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Óliver Laxe, director de 'Sirat': "Europa se pudre, como todas las culturas que se cierran"
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estreno 'sirat' viernes 6 junio

Óliver Laxe, director de 'Sirat': "Europa se pudre, como todas las culturas que se cierran"

Vive en una aldea abandonada de apenas cinco casas, nació en París y pasó por Marruecos. La carrera de Laxe es tan curiosa como él mismo o su película, que ha ganado el Premio del Jurado en Cannes

Foto: El cineasta Oliver Laxe. Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
El cineasta Oliver Laxe. Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
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Recuerda levemente a aquel loco de la colina de los Beatles, pues Óliver Laxe vive en Vilela, una pequeña aldea de pocas casas, prácticamente abandonada y apartada del mundanal ruido. Vilela se encuentra enclavada en la comarca Os Ancares, en Lugo, uno de los paisajes más apreciados de Galicia justamente por su belleza recóndita y salvaje. En ese remoto lugar, el director de cine emprendió una hazaña a lo Fitzcarraldo: la rehabilitación de la Casa Quindós (una vivienda familiar donde residió su abuelo) con la idea de proteger Os Ancares de la despoblación y el abandono, convirtiendo la casa en un espacio donde promoverá diversas actividades culturales.

Es uno de los pequeños detalles que trascienden enseguida cuando se habla de él. Y ahora se habla mucho. El director que asegura "llevar deprimido desde los seis años", acaba de ganar el Premio del Jurado en Cannes (en 2019 ya ganó en la categoría de Un Certain Regard por O que arde). Nada de grandes fiestas, solo unas horas después de recibir el ansiado premio por su película Sirat, se trasladó a Galicia a celebrarlo. Laxe apuesta por lo rural, pero su trayectoria está plagada de pequeños pedazos del mundo. Nació en París en 1982, aunque es hijo de una pareja de inmigrantes gallegos que regresaron a Galicia cuando él era un niño. Estudió en A Coruña y después se trasladó a la Pompeu Fabra en Barcelona a estudiar Comunicación Audiovisual. Sus pasos le llevaron más tarde a Londres y, de ahí, a Tánger y al Magreb, donde fundó un taller de cine para niños. Sirat es su cuarta película, y Marruecos está grabado a fuego en ella, pues el director también pasó varios años viviendo en el país antes de regresar a Os Ancares.

Es inusual, Laxe. Tan reflexivo y trascendental, demasiado espiritual para el mundo moderno, como una Alicia que acaba de colarse en el País de las Maravillas y desentonase un poco. "Tiene algo de chamán", bromea el actor Sergi López sobre él. Y es cierto. "Somos una sociedad muy tanatofóbica", es lo primero que nos cuenta, en entrevista con El Confidencial. "Hemos extirpado la muerte y sus ceremoniales en nuestra vida, los hemos dejado a las instituciones religiosas, y por eso se ha generado una angustia. Hemos dejado de convivir con la muerte y eso es un error. Cuando muere alguien querido es duro, es triste, pero también hay algo agridulce. Los momentos de crisis son verdaderamente benditos, viva la crisis porque es la que nos hace reconectar con nosotros mismos. Digo todo esto porque de alguna manera, aunque es difícil hacer arqueología de una obra, de eso va la película: los personajes tienen una serie de regalos duros que les da la vida y eso les obliga a mirar adentro. Desde la mirada de la modernidad hablar del fin angustia al ser humano. Yo lo veo de otra manera: la vida es solo ese momento en el que el pez está fuera del agua, antes de volver a casa. La muerte es la vuelta a casa, la puerta a trascendernos y emanciparnos".

"Yo veo la vida como ese momento en el que el pez está fuera del agua, antes de volver a casa"

Con semejante reflexión nada más empezar la entrevista, es difícil preguntar cosas banales. Es el carácter inusual de Laxe el que hace de Sirat una película diferente a cualquier otra. Un viaje, o un trance, como su propio nombre indica, donde un padre (Sergi López) y su hijo (Bruno Nuñez) se introducen en una rave en el corazón de Marruecos en busca de su hija/hermana, que lleva desaparecida cinco meses. Justo cuando estalla un conflicto bélico no especificado (y que recuerda amargamente al ataque de Hamás en el festival de Reim en 2023) padre e hijo deciden unirse a un grupo de raveros, una especie de compañía circense de desarraigados y malditos, para viajar hacia la frontera con Mauritania en busca de la hija perdida. Sirat podría entrar sin duda en la categoría de road movie, a ratos onírica y acompañada por la machacona música de rave, aunque la moraleja parece más profunda y compleja: ahí donde la naturaleza gobierna salvajemente, no debería aventurarse el hombre.

Son la música de la rave (que tiene algo de trascendental) y el bello e imponente desierto del Sáhara, en realidad, también protagonistas de la película. "Elegí la música tecno porque tiene algo de tribal", indica Laxe. "El beat suena como el latido de un corazón. Tiene algo de música sagrada, porque el ambient tiene un sonido tan artificial que parece que viniera de otra dimensión. Suena como el origen del universo. Y soy un europeo que ha viajado a Oriente, mi mirada no es la de un turista sino la de un viajero que ha cogido lo mejor de todas las latitudes. Me gustaba el paisaje de Marruecos porque en él puedes ver todas las estratificaciones, los milenios... sientes la eternidad casi invisible. Te sientes tan pequeño, desnudo y frágil, que puedes trascender. Además, Marruecos tiene unos vasos comunicantes con nuestras tradiciones en España. Para mí, la continuidad de valores es clarísima entre los gestos que tenían mis abuelos campesinos y lo que yo he vivido en Marruecos. La geometría del corazón humano y del alma humana es la misma en todas las latitudes del mundo".

