De infractora fiscal a heroína de Hacienda: la insólita redención de Carmen Machi
'Celeste' es una de las series españolas del año: o la inspectora de Hacienda que crujió a Shakira. De fondo: el sainete clásico entre los famosos y el fisco, al que Machi da la vuelta con un recital
Carmen Machi, la inspectora de hacienda de 'Celeste'. (Movistar Plus )
Carmen Machi visitó hace unos días El Hormiguero para promocionar su nueva serie, Celeste (estreno mañana en Movistar Plus+), en la que interpreta a una veterana inspectora de Hacienda empeñada en crujir a una cantante famosa, basada en el mediático conflicto de Shakira con el fisco español, que acabó en acuerdo para evitar males mayores: la cantante colombiana admitió el fraude, una multa de 7,3 millones de euros y una pena de tres años de cárcel, que no cumplió al no tener antecedentes.
La persona clave de la condena fue una anónima funcionaria de Hacienda que investigó durante meses las idas y venidas de Shakira, demostrando que la cantante pasaba más de la mitad del año en España, aunque declaraba en Bahamas.
La web de Antena 3 resumió así la intervención de Machi en El Hormiguero: “Uno de los grandes retos que le ha planteado la serie ha sido adaptarse al personaje y a su estilo de vida. Pero… ¿por qué? La actriz interpreta a una inspectora de Hacienda… ¡que se pasa el día conduciendo! A diferencia de la actriz, que no tiene el permiso. Además, ha tenido que trabajar con perros, siendo ella alérgica. ¡Menudo reto!”.
Dentro de que conducir sin carnet y tener alergia a los chuchos no son temas menores, más relevante parece otro detalle personal contradictorio que ha pasado desapercibido: Carmen Machi fue condenada por infracción fiscal hace cinco años; ahora es una heroína de Hacienda gracias a la tele.
El sainete
En abril de 2019, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) sancionó a la actriz por infracción tributaria leve en el pago del IRPF (ejercicios entre 2007 y 2009) por un importe de 83.155,19 euros, tras un recurso a otro fallo condenatorio del Tribunal Económico Administrativo Regional de Madrid. Según el TSJM, Machi utilizó la sociedad Mama Floriana S.L. "con el único objetivo de obtener una ventaja fiscal para eludir los tipos de gravamen más elevados en el IRPF y deducir gastos en el Impuesto sobre Sociedades que no eran fiscalmente deducibles por ser ajenos a la actividad".
"Si bien es legítima la interposición de sociedades profesionales, no lo es la creación de sociedades con la única finalidad de eludir parte de la carga fiscal sin aportar nada a la actividad que realiza la socia", añadió el fallo del TSJM.
Diferencias de criterio entre Machi y Hacienda, cantidades muy lejanas a las de Shakira, no tan grave como otros casos, pero un mismo malestar cultural de fondo: el eterno sainete entre el Ministerio de Hacienda y los famosos, que arrancó con Lola Flores y se aceleró tras la crisis financiera.
En efecto, en los últimos años, no hay mes sin su celebrity con problemas fiscales, de Messi a Ronaldo, de Imanol Arias a Bertín Osborne, de Piqué a Arantxa Sánchez Vicario, la sombra de todos planea sobre Celeste, con la que Carmen Machi consigue un imposible, que un famoso señalado por el fisco consiga la redención social no solo del pueblo, sino de cualquier inspector fiscal que vea la serie. En efecto, viendo lo en serio que se ha tomado su papel en Celeste, uno de los mejores de su carrera, Machi no parece guardar rencor fiscal, transmite gran respeto a la inspección de Hacienda, retratada en toda su grandeza y miseria por su personaje [por cierto, una caracterización tan radicalmente diferente a la de Aída que parece inverosímil que sean la misma persona].
Patatús fiscal
Que la relación entre Hacienda y las altas fortunas iba a ser uno de los grandes psicodramas de la democracia lo vieron venir pronto Berlanga y Azcona. En Patrimonio nacional, la Transición era un patatús fiscal para una aristocracia enfrentada al engorroso trance de tener que rendir cuentas al Estado tras décadas de desahogo tributario.
