El relato inédito y autobiográfico de Jon Fosse, el Nobel que luchó contra el alcoholismo
El 16 de enero Random House publica 'Escenas de una infancia', con relatos, algunos autobiográficos, del escritor noruego Nobel de Literatura en 2023 y famoso por no poner puntos y aparte
El Premio Nobel de Literatura 2023, Jon Fosse. (Getty/Helge Skodvin)
No acabo de entender a mi padre, no por nada, es bastante majo, diría yo, pero, aun así, a menudo me avergüenzo de él. Toda la vida mi padre y yo hemos ido juntos a la compra, todos los días, así es la cosa, mi padre me ha preguntado si quería acompañarlo a la compra y yo he dicho que sí y luego mi padre y yo hemos ido a hacer la compra en alguna de las tiendas alrededor de casa, por lo general hemos comprado la comida de ese día, porque en nuestra casa siempre ha sido mi padre quien ha hecho la compra para la comida y por lo general mi padre la ha hecho conmigo, muy rara vez ha ido solo a la compra, y casi nunca han ido madre y mi padre juntos a comprar, como hace otra gente, qué va, así nunca ha sido en nuestra casa, porque en nuestra casa hemos sido mi padre y yo los que hemos ido a hacer la compra para la comida, al volver yo del colegio mi padre ha solido decirme bueno Knut, te vienes a hacer la compra, hay que comer algo, no me queda tabaco, tenemos que pasarnos por Correos, algo así ha solido decirme mi padre y luego se ha entretenido un buen rato, porque eso hace siempre mi padre, se entretiene, eso es así, pero después de entretenerse y fumarse un par de cigarrillos por lo general acaba poniéndose una de sus americanas, porque mi padre tiene muchas americanas, así las llama él, americanas, el caso es que acaba poniéndose una de sus americanas y nos vamos a la compra con lluvia y viento. Cuando mi padre sale, tiene la manía de volver a entrar, así es la cosa, mi padre abre la puerta, mantiene la puerta abierta hasta que salgo yo, luego cierra la puerta, luego echa la llave, luego saca la llave, se mete el llavero en el bolsillo de la americana, y luego toca el pomo de la puerta, vuelve a sacar el llavero, busca la llave, mete la llave en la cerradura, abre la puerta. Y entonces mi padre vuelve a entrar en el piso. A menudo me pregunto por qué lo hará así. A menudo también he considerado la posibilidad de seguir a mi padre, de entrar en el piso para averiguar por qué siempre vuelve a entrar, pero he llegado a la conclusión de que, si lo hago, seguramente no hará lo que suela hacer. Por eso me quedo esperando en el descansillo mientras mi padre vuelve a entrar en el piso. Y también yo hago siempre las mismas cosas, me apoyo en la barandilla y meto el pie derecho entre dos barrotes, lo he hecho ya tantas veces que la pintura está empezando a desgastarse de uno de los barrotes, del que presiono con la punta del zapato. Me quedo ahí presionando la punta del zapato contra uno de los barrotes mientras espero a que mi padre vuelva a salir del piso, a que salga por la puerta con su americana, con su llavero, a que salga y me diga bueno Knut, bueno cabrón, bueno tontorrón, bueno bobalicón, o algo parecido, pero así es la cosa, el caso es que estoy ahí esperando a que salga mi padre para acompañarlo a su compra diaria, estoy ahí esperando y entonces por fin sale y siempre le pregunto qué ha hecho en el piso y él siempre responde que nada en particular, que solo tenía que comprobar algo, comprobar la calefacción, comprobar que no había un incendio, que los fuegos de la cocina estaban apagados, algo así dice, y seguramente no mienta, porque será por eso, por comprobar ese tipo de cosas, por lo que mi padre vuelve a entrar en el piso después de haber echado la llave y haberse metido el llavero en el bolsillo de la americana, solo que es como si yo no lograra creérmelo del todo, al menos no lo lograba antes, porque antes pensaba, y quizá aún lo pienso, que si solo son ese tipo de cosas las que tiene que hacer en el piso, igual podría hacerlas antes de salir del piso, digo yo, o al menos antes de echar la llave, así pensaba yo, o aún pienso eso, pero si fueran otro tipo de cosas las que tiene que hacer, también podría hacerlas antes de salir del piso y echar la llave para ir a hacer la compra diaria conmigo, o para que yo lo acompañe a hacer su compra diaria, porque eso es lo