Parejas tórridas III: muchas horas de rodaje y pastillas o Judy Garland y Vincente Minnelli
El director de cine y la actriz de 'El mago de Oz' se conocieron rodando 'Cita en St. Louis', y aunque el amor floreció y tuvieron a Liza, los excesos y la inestabilidad de Garland marcaron su vida y su relación
**Este artículo pertenece a una serie especial de verano centrada en parejas míticas (a veces un poco malditas) de cine.
"El día en que murió, los vecinos vinieron a burlarse. Este es el resultado de tanto licor y pastillas. Pero cuando la vi recostada como una reina... ella fue el cadáver más feliz que he visto" cantaba en Cabaret Liza Minnelli sobre una tal Elsie, aunque bien podría haber cantado sobre su madre, Judy Garland, que murió con tan solo 47 años tras una vida de excesos, sumida en el alcohol y las drogas. La descubrieron muerta un 22 de junio de 1969, en su baño, en Londres. Su rostro, que en realidad no había llegado a los 50 años, parecía haberlos sobrepasado ese número décadas atrás. Fue una muerte trágica, pero un poco como en la canción de Cabaret, la propia Garland había dicho tan solo unos años antes: "Me aburre muchísimo que me vean como a una figura trágica".
Pero vayamos al principio de los tiempos. Porque Judy Garland también tuvo tiempo para enamorarse. No todo en su vida fue trágico, aunque sin duda algunas cosas lo fueron: por ejemplo, que debutara en el escenario junto a sus hermanas mayores con tan solo dos años de edad, y que desde el principio su madre decidiera darle pastillas para ayudarle a aguantar el ritmo o relajarla para dormir. O que los ejecutivos de la MGM (con Louis B. Mayer a la cabeza y con los que comenzó a trabajar con 13 años), que hacían trabajar a sus actores hasta la extenuación y a un ritmo vertiginoso, agravaran el problema medicándola con estimulantes y depresores. "Nos dejaban inconscientes con barbitúricos y después de cuatro horas de sueño nos despertaban y nos daban anfetaminas para que pudiéramos trabajar 72 horas seguidas", llegó a contar Garland de su rodaje de El mago de Oz (1939).
"Nos dejaban inconscientes con barbitúricos y después nos despertaban y nos daban anfetaminas para que pudiéramos trabajar 72 horas"
Tampoco ayudó que la MGM de nuevo, para paliar un supuesto problema de peso de la actriz, la sometiera a una dieta muy restrictiva (a base de sopa de pollo, café, 80 cigarros diarios y pastillas para suprimir el hambre, que se unieron a los otros cientos de pastillas que ya tomaba). Cuando tenía solo 14 años, Louis B. Meyer la llamó "mi pequeña jorobada", con la cariñosa idea de pulir un poco su imagen. Antes de rodar El mago de Oz y convertirse en la mítica Dorothy con solo 16 años, el estudio la había convertido en compañera de Mickey Rooney y no la permitía ir a fiestas o tener citas. Con 19 años se casó con el compositor David Rose (que ya había estado casado), a los 20 se sometió a un aborto y a los 21 se divorció de él. Fue al año siguiente cuando conoció a Vincente Minnelli.
"Mantuvieron una relación compleja, con momentos de gran conexión creativa y personal pero muchas tensiones significativas", cuenta a este periódico David Felipe Arranz, filólogo, periodista y profesor, además de autor de varios libros dedicados al cine. "Al principio, su relación fue apasionada: se conocieron en el set de Cita en St. Louis (1944), donde la química profesional se trasladó a lo personal. Garland admiraba a Minnelli y él la veía como su musa. Cita en St. Louis recoge la historia épica de las sagas familiares en los Estados Unidos y sus migraciones interiores por motivos laborales del padre de familia".
Minnelli llevaba años queriendo hacerse un hueco en el panorama musical de Hollywood, que era bastante pobre en aquellos momentos (con la honrosa excepción de Fred y Ginger). Aunque había comenzado con la Paramount en un mundo un poco desolador, después conoció al productor Arthur Freed (el mismo que, cuando Shirley Temple tenía tan solo once años, la encerró en su despacho y le dijo que iba a ser una nueva estrella, mientras se bajaba los pantalones), que lo introdujo en Hollywood y a la MGM. De hecho, antes de Cita en St. Louis, trabajó con Judy Garland en algún proyecto anterior, y después insistió en que ella (que tras El mago de Oz era una estrella un poco rutilante) protagonizara su película. Se casaron tras el rodaje y en 1946 tuvieron a Liza. Fue curioso, pues al principio, ella odiaba el carácter perfeccionista del director, que podía exigir que se rodase la misma toma hasta 25 veces.
