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Ángel Stanich y Quique González sellan unas Noches del Botánico para el recuerdo en Madrid
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Ángel Stanich y Quique González sellan unas Noches del Botánico para el recuerdo en Madrid

Los dos mayores representantes de la música americana escrita en castellano defienden los himnos de sus respectivos repertorios para un público entregado a pesar del sofocante calor de la capital

Foto: Quique González actúa en las Noches del Botánico. (Ricardo Rubio, Europa Press)
Quique González actúa en las Noches del Botánico. (Ricardo Rubio, Europa Press)

Son muchas cosas las que tienen en común Ángel Stanich y Quique González. Los dos tienen una relación con Cantabria y Madrid especial. El primero nació allí y, previo paso por Valladolid, emigró a la capital cuando su carrera empezó a despuntar; el segundo, madrileño de pura cepa, recaló en el valle del Pas para vivir con su familia. Más allá de las coincidencias geográficas, los dos conforman el pasado, presente y futuro de eso que llamamos “música americana”, un género que sigue vivo pese al despunte de tantas modas y subgéneros en la escena actual. Y ambos se dieron cita en unas abarrotadas Noches del Botánico, para deleite de las más de 4.000 personas que acudieron pese al sofocante calor de estos días en la capital.

“Conocí a Quique en la tele, cuando era un enano, en el programa de Lo Más Plus”, confesó Stanich en su discurso de presentación. “Tocó ‘Te lo dije’ y nada más verlo me agarró por dentro y pensé: ‘Esto es lo que quiero ser de mayor’”. ¿El resultado? En sus propias palabras: “Un cantautor serio en el cuerpo de un payaso. Y a mucha honra”, admitió el cantante, antes de dar paso a Carolina Aráoz y Juan Torán, dos de sus colaboradores en “Os traigo amor”, el nuevo single del cántabro presentado pocos meses antes de la cita.

Había mucha expectación por volver a ver en directo a Stanich tras tomar distancia de los escenarios por problemas de salud mental que él mismo reconoció a través de un comunicado. Él y González aparecieron juntos en el escenario para interpretar “Chevy 57”, un tema rescatado de sus clandestinas ‘Demos del Ácido’, y grabado en estudio con Zahara y Martí Perarnau bajo el nombre artístico de _juno. En esta ocasión, fue Quique quien le acompañó a los coros, espetando unos versos que reconocían sin ambages esos mismos problemas que le hicieron alejarse de los escenarios “Tengo que encontrar la paz / antes de que encuentre / balas de mediocridad / en un pecho valiente”.

Tras un breve homenaje a Pink Floyd tocando compases de su “Another Brick in the Wall”, Stanich resucitó con “Un día épico”, el single escogido para su segundo álbum, Antigua y Barbuda (2017), que saldaba cuentas con su yo del pasado, atiborrado de versos de Bukowski, de monólogos de Gila y las “tetas gigantes” de Janis Joplin. Bien custodiado por sus escuderos habituales (Álex Izquierdo al bajo, Lete Moreno a la batería, Jave Ryljen a los teclados) prosiguió con “Nazario”, una canción que bien podría engrosar la lista de las mejores canciones de pop en castellano de los últimos años, y que hace referencia al mítico futbolista en una suerte de metáfora sobre la manía persecutoria, o lo que significa triunfar cuando por dentro estás hecho mierda y solo quieres salir de esa situación.

Ronaldo, 'el Gordo'

Más allá de la metáfora, “Nazario” deriva en profecía a la vista de los pésimos resultados del Real Valladolid en Liga, el primer equipo de la ciudad en la que se formó musicalmente el artista que le invoca. “Todos están contra mí”, podría pensar ahora mismo Ronaldo, “el Gordo”, un apelativo que le endosó el propio Stanich durante su actuación.