que hago, por tanto, pensaba yo, es alguna otra cosa la que mi padre tiene que hacer dentro del piso, algo que no puede hacer estando yo allí y por eso tenemos que salir los dos del piso y él tiene que cerrar la puerta y volver a abrirla, para que yo me quede en el descansillo esperando y dando patatas al barrote con la punta del zapato mientras él está dentro del piso haciendo eso que yo no debo saber que hace. Eso pensé durante mucho tiempo. Hace bastante poco que he dejado de pensar eso, porque de pronto caí en la cuenta, una expresión que suele usar mi padre, de que eso tan secreto que hacía mi padre dentro del piso mientras yo esperaba en el descansillo podía hacerlo igualmente durante el resto del día, mientras yo estaba en el colegio y madre en el trabajo como de costumbre. Lo extraño es que eso no se me haya ocurrido hasta hace muy poco. Cuando se me ocurrió ese pensamiento, vi más claro que el agua, otra expresión que también suele usar mi padre, que mi padre no hacía cosas secretas en el piso, sino que simplemente era un tipo raro. Así es la cosa. Y por mí mi padre puede ser un tipo raro, pero sería un poco incómodo que mis amigos y los demás que van al colegio conmigo y Line se enteraran de que mi padre es un tipo raro. Simple y llanamente, otra expresión de mi padre, he empezado a avergonzarme de mi padre. Simple y llanamente, no tengo ya ganas de acompañarlo a su compra diaria, prefiero quedarme en casa mientras él va al kiosco a comprar el periódico y tabaco y a Correos a recoger un paquete o lo que sea que haga en Correos, en cualquier caso va a la tienda a comprar la comida, y siempre me pregunta qué quiero para comer, pero qué sé yo, a los demás niños les ponen lo que les ponen para comer y ya está, pero mi padre se empeña en preguntarme qué quiero para comer, por qué hará eso, no tiene lógica, porque de todos modos mi padre siempre compra algo distinto a lo que yo digo que quiero. Así es la cosa. Porque o bien mi padre decide lo que vamos a comer, o no consigue decidirse, y entonces como que tenemos que hablarlo, y decidimos algo, pero luego, cuando mi padre llega a la tienda, es cierto y seguro, una expresión que usa madre, que compra otra cosa, ya haya decidido él de antemano lo que vamos a comer o supuestamente lo hayamos decidido juntos. Mi padre es majo, pero es un tipo raro. He empezado a avergonzarme de mi padre. Estos últimos días, volviendo del colegio, he pensado que mi padre es un tipo raro y que me avergüenzo de él, y lo que más corte me daría sería que mi padre y yo nos encontráramos con Line cuando acompaño a mi padre a hacer su compra diaria. Y la verdad es que mi padre y yo ya nos hemos encontrado con Line, o al menos casi nos hemos encontrado con ella. Así es la cosa. Y por las noches, antes de dormirme, pienso que mi padre, vestido con una de sus muchas americanas, porque siempre que mi padre se va a comprar ropa, ya sea una camisa o unos pantalones o lo que sea, vuelve a casa con una americana, y entonces siempre dice que la americana estaba barata, como si esa fuera una buena razón para comprarse una americana teniendo ya tantas, pero así es la cosa, así es la cosa, el caso es que antes de dormirme me quedo pensando en el corte que me da ir detrás de mi padre, él vestido con una de sus americanas, seguro que una de las más feas, aunque la verdad es que todas sus americanas son feas, mi padre suele comprarse las americanas de segunda mano, y mi padre va ahí con su americana, con su cigarrillo, y ahí voy yo a su lado y de frente viene hacia nosotros Line y. No. No, no. No quiero. No quiero. No quiero. Cuando llegue hoy a casa pienso decirle a mi padre que no quiero ir con él a la tienda. Mi padre es un tipo muy raro y no puedo encontrarme con Line acompañado de mi padre, porque mi padre es un tipo raro y así es la cosa, solo que yo no quiero ir a la tienda con él. Subo las escaleras del portal de casa. Llevo mucho tiempo pensándolo, pensando que no quiero acompañar a mi padre en su compra diaria, pero ya me he decidido, hoy no pienso acompañar a mi padre en su compra diaria, no quiero acompañarlo a la tienda, tendrá que apañarse solo, eso pienso decirle. Me he decidido, hoy me he decidido. Voy subiendo las escaleras del portal de casa, pensando que hoy mi padre tendrá que