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El autor de uno de los mejores libros de 2024, según The New York Times: "EEUU está enfermo"
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El autor de uno de los mejores libros de 2024, según The New York Times: "EEUU está enfermo"

'James', de Percival Everett, reescribe 'Las aventuras de Huckleberry Finn' desde el punto de vista del esclavo Jim y denuncia el racismo contemporáneo. Steven Spielberg ya ha comprado los derechos para llevar la novela al cine

Foto: El escritor estadounidense Pervical Everett. (Daniel Ferreres/Cortesía de De Conatus)
El escritor estadounidense Pervical Everett. (Daniel Ferreres/Cortesía de De Conatus)

"La raza es la gran asignatura pendiente en Estados Unidos". Así de contundente se expresa Percival Everett, el escritor galardonado con el National Book Award 2024 por su novela James, declarada este martes por el New York Times como una de las cinco mejores del año. James es una revisión satírica, mordaz y filosófica de Las aventuras de Huckleberry Finn, obra maestra de Mark Twain que Percival Everett trae al presente para denunciar el racismo contemporáneo; aquella actitud que pretende la igualdad desde una visión supremacista camuflada de buenas intenciones. Y lo hace para llegar a una conclusión: “Las razas no existen más allá de la percepción humana”.

Encontramos a Everett en Londres, en vísperas del fallo del Booker Prize, del que era finalista favorito, pero no pudo ser: su candidatura rivalizaba con cinco escritoras británicas y cuatro años hacía que una mujer no ganaba el premio más prestigioso de las letras en Reino Unido. Sin embargo, y tan sólo unos días después, ninguna presión del establishment logró desbaratar el merecido reconocimiento a este autor del profundo sur de Estados Unidos (Georgia, 1956), filósofo de formación y profesor distinguido de Inglés por la Universidad de California del Sur. Ya en verano, el expresidente Barack Obama recomendó encarecidamente leer James.

Las novelas de Everett, desde una mirada que él mismo define como “patológicamente irónica”, han sido capaces de contar con humor la trágica era de los linchamientos ( Los árboles), de denunciar el racismo en el mundo editorial ( Cancelado, adaptada al cine como American Fiction y merecedora de un Oscar al Mejor Guión Adaptado 2024) y, ahora, de navegar contra la corriente del Misisipí en James; todas ellas publicadas en español por la editorial De Conatus. Es esta última -que la editorial Angle traduce al catalán- una valiente reescritura de Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain, narradas por el esclavo fugitivo Jim, que pasa a ser James en honor a su dignidad y sabiduría, su oculta ilustración a la fuerza silenciada en el estado de Misuri, prolegómenos de la Guerra de Secesión: tener la piel negra te predestinaba a la ignorancia y la superstición, y manejar un lápiz te condenaba a morir en carne viva bajo las llamas o la brea de un látigo.

Las secuelas de la esclavitud, que vive en carne propia (una de sus bisabuelas fue esclava) y el temible retorno de Donald Trump, el presidente electo que no lee libros, centran hoy el discurso de Everett. “Estados Unidos es una nación que prosperó sobre las espaldas de los esclavos, y eso es algo que aún no se ha reconocido históricamente. También hoy la economía se apoya en nueva gente de color, los mismos inmigrantes que vilipendia el presidente redivivo”. James ha sido calificado de obra maestra por la prensa norteamericana, libro y bestseller del año por cabeceras como The New York Times, Time u Oprah Daily, y también, merecedor del Kirkus Prize.

placeholder Portada de 'James', la nueva y muy aclamada novela de Percival Everett.
Portada de 'James', la nueva y muy aclamada novela de Percival Everett.

PREGUNTA. Donald Trump ha reconocido abiertamente que no lee libros, ¿qué se puede esperar de un presidente así?

RESPUESTA. Quizá quiera dar ejemplo a sus votantes: no leáis libros. Irónicamente, la gente que ha ido a escuelas privadísimas no quiere educación para el resto de la población.

