Esta banda ha publicado un disco entero dentro de una Game Boy con canciones de más de 13 minutos
Hablamos con Ramper, un grupo granaíno que ha causado mucho revuelo en el 'underground' español tras cuatro años de silencio con un álbum que ahonda en los terrores de la infancia
Una carta de Yu-Gi-Oh, la Game Boy Advance y el CantaJuegos. Estos tres elementos típicos de la infancia de los 2000 son los que mejor podrían condensar el universo sonoro de Solo Postres, el segundo álbum de Ramper. Tras cuatro años de silencio desde su primer disco, estos cuatro jóvenes andaluces han irrumpido en la vorágine de novedades musicales de este otoño con una propuesta arriesgada y macerada a fuego lento. En una época de estribillos cortos y pegadizos, en la que las canciones perduran en el inconsciente colectivo lo que dura un vídeo de TikTok, ellos se han atrevido a lanzar un largo de más de una hora de duración con temas de más de 13 minutos, haciendo resurgir esa pasión melómana por la escucha atenta y al detalle.
No en vano, muchas de las melodías contenidas en el disco se cantan como un susurro, bajo orquestaciones de Semana Santa o siguiendo desarrollos que nada tienen que envidiar a las de los grupos internacionales más experimentados en lo que a generar paisajes sonoros se refiere. Ya en su debut, Nuestros mejores deseos (2020), despertaron de nuevo la sensibilidad post-rock que impregnó los 2000 con sus progresiones lentas y estallidos incendiarios de ruido. Ahora, con esta nueva entrega discográfica, expanden su particular universo sonoro mucho más allá, ahondando en los terrores infantiles y las palabras de despedida que reservamos para nosotros mismos, entre otros muchos temas que reniegan de explicitar.
Paraíso perdido o patria, como diría el poeta, la infancia es esa época vital en la que poco a poco descubrimos el mundo, con todas sus luces y sombras. Bendita imaginación la del niño o niña que, con su poderoso puño, hace que cualquier objeto cobre vida de repente o sirva para el juego, que las historias fantásticas se conviertan en realidad o que las procesiones de Semana Santa induzcan a la más épica pesadilla. Todo ello se puede encontrar en Solo postres, un ejercicio de poesía simbolista que nos retrotrae a esos veranos eternos de la infancia, a esas presencias fantasmales en el cuarto cuando los padres apagaban la luz, como pruebas iniciáticas de una vida espiritual que pronto es acallada por el mundo adulto.
"Buscábamos crear ese mundo ominoso y oscuro, y las canciones de Semana Santa aparecieron en las 'jams' sin ser conscientes"
“Cada canción es como un relato corto de personajes que se sienten insignificantes y atemorizados por el mundo”, explica Ángel Oreste, guitarrista, en conversación con este diario. “No se trata de una ópera rock ni nada por el estilo, no componemos con una estructura fija, buscando estrofas o aislando estribillos, sino que vamos añadiendo capas para crear ambientes sonoros: ahora más oscuro, ahora más luminoso”.
Por ello, uno de los objetivos a la hora de dar a luz a este nuevo álbum fue contradecirse a sí mismos y a los preceptos del género. “No queremos hacer canciones complejas porque sí", admite Joserto López Rosales, el alma rítmica de la banda. Para generar un ambiente, se necesita tiempo. "Buscábamos inducir una sensación de tensión que poco a poco se va liberando. No hay crescendos en el disco, sino desarrollos espaciales y emocionales que avanzan, como andar por un camino”. Además, lo han sacado en un formato de lo más original: en un cartucho de videojuego de la Game Boy Advance. ¿Para qué más debates sobre si CD o vinilo?