ir solo a la compra, joder, eso pienso. Estoy ante la puerta de mi casa, me meto la mano en el bolsillo del plumas, noto que la llave está ahí, y menos mal, pienso, porque ha sucedido varias veces que la llave no estaba ahí, evidentemente también ha sucedido alguna de las pocas veces que no había nadie en casa al volver yo, pero también ha sucedido con frecuencia cuando sí había alguien en casa, y en verdad, otra expresión que usa madre, no sé lo que es peor, porque cuando pierdo la llave puedo estar seguro de que habrá bronca, por lo general es poco habitual que haya bronca, pero en esos casos, cuando pierdo la llave, hay bronca, primero me echa la bronca mi padre y luego me la echa madre cuando llega a casa. Así es la cosa. Pero hoy estoy ahí con la llave en la mano y meto la llave en la cerradura. Abro, saco la llave de la cerradura, exactamente como hace mi padre, luego me meto la llave en el bolsillo del plumas, luego estoy a punto de abrir la puerta y entonces me quedo parado pensando, así es, en por qué he perdido la llave tantas veces, seguro que diez, o al menos cinco, seguro que al menos siete veces, eso es así, cuando apenas he perdido ninguna otra cosa, solo pierdo la llave, aunque, ahora que lo pienso, tampoco he perdido la llave cada vez que creo que la he perdido, porque al menos tres veces hemos acabado encontrando la llave en uno de los bolsillos de alguna de las americanas de mi padre pero cuando por fin encontramos la llave en uno de los bolsillos de alguna de las americanas de mi padre ya me han echado la bronca largo y tendido por haber perdido la llave, solo que luego, cuando supuestamente he perdido la llave y después madre o mi padre la encuentran en alguna de las americanas de mi padre, tanto mi padre, sobre todo él, pero también madre, se disculpan largo y tendido y luego me dan dinero y luego mi padre, o madre, dice que es terrible acusar a alguien de algo que no ha hecho, es una de las peores cosas que se pueden hacer, esto último, esto de que es una de las peores cosas que se pueden hacer, lo dice madre, al mismo tiempo que mira muy enfadada a mi padre, luego le dice a mi padre que no puede hacer esas cosas, tiene que recordar que soy un niño, dice madre, y entonces mi padre dice que nunca volverá a hacerlo, nunca me acusará de perder la llave cuando la llave esté en el bolsillo de su americana, dice entonces mi padre, pero como si a madre no le bastara con eso, se pone de mal humor y empieza a dar vueltas por el piso como si fuera a hacer un montón de cosas, aunque en realidad no hace ninguna, así se pone madre de vez en cuando, así es la cosa. Pero, a pesar de todo, madre es más de fiar que mi padre. Porque mi padre es un tipo raro. Así es la cosa. Estoy ante la puerta de mi casa, estoy ahí sin entrar, como si eso fuera mucho mejor o más inteligente que primero cerrar la puerta y luego volver a abrirla, como suele hacer mi padre. Tengo que entrar ya en casa. Tengo que encontrarme ya con mi padre. Tengo que decirle a mi padre que ya no lo acompañaré más a la tienda, tengo que decirle que tendrá que hacer su compra diaria él solo, eso tengo que decirle. Pero tengo que decírselo de buenas maneras. Así es la cosa. Abro la puerta. Entro en el piso. Y no tardará en aparecer, mi padre, vendrá y me dirá Knut, ya estás aquí, ¿has tenido un buen día en el colegio?, eso dice si parezco más o menos contento, o dice, ¿te ha ido mal?, eso dice si no parezco tan contento y si tengo pinta de estar muy cansado o de mal humor, luego dice hoy parece que alguien te ha dado una paliza. Y la verdad es que eso también ha pasado alguna vez. Así es la cosa. Pero ¿no está mi padre? Entro en el salón, no veo a ningún padre por aquí. Voy a la cocina, tampoco ahí veo a mi padre. ¿Estará en el dormitorio? ¿Estará mi padre enfermo en la cama? Suele pasarle si ha salido la noche anterior, a veces se queda dando vueltas en la cama y me pide que le lleve agua o pastillas contra el dolor de cabeza o una compresa fría para ponerse en la frente, a veces me pide también que le lleve algo en lo que pueda vomitar, aunque la verdad es que por lo general eso se lo busca él mismo, un cubo de plástico rojo con un poco de agua en el fondo, dentro de ese cubo aparece luego un poco de flema y algo de bilis verde, y en la