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Adrien Brody puede llevarse otro Oscar 20 años después de 'El Pianista'... con otro papel de judío
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estreno el 24 de enero

Adrien Brody puede llevarse otro Oscar 20 años después de 'El Pianista'... con otro papel de judío

El actor ha visitado Madrid junto al director Brady Corbet para presentar 'The Brutalist', la película de un arquitecto húngaro que huye a Estados Unidos para escapar del nazismo

Foto: El actor Adrien Brody, durante la presentación este viernes en Madrid de 'The Brutalist'. (EFE/Daniel González)
El actor Adrien Brody, durante la presentación este viernes en Madrid de 'The Brutalist'. (EFE/Daniel González)

El inicio de The Brutalist —un impactante plano de la Estatua de la Libertad al revés, alumbrando el sueño americano para esos pobres europeos que llegaban a la isla Ellis— ya advierte que lo que vamos a ver es grandilocuente, excesivo, en cierto modo una epopeya al estilo años 50, que era lo que el director (y actor) Brady Corbet tenía en la cabeza cuando concibió la película. Durante tres horas y 35 minutos (con un descanso de 15 minutos mediante) observamos a Laszlo Tóth (es decir, a Adrien Brody), —anteriormente arquitecto brutalista, exestudiante de la Bauhaus, judío húngaro huido a Estados Unidos—, lidiar con su trauma de víctima del Holocausto al servicio del arte y la belleza, lo eterno, lo divino y lo humano.

The Brutalist es quizá una película más de arquitectura que sobre arquitectura. Es una historia sobre la lucha de clases, construida a base de silencios que pretenden encajar la vida de un arquitecto que nunca existió, un hombre roto, humillado y traumatizado que solo aparenta seguridad cuando está creando. The Brutalist es Adrien Brody elevado a la máxima potencia, porque si algo se le da bien al estadounidense (ya nos lo demostró con El pianista) es interpretar este tipo de papeles: los hombres taciturnos y atormentados, (y judíos).

Han pasado más de 20 años desde que se estrenó El pianista de Roman Polanski, pero Adrien Brody parece un Dorian Gray moderno y por él pareciera que no ha pasado ningún día. Está como es, la imagen que pensamos todos cuando lo evocamos. Sentado, con una chaqueta negra, parece casi victoriano, casi timburtiano. Sonríe dulce y gentil a la prensa y hace una pareja singular con Brady Corbet, que parece mucho más cansado que él y bosteza continuamente, en camiseta de manga corta. Chaqueta y manga corta, día y noche. Pero se entienden bien, "pásame un poco de agua, tío", le dice el segundo al primero, porque sería imposible haber sacado este proyecto adelante sin entenderse un poco.

Sin saber todavía las nominaciones a los Oscar por culpa de los incendios de Los Ángeles (nos han confesado que están cansados de responder preguntas sobre eso) tienen las esperanzas —suponemos— puestas en esta temporada de premios, pues parece que la suerte le sonreirá a The Brutalist, que en España se estrena el próximo 24 de enero. Por ahora, en los Globos de Oro no les ha ido nada mal: Mejor película dramática, Mejor dirección ("nadie pedía una película de tres horas y media sobre un arquitecto del siglo pasado rodada en 70 milímetros", señaló Corbet. "Pero funciona") y Mejor actor principal dramático para Brody, el cual reflexiona mucho antes de hablar.

"Quizá tiene paralelismos con otras películas como 'El pianista', pero he trabajado desde los 12 años y he hecho muchas más cosas"

"Siempre he buscado trabajar en proyectos con gran significado y mucho sentido, es mi ambición", explica. "Proyectos que aporten algo importante. Que aporten temas relevantes de la historia. Esta película refleja pérdidas significativas que han sucedido en el mundo. Solo soy un actor, Brady y Mona (Fastvold, coguionista) son los que han creado un guion precioso, pero me sentí de alguna forma interpelado por él, por cómo era Tóth, por su sensibilidad... hay paralelismos con otras películas como El pianista, pero he trabajado desde los 12 años y he hecho muchas más cosas".

La película recorre los años 50 y ese sueño americano, "de amas de casa perfectas en un país en el que todo parecía estar bien porque los problemas se escondían debajo de la alfombra, aunque acabasen de morir en Europa seis millones de judíos, muy a lo I love Lucy" recalca Corbet, la inmigración y la locura de esos visionarios como Mies van der Rohe o tantos otros arquitectos de posguerra. Habla de muchas cosas, porque a su director no le gustan las historias sencillas que todo el rato van de lo mismo. Al personaje de Tóth le sorprende en un momento de la película que sus edificios se mantengan en pie todavía, en una Europa destrozada por las bombas. Aunque Corbet y Fastvold se han inspirado en distintos arquitectos (Le Corbusier, los de la Bauhaus, hasta el japonés Tadao Andō, que es autodidacta) para la película, parece difícil discernir qué faceta del personaje se le hizo más complicada a Brody, ¿el hombre frágil y traumatizado o el genio arquitecto?

"La arquitectura consiste en crear algo físico. No me resulta ajeno porque soy pintor y mi madre es fotógrafa, vengo de una familia de artistas"

"La arquitectura consiste en crear algo físico", señala, "lo cual no me resulta ajeno porque soy pintor y mi madre es fotógrafa, vengo de una familia de artistas. Al final se trata de crear obras que sirvan para representar a través del arte aquello a lo que no se puede acceder con las palabras. Por el otro lado, pude tirar de archivo propio para crear al personaje: mi familia tuvo que huir de Hungría en los años 50, así que a la hora de retratar las dificultades que hubo en esos momentos podía inspirarme en mí mismo. Me he identificado con las luchas de mi personaje, pero sin duda es un privilegio y una responsabilidad transmitir con compasión su historia".

¿Pueden las películas como esta, que hablan de los problemas de la guerra, la inmigración o los sueños rotos por el capitalismo, cambiar las cosas? Sus artífices así lo creen. Corbet es consciente de que el mundo está especialmente loco ahora: "Si pienso en algo diferente que sucede es que antes había una absoluta idolatría por artistas, cineastas y otras culturas alternativas o formas de pensar. Ahora me parece una locura que a los jóvenes les interesen los CEOS o las figuras como Jeff Bezos, que ellos se hayan convertido en las nuevas rock stars".

"Pero sí creo que el arte y el cine pueden cambiar las cosas. Creo que generan empatía y llegan a la gente joven. Quizá cuesta que los mensajes calen en hombres de mediana edad como yo, pero tengo confianza en ellos. Pero claro, qué voy a decir, yo dejé el instituto muy joven y me he criado leyendo y viendo películas".

Brody le mira intensamente durante unos segundos y, después, le sonríe: "Estoy de acuerdo con todo".

El inicio de The Brutalist —un impactante plano de la Estatua de la Libertad al revés, alumbrando el sueño americano para esos pobres europeos que llegaban a la isla Ellis— ya advierte que lo que vamos a ver es grandilocuente, excesivo, en cierto modo una epopeya al estilo años 50, que era lo que el director (y actor) Brady Corbet tenía en la cabeza cuando concibió la película. Durante tres horas y 35 minutos (con un descanso de 15 minutos mediante) observamos a Laszlo Tóth (es decir, a Adrien Brody), —anteriormente arquitecto brutalista, exestudiante de la Bauhaus, judío húngaro huido a Estados Unidos—, lidiar con su trauma de víctima del Holocausto al servicio del arte y la belleza, lo eterno, lo divino y lo humano.

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