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La hija de Gisèle Pelicot: "Siento rabia y asco por lo que hizo mi padre. Nunca podré perdonarle"
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ENTREVISTA

La hija de Gisèle Pelicot: "Siento rabia y asco por lo que hizo mi padre. Nunca podré perdonarle"

Hija de la víctima y del verdugo, de la mujer que fue drogada por su marido para que decenas de tipos la violaran y del hombre capaz de hacer eso, Caroline Darian se sincera en su libro 'Y dejé de llamarte papá'. Hablamos con ella

Foto: Caroline Darian, hija de Gisèle Pelicot, en noviembre pasado, a su llegada al Tribunal de Aviñón, donde fue juzgado su padre. (EFE/Guillaume Horcajuelo)
Caroline Darian, hija de Gisèle Pelicot, en noviembre pasado, a su llegada al Tribunal de Aviñón, donde fue juzgado su padre. (EFE/Guillaume Horcajuelo)

Hasta hace algo más de cuatro años, Caroline Darian tenía una vida normal y corriente, sencilla, sin sobresaltos, incluso privilegiada. Tenía 42 años, casa en París y casa de vacaciones, un trabajo apasionante como alta directiva de comunicación en una gran empresa, un marido que trabajaba para un programa matinal de televisión y un hijo, Tom, de 6 años y medio. Mantenía una muy buena relación tanto con su madre como con su padre, retirados ambos en Mazan, un encantador pueblito de la Provenza, donde todos juntos solían pasar los veranos entre chapuzones en la piscina, música, bailes y barbacoas.

Pero ese mundo se hizo añicos el lunes 2 de noviembre de 2020.

Ese día, por la tarde, Caroline recibió una llamada de su madre, Gisèle Pelicot, quien le pidió que se sentara en un lugar tranquilo porque tenía algo muy importante que decirle. Giséle le contó entonces a su hija que su padre, Dominique Pelicot, había sido arrestado tras haber sido descubierto grabando con una cámara oculta en una bolsa debajo de las faldas de tres mujeres en un supermercado. Y le relató también que cuando la policía inspeccionó el móvil de su padre, sus varias tarjetas SIM y su ordenador portátil, descubrieron algo mucho más aterrador: unas 20.000 imágenes y vídeos que se remontaban a casi 10 años atrás y en los que se veía a Giséle drogada, completamente inconsciente, mientras era violada en su propia cama por decenas y decenas de extraños. Al menos 70 hombres de entre 22 y 71 años.

Caroline Darian se enfrenta desde entonces a la pesadilla de ser hija de la víctima y de su carnicero. Y a una duda terrible, porque en el ordenador de su padre se hallaron asimismo dos fotos suyas en la cama, vestida solamente con una camiseta y ropa interior. ¿Es posible que su padre también la hubiera drogado a ella para que otros hombres la violaran, al igual que hizo con su mujer?

El pasado 19 de diciembre Dominique Pelicot fue condenado a 20 años de cárcel. A un total de 50 hombres que abusaron sexualmente de Gisèle Pelicot aprovechando que estaba sin conocimiento después de que su marido la hubiera atiborrado a somníferos y ansiolíticos, les cayeron penas de entre 3 y 15 años de cárcel. Y hay al menos otros 20 agresores que no han podido ser identificados y que siguen en libertad.

Caroline Darian (el apellido es un seudónimo, fruto de fundir los nombres de sus dos hermanos, David y Florian) fundó en mayo de 2023 la asociación #MendorsPas: Stop à la soumission chimique (Nomeduermas: stop a la sumisión química), para luchar contra esa forma de sometimiento y dar apoyo a las víctimas. Además, ha escrito Y dejé de llamarte papá, un libro estremecedor en forma de diario en el que narra el devastador descubrimiento que supuso para ella saber que su padre es un monstruo y cómo afrontó el primer año después de esa brutal revelación.

PREGUNTA. Su libro lleva por título 'Y dejé de llamarte papá'. Después de saber de que su padre drogaba a su madre para que otros hombres abusaran sexualmente de ella, ¿cómo llama a ese hombre?

RESPUESTA. No le llamo. No le llamo de ninguna manera. Para mí es mi progenitor, sin más. Considero que ya no tengo padre.

"No conocíamos a ese individuo, que ha resultado ser uno de los peores depredadores sexuales"

P. En el libro narra muchos buenos recuerdos que tiene de su padre: cantando a Barry White en el coche, haciendo barbacoas, bailando con sus nietos… ¿Qué ha hecho usted con todos esos recuerdos?