cama, junto al cubo de plástico rojo, está tendido mi padre con el pelo revuelto y mi padre dice que está en el infierno y que, cuando está despierto o medio despierto, ve demonios de todos los colores correr por todas partes, eso dice mi padre, y dice que la cabeza está a punto de partírsele en dos y de caerse por algún lado, no sabe por dónde, pero en cualquier caso está en el infierno y lo único que quiere es volver a la vida, dice mi padre, quiere volver con los vivos, dice mi padre, y hay que ver lo malo que se pone en esos casos mi padre, no sé de nadie que se ponga tan malo como mi padre, pero luego, cuando se recupera, mi padre está contento, mi padre no está nunca tan contento como cuando se recupera después de haber estado entre los muertos, cuando vuelve a la vida, porque eso es lo que dice, que ha vuelto a la vida, cuando mi padre vuelve a la vida, empieza a bromear y dice tonterías y se ducha y friega el suelo y después, esos días en que mi padre ha salido y se ha puesto como una cuba, en que se ha bebido casi una caja de cervezas, como dice él, esos días, cuando mi padre se recupera, cuando mi padre está de nuevo entre los vivos, vaya manera más rara de decirlo, siempre quiere preparar una comilona y lo que más le gusta preparar son albóndigas de patata o empanadillas de patata o como se llamen, mi padre dice albóndigas de patata, madre dice empanadillas de patata y yo digo o albóndigas o empanadillas o las dos cosas, pero el caso es que esos días en que mi padre ha estado entre los muertos luego siempre quiere hacer albóndigas de patata o empanadillas de patata y entonces siempre me manda a la tienda, solo, esos días mi padre me manda a la tienda a comprar beicon y colinabo y zanahorias y carne salada o ahumada o huesos ahumados o lo que sea que se le ocurra, y a veces tengo que comprar también harina, harina de cebada creo que se llama, y luego una botella grande de Coca-Cola, porque cuando mi padre ha estado en el infierno y sale de allí siempre quiere tomar Coca-Cola con mucho hielo, y luego pela y lava las patatas y luego mezcla la harina y la sal con la masa de patatas, seguramente se llame masa de patatas, aunque no lo sé, creo que seguramente se llama masa de patatas, y luego fríe el beicon y hierve la carne y empieza a pasar la aspiradora y a ordenar y todo eso, un jaleo vamos, y luego vuelve madre a casa y cuando vamos a comer resulta que mi padre no tiene hambre, o solo un poco, y luego vuelve a meterse en la cama y se duerme casi enseguida, y por la noche vuelve a despertarse y ya no está ni malo ni contento, ya es solo mi padre de siempre y entonces va a la cocina y se come las albóndigas de patata o las empanadillas de patata frías, antes de sentarse a ver un poco de televisión. En ese momento, cuando está ahí sentado viendo la televisión, mi padre siempre parece muy triste. Casi me da un poco de pena mi padre en esos momentos, cuando está ahí sentado viendo la televisión con esa pinta de estar tan triste. Porque la verdad es que mi padre es majo, solo que yo quisiera que no fuera un tipo tan raro. Pero ¿dónde está mi padre? ¿Lo llamo? Al menos puedo entrar en el dormitorio de mis padres a ver si está enfermo en la cama, solo que estoy bastante seguro de que mi padre no está acostado, porque anoche mi padre estuvo en casa, no salió. Pero de todos modos puedo entrar en el dormitorio de mis padres a ver si está allí. Entro en el dormitorio de mis padres. Estoy en el vano de la puerta, miro la cama en la que duermen madre y mi padre, pero no hay nadie en la cama, que ni siquiera está hecha. Así es la cosa. Mi padre no es un gran entusiasta de hacer las camas, por regla general, que se dice, es madre la que hace las camas, también la mía. Mi padre no está en casa. Pero ¿dónde estará mi padre? ¿Habrá ido al centro? Porque a veces, los días en que mi padre no consigue trabajar, mi padre se va al centro, a veces incluso se va antes de que yo vuelva del colegio, luego vuelve tarde a casa y al día siguiente comemos albóndigas o empanadillas de patata. Así es la cosa. ¿O se habrá ido mi padre a hacer la compra? Justo el día que yo decido que no quiero ir a la compra con mi padre, ¿mi padre se va a la tienda o a Correos antes de que yo vuelva a casa?
Portada de 'Escenas de una infancia', el libro de relatos del Nobel Jon Fosse.
