Esta es la primera mezquita del mundo solo para mujeres (y es obra de una arquitecta judía)
El centro Al-Mujadilah en Doha ha sido diseñado por Elizabeth Diller, cuya familia sobrevivió al Holocausto en Polonia, y funciona como lugar de culto, centro educativo y punto de reunión para mujeres musulmanas
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fbac%2F45f%2F29e%2Fbac45f29e2778920ac691db4a75aa2f0.jpg)
En las mezquitas, ya se sabe, hombres y mujeres están segregados. Y a ellas les toca siempre la peor parte. Mientras los hombres suelen rezar en la majestuosa y amplia sala principal, las mujeres tienen que hacerlo en estancias separadas, hacinadas en pequeños habitáculos a los que se accede por puertas laterales y que con frecuencia se encuentran en el sótano del templo o incluso en un anexo, lo que las obliga a seguir las oraciones del imán por megafonía.
En Qatar, sin embargo, las mujeres han empezado a tomarse la revancha. En Doha, la capital de este pequeño país del Golfo Pérsico, abrió sus puertas hace sólo unos meses el Centro de Investigación y Mezquita Al-Mujadilah. Se trata de un increíble espacio contemporáneo, diseñado con tanta delicadeza como esmero, y que cuenta con una importante particularidad: se trata de la primera mezquita del mundo exclusivamente para mujeres, los hombres aquí tienen prohibido poner el pie.
Pero eso no es lo único que hace especial al Centro Al-Mujadilah, abierto por iniciativa de la jequesa Moza bint Nasser, madre del actual emir y presidenta de la organización sin ánimo de lucro Qatar Foundation. Este innovador y vanguardista espacio de 1.400 metros cuadrados (jardines aparte) en el que las mujeres puedan rezar, recibir educación, tomar un café, reunirse o dialogar, ha sido diseñado por la arquitecta estadounidense Elizabeth Diller, nacida en 1954 en Polonia en el seno de una familia judía que logró sobrevivir al Holocausto. Lo nunca visto: una mezquita únicamente para mujeres… y diseñada por una arquitecta judía.
“Sí, soy judía. Totalmente laica, pero judía. Para mí este proyecto ha supuesto un desafío que me ha obligado a abrirme a otra cultura y a aprender. Pero este también es un proyecto que tiene mucho que ver con los derechos de las mujeres, algo en lo que creo y en lo que estoy muy concienciada”, nos cuenta Diller, quien emigró a Estados Unidos siendo niña.
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F2f1%2Fb08%2F4db%2F2f1b084db8ad1eccfc7219bff50e545e.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F2f1%2Fb08%2F4db%2F2f1b084db8ad1eccfc7219bff50e545e.jpg)
En realidad, el centro Al-Mujadilah es mucho más que una mezquita. Se caracteriza por ser un espacio flexible en el que se ofrece a las mujeres la posibilidad de reunirse, de hablar de sus cosas, de compartir sus problemas, de acudir acompañadas de sus hijos, de consultar los libros de su biblioteca ... Además de la zona dedicada a la oración, el lugar cuenta con frescos jardines, con cafetería, con espacios para conferencias y clases y con un amplio programa educativo. Ofrece alrededor de 80 cursos de asuntos muy variados, desde clases para aprender a hablar en público y de coaching hasta cursos de nutrición o de arte. “Nuestro objetivo es crear comunidad”, nos cuenta Sohaira Siddiqui, la directora del centro, inaugurado sin hacer ruido el pasado 31 de enero de 2024.
