El Gaudí sevillano que concibió la Plaza de España (y transformó la ciudad por completo)
La nueva novela de Inma Aguilera nos traslada a la Sevilla de principios del siglo pasado para contarnos la Exposición Iberoamericana y la historia de los maestros del azulejo de la ciudad
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Hubo un hombre, coetáneo a Antonio Gaudí, aunque bastante más sureño, que concibió la Sevilla que todos conocemos. Su nombre era Aníbal González Álvarez-Ossorio y, en un momento en que imperaba el modernismo del catalán, ideó una plaza con encanto regionalista que, tras la Guerra de Cuba, se permitió darle otra oportunidad a una ciudad andaluza en plena decadencia que contaba con los segundos mayores datos de mortalidad del mundo.
Inma Aguilera pasea segura por la Plaza de España de Sevilla en un día particularmente nublado. Los sevillanos llevan demasiados días aguantando la lluvia, algo a lo que no están acostumbrados, y todo el mundo parece un poco cansado y desanimado por el tiempo. Sin embargo la escritora, que el año pasado sorprendió a todo el mundo con su éxito
España estaba en decadencia tras la Guerra de Cuba, por lo que las autoridades plantearon un evento que pudiera dar notoriedad a Sevilla
"Quería hablar del renacer de la ciudad porque coincidieron en la época muchas cosas. España se encontraba en decadencia tras la Guerra de Cuba, por lo que las autoridades plantearon un evento que pudiera dar notoriedad a Sevilla y atraer al turismo. Entonces, la ciudad estaba masificada por la población rural que acababa de llegar. Además, también quería hablar de los grandes maestros y del azulejo sevillano", señala. Aunque es malagueña, Aguilera siempre ha sentido una conexión especial con la ciudad de Sevilla, que le concedió el premio Ateneo hace más de una década.
Proyectada por el arquitecto, la plaza se levantó entre 1914 y 1929 (un poco después del contexto histórico en el que se sitúa el libro) y fue la construcción más grande de la Exposición Iberoamericana. "La Plaza de España es un sitio muy conocido y, a la vez, no sabemos tanto de él" explica Aguilera. "La dama de la Cartuja reivindicaba a las mujeres del siglo XIX que trabajaban en Pickman. Este, que nos traslada a principios del siglo XX, quiere contar cómo nace la Sevilla actual y de la mano de quiénes. En el caso de la Plaza, fue lo último en desarrollarse para la Exposición, pero arrancó en 1909, por lo que me ha servido para continuar con la historia de Trinidad (protagonista de la novela, que ya aparecía en la anterior). Estoy muy orgullosa de haber conocido a ese genio de la arquitectura y de lo humano que fue Aníbal, que ayudó mucho a la clase obrera en un momento particularmente difícil, en una época con muchos problemas sociales. Recordamos especialmente la Semana Trágica de Barcelona, pero en Sevilla las cosas tampoco iban bien".
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"Siempre quiero enseñar todos los recovecos de Sevilla. Desde la lucha obrera y la miseria hasta los rincones más altos, pues Aníbal era muy amigo de Alfonso XII" explica. Si la primera novela se centraba en el gremio de alfareras que trabajaron en Sevilla concibiendo vajillas que están en todas las casas, la nueva novela se centra en el azulejo que tiñe la plaza. "Sevilla es un sueño de azulejo" dice Aguilera, inspirada, señalando uno con el dedo. "Aquí puede observarse bien este tipo de azulejo tan concreto que es el mensaque. Lo desarrolló Manuel Soto y Tello, artista de la cerámica trianera y otro de los grandes genios de esta plaza".
"Los jóvenes de ahora nos sentimos muy identificados con las circunstancias sociales y geopolíticas de principios del siglo pasado"
Aguilera no solo pasó días y días investigando la Plaza de España, sino que se metió de lleno en el barro (nunca mejor dicho) en el famoso Centro de Cerámica de Sevilla. "Hay que distinguir al alfarero (el que desarrolla), del químico o ceramista (el que pinta), pero todos reivindicaron por regionalismo sus azulejos", explica la escritora. "El Centro de Cerámica de Triana, en su origen taller de la viuda de Gómez, es un lugar fundamental en la ciudad. Yo quería retratar todas las fases del trabajo de la cerámica y reflejar ambos trabajos, pintor y alfarero. Para el personaje de Enrique (que aúna en su persona ambos gremios) me basé en artistas rebeldes por naturaleza que vivieron en contextos sociales difíciles, como Goya".
En un mundo tecnificado, Aguilera quiere reivindicar el trabajo hecho a mano, ya sea el de aquellos que pintaban vajillas o azulejos. "Le dedico el libro a los descendientes de esa gente que ayudó a cambiar Sevilla", cuenta. Comienza a llover con fuerza en la ciudad, aunque el tiempo ha sido clemente y ha aguantado para que ella pudiera dar su explicación. "Creo que los jóvenes de ahora nos podemos sentir muy identificados con el desencanto y las circunstancias sociales y geopolíticas de principios del siglo pasado, por eso me ha motivado escribir el libro. Y considero que los libros no están para darte una opinión, pero sí para expresar algo con la idea de que te la formes tú mismo". Desde mañana, La pintora de la luz está en librerías.
Hubo un hombre, coetáneo a Antonio Gaudí, aunque bastante más sureño, que concibió la Sevilla que todos conocemos. Su nombre era Aníbal González Álvarez-Ossorio y, en un momento en que imperaba el modernismo del catalán, ideó una plaza con encanto regionalista que, tras la Guerra de Cuba, se permitió darle otra oportunidad a una ciudad andaluza en plena decadencia que contaba con los segundos mayores datos de mortalidad del mundo.