* Jon Fosse (Noruega, 1959) es un escritor noruego con un amplio recorrido en el teatro como dramaturgo. Tiene varios textos traducidos al español. Este 16 de enero se publica ' Escenas de la infancia' (Penguin Random House), un libro de relatos, algunos de ellos autobiográficos. Este es uno de ellos. En 2023 le concedieron el premio Nobel de Literatura.
No acabo de entender a mi padre, no por nada, es bastante majo, diría yo, pero, aun así, a menudo me avergüenzo de él. Toda la vida mi padre y yo hemos ido juntos a la compra, todos los días, así es la cosa, mi padre me ha preguntado si quería acompañarlo a la compra y yo he dicho que sí y luego mi padre y yo hemos ido a hacer la compra en alguna de las tiendas alrededor de casa, por lo general hemos comprado la comida de ese día, porque en nuestra casa siempre ha sido mi padre quien ha hecho la compra para la comida y por lo general mi padre la ha hecho conmigo, muy rara vez ha ido solo a la compra, y casi nunca han ido madre y mi padre juntos a comprar, como hace otra gente, qué va, así nunca ha sido en nuestra casa, porque en nuestra casa hemos sido mi padre y yo los que hemos ido a hacer la compra para la comida, al volver yo del colegio mi padre ha solido decirme bueno Knut, te vienes a hacer la compra, hay que comer algo, no me queda tabaco, tenemos que pasarnos por Correos, algo así ha solido decirme mi padre y luego se ha entretenido un buen rato, porque eso hace siempre mi padre, se entretiene, eso es así, pero después de entretenerse y fumarse un par de cigarrillos por lo general acaba poniéndose una de sus americanas, porque mi padre tiene muchas americanas, así las llama él, americanas, el caso es que acaba poniéndose una de sus americanas y nos vamos a la compra con lluvia y viento. Cuando mi padre sale, tiene la manía de volver a entrar, así es la cosa, mi padre abre la puerta, mantiene la puerta abierta hasta que salgo yo, luego cierra la puerta, luego echa la llave, luego saca la llave, se mete el llavero en el bolsillo de la americana, y luego toca el pomo de la puerta, vuelve a sacar el llavero, busca la llave, mete la llave en la cerradura, abre la puerta. Y entonces mi padre vuelve a entrar en el piso. A menudo me pregunto por qué lo hará así. A menudo también he considerado la posibilidad de seguir a mi padre, de entrar en el piso para averiguar por qué siempre vuelve a entrar, pero he llegado a la conclusión de que, si lo hago, seguramente no hará lo que suela hacer. Por eso me quedo esperando en el descansillo mientras mi padre vuelve a entrar en el piso. Y también yo hago siempre las mismas cosas, me apoyo en la barandilla y meto el pie derecho entre dos barrotes, lo he hecho ya tantas veces que la pintura está empezando a desgastarse de uno de los barrotes, del que presiono con la punta del zapato. Me quedo ahí presionando la punta del zapato contra uno de los barrotes mientras espero a que mi padre vuelva a salir del piso, a que salga por la puerta con su americana, con su llavero, a que salga y me diga bueno Knut, bueno cabrón, bueno tontorrón, bueno bobalicón, o algo parecido, pero así es la cosa, el caso es que estoy ahí esperando a que salga mi padre para acompañarlo a su compra diaria, estoy ahí esperando y entonces por fin sale y siempre le pregunto qué ha hecho en el piso y él siempre responde que nada en particular, que solo tenía que comprobar algo, comprobar la calefacción, comprobar que no había un incendio, que los fuegos de la cocina estaban apagados, algo así dice, y seguramente no mienta, porque será por eso, por comprobar ese tipo de cosas, por lo que mi padre vuelve a entrar en el piso después de haber echado la llave y haberse metido el llavero en el bolsillo de la americana, solo que es como si yo no lograra creérmelo del todo, al menos no lo lograba antes, porque antes pensaba, y quizá aún lo pienso, que si solo son ese tipo de cosas las que tiene que hacer en el piso, igual podría hacerlas antes de salir del piso, digo yo, o al menos antes de echar la llave, así pensaba yo, o aún pienso eso, pero si fueran otro tipo de cosas las que tiene que hacer, también podría hacerlas antes de salir del piso y echar la llave para ir a hacer la compra diaria conmigo, o para que yo lo acompañe