P. Es claramente un presidente nacionalista, lo que le ha ayudado a recaudar apoyos, pero ¿también es supremacista? Las minorías hispanas, por ejemplo, también le han votado, para no ver su estatus mermado por nuevos inmigrantes.

R. Yo creo que Trump no tiene ideología, más allá de la avaricia y de servir a sus propios intereses. Todo lo que quiere es más dinero y más poder. Me sorprende enorme y tristemente que haya tantos racistas pobres, cuando deberían entender y alinearse con quienes se enfrentan a la injusticia sociocultural. Creo que gran parte de los problemas raciales no son sino problemas de clase social.

P. Tras la victoria de Trump se produjo en las redes sociales un aluvión de mensajes racistas que decían aberraciones tales como “negros, volved a la plantación”. ¿Cómo soporta usted esta involución?

R. Ese es el problema: Trump no es la enfermedad, es el síntoma. En el mejor de los escenarios, su reelección puede servir para que los americanos despierten. En el peor de los casos, será el fin de la democracia tal y como la conocemos. Es indudable que atendemos a una involución. A finales del XX llegó a parecer que los racistas querían ocultar sus tendencias, que no tenían buena prensa en la sociedad, pero en los últimos 15 años sufrimos un retroceso motivado por el miedo a perder una posición de poder y privilegio: exactamente lo que ha llevado a hispanos y otras minorías a votar a este personaje nefasto y anaranjado. Antes de su victoria electoral ya se sentía, pero ahora es obvio que no creen que su supremacismo racial sea objetable o vergonzoso. Lo que ha pasado es que la ignorancia y el egoísmo se han normalizado en nuestra cultura.

"Trump no es la enfermedad, es el síntoma. En el mejor de los escenarios, su reelección puede servir para que los americanos despierten"

P. Tengo entendido que uno de los neologismos que más le irritan es éste de “post-racismo”. ¿Alguna vez se ha superado este estigma irracional de la piel?

R. La raza es la gran asignatura pendiente en Estados Unidos. La nación prosperó sobre las espaldas de los esclavos, y eso es algo que aún no se ha reconocido históricamente. Y la economía ahora se apoya también en nueva gente de color, los mismos inmigrantes que vilipendia Trump.

P. ¿Sería urgente abordar una reparación histórica del drama de la esclavitud, al modo que hacen algunas democracias europeas sobre ciertos pasados dictatoriales?

R. Claro. Primero ha de producirse un reconocimiento formal del hecho histórico, pero aún no hemos visto nada parecido por parte de la Corona británica ni del Gobierno norteamericano. Las reparaciones económicas sería un reconocimiento justo del trabajo que hicieron los esclavos. Curiosamente, fueron los propietarios quienes recibieron compensaciones millonarias en su momento.

(El protagonista de estas nuevas aventuras revisitadas, trepidantes y también porfiadas en una lectura revisionista de la historia, es el esclavo fugitivo Jim, que pasa a ser James, un hombre culto y digno en extremo cuya bondad se ve socialmente abocada al crimen. Everett narra con una ironía capaz de reescribir el clásico del revés, desde los ojos de un esclavo que esconde su sabiduría e inteligencia, preservándolas como un placer íntimo allí donde los prejuicios del color se han demostrado más falsos y arraigados que la superstición; donde el miedo no tiene cabida, porque el miedo les salva de un miedo mayor, y donde todo parece a punto de derrumbarse, ante la inminencia de la Guerra de Secesión)

"La raza es la gran asignatura pendiente. La nación prosperó sobre las espaldas de los esclavos, y es algo que aún no se ha reconocido"

P. 'James' es la novela que Mark Twain no podría haber escrito en su día (1884). ¿Cree que hoy sí la hubiera escrito?

R. Habría sido muy diferente a ésta teniendo en cuenta la cultura de Twain: no hubiera sido capaz de escribir un libro desde el punto de vista de James. Si lo hubiera intentado, seguro sería una historia de gran empatía y seriedad, pese a su naturaleza irónica, pero no sería capaz de ponerse en la piel y la voz de un esclavo.