Es verdad que Qatar no se distingue precisamente por ser el país donde más se ha avanzado en la igualdad de las mujeres. Según denuncia Amnistía Internacional, en este pequeño estado del Golfo Pérsico las mujeres son discriminadas tanto a través de la ley como de la práctica. Según la Ley de Familia que rige en Qatar, las mujeres no pueden casarse sin el permiso de un tutor masculino, mientras que los hombres pueden desposarse sin necesidad de autorización alguna y tener hasta cuatro esposas a la vez. Cuando una mujer se casa en Qatar, su tutela pasa de su padre a su marido. “De acuerdo con esta norma, las mujeres que no obedezcan a sus maridos durante el matrimonio pueden ser consideradas desobedientes, incluso si trabajan o viajan sin permiso o se niegan a mantener relaciones sexuales sin una “justificación”, señala Amnistía Internacional. La ley en Qatar también discrimina a las mujeres ante el divorcio: a ellas les obliga a solicitar el divorcio ante los tribunales, mientras que los hombres tienen derecho al divorcio unilateral. Asimismo, a los padres les es concedida la tutela legal de sus hijos, independientemente de que un tribunal haya ordenado que los niños vivan con su madre. Por no hablar también de que las mujeres reciben la mitad de herencia de la que obtienen sus hermanos varones.
Pero, quizás por esa situación, cobra especial relevancia un lugar como el centro Al-Mujadilah. “Conversación de mujeres”, significa textualmente la expresión Al-Mujadilah, y eso es justo lo que ofrece este lugar enclavado en el campus Education City de Doha: un espacio en el que las mujeres pueden compartir. “He fundado el centro Al-Mujadilah para ayudar a la próxima generación de mujeres musulmanas a buscar respuestas a los desafíos contemporáneos a través del vasto conocimiento de nuestra religión", afirma la jequesa Moza bint Nasser. "Quería que fuera un lugar de belleza y tranquilidad que facilitara el aprendizaje y la contemplación".
Y, sin duda, se trata de un lugar de una sobrecogedora belleza contemporánea.
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F3f4%2F70d%2F161%2F3f470d161b417991c9e292e0d0c9fe27.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F3f4%2F70d%2F161%2F3f470d161b417991c9e292e0d0c9fe27.jpg)
“Este es un lugar tanto de oración como de educación y de reunión, un lugar puente, y el reto para mí ha sido traducir eso en formas”, nos explica Elizabeth Diller. El ondulante tejado del centro Al-Mujadilah funciona como gran elemento unificador. Con el aspecto de un pañuelo que se hubiera lanzado al aire, el tejado supera el perímetro del edificio, lo que permite que el exterior del edificio disfrute de sombra. Además, la techumbre está perforada por casi 5.500 agujeros, 5.500 tragaluces que inundan de luz el interior, pero evitan, sin embargo, que pase el calor, al tener forma de cono y ser más estrechos en la parte de superior y más anchos en la inferior. Es imposible contemplarlos sin pensar en la típica cúpula de un baño árabe.
Las curvilíneas paredes de la zona de la mezquita están recubiertas de mármol travertino, y cuando la luz cae sobre ellas, es inevitable sentir emoción. Y también es una maravilla la gigantesca alfombra sobre la cual se reza. “Encontramos una alfombra para rezar una sola persona que nos gustó mucho y la ampliamos con ordenador, consiguiendo así un resultado muy contemporáneo, un resultado que es al mismo tiempo abstracto, pero que también remite a algo real y cercano”, confiesa Elizabeth Diller.
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Face%2F26f%2F0bb%2Face26f0bbf178ba2e39f4855150b48c9.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Face%2F26f%2F0bb%2Face26f0bbf178ba2e39f4855150b48c9.jpg)
Allá donde se posan los ojos, la mirada recibe un chute de paz y de serenidad. Desde los jardines exteriores hasta los patios interiores, cada rincón del centro Al-Mujqdilah invita a una conexión profunda con la naturaleza y la espiritualidad.
El minarete de la mezquita también es una declaración de intenciones. Separado de la estructura, tiene 30 metros de altura y parece flotar en el aire. Cinco veces al día, se ilumina y lanza a través de sus potentes altavoces una grabación invitando a los musulmanes al rezo. A las mujeres musulmanas, en este caso.
En las mezquitas, ya se sabe, hombres y mujeres están segregados. Y a ellas les toca siempre la peor parte. Mientras los hombres suelen rezar en la majestuosa y amplia sala principal, las mujeres tienen que hacerlo en estancias separadas, hacinadas en pequeños habitáculos a los que se accede por puertas laterales y que con frecuencia se encuentran en el sótano del templo o incluso en un anexo, lo que las obliga a seguir las oraciones del imán por megafonía.