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Casas prefabricadas: ¿pueden ser la solución a la crisis de vivienda?
  1. Cultura
Fernando Caballero Mendizabal

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Casas prefabricadas: ¿pueden ser la solución a la crisis de vivienda?

Cada vez hay más buena arquitectura prefabricada, construida con materiales de calidad. Puede ayudar a solventar el déficit de vivienda, que en 2040 será de 400.000 solo en el área metropolitana de Madrid

Foto: Tini Living. (Paco Marín)
Tini Living. (Paco Marín)

Son muchos los empresarios, las administraciones y los arquitectos que han pensado en la prefabricación como forma para construir mucho, rápido y a bajo coste. Algo que sin duda necesitamos. Y, sin embargo, la idea de "montar" edificios en pocas semanas o días, como se hace en China o como se hizo durante la postguerra europea, no ha terminado de cuajar hasta ahora. ¿Qué sucede? La vivienda prefabricada tiene casi un siglo de antigüedad, y sin embargo nunca ha llegado a generalizarse en nuestro país. Eso podría estar cambiando. ¿Cuál es el motivo? Que por fin sale a cuenta.

Hasta ahora, construir las piezas prefabricadas en una nave y montarlas después en la obra requería menos trabajadores pero mucho más cualificados y eso encarecía bastante el precio. Suponía sistematizar casi todo el proceso de diseño y producción, centralizándolo en un solo lugar y acotando enormemente los tiempos. Casi con precisión de relojero, suponía un inmenso desafío transformar un sector tradicional, que funciona en obras abiertas durante meses con muchas subcontratas especializadas, en una cadena de montaje. No compensaba dejar de poner ladrillos. Además, durante décadas el resultado era tosco y espartano. La prefabricación -como en las ciudades soviéticas y los barrios periféricos de muchas ciudades- se asociaba a un mundo gris y precario. La estética brutalista pronto pasó de moda y los barrios modernos se volvieron feos y alienantes, donde el correr de los años pesaba y los desperfectos se multiplicaban.

Hoy sin embargo, en la vivienda colectiva, la falta de mano de obra y la necesidad urgente de hogares está abocando necesariamente al sector hacia la prefabricación. Como en los años 60, no importa que los edificios sean más bonitos o más feos, lo que importa es que haya edificios y no chabolas. Pero no estamos en 1960, y cada vez hay más ejemplos de buena arquitectura prefabricada, construida con materiales de alta calidad; porque nuestros estándares de confort son hoy muy superiores a los de hace sesenta años.

En muchos países de Europa nos llevan años de ventaja en este sector. Empresas como la alemana Aktiv Haus, con sede en Stuttgart y que construye sus módulos en la barata Polonia, son un buen ejemplo de lo que buscan muchos alcaldes: viviendas sociales edificadas en pocos meses. Edificios asequibles que se construyen como piezas de lego, pero que no renuncian a un diseño atemporal y agradable. Lo cual es importante si lo que se busca es que no parezcan bloques alienantes de las periferias parisinas. Aquí en España también tenemos ejemplos muy interesantes que utilizan módulos tridimensionales, como los dos edificios de 45 y 40 viviendas sociales y dotaciones públicas proyectados en Barcelona por los arquitectos César y Cristian Vivas. El montaje de los bloques de este último duró tan solo 10 días.

placeholder Edificio de 40 viviendas en Av Carrilet, Barcelona. (Argotphoto/Jordi Vila)
Edificio de 40 viviendas en Av Carrilet, Barcelona. (Argotphoto/Jordi Vila)

Como decía, ocurre que durante las últimas décadas se han desarrollado un sinfín de nuevos materiales resistentes y vistosos que poco a poco comienzan a tener precios asequibles, comenzando por la arquitectura prefabricada de madera. Es común en Europa y en España, y ya son varios los proyectos de edificios públicos y de vivienda colectiva construidos con sistemas prefabricados de madera -con un impacto ambiental y una huella ecológica mucho más baja que el hormigón- como el edificio de 52 viviendas públicas está construyendo el Ayuntamiento de Madrid en Barajas.

Quizás los incendios de este agosto nos sirvan para entender que apostar por la prefabricación en madera -en el cuarto país con mayor masa forestal de Europa- es una forma de crear empleo de calidad allí donde hay despoblación, de mantener los bosques cuidados y produciendo, y de apostar por sistemas constructivos mucho más sostenibles. A través de su legislación, nuestras ciudades podrían ser los grandes clientes que desarrollasen todo un sector industrial en varias zonas de la España rural.

Alternativa a la falta de vivienda

El problema es que la solución comunitaria de la vivienda colectiva se hace esperar demasiado y el “sálvese quien pueda” empieza a cobrar bastante sentido. Y así aumenta el número de personas que tendrá pocas alternativas al chamizo prefabricado.

Hoy ya se venden hasta en Amazon a precios ridículos. Hay empresas que comercializan casas de madera de 50 o 70 m2 por menos de 50.000 euros. Es decir, que por 100.000 € mucha gente hará el esfuerzo de comprar un solarcito a 50 km de Madrid y colocar encima una caseta del doble de tamaño que uno de esos indignos pisos interiores con cocina/dormitorio que se venden en el centro a precio de sangre de unicornio. Son “casas" -por ahora sin ruedas- que anticipan un futuro más que probable, el del camping de caravanas perpetuo que puebla las periferias alejadas de muchas ciudades de Estados Unidos y que es la alternativa digna a las chabolas. Pero nadie da duros a pesetas. La vida útil de estas “casas” es muy corta. Casi como un coche, en lugar de revalorizarse, comienzan a perder su valor en cuanto la grúa las deja en la parcela. Muchas veces ocurre que las primeras fallas son evidentes a los pocos meses. Dignidad para hoy, deterioro y falta de servicios para mañana. La gama baja de la casa prefabricada es una solución provisional, pero para muchos será la única solución frente a lo que está por venir. Sí, por venir, porque en áreas metropolitanas como Madrid, en 15 años (2040) el déficit de hogares será superior a los 400.000 y no todos querrán dormir bajo un puente o compartir piso y nevera con desconocidos.