Por no hablar de la improvisada mención a Santos Cerdán en “Rey Idiota”, uno de los temas más coreados de todo el concierto y que trata precisamente de esa disparatada política española que cada día nos regala titulares que parecen salidos de un cómic de Mortadelo y Filemón. La mirada crítica que realiza Stanich en cada una de sus canciones admite varios significados y siempre está libre a interpretaciones varias que pueden derivar en pura risa o amargo escarnio. Una ironía y provocación que a día de hoy hace un poco (solo un poco) de sombra al gran Paco Umbral, pero que deviene en una suerte de autoparodia sobre las múltiples contradicciones que arrastramos a diario. Que se lo digan a Manuel Campo Vidal cuando admite en “Hula Hula” que prefiere ser un trovador como Bob Dylan -Stanich estudió la carrera de Periodismo- tras negarse a aceptar cualquier atisbo de entrevista por parte de los periodistas.

Apenas se notó la ausencia de Víctor L. Pescador, quien dejó la guitarra solista con la banda para enfocarse en su carrera en solitario, que con Querido Altamirano, publicado este mismo año, ha echado a andar. Decimos que no se notó debido al impresionante solo de su sustituto, Luis García Vega, al término del medio tiempo “Qué será de mí”. Tras presentar al resto de la banda, Stanich anunció que el 6 de noviembre tocaría en la Riviera, y nada más hacerlo interpretó un “Carbura!” que acabó cantando más el público que él mismo. Para terminar, se colocó la armónica al más puro estilo Bob Dylan en “Escupe Fuego” y se abalanzó al público en “Mátame Camión”, un tema que recuerda a ese personaje esquivo e irresponsable llamado Metralleta Joe de sus inicios.

Una 'masterclass' de música americana

Mucho más contenido y reposado se mostró Quique González, efectuando una masterclass una vida entregada a los escenarios y al rock en castellano, ya sea en formato acústico o con banda. El artista madrileño hizo junto a sus colaboradores un repaso a su extensa discografía versionando canciones antiguas (desde la arrebatadora “Kamikazes enamorados” a la inmortal “Salitre”), por no hablar de clásicos más actuales, como “Sangre en el marcador”. Y “Terciopelo Azul”, la nueva canción que engrosa su ya extenso repertorio, y que los asistentes pudieron disfrutar por primera vez en directo.

placeholder Quique González, en su concierto en las Noches del Botánico de Madrid. (Ricardo  Rubio/Europa Press)
Quique González, en su concierto en las Noches del Botánico de Madrid. (Ricardo Rubio/Europa Press)

A decir verdad, la mayoría de los temas escogidos para la ocasión estaban dentro de sus mejores discos, desde Salitre 48 (referencia directa a la calle de Madrid en la que vivió y malvivió durante sus inicios), pasando por Avería y redención #7 (2007) hasta Daiquiri Blues (2013) y Me mata si me necesitas (2016). También hubo hueco para las versiones dylanianas, con “Es tu amor en vano”. En los últimos compases de la noche, escogió “Charo” y “Los conserjes de noche”, para terminar por todo lo alto con “Vidas cruzadas” con Ángel Stanich, la canción que le lanzó al estrellato junto a la versión de “Aunque tú no lo sepas” de Los Secretos, un tema que se echó de menos en una noche de lo más especial en una nueva edición de las Noches del Botánico.

Son muchas cosas las que tienen en común Ángel Stanich y Quique González. Los dos tienen una relación con Cantabria y Madrid especial. El primero nació allí y, previo paso por Valladolid, emigró a la capital cuando su carrera empezó a despuntar; el segundo, madrileño de pura cepa, recaló en el valle del Pas para vivir con su familia. Más allá de las coincidencias geográficas, los dos conforman el pasado, presente y futuro de eso que llamamos “música americana”, un género que sigue vivo pese al despunte de tantas modas y subgéneros en la escena actual. Y ambos se dieron cita en unas abarrotadas Noches del Botánico, para deleite de las más de 4.000 personas que acudieron pese al sofocante calor de estos días en la capital.

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