a hacer su compra diaria, porque eso es lo que hago, por tanto, pensaba yo, es alguna otra cosa la que mi padre tiene que hacer dentro del piso, algo que no puede hacer estando yo allí y por eso tenemos que salir los dos del piso y él tiene que cerrar la puerta y volver a abrirla, para que yo me quede en el descansillo esperando y dando patatas al barrote con la punta del zapato mientras él está dentro del piso haciendo eso que yo no debo saber que hace. Eso pensé durante mucho tiempo. Hace bastante poco que he dejado de pensar eso, porque de pronto caí en la cuenta, una expresión que suele usar mi padre, de que eso tan secreto que hacía mi padre dentro del piso mientras yo esperaba en el descansillo podía hacerlo igualmente durante el resto del día, mientras yo estaba en el colegio y madre en el trabajo como de costumbre. Lo extraño es que eso no se me haya ocurrido hasta hace muy poco. Cuando se me ocurrió ese pensamiento, vi más claro que el agua, otra expresión que también suele usar mi padre, que mi padre no hacía cosas secretas en el piso, sino que simplemente era un tipo raro. Así es la cosa. Y por mí mi padre puede ser un tipo raro, pero sería un poco incómodo que mis amigos y los demás que van al colegio conmigo y Line se enteraran de que mi padre es un tipo raro. Simple y llanamente, otra expresión de mi padre, he empezado a avergonzarme de mi padre. Simple y llanamente, no tengo ya ganas de acompañarlo a su compra diaria, prefiero quedarme en casa mientras él va al kiosco a comprar el periódico y tabaco y a Correos a recoger un paquete o lo que sea que haga en Correos, en cualquier caso va a la tienda a comprar la comida, y siempre me pregunta qué quiero para comer, pero qué sé yo, a los demás niños les ponen lo que les ponen para comer y ya está, pero mi padre se empeña en preguntarme qué quiero para comer, por qué hará eso, no tiene lógica, porque de todos modos mi padre siempre compra algo distinto a lo que yo digo que quiero. Así es la cosa. Porque o bien mi padre decide lo que vamos a comer, o no consigue decidirse, y entonces como que tenemos que hablarlo, y decidimos algo, pero luego, cuando mi padre llega a la tienda, es cierto y seguro, una expresión que usa madre, que compra otra cosa, ya haya decidido él de antemano lo que vamos a comer o supuestamente lo hayamos decidido juntos. Mi padre es majo, pero es un tipo raro. He empezado a avergonzarme de mi padre. Estos últimos días, volviendo del colegio, he pensado que mi padre es un tipo raro y que me avergüenzo de él, y lo que más corte me daría sería que mi padre y yo nos encontráramos con Line cuando acompaño a mi padre a hacer su compra diaria. Y la verdad es que mi padre y yo ya nos hemos encontrado con Line, o al menos casi nos hemos encontrado con ella. Así es la cosa. Y por las noches, antes de dormirme, pienso que mi padre, vestido con una de sus muchas americanas, porque siempre que mi padre se va a comprar ropa, ya sea una camisa o unos pantalones o lo que sea, vuelve a casa con una americana, y entonces siempre dice que la americana estaba barata, como si esa fuera una buena razón para comprarse una americana teniendo ya tantas, pero así es la cosa, así es la cosa, el caso es que antes de dormirme me quedo pensando en el corte que me da ir detrás de mi padre, él vestido con una de sus americanas, seguro que una de las más feas, aunque la verdad es que todas sus americanas son feas, mi padre suele comprarse las americanas de segunda mano, y mi padre va ahí con su americana, con su cigarrillo, y ahí voy yo a su lado y de frente viene hacia nosotros Line y. No. No, no. No quiero. No quiero. No quiero. Cuando llegue hoy a casa pienso decirle a mi padre que no quiero ir con él a la tienda. Mi padre es un tipo muy raro y no puedo encontrarme con Line acompañado de mi padre, porque mi padre es un tipo raro y así es la cosa, solo que yo no quiero ir a la tienda con él. Subo las escaleras del portal de casa. Llevo mucho tiempo pensándolo, pensando que no quiero acompañar a mi padre en su compra diaria, pero ya me he decidido, hoy no pienso acompañar a mi padre en su compra diaria, no quiero acompañarlo a la tienda, tendrá que apañarse solo, eso pienso decirle. Me he decidido, hoy me he decidido. Voy subiendo las escaleras del portal