R. Yo ya no miro atrás. Esa es una parte de mi vida que ya no existe. No puedo considerar esos recuerdos de antes como si fueran verdaderos, porque en realidad no conocíamos a ese individuo, quien ha resultado ser un criminal, un delincuente y uno de los peores depredadores sexuales de los últimos años. Esos recuerdos han desaparecido con él, con su entrada en la cárcel. No son recuerdos a los que vaya a quedarme anclada, para nada.

P. ¿Podría llegar a perdonar a su padre?

R. Creo que no, porque hay demasiadas cosas que no sabemos y que no sabremos nunca. Yo no podré perdonarle nunca lo que ha hecho a mi madre y sin duda a otras mujeres.

P. Y lo que le ha hecho a usted, ¿no? Entre las 20.000 imágenes y vídeos que se le encontraron a Dominique hay un par de fotos suyas en la cama, en ropa interior y con aspecto de estar drogada…

R. De hecho, hay más que esas dos fotos. Hay otras fotos mías en las que estoy desnuda, fotos que él, evidentemente, tomó sin que yo supiera nada. Y también hay otras fotografías en las que queda la duda, y yo no sabré nunca. No sabré nunca qué ha pasado porque él no ha explicado nada, no ha confesado nada. Ni siquiera durante el juicio ha sabido explicar el origen de esas fotos.

P. Pero leyendo su libro parece claro que usted está convencida de que hubo algo más que unas fotos, que también usted pudo ser drogada y sometida a abusos sexuales como lo fue su madre…

R. Esas dos fotografías fueron borradas, y las recuperamos mediante un peritaje informático. ¿Por qué borró esas fotos de su hija? En esas fotos no estoy durmiendo, creo que estoy efectivamente drogada. Yo sé cómo duermo, y sé que si no me hubieran drogado, en estado normal, no me habrían podido fotografiar así sin que yo me diera cuenta.

placeholder Cubierta de 'Y dejé de llamarte papá', de Caroline Darian.
Cubierta de 'Y dejé de llamarte papá', de Caroline Darian.

P. Imagino que vivir con la duda de si padre abusó sexualmente de usted debe de ser insoportable, un peso tremendo.

R. Lo es. Es un interrogante con el que tengo que vivir. No sabré nunca qué sucedió, ni antes ni después. Para mi madre, es algo que no pudo ocurrir. Para ella es algo demasiado duro y terrible, tanto que no puede aceptar que ocurriera.

P. La negativa de su madre a aceptar que su padre hubiera podido abusar también de usted ha dividido a su familia. En el libro destaca que es como si su padre, aun estando en la cárcel, tuviera todavía el poder de enfrentarlos…

R. Yo creo que cuando se vive una tragedia como esta es muy difícil para todos los miembros de una familia mirar de frente, de cara, a la verdad. Todos nosotros somos distintos.

P. En 'Y dejé de llamarte papá' incluye una carta que le escribió a Dominique, aunque nunca llegó a mandársela. ¿No se ha planteado reunirse en prisión con su padre y plantearle todas las preguntas para las que aún no tiene respuesta?

R. Ya intenté eso durante el juicio: conseguir la verdad, hacer hablar a mi padre. Pero en los tres meses y medio que ha durado el juicio me he topado con un muro de silencio, un muro de mentiras, de giros, de negaciones. De hecho, a día de hoy, mi padre dice que no se acuerda de haber tomado estas fotografías mías. ¿Cómo se puede haber olvidado de algo así? No tiene ningún sentido. Yo creo que él mismo se ha autoconvencido de que nunca tomó estas fotografías, creo que no tiene la capacidad de admitir su mirada obscena respecto a su propia hija. En cualquier caso no es honesto, así que no veo de qué serviría confrontarme en la cárcel con él, con alguien que no ha sido capaz de decir la verdad en un juicio. Para mí, la clave del juicio era tener la verdad, tener explicaciones. Y no he conseguido esas explicaciones. Así que no creo que las pueda obtener en el locutorio de la cárcel, en un cara a cara con él. Conseguir la verdad en un individuo como Dominique es muy complicado, tiene la psicología propia de un sociópata. Es incapaz de admitir el conjunto de los delitos que ha cometido. Incapaz.

