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'El niño del globo': Cuando la realidad es un cuento
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'El niño del globo': Cuando la realidad es un cuento

El documental sobre la avispada familia Heene ilumina el funcionamiento de los medios y de la fama

Foto:  'El niño del globo' en Netflix.
'El niño del globo' en Netflix.

Me enteré en 2009, en Madrid, de que un niño volaba por el cielo de Colorado en un platillo volante de fabricación casera. Ahora Netflix, dentro de su marca Fiasco total, recupera la noticia en un documental de apenas una hora que define a la perfección nuestra época: todo es mentira. Hay una línea de puntos que une al niño supersónico de Colorado, al concejal de Úbeda que amañaba humildes sorteos de Navidad, al pequeño Nicolás y, por supuesto, a los padres de Greta Thunberg. Si seguimos a bolígrafo todos estos puntos obtendremos una gran sonrisa de charlatán. Son los listos, riéndose de ti.

El niño del globo se titula este cuento. Pueden disfrutar de su contenido en la plataforma y volver para leerme, o acelerar el conocimiento acudiendo a la Wikipedia. Mi intención es destripar por completo el caso.

Primero, y bien que lo recuerdo, tenemos el desconcertante titular: un niño de 6 años vuela sin control por los aires americanos a bordo de un platillo volante que su familia ha fabricado en el patio de su casa. La noticia es en serio. Aparece en todas las televisiones del planeta, en todos los periódicos digitales; hay imágenes de vídeo de la plateada aeronave surcando los cielos, es muy parecida a un bolsa de palomitas gigante.

Así es la vida, amigos, abres el periódico y te encuentras con noticias increíbles. La familia Heene, padre, madre, tres hijos, se entretuvo por las tardes fabricando con lona y papel de aluminio un globo achatado que debía volar con helio. Cuando quisieron probarlo, el pequeño de sus hijos se había metido dentro del globo, los amarres fallaron, y el niño se perdió en las alturas. Luego vinieron las llamadas a la policía y a los medios de comunicación. Durante más de dos horas, el globo surcó América, con un niño dentro según la prensa, los padres y nuestras ganas de pasar un gran rato. Finalmente, el globo cayó a tierra. No había nadie dentro.

"Un niño de 6 años vuela sin control por los aires americanos a bordo de un platillo volante que su familia ha fabricado en el patio de su casa"

Netflix ejecuta en El niño del globo el engatusamiento habitual de estos productos. Primero, presenta el caso de forma rigurosa, poniéndose claramente de parte de la familia Heene. Todo es verdad. Había globo, helio, niño tonto, aire infinito. Existe incluso una grabación casera de la propia familia donde se contempla la escena primigenia: el padre grita porque el globo se le escapa; un hijo avisa de que su hermano va en él; se dicen tacos, se lloriquea.

En esta primera parte del documental, vemos, con todo, cosas extrañas. La madre, de origen asiático, llora todo el tiempo. Llora porque un hijo suyo, hace dieciséis años, sufrió un peligroso accidente. En pantalla, diríamos que Mayumi llora desde el pasado, la mañana misma en que su hijo se fue por los aires. Es impresionante como su sentimiento revive justo cuando las cámaras de Netflix (repetimos, dieciséis años después) entran en tu casa para grabar.

Además, en 2009, el padre llamó a la televisión. ¿Para qué? ¿Rescata Telecinco gatos de los árboles, tiene aviones la CNN para interceptar globos caseros? La ayuda de la televisión fue sin embargo imprescindible: alguien en una tele vio un bracito asomar por el platillo volante; alguien hizo una foto al objeto volador donde se apreciaba, un poco más abajo, una figura que caía. El niño.

Si alguien creyó en el niño encerrado en papel albal volador, fue la televisión. Casualmente, eso les daba más audiencia que Obama, que Messi.

Después de convencernos de una verdad, El niño del globo da un timonazo a su propia tesis y empieza a dudar de todo, y edifica otra verdad. No había niño en el globo. De pronto, el niño aparece en la casa: estaba escondido. La familia da las gracias a la policía y a los medios de comunicación, y hace eso tan común cuando lo pasas mal: vas a la tele a hacerte famoso. En una entrevista de toda la familia con Larry King, el pequeño Falcon (el niño del globo en sí) suelta en directo: “Dijisteis que lo hacíamos para salir en la tele”. Todo se derrumba.

La familia da las gracias a la policía y a los medios, y hace eso tan común cuando lo pasas mal: vas a la tele a hacerte famoso

Pensemos un momento en una madre que llora dieciséis años después por un susto que le dio su hijo pequeño; y pensemos ahora que llora incluso sabiendo que sabemos que todo fue un montaje. ¿Qué clase de gente llora para Netflix sobre una cosa que nunca ocurrió?

Gente como los Heene, como los Thunberg, como el pequeño Nicolás. Gente que conoce el hambre de espectáculo de los medios de comunicación, a los que siempre hacen un favor; gente que intuye que sólo importa el relato bien contado, pues su pura efectividad se asocia de inmediato con lo verosímil. Si la ficción fluye, es realidad.

El padre es un genio de los medios: hay que decir siempre que no quieres salir en ellos, mientras maniobras para que te llamen de todas partes. Un poco como Miguel Ángel Revilla.

¿Por qué no avisó nadie a las TV de que en aquel platillo volante no viajaba ningún niño? Porque entonces no habría noticia; no habría audiencia

El gran agujero de guion de esta ridícula historia está precisamente en la prensa. Nos cuentan que el niño, supuestamente en el globo, bajó del desván donde se escondía y se paseó por una casa llena de policías y autoridades. Es decir, el globo aún no había descendido. Sin embargo, la prensa mantuvo la ficción del niño volandero hasta que las imágenes del globo estrujado contra el suelo sin cadáver dentro dio por finalizado el cuento. ¿Por qué no avisó nadie a las televisiones de que en aquel platillo volante no viajaba realmente ningún niño? Porque entonces no habría noticia; no habría audiencia.

Los psicópatas de la fama saben que un buen periodista prefiere mentir a su público hasta dar por cerrada la cobertura de una noticia mucho antes que desdecirse a medio camino. Sólo tienen que inventarse una buena historia, y los medios de comunicación harán el resto.

La verdad sólo puede llegar después de que el cuento termine.

Me enteré en 2009, en Madrid, de que un niño volaba por el cielo de Colorado en un platillo volante de fabricación casera. Ahora Netflix, dentro de su marca Fiasco total, recupera la noticia en un documental de apenas una hora que define a la perfección nuestra época: todo es mentira. Hay una línea de puntos que une al niño supersónico de Colorado, al concejal de Úbeda que amañaba humildes sorteos de Navidad, al pequeño Nicolás y, por supuesto, a los padres de Greta Thunberg. Si seguimos a bolígrafo todos estos puntos obtendremos una gran sonrisa de charlatán. Son los listos, riéndose de ti.

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