Extractos salteados del choque dialéctico entre el Marqués de Leguineche (un descomunal Luis Escobar) y el inspector de Hacienda que, tras múltiples intentos fallidos (“llamo todos los días y vengo todas las semanas desde hace tres años, pero me cuelgan el teléfono y no me abren la puerta”) logra entrar en su palacete para embargarle:
"Mire, ustedes no han pagado los impuestos desde el año 1931"
— Yo le aseguro a usted, le doy mi palabra de honor, de que yo no he tenido nunca la menor malicia... Negligencia, quizá....
— ¿Pero por qué vamos a pagar ahora si el país ha marchado perfectamente sin nuestro óbolo?".
"De acuerdo, de acuerdo... Usted, y otros como ustedes, no han pagado, pero la pobre gente sí.
"Pero pagan muy poquito... y muy poco a poco, y no se dan cuenta. Y nosotros...".
Y así todo.
Pese a que el Marqués de Leguineche temía que la democracia acabara con el libertinaje fiscal, en lo referente a la persecución del famoseo, Hacienda amagó y no dio durante la Transición. ¿Por qué hubo que esperar a la Lola Flores ochentera para ver un drama fiscal con celebrity? Lo explica Francisco Javier Martínez Hornero en su libro Delitos fiscales (de los famosos): la ley tributaria de 1977 (“primer paso significativo para la creación de una Hacienda Pública moderna”) tipificó por fin el delito fiscal, pero se quedó a medias: la definición de fraude y las vías de denuncia fueron demasiado “restrictivas”.
Fue otra ley, de 1985, la que abrió la espita del todo, al ensanchar el fraude fiscal y empoderar a la Inspección de Hacienda… para espanto futuro de la Faraona, que llevaba sin hacer la declaración desde que el mundo es mundo.
La pesesita de los españoles
El de Lola Flores “ha sido, sin duda alguna, el delito fiscal y condena con más impacto social. Produjo un efecto como ninguno de los casos posteriores: un extraordinario y notable incremento de la recaudación de IRPF en el inmediato periodo de declaración voluntaria posterior al conocimiento por la opinión pública del procesamiento y condena por delito fiscal de Lola Flores. Todos los estudios realizados por Hacienda sobre cuál pudiera ser la causa de ese notable incremento de la cuantía en las Declaraciones de IRPF en el período inmediato posterior a ese conocimiento público, concluían que tenía su causa en el impacto social de la condena de Lola Flores. No deja de ser paradójico que, sin ella querer, sin que fuera su voluntad, y sin que tuviera por qué serlo, produjo un beneficio más que notable al Erario Público; un beneficio, desde luego, muy superior al perjuicio que le había producido con la elusión tributaria por la que fue condenada”, según Martínez Hornero, encargado de fraude fiscal en la Inspección Regional de Cataluña cuando Lola Flores pidió a todos los españoles una peseta para evitar la cárcel.
Tras la condena fiscal a Lola Flores, hubo "un incremento de la recaudación de IRPF"
Según él, la diferencia entre el caso de Flores y los que vinieron después (Urdangarin, Cristiano o Messi) es que “Lola Flores fue la primera. Eso fue lo que impactó. Que la sociedad española no tenía precedentes de que una persona famosa fuera procesada y condenada por delito fiscal”. Su condena se “interpretó como que aquello iba en serio y Hacienda estaba dispuesta a traspasar fronteras hasta entonces veladas… Parte de la sociedad se vio en peligro en sus prácticas defraudatorias y decidió, más o menos, ponerse en zona protegida, mejorando el cumplimiento de sus obligaciones tributarias”, añade Martínez Hornero en su libro.
Dramedia
Hay artistas que, hasta cuando se equivocan, siempre caen de pie en mi cabeza. Uno es Nacho Vigalondo. Otros son Borja Cobeaga y Diego San José, guionistas de ¡Vaya semanita! y Ocho apellidos vascos, y directores o escritores de imperdibles comedias políticas costumbristas como Negociador, Aupa Josu o Vota Juan. San José es el creador en solitario de Celeste, donde profundiza y echa el freno al jiji jajá, va hacia un humor cada vez más seco y agridulce, a lo Alexander Payne, si es que esa joyita que es Celeste puede considerarse una comedia, que no está nada claro, igual que una carta inesperada de Hacienda puede generar risa floja, pero casi siempre helada.
