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Los españoles aspiran a ser tan corruptos y deplorables como nuestros políticos
Desde continuar ejerciendo un cargo institucional con muertos en la conciencia, desviar dinero público para procurarse los placeres más turbios… hasta poder mostrarse impunemente como un asqueroso racista y xenófobo
Hacía tiempo que deseaba arrancar una carrera en política, debido a mi fracaso en todas las demás actividades que he desempeñado hasta ahora. Quizá me falte un grado de sociopatía y desprecio por el ser humano para triunfar en este nuevo cometido. Pero si tengo la fortuna de enganchar a varios cientos de miles de idiotas que se peleen por mí a sucio improperio en las redes o a tortazo limpio en las calles, media batalla estará ganada. E idiotas en España hay unos cuantos. ¡Así que a tener fe y a iniciar mi campaña!
A tal fin, me he afiliado a todos los partidos políticos hoy vigentes en el país, para ver dónde encajo mejor y aprender a ser un canalla: ¿Me integraré con mayor naturalidad en la corrupción generalizada del bipartidismo sociata y pepero, en el fanatismo fundamentalista de la izquierda “pura” o en el nazismo descarado de la ultraderecha? ¿O en el chovinismo de nuestros “pueblos elegidos” de la periferia? La verdad es que hay tanto chanchullo y tinglado montados desde una u otra organización política que resulta difícil escoger.
Por eso me haré de todos: como los menús fijos de comida basura, cada partido te permite unas ventajas específicas, sobre todo en la vulneración de esas leyes que aparentemente solo se aplican al resto de ingenuos ciudadanos.
La ventaja de ser bi
Lo primero es lo primero: el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular siempre tendrán un lugar de privilegio en mi corazón, no en vano son los que más tiempo han estado manejando el cotarro en su eterna alternancia en el mango de la sartén. Afiliado al PSOE, seguramente podré conocer gente de esa que dice una cosa en público y es lo que la mayoría en privado; y como controlan las arcas del Estado, me invitarán sin duda a sus bacanales y a sus catas de esa droga cuyo nivel de consumo seguimos liderando en el marco europeo.
La otra ventaja de hacerme sociata es que, como escritor que soy, me puedo convertir en amigo entrañable de los académicos y sirvientes del poder que mueven los hilos de la cultura subvencionada. Por fin podré volver a ganar premios y ya estaré preparado para contestar adecuadamente cada vez que un colega del cine o los cómics me pregunte lo de siempre: "¿Qué denuncia social debo incluir en mi proyecto para que me den la subvención?"
En cuanto al PP, qué les voy a contar: la jeta que gastan es portentosa. Que el responsable mayor de una comunidad esté de gileo durante una situación de emergencia por inundaciones, que la Generalitat que preside se retrase horas en difundir la alarma que podría haber salvado la vida de muchas de esas 228 víctimas… y que, penalmente responsable o no, el tipo decida no dimitir, ni aunque sea por una miaja de vergüenza y dignidad (¡o que su presidente no le obligue a ello!) supone el colmo de la desfachatez… o de la fachatez.
El grado de infamia de ambos partidos no solo deja a Maquiavelo en pañales… ¡yo diría que le convierte en benefactor de la Humanidad!
Los catolicones de izquierdas
Obviamente, el signo político de cada partido me importa poco, porque ellos son los primeros en traicionar sus propios ideales (si es que algunas ideas, de uno u otro cuño, que atentan contra los derechos de mayorías y minorías se pueden denominar ideales). Pero los comunistas me dan mucho miedo, porque siempre acaban arrancándose la cabeza entre sí y no quiero empezar con mal pie (y mucho menos decapitado) antes de estrenarme siquiera en el gremio.
Así que para que Podemos (que como su nombre indica, se han acabado podando), Sumar y demás grupúsculos gulagueros me acepten, me desaliñaré un poco y gritaré consignas delirantes como uno de esos demagogos encantados de conocerse, sin cuestionar las contradicciones con la vida personal que absolutamente todos ellos comparten. (Dicho esto, a Izquierda Unida me afiliaré dos veces, por lástima). La táctica aquí es la misma que si fuera miembro del Opus Dei: de hecho, Sumar y Podemos son los herederos más legítimos de la Iglesia Católica más rancia, beatos ateos igual de obsesionados con la moral y con prohibir. Son la Santa Inquisición hasta en la imposibilidad de refutarles, porque en teoría representan todo lo contrario. Quién lo diría… ¡Y tanto que todos los caminos conducen a Roma!
