Vuelven los Pecos: gloria, escándalo y tragedia de un dúo más allá de la música
Los hermanos Francisco Javier y Pedro José celebran con una nueva gira los 45 años del nacimiento de su aventura musical, que los catapultó al éxito y no estuvo exenta de polémicas
Las antiguas fans de Pecos se reúnen en grupos privados de Facebook a los que se accede con invitación. Son el último bastión, la aldea gala de los padres digitales. En realidad es el club de fans de Francisco Javier Herrero Pozo (el rubio). Sus cerca de 65.000 miembros comparten sus colecciones personales de autógrafos, vinilos y recortes. Hay buen rollo, corazones, emojis y felicitaciones. Es como Felizonia.
Pecos han vuelto a reunirse para celebrar 45 años de vida con la gira Dos voces y una historia. Javier se disculpa por WhatsApp: dice que están muy liados con los ensayos, que empiezan ya mismo, y que están trabajando “muy intensamente”. Hace 12 años que no se sube a un escenario con su hermano Pedro José (el moreno), que ha vivido alejado del foco. Hace cinco años sufrió un infarto. No se esconde cuando le preguntan si es bueno trabajar con su hermano Javier (dice que se puede convertir en “algo terrible”). Javier no se había parado a pensar si le echaba de menos o no. Le hubiera gustado tener más relación con él a nivel personal, “pero la vida es como es y cada uno evoluciona diferente”, declaraba en Semana. ¿Y ahora? Pues han de cumplir con sus obligaciones: la empresa se llama Pecos y están agotando el papel.
Cuento de hadas
Javier supo qué era una gamba el día que firmaron su primer contrato profesional. Todavía hoy sigue preguntándose cómo Pedro había aprendido a pelarlas. Vivían en San Cristóbal de los Ángeles con su madre (Carmen) y su hermano pequeño (Miguel). Javier trabajaba de cerrajero y barnizador y Pedro iba para electricista. El mismo día que enterraban al cabeza de familia, Francisco Javier cumplía siete años. Cuenta que mientras su madre daba a luz a Miguel, su padre estaba muriéndose. Ella limpiaba en las oficinas donde trabajaba su marido (Horminesa). Después, marchaba al hotel Plaza para hacer las habitaciones. En casa le cortaba el pelo a las vecinas y arreglaba los vestidos de las muñecas Nancy. Javier la recuerda siempre trabajando.
Los dos hermanos habían formado el Dúo Jarvey a mediados de los setenta, más o menos a la misma edad a la que empezó Javi a trabajar. Hacían canción protesta y levantaban el puño izquierdo sin saber por qué. Cantaban a Paco Ibáñez y Víctor Jara, y hasta habían actuado con Luis Pastor en Vallecas.
A Miguel Ángel Arenas “Capi” le sigue haciendo gracia que a Javier no le guste el marisco desde entonces. Esa noche él estaba con ellos, acompañado de doña Carmen y Emiliano Hernando Viejo, fotógrafo y socio suyo en Producciones Hervi. Ser un starmaker es su vocación. “Yo quería hacer artistas”, cuenta Capi a El Confidencial. “Durante una semana puse unos anuncios en los medios y recibía cada día a 200 chicos, chicas y grupos que querían ser artistas, pero nada me gustaba. Esperaba algo más racial, como Los Chichos, pero tampoco es que tuviera idea de lo que estaba buscando”.
Noche del viernes 11 de noviembre de 1977. Capi terminaba su jornada. Derrotado, se puso la chaqueta para salir en la búsqueda de un diamante en bruto en los locales de moda, pero acabó tropezando con una curda que le provocó una “resaca de muerte” de la que tuvo que despegarse cuando el teléfono le despertó por la mañana, al día siguiente. Era Emiliano. Le esperaban en la oficina dos chicos que querían cantar. Estaban allí porque una vecina, Isabel, le había hablado a doña Carmen de uno de los anuncios de Capi.
“Soy Miguel Ángel Arenas y estoy aquí para escucharos”. Capi se presentó. A Javier le fascinó su look (una americana de color rojo con rayas verticales estrechas de color negro): “Pedro cogió su guitarra y mientras afinaba le conté a Miguel Ángel que estábamos muy ilusionados y agradecidos por esa oportunidad y que íbamos a cantar una canción que mi hermano había compuesto no hacía mucho tiempo”, cuenta Javier en su biografía
Pedro tocó los primeros acordes, dando la entrada a su hermano: “...Solo tengo recuerdos, de un pasado feliz... Solo tengo añoranzas en mi mente de ti... Vuelve aquí...”. Entonces unieron sus voces en el estribillo: “...En mi vida solo quedan esperanzas... En mi sueños mi ilusión siempre eres tú...”. Javier no miró a Capi. Clavó los ojos en la guitarra, aunque de reojo pudo ver que había sonreído.
