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La tumba de hace 2.500 años que Maria Callas tenía en su salón (y otros saqueos arqueológicos)
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hasta el 30 de septiembre

La tumba de hace 2.500 años que Maria Callas tenía en su salón (y otros saqueos arqueológicos)

Cada diez minutos en Italia se expolia un objeto de su patrimonio artístico. Por primera vez, el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles expone 600 obras que han logrado ser recuperadas

Foto: Una de las tres lápidas del monumento funerario del siglo IV a.C. que llegó a poseer Maria Callas y que Italia recuperó tras una ardua operación internacional. (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)
Una de las tres lápidas del monumento funerario del siglo IV a.C. que llegó a poseer Maria Callas y que Italia recuperó tras una ardua operación internacional. (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)
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Están las tres losas pintadas que formaban parte de un monumento funerario del siglo IV a.C, que en su día decoraron el salón de Maria Callas y que sólo pudieron ser recuperadas tras una ardua investigación internacional que implicó a varios países. Está la delicada cabeza de efebo tallada en mármol que un arqueólogo francés le compró en 1983 a un agricultor de la zona de Pompeya por 50.000 liras, el equivalente a algo menos de 25 euros actuales, para donarla al Louvre. Están las numerosas piezas arqueológicas (algunas auténticas, otras falsas) que un cliente llevó a una conocida farmacia napolitana para tratar de saldar así sus deudas por la compra de sustancias psicotrópicas.

Están algunas de las piezas que iban en las 22 cajas repletas de objetos de arte (esculturas, muebles, cuadros, tejidos preciosos, libros antiguos…) que el heredero de una noble y ancestral familia romana venida a menos trató (sin éxito) de sacar de Italia a través del aeropuerto de Roma primero y del de Nápoles después. Está la estatua del siglo I d.C (sin cabeza ni brazos, pero con una coraza finamente tallada con dos grifos alados y un águila) que se descubrió a principios del siglo XX al construir un edificio en el barrio napolitano de Fuorigrotta y que durante 80 años estuvo abandonada en el patio de ese bloque de viviendas, hasta que en 2009 alguien informó a los carabinieri de que un conocido delincuente de la zona le había echado el ojo a la pieza y se disponía a robarla.

Y así hay millares y millares de historias.

Cada año en Italia se roban decenas de miles de piezas arqueológicas, se calcula que cinco cada hora, una cada diez minutos. Solo en 2020 los carabinieri del Grupo de Tutela del Patrimonio Cultural (TPC) confiscaron 46.000 piezas, provenientes en su inmensa mayoría de excavaciones clandestinas. Un reciente estudio de la Universidad de Princeton revela que, entre 1974 y 2006, en Italia fueron extraídas en excavaciones ilegales más de un millón y medio de piezas. El valor total de los bienes culturales recuperados cada año por los agentes del TPC superan los 100 millones de euros, mientras que el de las piezas falsas incautadas se acerca a los 180 millones de euros.

placeholder La cabeza de efebo que un arqueólogo francés compró en 1983 por menos de 25 euros actuales. (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)
La cabeza de efebo que un arqueólogo francés compró en 1983 por menos de 25 euros actuales. (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)

En el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (MANN) ahora se exhiben, por primera vez en la historia y hasta el próximo 30 de septiembre, 600 piezas arqueológicas que fueron saqueadas pero que han terminado teniendo un final feliz: lograron ser recuperadas y reintegradas al patrimonio cultural del país. La exposición lleva por título Tesoros recobrados: historias de crímenes y de objetos robados y entre los 600 objetos que incluye hay piezas de cerámica corintia, etrusca y griega; armas, armaduras y adornos en bronce; estatuas romanas en mármol, refinadas figuras de terracota de los siglos VI-II a. C. y una importante colección de monedas griegas, romanas y medievales.