Si por un casual siento surgir en mí algún brote “supreMaciste”, siempre puedo esgrimir mi carnet del Partido Nacionalista Vasco, en cuyas reuniones de comité me divierto infinito percibiendo el terror que albergan a que Euskadi realmente se llegue a separar de España: ¡jamás lo van a permitir o se les acabaría el chollo! Así que la razón de su tenderete consiste básicamente en fingir ante sus votantes que quieren algo que en el fondo no quieren. ¡Menuda estrategia astuta! Aunque para jugada inteligente, mejor hacerse de Bildu, pandilla que se lo pasa bomba como aliado de un Estado que serían felices erradicando: allí, a esa jugada le llaman jugarrETA, por respeto a su pasado.
Opinión Ser abusón periférico siempre está mejor visto, porque son menos y las patrias más chicas, así que esa resulta una buena opción para disimular los bajos instintos en el romanticismo pastoril de “mi raza está en peligro de extinción”. Con los partidos soberanistas de Catalunya donde me he inscrito, tengo un barullo en la cabeza, pues ya no distingo cuál es de derechas y cuál afirma ser de izquierdas… Sólo sé que todos me odian por mi charneguismo, aunque me consideren un tonto útil por creerme tan puro como ellos.
Eso sí, escribo catalán mejor que la mayoría, ya que adoro mi cultura, pero no sacralizo las casualidades que me han llevado a haber nacido ahí o criado allá.
¡Que Vox vuelva a ser un diccionario!
Pero quienes estos días se llevan la palma de bobos son los líderes de Vox. ¿Cómo se les ocurre pedir abiertamente la deportación de 8 millones de inmigrantes para “sobrevivir como pueblo”? ¿No os bastaba con criminalizar a los menores extranjeros y a miles de españoles por su origen o color de piel? ¿Pero no sabéis que los inmigrantes son la sangre renovada de un país, precisamente casi lo único que puede permitir a un pueblo su supervivencia?
Poco hay más repulsivo e irredimible como comportamiento de masas que el racismo y la xenofobia. Enteraos, nazis de Vox: la primera bandera española que vi en toda mi puñetera vida pegada a una camisa en la población de Barcelona la llevaba un latinoamericano. ¿No os dais cuenta de que los conversos siempre son los más entusiastas? Y si este país logró llenar miles de puestos de trabajo que los españolitos no quieren realizar desde hace lustros, es gracias a esos millones de inmigrantes. Y si España está en crisis de identidad o en riesgo de romperse, es por culpa de sujetos tan fanáticos, patrioteros y odiadores como vosotros. Y a lo mejor porque, como todo en la vida, nuestro país como tal llega al final de un ciclo… y no pasará nada.
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Pero a mí ya me va bien mezclarme con estos líderes energúmenos, son los más manipulables. Así puedo dar rienda suelta a mis propios prejuicios íntimos: por ejemplo, sufro de botoxfobia e injertofobia (me sarpulle la visión de personas con la cara inyectada de neurotoxinas o pavoneando un injerto capilar); y, por decencia estética, menos soporto a la gente que se envuelve en banderas… A lo mejor, con un poco de insistencia y pagos bajo mano, consigo que el propio partido los acabe deportando a unos y a otros en masa a Estados Unidos (allí los acogerán con agrado) por exhibicionismo obsceno, así como por atentado al decoro y al buen gusto…
En cualquier caso, estoy aprendiendo mucho en esto de hacer favores a quienes te los pueden devolver con creces y la vista gorda a irregularidades internas: ayer, sin ir más lejos, una humilde chavala que promocionaba productos de limpieza en la calle me pidió posar con varios para una foto, solo con el fin de convencer a sus jefes de que había vendido un condenado lote de sus productos. ¡Y yo accedí, sosteniendo ante la cámara esa mercancía como su orgulloso propietario! Aunque admito que me avine a hacerlo por pena y no por corrupto. ¡Pero por algo se empieza!
Por todas estas señales auspiciadoras, creo que medraré en mi nueva ocupación y, quién sabe, quizás algún día pueda asumir el honor de ser el presidente de todos ustedes. Así que vayan preparando su voto. De momento, ignoro con qué partido candidatearé, tal vez a través de varios... Pero eso es lo de menos, ¿no?
Gane o no la presidencia, ustedes siempre saldrán perdiendo.
Hacía tiempo que deseaba arrancar una carrera en política, debido a mi fracaso en todas las demás actividades que he desempeñado hasta ahora. Quizá me falte un grado de sociopatía y desprecio por el ser humano para triunfar en este nuevo cometido. Pero si tengo la fortuna de enganchar a varios cientos de miles de idiotas que se peleen por mí a sucio improperio en las redes o a tortazo limpio en las calles, media batalla estará ganada. E idiotas en España hay unos cuantos. ¡Así que a tener fe y a iniciar mi campaña!