P. Y si no se admiten los delitos es imposible arrepentirse y pedir perdón, ¿no?

R. A mi madre le ha pedido perdón por lo que le hizo, pero porque las pruebas están ahí y son pruebas absolutamente irrefutables, incontestables. No hay duda alguna sobre lo que le ha hecho a mi madre, y al menos a ella le ha pedido perdón. Pero, respecto a todo lo demás, si tiene posibilidad de escapar, mi padre toma esa vía. La vía de la cobardía.

"Nosotros somos los hijos de los dos, de la víctima y del verdugo. Es muy difícil encajar que has sido criada por un gran enfermo mental"

P. En el libro usted se llega a culpabilizar en algunos momentos por no haber visto en 42 años la otra cara de su padre, por haber pasado por alto los pequeñisimos indicios que podían haberle alertado de quién era en realidad. Me parece profundamente injusto que se culpabilice usted.

R. Evidentemente, no teníamos posibilidad de comprender. Mi padre tenía, y todavía tiene, dos caras, dos rostros: el rostro del buen padre, del buen marido, del buen vecino, y después su parte oscura. Y ha hecho todo lo posible para no mostrarnos nunca el rostro de su parte oscura. Evidentemente hubiéramos preferido haberlo visto antes, haberlo intuido, en lugar de descubrirlo después de tantos años. Pero hoy en día yo me niego a culpabilizarme por no haber entendido quién era él. Él ha hecho todo lo posible para no dejar traslucir ningún elemento de su parte oscura.

P. Uno de los principales pivotes del juicio contra su padre ha sido la vergüenza. Su madre y usted decidieron que la vergüenza tenía que cambiar de una vez por todas de bando, que los que tenían que sentirse avergonzados eran su padre y el resto de hombres que abusaron de su madre, y optaron porque el juicio fuera público. Esa decisión ha sido un paso fundamental, pero supongo que también muy difícil. En ‘Y dejé de llamarte papá’ admite en ocasiones que usted siente vergüenza.

R. Sí. Vergüenza, por ejemplo, de los vídeos que se mostraron durante el juicio. Hemos tenido que mostrarlos para que se entendiera lo que había hecho, para que se comprendiera que él era el director de orquesta de toda esta historia. Las imágenes son muy fuertes, hay videos que son absolutamente abyectos. Y como hija te preguntas cómo se puede llegar a ese nivel de barbarie y de horror. Porque nosotros somos los hijos de los dos, de la víctima y del verdugo. Es muy difícil encajar que has sido criada por un gran enfermo mental.

placeholder Caroline Darian, hija de Gisèle Pelicot. (OLIVIER ROLLER)
Caroline Darian, hija de Gisèle Pelicot. (OLIVIER ROLLER)

P. ¿Qué respuestas se da a sí misma? ¿Qué cree que impulsó a su padre a cometer las brutalidades que cometió? ¿Cómo pudo llegar a eso?

R. Creo que siempre ha formado parte de él, de su persona. Creo que no es algo que arrancara en 2011. Creo que siempre ha tenido una perversión sexual y que con los años esa perversión se fue intensificando. Pero creo que siempre ha formado parte de él.

P. Al menos 50 hombres respondieron a los anuncios de su padre y acudieron a abusar sexualmente de su madre mientras ella se encontraba en estado de inconsciencia total. Muchos eran vecinos de la zona, gente aparentemente normal. ¿Somos una sociedad enferma?

R. No hay que generalizar, no todos los hombres son enfermos sexuales. Ahora bien, tenemos que darnos cuenta de que, evidentemente, los violadores son muy numerosos, de que hay muchas personas desviadas. El tema de fondo es cómo educamos a nuestros hijos, a nuestros chicos. Una buena parte de los hombres que han sido juzgados por abusar sexualmente de mi madre eran personas que de niños habían sufrido algún tipo de maltrato o de trato cruel. Entonces, ¿cómo hay que acompañar a hombres que en su infancia han sufrido tocamientos, casos de incesto? Hay un nivel de reproducción bastante importante, y creo que eso debe lanzar una señal de alarma para ver cómo debemos afrontar los estragos de las agresiones sexuales.

"Como hija te preguntas cómo se puede llegar a ese nivel de barbarie y de horror"

P. Hasta el caso de su madre, cuando oíamos hablar de sumisión química solíamos relacionarla con una discoteca y con alguien que mete somníferos en la bebida de una mujer para poder abusar sexualmente de ella. Pero el caso de su madre ha sacado a la luz que existe la sumisión química doméstica, la sumisión química dentro del ámbito familiar. ¿Es un problema mucho mayor del que hasta ahora habíamos imaginado?