"La exposición es el resultado de un importante proceso de investigación que ha permitido no solo revalorizar un patrimonio al que durante mucho tiempo el público no ha tenido acceso, sino también documentar el impacto que el saqueo y el tráfico ilegal han tenido en la conservación y el conocimiento del patrimonio arqueológico. Este proyecto es un ejemplo virtuoso de colaboración entre instituciones, fuerzas del orden, el mundo académico y museos, capaz de combinar protección y valorización. Reafirmamos el valor de la legalidad como base esencial para la protección y transmisión de nuestro patrimonio cultural", señala el arqueólogo Massimo Osanna, director general de los Museos de Italia y artífice de esta muestra junto a Marialucia Giacco, responsable del área de estudios e investigaciones del MANN.

"Con esta exposición, la Fiscalía de Nápoles culmina una importante colaboración con el Museo Arqueológico de Nápoles que ha permitido la devolución a la ciudadanía y a la comunidad científica internacional de una gran cantidad de hallazgos arqueológicos que habían permanecido durante años incautados por la justicia. El resultado demuestra claramente cómo la sinergia institucional entre los organismos estatales dedicados a la protección del patrimonio cultural puede conducir a objetivos de gran importancia", sentencia el fiscal adjunto Pierpaolo Filippelli.

En realidad, los 600 objetos que ahora expone el MANN son sólo una pequeñísima parte de las más de 15.000 piezas que cayeron en las garras del comercio ilegal o directamente de los traficantes de obras de artes, que lograron ser recuperadas y que desde hace décadas se encuentran en los almacenes del museo. Pero lo que hay detrás de todos esos objetos es una historia absolutamente increíble. Como la que destapó en 1995 un accidente de tráfico en la autopista Roma-Nápoles…

Foto: puzzle-mas-dificil-mundo-arqueologos-recomponen-fresco-romano-londres

En ese percance perdió la vida Pasquale Camera, capitán de la Guarda de Finanzas, la fuerza policial italiana especializada en delitos económicos y financieros. Cuando los carabiniri acudieron al lugar, se llevaron una enorme sorpresa: en el portaequipajes del vehículo había decenas de fotos de obras de arte y en la guantera, piezas arqueológicas que aún conservaban restos de tierra.

Los agentes fueron autorizados a registrar la casa del capitán Camera. Y allí, en esa vivienda sucia en la que había ropa tirada por el suelo y restos de comida, hallaron estatuas, jarrones, piezas arqueológicas de todo tipo, centenares de fotografías de obras de arte y un folio repleto de flechas, paréntesis y subrayados que recogía, con absoluta precisión, nombres de personas, países, pequeñas localidades italianas... Era el organigrama criminal del tráfico de piezas arqueológicas, con las competencias y el lugar en la jerarquía que ocupaba cada uno de los implicados.

placeholder Algunos de los objetos arqueológicos expoliados y recuperados que se exhiben ahora en el MANN. (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles).
Algunos de los objetos arqueológicos expoliados y recuperados que se exhiben ahora en el MANN. (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles).

Ese documento permitió desarticular una banda internacional dedicada al tráfico de objetos arqueológicos. Pero en casa del capitán Camera los carabinieri hicieron otro descubrimiento increíble: una foto en la que un tipo que sujetaba orgulloso una pieza extraordinaria, la copa de Asteas. Se trata de la obra más famosa de Asteas, un ceramista griego que trabajó entre el 360 y el 330 a.C, un jarrón maravilloso en el que está representado el rapto de Europa por parte de Zeus disfrazado de toro. Es uno de los solo seis vasos en todo el mundo que llevan la firma de Asteas.

