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Sorogoyen: "Decir que he hecho una historia de amor sería simplificar demasiado"
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estreno el 28 de noviembre

Sorogoyen: "Decir que he hecho una historia de amor sería simplificar demasiado"

Hablamos con los creadores y actores de 'Los años nuevos', la serie de casi ocho horas que relata las Nocheviejas (y los vaivenes) de una pareja a lo largo de una década

Foto: Fotograma de Iria del Río y Francesco Carril en 'Los años nuevos'. (Cedida)
Fotograma de Iria del Río y Francesco Carril en 'Los años nuevos'. (Cedida)
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Decir que Los años nuevos —la nueva producción de Rodrigo Sorogoyen, cocreada por Sara Cano y Paula Fabra, y probablemente la serie del año— es una historia de amor y desamor, aunque en esencia es totalmente cierto, no nos permite profundizar realmente en lo que esta serie de casi ocho horas pretende enseñarnos. Los años nuevos es, por supuesto, una serie de amor. Amor de todo tipo, aunque, especialmente, el amor romántico de una pareja que durante diez años, con sus idas y venidas, aprende a conocerse, odiarse un poco y necesitarse más que a ninguna otra persona en el mundo. Pero también es una historia de la vida, particularmente una historia de España y una historia, en realidad, de todos nosotros.

La serie que ha concebido Sorogoyen está probablemente pensada para verse del tirón gracias a los diez capítulos, de casi una hora, que a su vez se dividen en dos bloques separados (y que, por ello, se estrenarán en dos tandas en Movistar+: la primera parte este 28 de noviembre. La segunda, el 12 de diciembre). Puede verse también de manera más pausada, aunque la experiencia sea quizá un poco diferente, pero llegaremos siempre al mismo punto y conseguiremos meternos hasta el tuétano en la vida de estas dos personas —Ana (Iria del Río) y Óscar (Francesco Carril)— que se conocen en una Nochevieja de 2015 cuando acaban de empezar la treintena. Los acompañamos a lo largo de los (casi) diez años siguientes hasta el Año Nuevo de 2024, en la que sus vidas (y ellos) han cambiado, pero lo que existe entre los dos, ese mundo privado con un lenguaje único, lleno de vulnerabilidad y matices, todavía permanece.

A Rodrigo Sorogoyen no le apetece hablar de cómo surgió la idea de la serie, porque lo ha tenido que contar en otras ocasiones. "¿En serio vas a preguntar eso? No, venga ya, ¿otra vez?", se queja, casi retando a hacerlo —Sara Cano y Paula Fabra, a su lado, son más benevolentes: "Rodri estaba pasando las fiestas en Marrakech con su pareja de entonces en 2015, cuando de repente se le ocurrió la idea", explican rápidamente, mientras el director se levanta y se pasea por la habitación. Mira por la ventana—. Tampoco está de acuerdo con la idea de que se estén haciendo últimamente más productos audiovisuales un poco costumbristas y centrados en historias de amor: "Está Normal People y ya, ¿no? ¿Cuáles más se te ocurren? A mí ninguno, y todos son bastante impostados". Quizá las cosas no han empezado demasiado bien, pero cuando algo capta su atención alza las cejas y observa fijamente. "Puede que algunas series se parezcan a la nuestra, pero son diferentes en tono y ejecución", indica Paula Fabra. "Se me ocurre Cardo como serie similar, pero tiene un enfoque más expresionista. Nosotros buscábamos una conexión más naturalista y más cercana a la vida real".

"Ha sido como escribir dos series. Lo que se ve y lo que sucede en el tiempo transcurrido entre un capítulo y el siguiente"

La parte más compleja de Los años nuevos es que hay que rellenar cada capítulo con el silencio del anterior. Sorogoyen (que se aleja completamente de As Bestas o Antidisturbios con esta producción), Cano y Fabra han optado por contar cada Nochevieja o Año Nuevo durante una década, y somos nosotros los que tenemos que ir averiguando poco a poco las piezas del puzle que faltan para entender en qué momento de la relación o de su vida se encuentran pasado un año. Ana y Óscar se conocen, coinciden mágicamente, y deciden irse de locura a comer a Valencia en Año Nuevo. Ana y Óscar deciden pasar la Nochevieja con sus padres. Ana y Óscar pasan el Año Nuevo en Berlín. Óscar —que es médico internista— sufre los estragos del hospital colapsado durante la pandemia. Ana pedalea por Lyon llevando repartos a cuestas, tras un año especialmente duro. Y, entre medias, amigos que van y vienen, trabajos que agotan y pasan, dudas que carcomen y esa simbiosis inevitable entre dos personas que acaban hablando igual, pensando las mismas cosas y escuchando la misma música. Aunque sus caminos no vayan siempre en la misma dirección.

"Eso fue un reto, como escribir dos series", apunta Sara Cano. "Había que escribir, por un lado, lo que se ve y también lo que ocurre entre los capítulos, en esos 364 días que no mostramos directamente. Teníamos que encontrar un equilibrio sutil para que el espectador entendiera la evolución de los personajes, pero sin ser demasiado explícitos". Los tres coinciden en que la complejidad del trabajo es lo que ha hecho que el producto funcione, respire y tenga vida propia. "El capítulo dos era muy difícil porque había que contar muchas tramas y coordinar a muchos personajes. En el cinco en Berlín hacía mucho frío", enumera Sorogoyen. "En el diez hay un plano secuencia, lo que es muy complicado y, además, simplemente, estábamos todos agotados a esas alturas".