De Goya a Hermosilla
Para producir Esperanzas, Capi se puso en contacto con el director, compositor y arreglista argentino Juan José García Caffi. Teddy Bautista había grabado en 1974 Las cuatro estaciones de Vivaldi (Ciclos) y Capi quería ese “pop barroco” para Pecos.
Javier menciona tres canciones: Esperanzas, Quince años (de Eduardo Álvarez Calvo y Pedro) y otra más que no recuerda (¿La amistad?). Una vez grabadas, Capi ya tenía vía libre para trabajar con ellas. La grabación del single en los estudios Audio Film había costado medio millón de pesetas de la época (1977). A Javier todo ese dinero le parecía una barbaridad.
Doña Carmen le preguntaba a sus hijos de qué trabajaba Emiliano, porque debía tener mucho dinero, y ellos le dijeron lo que sabían: que vivía también en un barrio como el suyo, que era fotógrafo y que hacía catálogos de muebles para El Corte Inglés. Además, estaba a punto de casarse.
Mientras esperaban a ver qué sucedía con la grabación de Esperanzas, Javier dejó el oficio con su primo para trabajar en la productora haciendo recados. Emilio le encargaba llevar 200.000 pesetas en un sobre todos los días a la calle Hermosilla, a las oficinas de El Corte Inglés. Allí le entregaban un albarán con un sello y automáticamente volvía a la calle Goya y se lo devolvía a Emiliano.
Cabeza de turco
Pecos habían firmado con Emiliano un contrato con el que se comprometían por 15 años, percibiendo un 50 % de los derechos generados. Poco tiempo después, Pedro y Javier recibieron una llamada de Capi pidiéndoles que no fueran al estudio ese día. No les dio más explicaciones. Los chicos pensaron que a lo mejor Emiliano estaba descansando (se acababa de casar). Capi en realidad no supo qué decirles.
Resulta que la policía se había llevado a Emiliano, a su cuñado, a la mujer y a todos los ejecutivos de El Corte Inglés implicados en el desfalco de 40 millones de pesetas.
Javier llegó a pensar que tanto él como su hermano iban a ir también presos o a un correccional (por ser menores). Pero nadie les llamó para testificar. Aunque seguían sin saber qué iba a pasar con ellos, porque habían firmado un contrato con Emiliano. “Era un niño grande, puro corazón, pero era un cabeza de turco y no un delincuente. Cuando salió de la cárcel después de cuatro años, no reclamó nada, ni los royalties”, defiende Capi.
Un acierto del 20%
Al margen de los negocios de su compañero, Capi se dedicó a ir por las discográficas y las radios para dar a conocer a Pecos. Fue Pepe Fernández (40 Principales) quien le atendió y presentó a Tomás Muñoz, de CBS. “Trabajamos muchísimo porque no los quería nadie”, lamenta Capi. “Pepe Fernández y luego Joaquín Luqui me presentaron a don Tomás”.
Para que Esperanzas arrancara, a Capi se le ocurrió un plan: llegar hasta el mismo presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. Entonces Capi se encontraba produciendo teatro y tenía una película a las puertas, así como el guión de un obra titulada Concierto para adolescentes. Fue la actriz Rosa de Alba quien le recomendó hablar con Suárez; ella le había ayudado en la campaña electoral y podían llegar a Moncloa.
Capi dice que el presidente les echó con “muy buena educación”, remitiéndoles a su hermano Chema Suárez, relaciones públicas de la noche madrileña. “Usted tiene un problema”, afeó Capi a Suárez. “Está haciendo usted una Constitución y estos chicos son la voz del proletariado. Si salen en las portadas de las revistas de actualidad (Triunfo o Cambio 16) usted va a ganar más público”. Desconoce Javier si Adolfo Suárez le hizo caso o no a Capi, pero en un par de semanas las revistas de España hablaban del dúo.
Pecos se situó por encima de Tequila, Albert Hammond, Miguel Bosé, Boney M, Rocío Dúrcal, Miguel Gallardo o Camilo Sesto. Esperanzas reinó la cumbre de la música española durante cuatro semanas consecutivas (del 16 de septiembre al 7 de octubre de 1978). “Las canciones que cantaban estos chicos iban sobre sus propias vivencias en un mundo que inauguraba la libertad. Hasta entonces, aquella juventud no había tenido una voz porque Camilo Sesto, que era un poco anterior, era la grandiosidad y hablaba de situaciones muy adultas. Pero no había jóvenes que cantasen a su propia juventud”, cuenta Capi, que pasa a citar lo que le dijo Tomás Muñoz una vez paseando por Central Park: “Con que aciertes un 20 % ya es un éxito”. Finalmente, CBS se quedó con Pecos y a Capi –dice– le dieron la patada, pero cree que hicieron lo mejor que pudieron hacer.
Concierto para adolescentes (Epic, 1978), producido por Juan Pardo, acabó vendiendo más de 300.000 ejemplares que Capi traduce en tres discos de platino. Dice que le llamaban “las modernas” de México para preguntarle si podían grabar un tema con Pecos, como la mexicana Yuri (Yuridia Valenzuela Canseco), que acabó cantando Esperanzas.