R. En los primeros años del siglo XXI, en Francia ya se hablaba de sumisión con medicamentos. En 2001 ya vimos en Francia casos de sumisión con drogas como el GHB. Pero ahora, lo que dicen las estadísticas —porque en Francia se ha hecho un estudio que analiza los casos judiciales de sumisión química— es que en la mayoría de las ocasiones la sumisión se consigue con el uso de medicamentos. Desde siempre, los depredadores usan los medicamentos para dejar inconscientes a sus víctimas, para anular su consentimiento y conseguir sus objetivos sin que la mayoría de esas mujeres tengan luego recuerdos de lo sucedido. La mayoría de las sumisiones químicas se realizan empleando medicamentos, y atención porque no afecta solo a las mujeres, también hay niños implicados, niños que con frecuencia son víctimas de incesto.

P. ¿Se puede hacer algo para prevenir las sumisiones químicas? Su padre consiguió que le recetaran durante años un fuerte somnífero que luego administraba a escondidas a su madre. Y a pesar de que su madre visitó a numerosos médicos a causa de los vacíos de memoria que sufría, ninguno fue capaz de detectar lo que realmente ocurría.

P. Los médicos hoy en Francia no tienen formación para detectar casos potenciales de sumisión química. Que haya un médico que suministre medicamentos en gran cantidad es grave. Pero aún lo es más que haya médicos que reciben en su consulta a una mujer de 60 años que dice tener amnesia, auténticos agujeros negros en su memoria, y que eso no despierte ninguna alarma en esos médicos. Eso me parece aún más grave. Gisèle, mi madre, visitó a médicos, a especialistas, y ninguno fue capaz de hacer el diagnóstico correcto ni buscó donde había que buscar. Los médicos no tienen ningún tipo de formación al respecto, y eso es muy preocupante.

"Si mi padre saliera mañana de la cárcel, volvería a empezar. Sinceramente, creo que es algo que está muy anclado en su ser"

P. Si no me equivoco, hay todavía como una veintena de hombres que aparecen en vídeos y fotografías abusando de su madre y que no han podido ser identificados. ¿Es así?

R. Son más, más. De hecho, esa es una de las cosas que no sabremos, nunca sabremos cuántos fueron los que abusaron de Gisèle. Durante el juicio ni siquiera conseguimos saber cuándo comenzó esto, la fecha en las que estos abusos empezaron. Hablamos de 20 hombres sin identificar, pero en realidad serían 30 o más. No lo sabremos nunca.

P. En el material que se halló en los dispositivos electrónicos que le fueron incautados a Dominique también había imágenes de violaciones de otras mujeres que no eran su madre y que también estaban en estado inconsciente. ¿Se han conseguido localizar a esas mujeres y advertirles de lo que les estaba ocurriendo?

R. Unas han sido identificadas, otras no. Como le decía, hay muchísimas cosas que no sabemos. Piense que no se pudo recuperar todo lo que había en el ordenador de Dominique. No sabemos, por tanto, cuántas mujeres fueron víctimas de los abusos sexuales de Dominique. No lo sabemos.

placeholder Gisèle Pelicot y su hija, Caroline Darian, en septiembre de 2024, camino del tribunal en el que se juzgaba a Dominique Pelicot. (EFE)
Gisèle Pelicot y su hija, Caroline Darian, en septiembre de 2024, camino del tribunal en el que se juzgaba a Dominique Pelicot. (EFE)

P. ¿Cree que su padre será capaz en algún momento de asumir su culpa, de admitir el daño devastador que ha causado?

R. En la cárcel está recibiendo tratamiento, pero no sé si ese tratamiento va a bastar para curarle. Yo no estoy segura de que mi padre se pueda salvar. Si saliera mañana de la cárcel, volvería a empezar. Sinceramente, creo que es algo que está muy anclado en su ser y que no hay un tratamiento médicos que pueda acabar con esa libido y con esas fantasías macabras. Creo que es algo que le supera, que es algo más fuerte que él.

P. Su padre, por lo que cuenta en el libro, era también un gran manipulador.

R. Sí, y ese es un rasgo de su personalidad que también se nos escapa completamente. Estamos frente a alguien que según los médicos forenses y los psiquiatras está realmente dividido en dos, tiene dos rostros que coexisten y que seguirán coexistiendo hasta el final de sus días.