La parte de rodar la pandemia (no durante la pandemia, sino la propia pandemia) también supuso un desafío: "Uf, tuvimos que recordar un montón de cosas, solo habían pasado nueve meses, pero las teníamos completamente olvidadas" apunta Cano. "Los toques de queda, que si la mascarilla era obligatoria, las reuniones de seis personas, si había autobuses en línea que pudieran llevar a Valencia...". "Hay cosas que no se saben, pero es que el espectador no tiene que saberlo todo" explica Fabra. "Escribimos con ternura, hablamos muchísimo, reescribimos e hicimos muchas versiones... también creamos a todos los personajes satélite alrededor de Ana y Óscar para que se sintiera que realmente están vivos. Es una historia de amor, desamor, el tiempo y la vida". "Es que definir la serie como solo una historia de amor sería simplificarla demasiado", explica Sorogoyen. "Está reflejando los altibajos de una pareja a lo largo de una década. Y, por supuesto, sin juzgarla. Eso es de primero de creador: jamás debemos juzgar a nuestros personajes".

Y Los años nuevos no sería nada sin el trabajo de sus dos actores principales. Iria del Río y Francesco Carril no interpretan a unos personajes, sino que son esas personas. Ana no tiene muy claro lo que quiere, quizá porque lo quiere todo, todo parece gravitar irremediablemente a su alrededor. Óscar es más pausado y meditabundo, también es mucho más desconfiado que ella. Es casi extraño sentarse con ambos y entrevistarlos cuando uno parece haberse colado en su intimidad y sus problemas durante siete horas y media. "Nos lo dicen mucho", se ríe ella. "Creo que hemos puesto muchísimo de nosotros en los personajes. Al final, hay una conexión directa entre nuestra etapa vital y la de los personajes y el contexto de la serie nos resultaba muy cercano. Ana no soy yo, pero sí hay aspectos de ella que me han servido para trabajar. Partíamos de lo orgánico y lo intuitivo para dar forma a los personajes".

"Fue muy bonito trabajar con Rodrigo los debates imaginarios, aunque las conversaciones no salgan en pantalla, están en los personajes"

"El guion está muy bien construido justamente porque hoy en día muchas historias tienden a dividir todo entre buenos y malos, pero aquí no ocurre eso", cuenta Francesco Carril. "Aquí hay un relato mucho más matizado donde no hay posicionamientos morales estrictos. Creo que ese enfoque es fundamental para que los personajes sean creíbles. También fue muy bonito trabajar con Rodrigo los debates imaginarios y los silencios, aunque las conversaciones no salgan en pantalla, sí están en la vida de los personajes, y eso se transmite. Es una historia que dialoga con el paso del tiempo, eso le da profundidad".

placeholder  Rodrigo Sorogoyen durante la filmación de la serie. (Cedida)
Rodrigo Sorogoyen durante la filmación de la serie. (Cedida)

Ambos actores consideran que la mejor manera de ver la serie es del tirón, pero comprenden que en los tiempos que corren esa idea es una quimera. "Verla de seguido permite sumergirse completamente en la historia, pero también es interesante dejar un tiempo entre las dos partes", explica del Río. "La serie tiene un punto de inflexión después del capítulo cinco, es un buen momento para hacer una pausa y asimilar lo que se ha visto". "Sí, la división prepandemia y pospandemia añaden un marco muy interesante, reflejan cómo esa parte de la historia reciente (aunque la vemos ya muy lejana) ha marcado nuestra forma de vivir", asegura Carril.

Probamos suerte de nuevo con los actores, ya que con el director no ha habido. ¿Consideran que se están haciendo últimamente más producciones de amor costumbristas y sencillas? "No sé vosotros, pero es que yo casi siempre estoy hablando de amor con todo el mundo", asegura del Río. "Las relaciones humanas, el amor, el desamor, la pérdida... es que son temas universales que nos tocan a todos. Este tipo de ficciones nos ayudan a reflexionar sobre nuestra propia vida". Carril también reflexiona durante un momento, apuntando con sus ojos negros a la pared. "Además, creo que hay algo muy necesario en poner un poco de orden entre tanta confusión. Hablar del amor y las relaciones desde un enfoque realista y honesto es algo que el público aprecia porque conecta con sus propias experiencias".

Decir que Los años nuevos —la nueva producción de Rodrigo Sorogoyen, cocreada por Sara Cano y Paula Fabra, y probablemente la serie del año— es una historia de amor y desamor, aunque en esencia es totalmente cierto, no nos permite profundizar realmente en lo que esta serie de casi ocho horas pretende enseñarnos. Los años nuevos es, por supuesto, una serie de amor. Amor de todo tipo, aunque, especialmente, el amor romántico de una pareja que durante diez años, con sus idas y venidas, aprende a conocerse, odiarse un poco y necesitarse más que a ninguna otra persona en el mundo. Pero también es una historia de la vida, particularmente una historia de España y una historia, en realidad, de todos nosotros.

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