P. ¿Sólo tener un pasado familiar esclavista (su bisabuela vivió esclavizada) te permite hablar de ello, como si se tratara de una especie de gen hereditario?

R. No es una cuestión de derechos, pero sí de tener la experiencia de sentirte oprimido por la nación en la que vives, algo que Twain no sintió. Hay un privilegio inherente a la condición de los blancos que yo no puedo experimentar y por tanto no podría habitar plenamente la personalidad de quien sí lo tiene. Creo que Twain podría desde luego haberlo intentado, y nadie podría reprochárselo, pero hay aspectos de su experiencia cultural norteamericana que simplemente no cuadran con este personaje. No es una cuestión de autenticidad, sino de experiencia y relato de la verdad.

P. Profesor, ¿podrán algún día los negros sentirse libres en Estados Unidos, tal vez cuando toda esta locura trumpista toque a su fin? ¿Queda algún atisbo de esperanza?

R. En este debate estadounidense sobre la libertad, hay que hacer una distinción entre libertad y derechos. Es bastante acertado decir que lo que los esclavos querían era disfrutar de los mismos derechos que las personas que no eran esclavas. Y creo que eso es exactamente lo que sigue queriendo la gente: poder conducir por una carretera y no tener especial miedo por tu aspecto físico, tan opuesto al de otras personas. Es decir, que todos disfrutemos de los mismos derechos. Una vez aclarado eso, podemos tener todo tipo de conversaciones filosóficas sobre lo que es la libertad.

placeholder El escritor estadounidense Percival Everett, con un ejemplar de 'James'. (Daniel Ferreres/Cortesía de De Conatus)
El escritor estadounidense Percival Everett, con un ejemplar de 'James'. (Daniel Ferreres/Cortesía de De Conatus)

P. Se define usted como patológicamente irónico, ¿un arma de defensa?

R. El humor es una manera de hacer bajar las defensas al lector: cuando te ríes te relajas, bajas la guardia, y una vez que consigues eso, todo lo demás resulta mucho más fácil.

El director de cine Steven Spielberg se ha apresurado a adquirir los derechos de producción de la novela para llevarla a la gran pantalla, y los editores de Amazon Books la han recomendado como “mejor libro del año”. James está entre los 10 más vendidos por la plataforma desde su publicación en Estados Unidos el pasado marzo, lo que viene a confirmar el enorme espectro de lectores a los que va dirigida: desde un público joven hasta el más senior, porque además de estar llamada a ser una obra cumbre de la literatura, su lectura es entretenida y dinámica en grado sumo.

La estructura de la novela, a medio camino entre un thriller contemporáneo y una aventura picaresca, donde la tensión no para de crecer de la primera a la última página, tiene un formato mayormente dialogado. Un recurso nada banal dado que el lenguaje oral (estigma esclavista) y la palabra escrita (un poder entonces reservado a las élites) son casi dos personajes más del asunto principal que se narra. Y no es sólo hacia el final del libro cuando la introspección del protagonista, sus reflexiones morales y filosóficas, van ganando espacio en la misma y paradójica medida en que su tolerancia al dolor flaquea, vencida por el cansancio, el abuso, la injusticia y la desesperación que esto conlleva.

"La raza es la gran asignatura pendiente en Estados Unidos". Así de contundente se expresa Percival Everett, el escritor galardonado con el National Book Award 2024 por su novela James, declarada este martes por el New York Times como una de las cinco mejores del año. James es una revisión satírica, mordaz y filosófica de Las aventuras de Huckleberry Finn, obra maestra de Mark Twain que Percival Everett trae al presente para denunciar el racismo contemporáneo; aquella actitud que pretende la igualdad desde una visión supremacista camuflada de buenas intenciones. Y lo hace para llegar a una conclusión: “Las razas no existen más allá de la percepción humana”.

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