llamamos ambilingüismo, para diferenciarla del bilingüismo en el que una lengua domina sobre la otra. Los hablantes ambilingües —tan numerosos en el mundo— valoran por igual sus dos idiomas y no renuncian a ninguno de ellos.
El destino de una lengua lo dicta su utilidad, y los hablantes lo perciben con claridad. Quien ama su lengua no la enfrenta a otra: la engrandece con el uso. Por eso el gran momento de una lengua no se encuentra en su pasado glorioso, sino en su vigencia. Y toda lengua hablada con orgullo está, por ello mismo, en su gran momento. Con lo delicado que es negociar con una empresa, solo faltaría dejarla en manos del empleado más inútil únicamente porque sabe algo de catalán.
*Rafael del Moral es sociolingüista experto en lenguas del mundo y autor de la 'Enciclopedia de las lenguas', 'Breve historia de las lenguas', 'Historia de las lenguas hispánicas' y' Las batallas de la eñe', así como de numerosos artículos en revistas especializadas.
Dice la ley que el catalán es la lengua propia de Cataluña, pero es falso, mucho más propia es el español que es la de todos los catalanes. Dice la ley que el catalán es lengua vehicular, y todos sabemos que tampoco. Dice la ley que los comercios de Cataluña han de atender en catalán, y una ley natural la deroga: dos hablantes usan la lengua más útil, no la que alguien obligue. Y la última bufonada es que sea obligatorio en la atención al cliente de unas 4000 empresas de toda España. Tampoco se cumplirá. Contraviene el principio elemental de la comunicación: entenderse. Es como exigir que, si así lo solicita el cliente, la comunicación se realice con teléfono fijo y máquina de escribir.