Llega el 'true crime' sobre el asesinato de Anabel Segura: ¿hay límite para estas historias?
La nueva serie de Netflix sobre el secuestro de esta chica en La Moraleja en 1993 es otra muestra más de la saturación de los programas sobre crímenes reales en la actualidad
Las niñas de Alcàsser. El caso Asunta. El cuerpo en llamas (es decir, el crimen de la guardia urbana). Monstruos o la historia de Lyle y Erik Menéndez, que asesinaron a sus padres y después usaron la coartada de que habían estado en el cine mientras sucedían los hechos. Jeffrey Dahmer, por supuesto. La extraña muerte de Elisa Lam en el macabro hotel Cecil de Los Ángeles.La serpiente, que es como se conoció a Charles Sobhraj, que se dedicaba a asesinar a los jóvenes que hacían el Hippie Trail por el sudeste asiático. La desaparición de Madeleine McCann. El crimen neonazi de Lucrecia. Y ahora, a todos esos, se une 900 días sin Anabel (Netflix), una serie documental que se estrena el próximo 22 de noviembre y que contará la historia del secuestro más largo de España (el de Anabel Segura), que conmocionó a toda la sociedad.
¿Nos estamos pasando?
El true crime está viviendo una edad dorada. Si bien los sucesos han interesado siempre a la población, con solo echar un vistazo a algunos de los títulos mencionados arriba podemos observar la saturación de las propuestas, ya sean en formato ficción, docuserie o documental. Hace unos meses trascendió la noticia de que Patricia Ramírez (madre de Gabriel Cruz, niño conocido como El pescaíto y asesinado por la pareja de su padre, Ana Julia Quezada) llevaba meses rogando que no se realizara un documental, que no contaba con su permiso, sobre la historia del asesinato de su hijo. Tras diversas comparecencias ante los medios (e incluso una visita al Senado el pasado mes de junio) consiguió finalmente que la producción del documental no siguiera adelante, después de rogar a la productora que no añadiese más angustia a un dolor que ya es incurable.
En ocasiones como esta, los documentales de true crime no cuentan con el beneplácito de los familiares de alguna de las partes. Cuando se estrenó El cuerpo en llamas (Netflix) en 2023, Rosa Peral concedió una entrevista a El matí de Catalunya Ràdio para especificar que ella no había obtenido ningún beneficio económico tras el estreno de la serie protagonizada por Úrsula Corberó: "Lo único que he conseguido es que la gente me hunda". En otras, sí se obtiene un beneficio económico, lo que pone en tela de juicio la ética o moral del asunto. Tras el documental de HBO sobre el asesinato de Edwin Arrieta, el programa de televisión Aruser@s de La Sexta desveló que Rodolfo Sancho habría recibido entre 120.000 y 150.000 euros por aparecer en el documental, lo que le serviría para la defensa de su hijo en Tailandia.
La actitud de Rodolfo Sancho, en el documental sobre su hijo el descuartizador, es imposible de entender. ¡Es que hay trozos en los que se muestra hasta orgulloso de él! El final de este vídeo hiela la sangre. pic.twitter.com/swQUMTzU4e
Contaban a El Confidencial los creadores de Lucrecia: un crimen de odio (Disney+) que no debe haber normas generalizadas sobre las polémicas de llevar crímenes a la gran pantalla. "Cada historia es única y cuando un creador se acerca a ella es porque quiere contar algo y buscar un sentido", decía la directora, Garviñe Armentia. "En este caso hay un crimen y parece que nos encasillamos por eso dentro del true crime pero también hay un trasfondo sobre lo que había sucedido y por qué, al final lo que surge es un retrato social". Quizá habría que preguntarse, antes de nada, por qué nos interesa tanto el true crime.
Como en muchas ocasiones los asesinos conocen a la víctima, eso hace que la gente se cuestione sus propias relaciones personales
En Midnight Assassin: A Murder in America's Heartland, la profesora emérita de Derecho Patricia Bryan y su marido, Thomas Wolf, analizaban un crimen acontecido a principios del pasado siglo XX y analizaban la cobertura periodística que se le había dado. Ya en 1900, los diarios se preguntaban por qué a la gente les atraen estas historias, como sugiere un extracto de un artículo del periódico The Des Moines Daily Capital, que incluyen en su ensayo: "La gente escucha estas cosas porque desconciertan. Surgen constantemente muchas preguntas: ¿Qué le llevó a hacerlo? ¿Realmente lo mató de esa manera?". Como en muchas ocasiones los asesinos conocen a la víctima, eso hace que la gente se cuestione sus propias relaciones personales.