El clickbait de la época era la revista Súper Pop anunciando en exclusiva el “desnudo total” de los Pecos o una entrevista en la que hablaban de una “pelea –por celos– entre dos parejas de homosexuales” durante una gala en San Sebastián de los Reyes (Madrid). Confiesa Javier que hasta la segunda o tercera gira no podía escuchar a su hermano cantar debido a los gritos del público. “Cuando esas personas que gritan os aplaudan, entonces seréis verdaderos artistas”. Juan Pardo tenía razón cuando aconsejó a los dos hermanos después de un concierto en Valencia. Javier se ríe hoy al recordar la frase, pero en realidad no le había hecho nada de gracia en ese momento. En lugar de felicitarles por haber llenado el estadio, ¿por qué les estaba echando la bronca?
A Pecos las revistas les sacaban novias hasta de debajo de las piedras. Se hablaba de una guerra con Mecano, pero Ana Torroja ha confesado que CBS se inventó que Javier y ella mantuvieron una relación sentimental. “Nosotros teníamos ya nuestro éxito y todo lo que sonase a que teníamos novia no nos beneficiaba en cuanto a las fans”, reconocía Javier en Zenda. Afirma que ni él ni Ana han hablado de aquel chisme que surgió de unas fotos –publicadas en la revista Diez Minutos– que les hicieron durante la fiesta de presentación del cantante Laín en el piso 26 del edificio España. ¿Debían ocultar Pecos sus respectivas relaciones por contrato? Javier asegura que no se llegó a firmar ninguna cláusula, pero sí reconoce que no era conveniente que las fans lo supieran. Capi asiente; hoy sigue siendo igual.
Magda Bonet conoció de primera mano el fenómeno de Pecos siendo reportera de la revista Fans. No se reconoce seguidora; a ella le gustaba el rock and roll y trabajar en el Popu (Popular 1). Pero también entrevistaba a Pecos. Recuerda el especial de Fans (Morir por Pecos) que tuvieron que escribir de madrugada y sin dormir después del accidente en el Parque de Atracciones de Montjuic el domingo 13 de abril de 1980 a las 11 de la mañana, durante el espectáculo organizado por El Gran Musical de la Cadena SER. “Si cierro los ojos puedo ver la avalancha”, cuenta Bonet a El Confidencial.
Concierto para adolescentes
Describía Magda en Fans que al pasar la entrada al recinto se encontraron con una interminable fila de unas 200 personas, aunque veía muchísimas más saltando las vallas de seguridad. La Vanguardia contaba hasta 50.000 personas y El País, 10.000 en un lugar para 6.000, y solo 170 efectivos policiales. Javier no cree que hubiera 50.000 personas, aunque vio que en cada asiento había tres personas en vez de una. Salió al escenario con 39 grados de fiebre, con el médico a su lado. Había tanta gente que le era imposible no actuar.
Magda Bonet se encontraba en la parte lateral izquierda situada por encima del escenario junto a otros periodistas y managers cuando de repente, diez minutos antes del final, sonando Háblame de ti, se produjo una avalancha. Pecos no se enteraron hasta que llegaron al hotel. José Manuel Costa contaba en El País que la avalancha en las escaleras laterales del escenario produjo la muerte por asfixia de Marta Tormo, de 15 años. Javier no sabía si aquello era una alucinación producida por la fiebre.
Aunque las normas de seguridad cambiaron tras lo ocurrido, para Pecos fue una pesadilla. Suspendieron lo que quedaba de gira y se negaron a reaparecer. Tenían miedo, se habían cansado de que les llamaran “asesinos”. Y aunque desmintieron una posible separación, el mismo Pedro declararía en la revista Garbo que sí estaban pensando en dejar la música (prefiere no hablar de este asunto, le “revienta”).
En el club de fans de Facebook han preguntado a los seguidores si les gustaría un saludo de Pedro en vídeo, como ha hecho Javier. Los resultados son: 2 % (No, no me gustaría), 79 % (Sí, me gustaría) y 19 % (Me da lo mismo). “Sería forzado”, comenta Ángel. A Montse le molesta la imagen que se está proyectando de Pedro en el grupo. “Ni Pedro ni nosotros somos ya aquellos adolescentes”, añade Mar. Quizá tenga razón y Dos voces y una historia no serán ya conciertos para adolescentes.
Las antiguas fans de Pecos se reúnen en grupos privados de Facebook a los que se accede con invitación. Son el último bastión, la aldea gala de los padres digitales. En realidad es el club de fans de Francisco Javier Herrero Pozo (el rubio). Sus cerca de 65.000 miembros comparten sus colecciones personales de autógrafos, vinilos y recortes. Hay buen rollo, corazones, emojis y felicitaciones. Es como Felizonia.