"Ya están agotados", admite Antonio Martín Ruiz, al bajo y violín. "Vimos un tutorial en YouTube en el que un señor metía la película de Tenet en cartuchos de la Game Boy en trozos de 20 minutos cada uno, y pensé que podíamos hacer algo parecido con nuestro disco. Luego, investigando, di con un sello americano de vaporwave que había sacado uno, así que quisimos imitarlo. Nos pillamos una máquina por una tienda de Internet francesa, y pensamos en un inicio que no funcionaría. Al final, lo conseguimos. Era bastante difícil apañárselas para meter un disco tan largo en un cartucho tan pequeño, luego diseñar la caja como si fuera un videojuego y todo lo demás. No quedan copias ya, solo tenemos unas pocas para llevar a los directos".
la gente nos pregunta casi a diario si lo de los cartuchos de GBA es real así que bueno, aquí una demostración desde la DS (la tocha, la buena) del amigo @paurieraf 👾 pic.twitter.com/8h657P6366
— ramper (@ramper_dep) October 1, 2024
Tocar rápido y a tiempo es difícil, pero más aún jugar con las dinámicas, alternar intensidades, mirar a los músicos y saber cuándo entrar o guardar silencio. De ahí que Solo postres se fraguara en largas improvisaciones en el local, en las que todo podía pasar y nada estaba escrito. “Al ser de distintas ciudades, nos recluíamos en el campo para componer”, explica Antonio. Él y Joserto son de Granada, ciudad que está en el ojo internacional en cuanto a música se refiere después de que la academia de los Óscar nominara a Segundo premio (el biopic de Los Planetas). Por otro lado, Ángel es natural de Antequera, Málaga, y Álvaro Romero, el cantante, de Córdoba. Cada fin de semana, los cuatro se enclaustraban en un cortijo aislado del resto del mundo en el municipio de Dúrcal, sobre el que pesa la tradición más folclórica.
"Sí, nos gustan Los Planetas, crecimos con sus discos, pero no nos gusta lo que representan, al final la escena peca mucho de esa nostalgia"
Precisamente, el folclore español está más que presente en el disco, pues la mayor diferencia respecto a su álbum debut en cuanto a estilo es la introducción de saetas de Semana Santa. Incluso, del CantaJuegos "Vamos a contar mentiras", que a medida que va terminando "Día estrellado", la segunda canción, sufre una reformulación del original. Con todo, han traído de vuelta esta música tradicional y religiosa que, según ellos, no figuraba en sus planes iniciales. “Buscábamos crear ese mundo ominoso y oscuro, y las canciones de Semana Santa aparecieron en las jams de repente”, admite por su parte Álvaro. No en vano, aunque la formación original solo esté compuesta por estos cuatro músicos, tienen las espaldas bien cubiertas al incluir arreglos y orquestaciones de violín, chelo, clarinete, flauta, trompeta y trombón.
“Nos sentimos muy agradecidos de tener amigos que tocan genial y a los que hemos liado para que aparezcan en el disco”, asegura Antonio. “Muchas de las partes orquestales emergen de los ensayos”. Mención especial para Elvira Simancas y sus coros, quien también les ayudó a plasmar en papel de manera concreta las improvisaciones que iban surgiendo en los ensayos. “Lo de agregar temas de Semana Santa fue un poco accidental, nuestros amigos empezaron tocando en cofradías, y es algo que hemos mamado desde pequeños, por lo que encajaban perfectamente en esa atmósfera ominosa que queríamos crear”.
"Apenas hay locales de ensayo ni salas donde tocar en Granada, y encima las instituciones la venden como 'ciudad del rock"
Como granaínos, son parte de una escena musical sumergida que queda muy lejos de los años 90 y sus fetiches, encarnados de manera general en el rock planetero. “Sí, nos gustan Los Planetas, crecimos con sus discos, de hecho versionamos “La Caja del Diablo” en un homenaje, pero no nos gusta todo lo que representan, porque al final la escena peca mucho de esa nostalgia que juega muy en contra de la música que se hace actualmente en la ciudad”, admite Ángel. “Entiendo que antes fueran contracultura; Granada hace esfuerzos brutales para explotar ese género que ellos patentaron y que alcanzó el estatus de cultura dominante. Las bandas que están haciendo cosas nuevas y arriesgadas de verdad son penalizadas por la escasez de locales de ensayo y salas en las que tocar, y encima las instituciones lo venden como ‘ciudad del rock’. Ese rock que antes era contracultural ahora es bastante inmovilista”.