de casa, pensando que hoy mi padre tendrá que ir solo a la compra, joder, eso pienso. Estoy ante la puerta de mi casa, me meto la mano en el bolsillo del plumas, noto que la llave está ahí, y menos mal, pienso, porque ha sucedido varias veces que la llave no estaba ahí, evidentemente también ha sucedido alguna de las pocas veces que no había nadie en casa al volver yo, pero también ha sucedido con frecuencia cuando sí había alguien en casa, y en verdad, otra expresión que usa madre, no sé lo que es peor, porque cuando pierdo la llave puedo estar seguro de que habrá bronca, por lo general es poco habitual que haya bronca, pero en esos casos, cuando pierdo la llave, hay bronca, primero me echa la bronca mi padre y luego me la echa madre cuando llega a casa. Así es la cosa. Pero hoy estoy ahí con la llave en la mano y meto la llave en la cerradura. Abro, saco la llave de la cerradura, exactamente como hace mi padre, luego me meto la llave en el bolsillo del plumas, luego estoy a punto de abrir la puerta y entonces me quedo parado pensando, así es, en por qué he perdido la llave tantas veces, seguro que diez, o al menos cinco, seguro que al menos siete veces, eso es así, cuando apenas he perdido ninguna otra cosa, solo pierdo la llave, aunque, ahora que lo pienso, tampoco he perdido la llave cada vez que creo que la he perdido, porque al menos tres veces hemos acabado encontrando la llave en uno de los bolsillos de alguna de las americanas de mi padre pero cuando por fin encontramos la llave en uno de los bolsillos de alguna de las americanas de mi padre ya me han echado la bronca largo y tendido por haber perdido la llave, solo que luego, cuando supuestamente he perdido la llave y después madre o mi padre la encuentran en alguna de las americanas de mi padre, tanto mi padre, sobre todo él, pero también madre, se disculpan largo y tendido y luego me dan dinero y luego mi padre, o madre, dice que es terrible acusar a alguien de algo que no ha hecho, es una de las peores cosas que se pueden hacer, esto último, esto de que es una de las peores cosas que se pueden hacer, lo dice madre, al mismo tiempo que mira muy enfadada a mi padre, luego le dice a mi padre que no puede hacer esas cosas, tiene que recordar que soy un niño, dice madre, y entonces mi padre dice que nunca volverá a hacerlo, nunca me acusará de perder la llave cuando la llave esté en el bolsillo de su americana, dice entonces mi padre, pero como si a madre no le bastara con eso, se pone de mal humor y empieza a dar vueltas por el piso como si fuera a hacer un montón de cosas, aunque en realidad no hace ninguna, así se pone madre de vez en cuando, así es la cosa. Pero, a pesar de todo, madre es más de fiar que mi padre. Porque mi padre es un tipo raro. Así es la cosa. Estoy ante la puerta de mi casa, estoy ahí sin entrar, como si eso fuera mucho mejor o más inteligente que primero cerrar la puerta y luego volver a abrirla, como suele hacer mi padre. Tengo que entrar ya en casa. Tengo que encontrarme ya con mi padre. Tengo que decirle a mi padre que ya no lo acompañaré más a la tienda, tengo que decirle que tendrá que hacer su compra diaria él solo, eso tengo que decirle. Pero tengo que decírselo de buenas maneras. Así es la cosa. Abro la puerta. Entro en el piso. Y no tardará en aparecer, mi padre, vendrá y me dirá Knut, ya estás aquí, ¿has tenido un buen día en el colegio?, eso dice si parezco más o menos contento, o dice, ¿te ha ido mal?, eso dice si no parezco tan contento y si tengo pinta de estar muy cansado o de mal humor, luego dice hoy parece que alguien te ha dado una paliza. Y la verdad es que eso también ha pasado alguna vez. Así es la cosa. Pero ¿no está mi padre? Entro en el salón, no veo a ningún padre por aquí. Voy a la cocina, tampoco ahí veo a mi padre. ¿Estará en el dormitorio? ¿Estará mi padre enfermo en la cama? Suele pasarle si ha salido la noche anterior, a veces se queda dando vueltas en la cama y me pide que le lleve agua o pastillas contra el dolor de cabeza o una compresa fría para ponerse en la frente, a veces me pide también que le lleve algo en lo que pueda vomitar, aunque la verdad es que por lo general eso se lo busca él mismo, un cubo de plástico rojo con un poco de agua en el fondo, dentro de ese cubo aparece luego un