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Los periodistas somos los nuevos frikis de los medios de comunicación
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Israel Merino

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Los periodistas somos los nuevos frikis de los medios de comunicación

Los reporteros sórdidos no salen a cazar personajes ridículos, sino que ellos mismos se convierten en protagonistas de los que reírse salvajemente y sin escrúpulos pese a sus evidentes circunstancias

Foto: Vito Quiles pregunta a Patxi López. (EFE/J.J. Guillén)
Vito Quiles pregunta a Patxi López. (EFE/J.J. Guillén)
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Después de mucho buscar, conseguí verme hace un par de días FBI: Frikis Buscan Incordiar, la ópera prima de Cárdenas, uno de los grandes maestros cinéfilos y peliculeros de España: si se hubiera grabado hoy, el protagonista, director y productor hubiera sido Vito Quiles.

Para quiénes no lo recuerden, que serán pocos porque estamos hablando de historia de los medios de comunicación, el locutor y cantante Javier Cárdenas – sí, sí: cantante; busquen su nombre en Spotify y deléitense – inicio sus andanzas televisivas en el ya mítico Crónicas Marcianas como periodista especializado en localizar personajes histriónicos y extraños por todo el ancho territorio español; armado con su micro y acompañado de un cámara, se dedicaba a recorrer las ciudades en busca de gente que se volvería famosísima, como Carmen de Mairena o la Pantoja de Puerto Rico, para luego reírse de ellos en pleno late prime time.

Su culminación como detector de frikis y personajes varios fue FBI: Frikis Buscan Incordiar, una cinta – qué gracioso me he levantado hoy – en la que el reportero, parapetado tras una extraña trama a caballo entre lo policial y lo sórdidamente erótico, gasta bromas pesadas y humillantes a algunos de estos personajes llevados a empujones hacia la fama. El objetivo no es reírse con ellos, sino de ellos; el morbo de la "película" no es otro que ver a seres humanos con evidentes carencias cognitivas pasarlas realmente putas. No hay más.

El tema de los frikis, a quienes llamaré así no porque quiera faltarles al respeto, sino porque es como se les conoce en este sector, ha sido bastante recurrente en el mundillo de los medios. Desde Callejeros hasta el mencionado Crónicas Marcianas, el formato de pillar a un tipo extraño, quizá incluso clínicamente mal, para hacerle todo tipo de perrerías o exponerlo en público ha llamado de siempre la atención de los espectadores, quienes veían estas escenas subidos a un extraño caballo de superioridad intelectual sofisticada: mirábamos, yo también me incluyo, aquellas entrevistas a Carlos Jesús, el enviado de Raticulín, como quien observa a una mantis religiosa provocando un accidente en cadena en la AP7; era tan adictivo como el jaco, los datos de audiencia me darían la razón.

El caso es que en los últimos años, más o menos desde la popularización de las redes sociales, los frikis desaparecieron de la televisión lineal. Los obsesos de la cultura de la cancelación, envueltos sus cráneos en papel de aluminio, achacaban a lo woke que no surgieran nuevas hornadas de reporteros macarrillas que alumbraran la escena con nuevos frikis histriónicos que nos extirparan los riñones a risas, sin embargo, están equivocadísimos: han surgido nuevos frikis mediáticos, solo que ahora son los propios reporteros. Ya no necesitan salir de cacería, sino que prefieren exponerse ellos solitos.

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Pienso bastante en Vito Quiles, por ejemplo, un pobre chaval que me da muchísima pena. Con exactamente la misma edad que yo —y ojo a esto que voy a decir, porque no soy precisamente conocido por mi inmaculada reputación—, se ha cosechado una fama de mosquito tóxico como pocas veces se ha visto en la historia reciente de la comunicación. El chaval, actor sin escrúpulos de un probable jefe de redacción con todavía menos escrúpulos, ha basado su presunto trabajo periodístico en incordiar —porque no busca ninguna respuesta con sus preguntas más allá de montar el circo— a políticos, personajes públicos e incluso transeúntes anónimos a base de interrupciones constantes y chaladuras conspiranoicas —siempre, eso sí, asegurándose de que en el plano se le vea poniendo morritos, que uno nunca sabe cuándo la próxima pibita va a abrirnos MD en Instagram—.

Quiles se ha vuelto un apestado —merecidísimo todo— no por su ideología, asunto que suele importar bastante poco en un ecosistema mediático tan diverso como el nuestro, sino por haberse convertido en un auténtico payaso cuya única función es protagonizar una suerte de periodismo gonzo cafre donde lo que importa es sonreír a cámara moviendo mucho las cejas y montar un escándalo público cada vez que la gente pase de hablar con él; este chaval, por incomprensible voluntad propia, ha decidido convertirse en un friki mediático para obtener más likes y fama, tal y como hemos visto clarísimamente después de que subiera aquella patética entrevista a David Broncano donde precisamente él era quien quedaba como un lila —primera regla del friki: da igual que se rían de ti, el objetivo es generar conversación—.

"Soporta el odio y las risas que generan las payasadas que publica en redes porque le entran algunos ingresos, pero tampoco muchos"

En el ladito contrario del tablero, para que no me llaméis progre ni sectario, hay otro personaje idéntico en las formas e incluso en el fondo: Fonsi Loaiza. Este chaval, conocido por llevar una especie de pseudocruzada contra las "élites", se dedica a publicar en su Twitter información que no verás, asegura, en los medios de comunicación, pero que, efectivamente, fusila todo el rato de los medios de comunicación. Obviamente, él sabe que es odiado por cualquier persona con más de media docena de conexiones sinápticas, sin embargo, al igual que Quiles, soporta el odio y las risas que generan las payasadas que publica en redes porque le entran algunos ingresos, pero tampoco muchísimos: los frikis mediáticos se han caracterizado siempre por rentabilizar sus personajes, pero nunca por hacerse demasiado ricos—.

En la era de las nuevas comunicaciones, donde la línea que separa los medios de las redes es cada vez más fina —por no decir inexistente—, los periodistas han entendido que en este negocio, donde la cabecera ha perdido algo de relevancia a favor de la notoriedad que la firma puede mantener individualmente en las redes sociales, hay que hacerse notar. Vivimos en la era del periodismo gonzo 2.0; todos somos no solo periodistas, sino también algo parecido a influencers. Y en este contexto, por supuesto, los reporteros sórdidos no salen a cazar personajes ridículos, sino que ellos mismos se convierten en protagonistas de los que reírse salvajemente y sin escrúpulos pese a sus evidentes circunstancias.

Espero no estar convirtiéndome yo también en un friki mediático, tiradme una piedra a la cabeza si lo hago.

Después de mucho buscar, conseguí verme hace un par de días FBI: Frikis Buscan Incordiar, la ópera prima de Cárdenas, uno de los grandes maestros cinéfilos y peliculeros de España: si se hubiera grabado hoy, el protagonista, director y productor hubiera sido Vito Quiles.

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