P. Supongo que, cuatro años después, usted seguirá haciendo terapia para poder encajar todo esto, ¿no?

R. Sí, claro, por supuesto, voy al psiquiatra regularmente y estoy en seguimiento. Pero yo creo que de esto tampoco se sana nunca. Este cataclismo solo lo asumes, simplemente aprendes a vivir con él. Aprendes a hacer el duelo por un padre que todavía vive, aprendes a evitar pensar en ello todos los días. Yo intento vivir una vida normal, y una manera que he encontrado de sanarme es comprometerme en esta causa y poder ayudar a otras mujeres víctimas de sumisión química a superar eso, a procesarlo y sobre todo a recabar pruebas. Porque lo terrible en estos procesos es no tener pruebas. Y en la mayoría de los casos, las víctimas no tienen pruebas.

P. ¿Escribir este libro ha supuesto para usted también un ejercicio terapéutico?

R. Sí, Para mí ha sido una manera de tomar distancia, de conseguir explicar lo que yo sentía, de metabolizar lo que sentía, de integrar lo que es inimaginable. Siento que escribir me ha ayudado a integrar en mi vida la violencia de los hechos.

P. Habrá aún muchos días en los que soñará que era una pesadilla, ¿verdad? Me imagino que es imposible que en algunos momentos no añore su vida anterior.

R. Sí, efectivamente. Echo de menos mi vida anterior, me ocurría sobre todo al principio. Pero he aprendido a no mirar atrás. Ya no miro ninguna foto más de mi vida anterior, no tengo ningún recuerdo.

P. Y cuando mira adelante, ¿qué espera?

R. Yo nunca tendré la verdad, la verdad solo la sabe Dominique. Lo que espero es que un día la ciencia avance y nos ayude a descubrir más cosas. Yo nunca tendré la verdad, pero lo que sí espero es que tengamos más información respecto a lo que Dominique hizo antes de 2011 y a quién. Para mí es importante saber qué ha hecho, y espero que los investigadores puedan identificar otros crímenes que haya podido cometer en la década de los 2000 y de 1990. Porque desde luego yo estoy convencida de que esto no empezó en el año 2011.

"Al principio sentí pena, compasión y empatía por mi padre. Me lo imaginaba aislado en una cárcel. Hoy evito plantearme esa cuestión"

P. Cuenta usted en su libro que en un momento dado su madre acude a la cárcel a llevarle ropa a su padre, y que incluso siente pena, compasión hacia él. ¿Le sigue ocurriendo?

R. No. Para ella al principio fue un shock tremendo y necesitó tiempo para integrar lo sucedido. Pero ahora ya no está en ese punto. Ella ahora está divorciada y tiene su vida. Ya no está en esa fase, en esa fase inicial. Pero ha necesitado tiempo para encajarlo todo.

P. ¿Y usted? ¿También ha sentido en alguna ocasión compasión por Dominique?

R. Sí. Al principio sentí pena, sentí compasión y sentí empatía. Me lo imaginaba aislado, solo, en el entorno de una cárcel. Sí, sentí compasión y empatía hacia él. Es algo humano, ¿no? Hoy evito plantearme esta cuestión. Y sé, además, que la justicia sigue su curso y que sin duda la cárcel es el mejor lugar en el que él puede estar.

P. En el prólogo del libro reconoce que, a pesar de todo lo sucedido, su madre nunca les ha inculcado a usted y a sus hermanos odio contra Dominique, su padre Me pregunto si es posible no sentir odio por alguien que ha hecho las cosas que ha hecho y que les ha dañado como les ha dañado …

R. Mi madre ha sentido cólera y odio, pero ya no los siente. Ella ya no siente ese arrebato de rabia, siente más decepción que ira. Yo sí siento rabia, muchísima. Rabia y asco.

Hasta hace algo más de cuatro años, Caroline Darian tenía una vida normal y corriente, sencilla, sin sobresaltos, incluso privilegiada. Tenía 42 años, casa en París y casa de vacaciones, un trabajo apasionante como alta directiva de comunicación en una gran empresa, un marido que trabajaba para un programa matinal de televisión y un hijo, Tom, de 6 años y medio. Mantenía una muy buena relación tanto con su madre como con su padre, retirados ambos en Mazan, un encantador pueblito de la Provenza, donde todos juntos solían pasar los veranos entre chapuzones en la piscina, música, bailes y barbacoas.

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