"En el fondo no me considero válido, y por ello he necesitado crear un mecanismo de defensa para que la gente me considere especial"

Aunque es una especie de apocalipsis, una Tercera Guerra Mundial no identificada, la que sorprende a los personajes en el desierto de Marruecos, el primer guion hablaba de un virus. "Pero luego llegó el covid", cuenta Laxe. "Al principio nos decían: ¿Un virus? Estáis flipados, nadie va a financiar esto. Y cuando llegó la pandemia todo el rollo era muy costumbrista. Y eso no me gusta porque, en un nivel más psicológico, yo siempre he sido una persona que ha tenido la necesidad de crear una imagen idealizada de mí mismo. En el fondo no me quiero, no me considero lo suficientemente válido, y por ello he necesitado crear un mecanismo de defensa para que la gente me considere especial. Hago cine especial, vivo en un sitio especial... por eso quería concebir un relato iniciático, que entiendo que hoy en día, en plena modernidad es difícil de interpretar. Porque... ¿los caballeros de la tabla redonda encontraban el Santo Grial? No y sí. Lo encuentran, pero está dentro de ellos. Este es el gran desafío: defender el honor de caballería, exponer tus valores por encima de tu ego. Morir de manera grandiosa".

placeholder El actor Sergi López, durante una entrevista con el cineasta Oliver Laxe por 'Sirat'. Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
El actor Sergi López, durante una entrevista con el cineasta Oliver Laxe por 'Sirat'. Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

Sergi López, que al final es el verdadero protagonista de la película, tiene otra idea de la historia: "Es una película en la que hay entretenimiento, aventuras, explosiones, viaje espiritual, dolor... y creo que lo que viene a decir es que la vida es un cachondeo", afirma en conversación con El Confidencial. "Es preciosa, pero no puedes hacer planes porque te puede pasar algo genial o quizá horrible. Hay gente que lo asocia al azar, o a Dios, o a la providencia... pero es un camino por el que transitamos y no sabemos cuándo acabará. Para mí es una película muy reveladora, que habla de alguien que sufre un dolor extremo, pero yo no sufrí en absoluto sino que me lo pasé bomba caminando por el desierto y grabando ahí. No soy un actor del método, de hecho creo que cuando un actor sufre de verdad eso de algún modo te aleja de la historia. Pero sí creo que el cuerpo sabe cosas, tiene como una especie de memoria ancestral o colectiva y cuando le dejas actuar, improvisar, dejas que pase algo. La película ha triunfado porque no está encorsetada, sino hecha con libertad, y tener a alguien como Óliver de director, que es una especie de chamán profeta poseído por la peli, que no solo te dice cosas técnicas sino que también te da la chapa espiritual... eso ayuda".

"Óliver es una especie de chamán profeta poseído por la peli. No solo te dice cosas técnicas sino que también te da la chapa espiritual, eso ayuda"

Laxe reflexiona, en su línea: "A mí me gusta filmar la fragilidad del ser humano e invitarle al viaje, a un viaje trascendental, para que el espectador se dé cuenta de que este es un mundo de misterio, habitado y eterno. Que pese a que a veces se expresa a través del infortunio, de la tragedia, el accidente… siempre es benéfico" (reflexiona durante un instante). "Fíjate, la palabra religión viene de “religar”, de religar lo que aparentemente está separado, pero que en el fondo no lo está. Y creo que es un poco la misión del artista hoy en día, en realidad. Sobre todo en estos tiempos de miedos, de angustias… recordar que las culturas cuando se cierran es cuando se pudren. Históricamente ha sido así. Cuando una cultura tiene miedo y se cierra, las ideas dejan de circular de un lado al otro y se fagocita. Como puede que le suceda a Europa. Entonces, durante mucho tiempo, como europeos hemos tenido esa curiosidad. A mí hacer cine, hacer esta película, me ha ayudado invidivualmente. Me ha ayudado mucho el mirar el mundo con otros ojos".

"Sirat", en el contexto del Islam, es el puente que une el Paraíso y el Infierno, por el que solo los justos pueden pasar. Significa "camino" o "sendero". También "la vía del héroe".

Recuerda levemente a aquel loco de la colina de los Beatles, pues Óliver Laxe vive en Vilela, una pequeña aldea de pocas casas, prácticamente abandonada y apartada del mundanal ruido. Vilela se encuentra enclavada en la comarca Os Ancares, en Lugo, uno de los paisajes más apreciados de Galicia justamente por su belleza recóndita y salvaje. En ese remoto lugar, el director de cine emprendió una hazaña a lo Fitzcarraldo: la rehabilitación de la Casa Quindós (una vivienda familiar donde residió su abuelo) con la idea de proteger Os Ancares de la despoblación y el abandono, convirtiendo la casa en un espacio donde promoverá diversas actividades culturales.

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