¿Me hago una casa normal o una prefabricada?

Durante las últimas dos décadas el sector de la vivienda prefabricada ha estado acelerando por la pista, pero ya ha despegado. Hasta ahora, el chalet prefabricado era más una caja de zapatos, cuando no una imagen 3D en una web, más que una realidad. Los experimentos son caros, la mano de obra cualificada y los materiales duraderos también, y todo esto ha frenado durante años la capacidad del chalet prefabricado de ser una alternativa a la construcción tradicional. Como decía al principio, no compensaba.

Foto: casa-prefabricadas-madera-espana

Pero desde 2020, el covid y la inestabilidad geopolítica están agotando el proceso de transición. Las cadenas de suministro de materiales se pararon, los hutíes bloquean el acceso al canal de Suez a los barcos que no sean de empresas chinas, la guerra arancelaria ha encarecido el precio de muchos productos y materiales procedentes de China que contienen aluminio y acero, el precio de la madera se disparó y la mano de obra escasea cada vez más.

Como ocurre con los promotores de vivienda colectiva, las clases bienestantes que compran un terreno para hacerse un chalet, se encuentran con enormes cuellos de botella. La volatilidad en los tiempos y precios de las obras aumentan y con ello la necesidad de alternativas que, aun no siendo más baratas que una casa tradicional, ofrecen rapidez, durabilidad, diseños cada vez más atractivos y (sobre todo) precios fijos.

Cuando la aceptan las clases acomodadas

Cuando la casa prefabricada entra en las revistas de moda y diseño significa que ha llegado la hora de “elevar a la categoría de normal lo que en la calle es normal” Pero una cosa es pre-fabricar una sola casa y otra muy distinta industrializarla. Es decir: convertirla en un producto customizable pero producido en serie.

placeholder Villa modular en Sotogrande. (inHAUS)
Villa modular en Sotogrande. (inHAUS)

Renovarse o morir, curiosamente son arquitectos especializados en la vivienda unifamiliar los que se están lanzando a crear empresas de prefabricación de chalets.

Por ejemplo, el archiconocido Joaquín Torres, y las villas modulares de lujo de los valencianos Sergio y Rubén Navarro, dueños de la premiada empresa inHAUS que desde 2015 ha montado más de 160 viviendas, con un sistema constructivo en 3D que permite producir las viviendas en su fábrica en Valencia, terminadas al 95%, e instalarlas en el terreno en un solo día. En ambos casos tienen el gran mérito de que están consiguiendo sacar un poco de gracia a esos aburridos y clónicos diseños de caja de zapatos blanca -construidos con piezas de hormigón prefabricado- que se comercializan tanto por internet. El resultado no es muy distinto al de los chalets que se construyen de forma tradicional, pero precisamente esa es su mayor virtud, consiguen lo que buscan: estar a la moda sin que se note que son prefabricados.

Y es que, sigue habiendo un componente psicológico (que da para otro artículo) sobre la preferencia por la ilusión artesana del “hecho mano”. Sea en una casa, un plato de Zara Home o una pizza de supermercado de siete euros.

placeholder Casa en Segovia, Tini Living. (Studio cafecito)
Casa en Segovia, Tini Living. (Studio cafecito)

Por eso quizás el ejemplo más interesante en España sea la empresa Tini Living, de los arquitectos Pilar Cano Lasso e Ignacio de la Vega. No solo tienen proyectos estupendos de construcción tradicional, sino que además han sacado a la prefabricación de la monotonía, han investigado en historia y materiales y han reinterpretado aquellas famosas “Case Study Houses”, casas prefabricadas que, tras la Segunda Guerra Mundial, proyectaron en California algunos de los mejores arquitectos de su época. Con mucha sensibilidad han creado un producto contemporáneo que ya se exporta a varios países, que no cae en modas pasajeras, elegante y atemporal, con materiales que se adaptan al entorno y sin renunciar a que se note que es una arquitectura industrializada. Quizá por eso, en su cartera de clientes haya tantos arquitectos.

En cualquier caso, la prefabricación en la vivienda ha llegado para quedarse, y tanto la colectiva como la unifamiliar viven en este momento un gran acelerón. Será en los mejores ejemplos de esta época donde se establezcan las formas, tipologías, diseños y materiales que presumiblemente se generalizarán durante mucho tiempo. Por eso es un momento interesante para fijarse en ellos. Porque el I+D de hoy, creará los productos estandarizables que se multiplicarán en el futuro. Y, con un poco de suerte, nos permitan tener barrios asequibles, construidos en poco tiempo, sostenibles, con precios ajustados y sobre todo, donde sea agradable vivir. Que no sean duros y alienantes, ni renuncien a que las ciudades bonitas sean sólo patrimonio de los más privilegiados.

Son muchos los empresarios, las administraciones y los arquitectos que han pensado en la prefabricación como forma para construir mucho, rápido y a bajo coste. Algo que sin duda necesitamos. Y, sin embargo, la idea de "montar" edificios en pocas semanas o días, como se hace en China o como se hizo durante la postguerra europea, no ha terminado de cuajar hasta ahora. ¿Qué sucede? La vivienda prefabricada tiene casi un siglo de antigüedad, y sin embargo nunca ha llegado a generalizarse en nuestro país. Eso podría estar cambiando. ¿Cuál es el motivo? Que por fin sale a cuenta.

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