Así éramos IV: ¿El retorno de Oasis y Superman? Los 2020 son la era de la repetición
Un fenómeno domina la cultura actual: la reunión de grupos de sesentones, las secuelas de viejas películas, el alargamiento postizo de series. Es posible que vivamos en una época culturalmente poco creativa condenada a repetirse
Durante décadas, la cultura de la globalización había sido el pop anglosajón. Pero algo cambió a principios de la década de 2020. Ese año, el mercado musical que más creció en el mundo fue el de Corea del Sur: usted no ha escuchado una sola canción de K-pop, pero buena parte del resto del planeta lo hace habitualmente (si tiene curiosidad, pruebe esto). La banda sonora del mundo pospandemia ha sido latina, aunque parezca escrita en una lengua inventada: “Tú no eres bebesita/ tú eres bebesota”, decía Me porto bonito, el megaéxito de J. Balvin de 2022.
Pero ¿y el viejo pop anglosajón? Es extraño. La música de Taylor Swift, Dua Lipa, Harry Styles, Lady Gaga oSabrina Carpenter podría haber sido compuesta e interpretada en cualquier momento de los últimos cincuenta años. Con ligeros retoques de producción, podría ser de un cantautor de los sesenta, un grupo funky de los setenta, un DJ de los ochenta o una cantante de rhythm & blues de los noventa. Es buena, aunque extrañamente atemporal; no es solo para todos los públicos, sino también para cualquier momento, como si fuera ajena al mundo real.
Al mismo tiempo, muchas viejas glorias de la música anglosajona han regresado al mundo real: han vuelto Blur, Oasis y Pulp. Black Sabbath y Rage Against the Machine. En España, han regresado El último de la fila y lo hará La oreja de Van Gogh. Es como si la década, o al menos su primera mitad, fuera un intenso revival, un intento de que sigamos anclados en nuestra juventud, en un tiempo suspendido.
Puede que todo tenga que ver con una repentina escasez de creatividad cultural. El mundo digital está absorbiendo toda la originalidad
Es posible que este eterno retorno sea una mera cuestión de dinero: ¿quién va a llenar un estadio con una propuesta innovadora? ¿Qué grupo clásico no querría divertirse un poco antes de la jubilación y hacer caja para retirarse? Pero también es posible que se deba a un problema algo más serio. Puede que todo tenga que ver con una repentina escasez de creatividad cultural. En la década de 2020, dice una teoría que se ha ido popularizando, el mundo digital está absorbiendo toda la originalidad y la espontaneidad. Está acaparando la atención de quienes son más proclives a la innovación, los jóvenes, y eso está convirtiendo la cultura tradicional en un ecosistema mucho más conservador y reacio a los grandes cambios.
Aquí puedes seguir el resto de capítulos de esta serie sobre las últimas décadas:
No se trata solo de la música. En lo que llevamos de década, ha regresado, quizá con demasiada insistencia —se han rodado nueve series nuevas—, el mundo de La guerra de las galaxias. Como Juego de tronos se había quedado corta, ha salido una precuela. La trilogía de El señor de los anillos era breve, así que se ha rodado una serie y anunciado otra película. Ningún adulto medianamente funcional puede llevar la cuenta de las películas estrenadas del universo Marvel o de DC Comics. Cada cierto tiempo, vuelven Batman, Superman y Spiderman con nuevos actores que los mayores de cuarenta y cinco años tendemos a pensar —de manera injusta— que son perfectamente intercambiables. Han vuelto Indiana Jones y Karate Kid y Top Gun y Jurassic Park y Gladiator. Las dos películas de la década que han combinado mejor el éxito de crítica y público trataban de un acontecimiento sucedido hace ochenta y cinco años (Oppenheimer) y de una muñeca que tiene sesenta y cinco (Barbie). Y no sigo porque no quiero aburrirles.
Ya somos todos omnívoros
Quizá nos hemos vuelto perezosos. Quizá el aura que tenían los productos difíciles y las historias innovadoras se ha esfumado y todos reconocemos de manera tácita que preferimos la cultura reconfortante y fácil. Tal vez la cultura que considerábamos seria se ha vuelto tan política y comprometida que, cuando queremos rehuir la batalla de las ideas o los choques partidistas, no tenemos más remedio que acudir a bestsellers o blockbusters apolíticos y transversales. Quizá el futuro es tan incierto —esta ha sido la década de la pandemia, el retorno de Trump, la invasión de Ucrania y la guerra de Gaza— que no queremos que la cultura nos rete, sino que nos consuele. Tal vez no se trate solo de un fenómeno cultural, sino algo más general. Por mucho que el mundo tecnológico hable siempre de innovación, el iPhone actual es casi indistinguible del de hace diez años.
Para quienes nos formamos en décadas en las que la cultura se identificaba con el riesgo y el cambio, esto puede resultar decepcionante. Pero tiene su lado bueno. En España, el conservadurismo del mundo literario nos ha llevado a tener la industria editorial más próspera de nuestro entorno: en 2024, se vendieron 77 millones de libros, con una facturación de 1.200 millones de euros y una subida del 9,8% desde 2023 y del 35% desde 2019. Los jóvenes devoran fantasía, manga y cómic y leen muchísimo, aunque sean géneros que eran transgresores hace medio siglo. Y, casi más importante, nos hemos vuelto omnívoros. Quienes creíamos que la cultura debía ser transgresora solíamos ser puritanos: no leíamos bestsellers, solo veíamos cine de autor, y eso nos hacía sentir que formábamos parte de una tribu. Éramos un poco tontos. Hoy todos consumimos de todo. Y ese consumo es más barato. Quizá la falta de innovación no está tan mal. Y para quien quiera riesgos (muy controlados), ahí están el K-pop y J. Balvin.
Durante décadas, la cultura de la globalización había sido el pop anglosajón. Pero algo cambió a principios de la década de 2020. Ese año, el mercado musical que más creció en el mundo fue el de Corea del Sur: usted no ha escuchado una sola canción de K-pop, pero buena parte del resto del planeta lo hace habitualmente (si tiene curiosidad, pruebe esto). La banda sonora del mundo pospandemia ha sido latina, aunque parezca escrita en una lengua inventada: “Tú no eres bebesita/ tú eres bebesota”, decía Me porto bonito, el megaéxito de J. Balvin de 2022.