Jayne Mansfield, la rubia que era políglota, pianista y a la que admiraba Groucho Marx
Todo el mundo recuerda el accidente de tráfico que decapitó a esta actriz tantas veces comparada con Marilyn Monroe. Un documental producido por su hija y estrenado en Cannes desvela su lado más desconocido
Jayne Mansfield con su hija Mariska Hargitay cuando era una niña en una de las imágenes del documental. (Festival de Cannes/HBO)
De la mansión rosa de Jayne Mansfield en Sunset Boulevard hasta hace poco sólo quedaba el inmenso portón con sus iniciales. Que no hay nada para visitar ni ver, arroja una sencilla búsqueda en Google, quizás para persuadir peregrinaciones inútiles hacia Holmby Hills. Precisamente desde allí, entre escombros, parte el recorrido de Mariska Hargitay, la hija pequeña de la actriz, tirando de hilos para tejer el documental My Mom Jayne (Mi mamá Jayne, HBO). El resultado es toda una revelación.
Hargitay, sin deshacerse del olfato investigativo de su famosa Olivia Benson en la longeva serie Ley y orden: Unidad de Víctimas Especiales, se propuso emprender un descubrimiento personal a dos bandas: el de su madre, de la que no recuerda nada, y que con su abrupta muerte la dejó con sus cuatro hermanos con muchísimas preguntas y varios secretos; y por otro el descubrimiento de una mujer decidida a convertirse en estrella cinematográfica, a quien etiquetaron como la otra despampanante y exuberante rubia tonta, después de Marilyn Monroe, un aspecto del cual Mariska admite sintió vergüenza durante muchísimo tiempo, y que determinó su propio rumbo como actriz.
Objeto de biografías no autorizadas (más de una docena), de varios documentales (tres) y un telefilme de los 80 (The Jayne Mansfield Story), la figura de Mansfield siempre llamó la atención, se juzgaron sus ambiciones cinematográficas y su habilidad para ser el centro de atención, se contabilizaron sus esposos y amantes, se narraron su escalada a la fama y su caída.
La despampanante actriz en las puertas de su casa en Sunset Boulevard. (Festival de Cannes/HBO)
Su corta pero intensa vida estuvo expuesta a todo tipo de atención, incluyendo su historia de amor con Mister Universo, el húngaro Mickey Hargitay, a quien vio por primera vez en el show de Mae West en Nueva York, y que sería el padre de tres de sus cinco hijos, o al menos esa era la historia oficial hasta que Mariska decidió develar en My Mom Jayne uno de los tantos secretos.
Es una obviedad además afirmar que con Mansfield ha sucedido como con varias mujeres de diferentes épocas: terceros tergiversaron o fragmentaron a antojo su historia, y una capa de polvo empezó a cubrir los recuerdos –de los que la conocieron y la sobrevivieron- corriendo el peligro de hasta olvidarla o cambiarla por completo. Mariska se apodera de su propia historia, la de ella con su madre, y la narra desde su perspectiva –incluyendo a sus hermanos-, porque a final de cuentas My Mom Jayne trata de un reencuentro y de una reconciliación.
Mansfield tampoco surgía en las conversaciones familiares, y poco a poco se convirtió en recuerdos bloqueados, cubiertos de polvo
Después de su trágica muerte el 29 de junio de 1967, sus hijos ya adultos hablaron poco públicamente de ella, un par de entrevistas puntuales a Mariska en su juventud, participaciones de Zoltan y Jayne Marie en documentales.
Mientras crecían con su padre Mickey Hargitay y su nueva mujer Ellen, Zoltan y Mickey Jr. cuentan en My Mom Jayne que Mansfield tampoco surgía en las conversaciones familiares, que y poco a poco se convirtió en recuerdos bloqueados, cubiertos de polvo como las cajas con fotos, revistas, cartas y objetos personales que desde 1969 estuvieron cerradas en un trastero, hasta que a Mariska le pudo la necesidad de ir tras la pista de su madre. Habían pasado casi seis décadas.
Jayne, una mujer violentada
Es conocida la trágica muerte de Jayne Mansfield, pero no así los detalles de la misma, el contexto, lo que vino después y una coincidencia del pasado. En Mi mamá Jayne se arma el puzle.
