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La plenitud de Vivaldi en el nombre de 'Giustino'
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La plenitud de Vivaldi en el nombre de 'Giustino'

Ottavio Dantone y su Accademia Bizantina protagonizan una gira española -Madrid, Barcelona, Bilbao- que reivindica la gloria operística del compositor veneciano en plena revolución musicológica

Foto: Ottavio Dantone, dirigiendo a los miembros de la Accademia Bizantina.
Ottavio Dantone, dirigiendo a los miembros de la Accademia Bizantina.

Antonio Vivaldi puede considerarse un compositor tan popular como desconocido, aunque las empresas musicológicas de las últimas décadas han permitido reconstruir la profundidad y la exuberancia de su legado, incluida la sensibilidad hacia el repertorio operístico.

Un buen ejemplo es Giustino, noticia musical de la semana porque el maestro Ottavio Dantone la pasea en el Auditorio Nacional (27), Barcelona (28) y Bilbao (30) con las huestes cualificadas de la Accademia Bizantina.

No resulta sencillo encontrar mejores mediadores para la reanimación de la ópera de Vivaldi. Porque Dantone es un especialista en el repertorio. Porque la trama de la obra transcurre en Bizancio. Y porque la Accademia y su maestro ya fueron artífices de la sensacional grabación realizada en 2019.

Tiene sentido convocar la iniciativa del sello Naïve porque formaba parte —y forma— de un proyecto integral que ponía —y pone— orden a los hallazgos musicológicos del genio veneciano. Fue en 1930 cuando apareció un descomunal tesoro vivaldiano en la Biblioteca Nacional de Turín, pero el catálogo no empezó a actualizarse y a grabarse hasta principios del siglo XX. Habían aparecido 450 obras. Se habían encontrado una veintena de óperas.

'Giustino' (1724) merecía especiales atenciones por su madurez y su inspiración musical

Giustino (1724) merecía especiales atenciones por su madurez y su inspiración musical, partiendo de una trama híbrida —ficción e historia, leyenda y verdad— que reconstruye la peripecia de un aguerrido soldado que termina siendo emperador gracias a su nobleza amorosa y fervor patriótico.

Se trataba de hacer pesar —de extrapolar— los ideales de Bizancio frente a la opresión otomana. Y es precisamente Bizancio el topónimo civilizador que adjetiva la fama de la Accademia que dirige Dantone. ¿Por qué? El grupo barroco se concibió hace cuatro décadas en la “bóveda” de Rávena.

El municipio italiano aloja en sus templos de ladrillo las maravillas de los mosaicos y la vitalidad de la cultura europea en los siglos V y VI. Es el apogeo del arte bizantino. Y el antecedente conceptual con que nació la Accademia. Los músicos de una orquesta son las teselas de una trama global. Cada una de ellas otorga sentido a la obra que se interpreta, igual que sucede con el Cristo humano y divino de la iglesia de San Vitale. No estaba Dantone (Ceriñola, Foggia, 1960) entre los padres fundadores de la Accademia Bizantina, pero adquirió los galones de timonel en 1996 y expandió los horizontes de la orquesta en el repertorio, los grandes festivales, los teatros señeros y los estudios de grabación, enfatizando el vínculo con Vivaldi.

No podía imaginarse Vivaldi el grado de interés que alcanzaría su repertorio en 2025… y en 2026

Tenían razón los pioneros de la Accademia cuando se reunieron en un café de Rávena en junio de 1984. La corriente historicista del barroco se había propagado en Holanda, Centroeuropa y Londres, pero resultaba desconcertante la distancia de los grupos italianos. Y no por falta de interlocutores en el repertorio convencional — I Musici, I Solisti Veneti— , sino porque palidecía la aportación de los conjuntos de instrumentos originales. Se hacía urgente una perspectiva italiana del exuberante repertorio nacional. Urgía involucrarse en el establecimiento de un canon estético y de una espeleología musical, de forma que la Accademia Bizantiza tanto indagó en los orígenes del barroco — Monteverdi, Cesti— como se responsabilizó de los grandes iconos continentales, empezando por la impronta de Vivaldi.

Se explica así el acontecimiento de la gira española en honor Giustino. Desconocida, mucho, y muy conocida a la vez, puesto que los espectadores citados en Madrid, Barcelona y Bilbao van a identificar el comienzo de la Primavera de Vivaldi. Ya había compuesto un año antes Las cuatro estaciones, pero era costumbre del compositor reciclar materiales, intercambiar pasajes. Y no se trataba de un fraude, pero no podía imaginarse Vivaldi el grado de interés y de escrutinio que alcanzaría su repertorio en 2025… y en 2026. Resulta que Giustino forma parte de la oferta del Teatro Real para la temporada que viene. Y no la dirige Ottavio Dantone, pero sí otro gran especialista del barroco continental, René Jacobs.

Una y otra posibilidad redundan en la hegemonía vivaldiana y se ofrecen en versión de concierto, aunque tiene más sentido temporal destacar a los artífices de la tournée que empieza el domingo, tanto por el prestigio de Delphine Galou en el papel protagonista de Giustino como por la reputación de Emöke Bárath, Sophie Rennert, Marie Lys, Emiliano González Toro, Alessandro Giangrande y Carlota Colombo.

Antonio Vivaldi puede considerarse un compositor tan popular como desconocido, aunque las empresas musicológicas de las últimas décadas han permitido reconstruir la profundidad y la exuberancia de su legado, incluida la sensibilidad hacia el repertorio operístico.

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