Los carabinieri empezaron a indagar y lograron identificar al tipo de la foto, un albañil de la localidad de Benevento. Descubrieron que en 1974, durante unas obras en la vecino municipio de Sant Agata dei Goti, el albañil había encontrado intacto el vaso de Asteas y se lo había llevado tan contento a su casa, colocándolo en el salón. Los hombres del capitán Camara se enteraron y le ofrecieron un millón de liras (unos 4.000 euros actuales) y un cerdo por el jarrón. El albañil aceptó, sin imaginar que en 1981 ese mismo vaso sería vendido por 380.000 dólares al Museo Getty, donde estuvo expuesto hasta 2005. Gracias a las investigaciones de los carabinieri, el vaso finalmente regresó en 2007 a Italia y en la actualidad se expone en el Museo Arqueológico de Sannio Caudino, en Montesarchio.

placeholder Uno de los 'tesoros recobrados' que se exponen en el MANN. (IHV)
Uno de los 'tesoros recobrados' que se exponen en el MANN. (IHV)

Pero las historias son infinitas, como es infinito el saqueo al patrimonio cultural italiano que desde hace siglos practican los llamados tombaroli, los saqueadores de tumbas, dado que las sepulturas son su objetivo preferido. Las técnicas utilizadas por los excavadores clandestinos varían de las más rudimentarias hasta las más avanzadas, como el uso de detectores de metal, georradares, magnetómetros y drones para localizar potenciales yacimientos ocultos. Pero para la extracción de las piezas por lo general emplean procedimientos bastante destructivos, como el uso de picos y palas, sondas y galerías y, en algunos casos, incluso de explosivos y martillos neumáticos, con consecuencias devastadoras para los objetos.

Los saqueadores de tumbas fueron los primeros en excavar en la lujosísima villa Imperial de Civita Giuliana, a pocos metros de Pompeya, enterrada a seis metros de profundidad en unos terrenos que entonces eran privados. Allí, los tombaroli se pusieron hasta las botas durante 20 años, desvalijando el lugar a su antojo, hasta que en 2017 los carabinieri tuvieron conocimiento de lo que ocurría. El terreno fue confiscado y se puso en marcha una investigación, bautizada como operación Dédalo, que culminó con decenas de detenidos y la recuperación de más de 1.500 piezas arqueológicas por un valor de más de tres millones de euros.

placeholder Los restos de la estatua del siglo I d.C. que durante 80 años estuvieron en el patio de un bloque de viviendas en Nápoles. (IHV)
Los restos de la estatua del siglo I d.C. que durante 80 años estuvieron en el patio de un bloque de viviendas en Nápoles. (IHV)

Y hay muchas, muchísimos casos parecidos. Como cuando en julio de 1990 agentes de las fuerzas de seguridad irrumpieron en la casa de un hombre que, durante el posterior interrogatorio, se definió a sí mismo como “un gran apasionado de la arqueología”. Y tanto: durante el registro se encontraron en su vivienda 246 piezas arqueológicas, todas ellas meticulosamente acumuladas a lo largo del tiempo a través del tráfico ilegal. Fueron necesarias 14 cajas para poder transportarlas. Las piezas, muy heterogéneas (tanto por el periodo histórico al que pertenecían así como por la zona geográfica procedencia) abarcaban desde la Edad de Hierro hasta la época romana, e incluían varios objetos que se habían sometido a restauraciones que dejaban mucho que desear y un número significativo de falsificaciones. Después de un largo calvario judicial, en 1993 todas las piezas fueron restituidas al Estado italiano.

Están las tres losas pintadas que formaban parte de un monumento funerario del siglo IV a.C, que en su día decoraron el salón de Maria Callas y que sólo pudieron ser recuperadas tras una ardua investigación internacional que implicó a varios países. Está la delicada cabeza de efebo tallada en mármol que un arqueólogo francés le compró en 1983 a un agricultor de la zona de Pompeya por 50.000 liras, el equivalente a algo menos de 25 euros actuales, para donarla al Louvre. Están las numerosas piezas arqueológicas (algunas auténticas, otras falsas) que un cliente llevó a una conocida farmacia napolitana para tratar de saldar así sus deudas por la compra de sustancias psicotrópicas.

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