La vertiginosa carrera cinematográfica de Jayne despegó poco después de su llegada a Los Ángeles (en 1952) procedente de Texas, tenía con 19 años, una hija pequeña (Jayne Marie) y su primer esposo que luego la abandonó.
Diversos exitosos filmes más tarde, desde La chica no puede remediarlo (1956), en su arquetípico rol de la bomba rubia, hasta The Wayward Bus (1957) en un registro más serio, empezó a caer en un bache del que nunca más saldría.
A eso se le aunaron las sucesivas parejas que resultaron ser maltratadores, un cuadro depresivo que la condujo al alcohol y las pastillas
Las razones fueron diversas, ampliamente expuestas en el documental, se pueden resumir en pocas frases: el despido del estudio Fox (por ya no ser tan rentable), la ausencia de roles serios que nunca llegaron y por ende su retorno a los personajes de la deseada rubita tontuela (es decir, el fracaso de reorientar su carrera), las crueles críticas a a su trabajo e intenciones de cambio, a eso se le aunaron las sucesivas parejasque resultaron ser maltratadores (el director Matt Cimber y el abogado Sam Brody), un cuadro depresivo que la condujo a los brazos del alcohol y las pastillas, y muchas decisiones erróneas.
Jayne Marie, a sus 74 años, recuerda en el documental que de hija pasó a ser la cuidadora de su madre, encargándose de desaparecer de su alcance la bebida y los medicamentos; obvia el episodio de violencia que la llevó a refugiarse en casa de sus tíos.
Mariska confesaría el día después del estreno mundial en Cannes de My Mom Jayne, dejando a un lado su plato de ensalada a medio terminar, que le costó mucho confrontarse con la violencia que sufrió su madre. “Es doloroso descubrir que abusaron físicamente de ella”, afirma en Cannes la premiada actriz, “tengo una fundación [Joyful Heart, creada en 2004] que apoya a víctimas de agresión sexual y violencia doméstica, lo que me lleva a pensar que no es una casualidad”.
Mansfield con Mariska. (Festival de Cannes/HBO)
La violencia hacia las mujeres es algo que la misma Mariska ha sufrido en carne propia. “El año pasado conté en la revista People que un amigo mío me había violado, y en aquel momento [hace 30 años] no supe procesar lo que me había ocurrido, pero sentí que había llegado el momento de dar mi testimonio”, se sincera.
En Mi madre Jayne, Mariska Hargitay intenta profundizar en la infructuosa maniobra de Mansfield de deshacerse de su imagen de símbolo sexual para consolidarse como una actriz seria. Jayne, que en realidad era castaña oscura, políglota y virtuosa del piano y violín, a finales de los 50 se paseó por programas de televisión para dar pruebas de su talento e intelecto. Su carrera se había construido basándose en un modelo de mujer encarnado por Marilyn Monroe, que a su vez había sido impuesto y perpetuado por los estudios cinematográficos.
"No eres la chica tonta que aparentas ser", le dijo en vivo Groucho Marx, "es una fachada que no está basada en quien eres realmente"
Justo unos meses antes de la muerte de Monroe (que de alguna forma ponía fin a la era de las bombas rubias), Groucho Marx, con quien Mansfield había trabajado en Una mujer de cuidado (1957), en su programa de televisión Tell it to Groucho, alabaría su inteligencia y personalidad.
“No eres la chica tonta que aparentas ser”, le dijo en vivo el famoso actor y comediante, “es una fachada que no está basada en quien eres realmente”. Poco le sirvió a Jayne, ex chica Pin-up y habitual modelo en las páginas de Playboy, ya que en su declive terminaría haciendo shows en clubes nocturnos.
El fin de la vergüenza
Mucho se ha relatado sobre la noche del accidente cuando Jayne Mansfield murió a los 34 años. Iba en coche camino a Nueva Orleans; llevaba a sus hijos Mickey ‘Miklos’ Jr. (de 8 años), Zoltan (de 6) y María ‘Mariska’ (de 3) durmiendo en el asiento trasero, mientras que ella y su pareja de entonces Sam Brody, viajaban junto al chófer.
En el fatídico accidente los adultos murieron instantáneamente. La nueva información es que a Mariska la habían dejado en el lugar de la colisión, oculta debajo de uno de los asientos y con un golpe en la cabeza.