"¿Por qué crees que hay tantas parejas entre los inspectores de Hacienda? ¿Porque se gustan entre ellos? No, porque no les gustamos a los demás", espeta Machi a un compañero en la serie. "La gente nos odia. La gente prefiere encontrarse antes un bulto en la ingle que una carta de Hacienda en el buzón", dice un alto cargo fiscal en Celeste.
"La gente prefiere encontrarse antes un bulto en la ingle que una carta de Hacienda en el buzón"
Pero alguien tiene que hacer el trabajo sucio en este país. Y ese alguien —una Machi kaurismakimente lacónica— supura la arrogancia de los funcionarios de élite primeros de su promoción. Machi como viuda mosqueada con el mundo por la muerte de su marido. No la aguanta ni su perro. Su vida es culminar su última gran inspección antes de jubilarse. Un Kill Bill fiscal. "Soy la que llevó a juicio a un jugador del Madrid y lo perdió", dice. Alguien va a pagar los platos rotos. Es una mujer con una misión: demostrar que una famosa poderosa, ayudada por una tupida red de asesores, se salta las leyes que nos hemos dado entre todos. Armada de tablas de pósitis y paciencia, nuestra heroína quiere demostrar que es más lista que todos ellos.
Con Diego San José jugando al contraste —vía transiciones imaginativas— entre la burócrata de oposición y mesa camilla, y la estrella de glamour y brilli brilli. Hincar los codos contra hacer twerking. Carácter inflexible versus elasticidad corporal. Blusas de catequista contra fuego en el cuerpo. Boletín Oficial del Estado versus MTV Awards. Soledad autoimpuesta/patológica contra frenesí social absoluto.
Y un hilo común que une a las dos señoras antagónicas: las dos quieren ser las mejores en lo suyo. Máxima intensidad profesional.
Cartel promocional de la serie.
El comodín de Shakira
Tras perder su proceso con Hacienda, Shakira, en una nueva fase de empoderamiento tras atizar a su ex (Piqué) en la canción con la que regresó a la cima, escribió una carta abierta acusando a la Hacienda española de machismo. “Lo más frustrante fue comprobar que una institución del Estado parecía más interesada en quemarme públicamente en la hoguera que en escuchar mis razones… con una estrategia en la que subyace un prejuicio machista… Hay un machismo estructural que da por descontado que una mujer solo puede seguir a un hombre, incluso cuando no le conviene. Un machismo que sobrevive en sectores de la burocracia estatal en una sociedad que —por suerte— ya piensa muy distinto”, escribió la diva colombiana.
¿El comodín del feminismo para salir de cualquier embrollo? "Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan", cantó Shakira a Piqué, salvo que las funcionarias de Hacienda también son mujeres y no van a parar hasta facturar lo que se debe.
En uno de esos giros de roles que tanto gustan a San José y Cobeaga, la inspectora de Hacienda —en teoría, la buena de la peli— bordea el sadismo en su cruzada recaudatoria por el bien común, bajo la cual hay también una disputa personal contra un mundo pop que le es ajeno. Empatías las justas. Trampucias bienvenidas sin son necesarias para hacer justicia. Es aquí donde la Machi inspeccionada por Hacienda (en la realidad), y la Machi mazo fiscal (en la ficción), se funden para deleite de todos: su inspectora puede llegar a ser odiosa, pero como Hacienda somos todos, es una de las nuestras.
Si Hacienda no le ha hecho ya un homenaje a su antigua perseguida por encarnar a todos los inspectores laboriosos y ensimismados que en el mundo han sido, debería. O Carmen Machi como infantería económica de la dignidad última del Estado.
Lo dice la inspectora en la serie: "Las facturas no mienten". Las personas ya tal.
Carmen Machi visitó hace unos días El Hormiguero para promocionar su nueva serie, Celeste (estreno mañana en Movistar Plus+), en la que interpreta a una veterana inspectora de Hacienda empeñada en crujir a una cantante famosa, basada en el mediático conflicto de Shakira con el fisco español, que acabó en acuerdo para evitar males mayores: la cantante colombiana admitió el fraude, una multa de 7,3 millones de euros y una pena de tres años de cárcel, que no cumplió al no tener antecedentes.