“No creas”, le responde Antonio. “Al fin y al cabo, mucha gente que vive en Granada no sabe quiénes son Los Planetas, los artistas conocidos con Dellafuente o Lola Índigo, que a mí me gustan, pero vendes esa visión romántica de la escena indie en Granada que no existe, solo lo vive el público que está dentro de esa escena, la cual es bastante cerrada”. Ellos reconocen también ser parte de un movimiento musical algo hermético que emerge de vez en cuando a la superficie, sobre todo gracias a la labor de Internet y, de manera especial, a la de sellos como el suyo, Humo Internacional, de quienes hablaremos a continuación. “Existe un micromundo de público al que le encanta nuestra música, son muy fieles, y nos sentimos muy agradecidos por ello”, asegura Antonio, quien cita, junto a los otros, a las bandas amigas que conforman esa Granada musical underground: Ianis ANISAKIS, cuandoelmarpierdelasconchas o Niños Luchando son algunas de las formaciones hermanas que resaltan.
El nuevo resurgir de Humo Internacional
Esta situación desfavorable para los músicos underground no es única en Granada, como decía Ángel, sino un mal endémico en todo el territorio español. La falta de locales de ensayo y de salas en las principales capitales de provincia, sumado al hecho de tener que conciliar la vida personal y laboral y, a la par, exponerse todo el rato en redes sociales... todos estos factores hacen que apostar por proyectos musicales que se salgan de lo normativo o de las modas del momento sea una labor suicida. Como suicida puede verse el movimiento del sello al que Ramper pertenecen, Humo Internacional. Dirigido por Sara Roca y Pablo Fernández desde Oviedo, este otoño han dado un golpe de la mesa al sacar ya seis álbumes nuevos de artistas y bandas ampliamente desconocidas pero con gran recorrido en la escena alternativa.
"Es un homenaje a una forma de vivir la música, a los sellos, a la prensa musical y a las tiendas de discos, a descubrir música por los colegas"
"Me pareció una ida de olla total", admite Sara, en conversación con este periódico. "Es muy arriesgado afrontar tantos lanzamientos desde el punto de vista financiero. Las bandas que hemos sacado ya y las que todavía están por salir tienen muchas cosas en común, no tanto desde el punto de vista del estilo, sino en su forma de componer y apoyarse unas a otras". Algunas como Dame Área ya han alcanzado cierto estatus internacional, sobre todo después de su loca actuación en KEXP. Otras, como Somos La Herencia, ya llevan varios años en activo (y han entregado, por cierto, un álbum totalmente radical en forma y contenido). Lo cierto es que todas ellas han dado un paso de gigante tras el fichaje por Humo Internacional, antaño Discos Humeantes.
"Esto es un homenaje a una forma de vivir y escuchar la música", admite Sara. "Un homenaje a los sellos alternativos, a la prensa musical y a las tiendas de discos, a descubrir música por los colegas... Nosotros, somos ya mayores y venimos de otro mundo, cuando era joven me fiaba a ciegas de las discográficas que me gustaban, y queríamos recuperar un poco ese sentimiento, de descubrir nueva música gracias a tus amigos y a los sellos, y no tanto al algoritmo". En las próximas semanas vendrán más lanzamientos que, como el de Ramper, dan cabida a géneros radicales, propuestas sonoras vanguardistas y a formas de disfrutar de la música que se alejan de lo convencional.
Una carta de Yu-Gi-Oh, la Game Boy Advance y el CantaJuegos. Estos tres elementos típicos de la infancia de los 2000 son los que mejor podrían condensar el universo sonoro de Solo Postres, el segundo álbum de Ramper. Tras cuatro años de silencio desde su primer disco, estos cuatro jóvenes andaluces han irrumpido en la vorágine de novedades musicales de este otoño con una propuesta arriesgada y macerada a fuego lento. En una época de estribillos cortos y pegadizos, en la que las canciones perduran en el inconsciente colectivo lo que dura un vídeo de TikTok, ellos se han atrevido a lanzar un largo de más de una hora de duración con temas de más de 13 minutos, haciendo resurgir esa pasión melómana por la escucha atenta y al detalle.