“Tuve muchísimos traumas, solía tener ansiedad, ataques de pánico y zumbidos en los oídos. No sabía qué era, pero ahora lo entiendo, después de estar encerrada sola y abandonada en ese maldito coche, todo eso lo llevaba en mi cuerpo y tenía que sacarlo”, asegura, una vez más entregada a esta conversación sobre su misión auto impuesta de emprender un doloroso y a la vez sanador viaje de descubrimiento, relatando desde su punto de vista, uniendo piezas, haciéndole preguntas a sus hermanos con una cámara de testigo.
"Tuve muchísimos traumas, solía tener ansiedad, ataques de pánico y zumbidos en los oídos. No sabía qué era, pero ahora lo entiendo"
En sus pesquisas Mariska también daría con un dato insólito relacionado con la infancia de su madre: cuando ésta aún era Vera Jayne Palmer y tenía tres años, iba con su madre en el coche que conducía su padre Herbert, quien aquel día de abril de 1936 no sobrevivió a un infarto fulminante. “Ahí empieza Jayne, todo comienza con la pérdida”, dice Mariska en la película, reconociendo la casualidad que une su historia con la de su madre.
La última parte de My Mom Jayne está reservada para una revelación. “Necesité mucho tiempo para entender que guardar un secreto no honra a nadie”, dice con sabiduría Mariska Hargitay, que durante más de tres décadas creyó que no reconocer a su padre biológico era una afrenta hacia Mickey Hargitay, el hombre que la crio y siempre la reconoció como hija propia a sabiendas de que no era su padre.
El Mariska húngaro sustituyó al María italiano dado por su madre. Mickey Hargitay siempre le reiteró a Mariska que nunca leyera ningún libro que se publicase sobre su madre, todos llenos de infamias y mentiras, argumentaba. Mariska siguió al pie de la letra la orden hasta que a los 25 años se enteró por casualidad de la existencia de un tal Nelson Sardelli, su padre biológico. Al confrontar a Mickey, éste no quiso hablar nunca más del tema.
“Sentía tanta vergüenza… hacia mi madre, por ser el fruto de una aventura que lastimó a mi padre [se refiere a Mickey]”, rememora en tiempo real sus emociones, “me educaron en el catolicismoy la vergüenza la asumí como mi culpa, pero con los años entendí que no es así, y que todo lo ocurrido de ninguna manera define quién soy”.
La actriz Mariska Hargitay en la presentación del documental sobre su madre. (HBO)
Nelson Sardelli, brasileño de raíces italianas había conocido a Mansfield en Atlanta en 1963. Él estaba iniciando su carrera de cantante, ella recién se había separado de Mickey. A sus 89 años se le ve a Sardelli relatar en detalle la relación pública – sin embargo olvidada - con Jayne, su trabajo en conjunto, el amor que se profesaban, sus planes de casarse, la felicidad del embarazo, y sin embargo la ruptura.
“Me equivoqué”, dice emocionado el anciano mirando fijamente a quien ya puede reconocer públicamente como su hija, junto a las dos media hermanas que durante todo este tiempo se identificaban como ‘amigas de la familia’ de Mariska, hasta en el círculo más íntimo, incluyendo a sus hijos que hoy son adolescentes.
Mariska Hargitay le puso fecha de caducidad a los secretos, las mentiras y al silencio. Al quitarle el polvo a las cajas del trastero, y transitar los caminos del descubrimiento para hacer Mi mamá Jayne, no solamente se acercó a Mansfield, la conoció y dejó de avergonzarse de ella, sino también en cierta forma y desde lo más íntimo reivindica la figura de una mujer que fue mucho más que un símbolo sexual.
De la mansión rosa de Jayne Mansfield en Sunset Boulevard hasta hace poco sólo quedaba el inmenso portón con sus iniciales. Que no hay nada para visitar ni ver, arroja una sencilla búsqueda en Google, quizás para persuadir peregrinaciones inútiles hacia Holmby Hills. Precisamente desde allí, entre escombros, parte el recorrido de Mariska Hargitay, la hija pequeña de la actriz, tirando de hilos para tejer el documental My Mom Jayne (Mi mamá Jayne, HBO). El resultado es toda una revelación.