poco de flema y algo de bilis verde, y en la cama, junto al cubo de plástico rojo, está tendido mi padre con el pelo revuelto y mi padre dice que está en el infierno y que, cuando está despierto o medio despierto, ve demonios de todos los colores correr por todas partes, eso dice mi padre, y dice que la cabeza está a punto de partírsele en dos y de caerse por algún lado, no sabe por dónde, pero en cualquier caso está en el infierno y lo único que quiere es volver a la vida, dice mi padre, quiere volver con los vivos, dice mi padre, y hay que ver lo malo que se pone en esos casos mi padre, no sé de nadie que se ponga tan malo como mi padre, pero luego, cuando se recupera, mi padre está contento, mi padre no está nunca tan contento como cuando se recupera después de haber estado entre los muertos, cuando vuelve a la vida, porque eso es lo que dice, que ha vuelto a la vida, cuando mi padre vuelve a la vida, empieza a bromear y dice tonterías y se ducha y friega el suelo y después, esos días en que mi padre ha salido y se ha puesto como una cuba, en que se ha bebido casi una caja de cervezas, como dice él, esos días, cuando mi padre se recupera, cuando mi padre está de nuevo entre los vivos, vaya manera más rara de decirlo, siempre quiere preparar una comilona y lo que más le gusta preparar son albóndigas de patata o empanadillas de patata o como se llamen, mi padre dice albóndigas de patata, madre dice empanadillas de patata y yo digo o albóndigas o empanadillas o las dos cosas, pero el caso es que esos días en que mi padre ha estado entre los muertos luego siempre quiere hacer albóndigas de patata o empanadillas de patata y entonces siempre me manda a la tienda, solo, esos días mi padre me manda a la tienda a comprar beicon y colinabo y zanahorias y carne salada o ahumada o huesos ahumados o lo que sea que se le ocurra, y a veces tengo que comprar también harina, harina de cebada creo que se llama, y luego una botella grande de Coca-Cola, porque cuando mi padre ha estado en el infierno y sale de allí siempre quiere tomar Coca-Cola con mucho hielo, y luego pela y lava las patatas y luego mezcla la harina y la sal con la masa de patatas, seguramente se llame masa de patatas, aunque no lo sé, creo que seguramente se llama masa de patatas, y luego fríe el beicon y hierve la carne y empieza a pasar la aspiradora y a ordenar y todo eso, un jaleo vamos, y luego vuelve madre a casa y cuando vamos a comer resulta que mi padre no tiene hambre, o solo un poco, y luego vuelve a meterse en la cama y se duerme casi enseguida, y por la noche vuelve a despertarse y ya no está ni malo ni contento, ya es solo mi padre de siempre y entonces va a la cocina y se come las albóndigas de patata o las empanadillas de patata frías, antes de sentarse a ver un poco de televisión. En ese momento, cuando está ahí sentado viendo la televisión, mi padre siempre parece muy triste. Casi me da un poco de pena mi padre en esos momentos, cuando está ahí sentado viendo la televisión con esa pinta de estar tan triste. Porque la verdad es que mi padre es majo, solo que yo quisiera que no fuera un tipo tan raro. Pero ¿dónde está mi padre? ¿Lo llamo? Al menos puedo entrar en el dormitorio de mis padres a ver si está enfermo en la cama, solo que estoy bastante seguro de que mi padre no está acostado, porque anoche mi padre estuvo en casa, no salió. Pero de todos modos puedo entrar en el dormitorio de mis padres a ver si está allí. Entro en el dormitorio de mis padres. Estoy en el vano de la puerta, miro la cama en la que duermen madre y mi padre, pero no hay nadie en la cama, que ni siquiera está hecha. Así es la cosa. Mi padre no es un gran entusiasta de hacer las camas, por regla general, que se dice, es madre la que hace las camas, también la mía. Mi padre no está en casa. Pero ¿dónde estará mi padre? ¿Habrá ido al centro? Porque a veces, los días en que mi padre no consigue trabajar, mi padre se va al centro, a veces incluso se va antes de que yo vuelva del colegio, luego vuelve tarde a casa y al día siguiente comemos albóndigas o empanadillas de patata. Así es la cosa. ¿O se habrá ido mi padre a hacer la compra? Justo el día que yo decido que no quiero ir a la compra con mi padre, ¿mi padre se va a la tienda o a Correos antes de que yo vuelva a casa?