"Su colaboración en películas como El reloj (1945) y El pirata (1948) afianzó este vínculo sentimental", señala Arranz. "El Reloj, que transcurre en la Nueva York de 1945 y es una de las primeras películas urbanas románticas de las que bebe todo el cine romántico actual, y El Pirata, impresionante espectáculo musical con una química extraordinaria entre Gene Kelly y Garland, que mezcla sabiamente el mundo de los cómicos ambulantes y los piratas, con un portentoso guion de Frances Goodrich y Albert Hackett... Evidentemente, ¡es inspiración de la saga de Piratas del Caribe!".
Aquí pueden leer el resto de capítulos de esta serie:
Parejas tórridas I: Greta Garbo y John Gilbert o cómo ella le abandonó en el altar (o no)
Parejas tórridas II | Ingrid Bergman a Rossellini: "Solo sé decir 'ti amo' en italiano"
Pero en lo personal las cosas no iban tan bien. En 1947, cuando Garland tenía solo 25 años, sufrió una crisis nerviosa y fue internada en un psiquiátrico. La sometieron a electroshock e intentó suicidarse cortándose las venas. Comenzó a llegar tarde a los rodajes (o a no llegar en absoluto), su matrimonio con Minnelli comenzó a deteriorarse. Tras 15 años, MGM rescindió su contrato cuando ella se recuperaba de su segundo intento de suicidio. A los 30 años ya era una vieja gloria y, cuando con 35 años le dijeron que sufría hepatitis y no viviría muchos más años, se lo tomó prácticamente como una buena noticia. Se divorció de Minnelli en 1951, aunque se casó tres veces más. El divorcio coincidió con la etapa más prolífica de Minnelli en Hollywood.
Los últimos años de vida de Garland estuvieron marcados por los problemas económicos, aunque regresó al cine con Ha nacido una estrella (todo el mundo estaba convencido de que se llevaría el Oscar por esa película y, sin embargo, se quedó con las manos vacías). Después, solo trabajó en tres películas más, el mismo número de matrimonios que tuvo después de Minnelli. Su última actuación fue en Copenhague, pocos meses antes de su muerte en 1969. Fue Liza la que llamó a su padre para decirle que su madre había muerto, y él lloró amargamente al conocer la noticia.
En 1947, cuando Garland tenía solo 25 años, sufrió una crisis nerviosa y fue internada en un psiquiátrico. La sometieron a electroshock
Mucho se ha teorizado sobre la sexualidad de Vincente Minnelli, que realmente nunca se declaró homosexual, aunque según su biógrafo (Emanuel Levy) vivía abiertamente como gay en Nueva York. “En una ocasión, Judy volvió de forma inesperada del estudio y descubrió a Minnelli en la cama con un hombre que trabajaba para ellos”, también escribió Gerald Clarke. Y es que se ha hablado mucho también del magnetismo que Judy Garland, diva gay, producía en los homosexuales. Michael Joseph Gross lo respondía en un artículo de The Atlantic, hace más de 20 años: "No les gustaba ella, sino su público. Las hordas de otros hombres homosexuales que se reunían en su nombre para escuchar sus conmovedoras interpretaciones de antiguas canciones románticas que reducían a la reina a torrentes de lágrimas de autocompasión". Según Gross, les gustaba esa vulnerabilidad trágica de la diva, casi masoquista, a la que, por otro lado, le gustaba rodearse de homosexuales.
Hay una anécdota particularmente triste de Garland en sus últimos tiempos: un admirador la visitó en su camerino, tras finalizar uno de sus últimos conciertos, y ella estaba escuchando en un gramófono la grabación de la actuación que acababa de terminar. Los aplausos se sucedieron, y entonces ella se echó a llorar y se miró en el espejo: "Eres una estrella", se dijo, entonces. "Eres una estrella". Poco después se iría a algún lugar por encima del arcoíris.
**Este artículo pertenece a una serie especial de verano centrada en parejas míticas (a veces un poco malditas) de cine.