Otras teorías al respecto señalan que uno de los atractivos de los crímenes reales es que producen una sensación de que el sistema judicial no es infalible y claramente no funciona en algunos casos. Además, en muchos casos este tipo de programas sensacionalistas (en formato pódcast o en televisión) suelen añadir una estructura típica de misterio y la identidad del asesino no se revela hasta el final, lo que anima a los oyentes a examinar las pruebas y averiguar por sí mismos lo que ocurrió.
Hablamos con el investigador y sociólogo Pablo Redondo, para entender un poco la psicología detrás de este interés macabro.
PREGUNTA. En los últimos tiempos están produciéndose muchísimas docuseries o series de true crime. Desde un punto de vista sociológico, ¿por qué crees que las consumimos tanto?
RESPUESTA. Como entretenimiento siempre nos ha interesado el morbo detrás del delito, pero es verdad que tradicionalmente esto se veía más en novelas, películas, series... las nuevas plataformas parece que han puesto de moda el documental. Al final lo que sucede es que los medios de comunicación nos muestran casos reales, nos hemos acostumbrado a que las noticias nos informen constantemente de crímenes muy sonados, que igual nos pasamos un mes o más siguiendo el caso en tiempo real. El que se me ocurre ahora porque ha sido muy reciente es el de Daniel Sancho. Estás en el día a día con el caso, te acabas familiarizando con él y esa curiosidad e instinto de saber más te lleva a que cuando una plataforma saca una serie pues queremos conocer todas las versiones.
P. El caso de Daniel Sancho es particularmente impactante, no sé si por eso ha interesado tanto a la gente. Pero a veces también nos interesan historias que ahora no salen en las noticias, como el nuevo documental de Anabel Segura...
R. Son casos distintos. Respecto a los delitos del pasado también hay mucha intriga detrás, como pasa con las niñas de Alcàsser. A veces los ingredientes parecen tan poco reales que estamos asistiendo a lo que parece una película, por eso nos interesa. En el de Daniel Sancho es que estamos ante un caso con unos ingredientes muy morbosos porque es algo totalmente atroz, lo del descuartizamiento parece de ciencia ficción. Y encima se junta que es una persona "conocida" porque hemos convivido con su padre y su abuelo y siempre tenemos una percepción de que los famosos tienen que tener una vida ejemplar. Entonces, al encontrarte con eso... choca más porque son personajes públicos.
P. ¿Crees que en períodos de crisis la gente consume más este tipo de contenido?
R. No creo que tenga que ver con la crisis en concreto. Creo que tiene más que ver con la vida acelerada que llevamos. Es muy difícil desconectar del día a día, al final llega la última hora de la noche y te apetece evadirte. Además, sirve para relativizar tus problemas, el ver que hay gente que desde luego está peor que tú.
P. También me resultan llamativos esos casos de enamoramientos del asesino, se me ocurre Charles Manson, o Miguel Carcaño que le mandaban cartas de amor a la cárcel. ¿Por qué nos fascinan estas figuras?
R. En la criminología (o sociología del delito) se habla de la desviación social. Estas personas al final se salen de las pautas de comportamiento normales y esto genera interés porque se sale de lo común. Tienen la capacidad de atraer a personas que no están conformes con la sociedad en la que viven y no aceptan las normas sociales, gente que se sale de los cauces. Aunque en el caso de este tipo de desviaciones hablamos de crímenes, claro, que al final es algo muy específico.
Las niñas de Alcàsser. El caso Asunta. El cuerpo en llamas (es decir, el crimen de la guardia urbana). Monstruos o la historia de Lyle y Erik Menéndez, que asesinaron a sus padres y después usaron la coartada de que habían estado en el cine mientras sucedían los hechos. Jeffrey Dahmer, por supuesto. La extraña muerte de Elisa Lam en el macabro hotel Cecil de Los Ángeles.La serpiente, que es como se conoció a Charles Sobhraj, que se dedicaba a asesinar a los jóvenes que hacían el Hippie Trail por el sudeste asiático. La desaparición de Madeleine McCann. El crimen neonazi de Lucrecia. Y ahora, a todos esos, se une 900 días sin Anabel (Netflix), una serie documental que se estrena el próximo 22 de noviembre y que contará la historia del secuestro más largo de España (el de Anabel Segura), que conmocionó a toda la sociedad.