La editora española descubridora de la Nobel Han Kang: "Si la lees te va a cambiar la vida"
Iolanda Batallé leyó por primera vez el manuscrito de 'La vegetariana' en 2016 y "fue uno de los mayores flechazos de mi vida. Al día siguiente compré los derechos", cuenta a El Confidencial
Cuenta la editora Iolanda Batallé que cuando leyó por primera vez a Han Kang “me encontré con una fiera literaria con la que tuve uno de los flechazos más grandes que he tenido nunca”. Así de expresiva y apasionada lo dice. Enseguida vio, incluso, que tenía entre sus manos una autora que tarde o temprano ganaría el Nobel y así se lo llegó a contar a su hijo que entonces tenía doce años. Este jueves, mientras tenía una reunión con el equipo de trabajo de Ona Llibres, la casa cultural en la que trabaja, se enteró de que su vaticinio se había cumplido al recibir varias decenas de mensajes y llamadas a su móvil. “He pegado un grito de felicidad que se ha escuchado desde Pau Claris a Plaza de Catalunya”, ha confirmado verdaderamente exultante a este periódico.
Batallé, que entonces tenía el sello Rata (independiente, pero de la mano de Enciclopedia Catalana), se topó con el manuscrito en papel de La vegetariana en la Feria del libro de Frankfurt allá por 2016. En aquel momento la surcoreana era una absoluta desconocida. Ni siquiera había ganado todavía el Booker Internacional, el premio que la pondría en órbita en Occidente. Fue la agente Bárbara Zitwer, toda una veterana de la industria y con extraordinario buen ojo, quien le ofreció el manuscrito en canutillo de esta novela.
La editora se lo llevó a una cafetería para leerlo y allí se produjo la pasión entre lectora y escritora. “Me lo leí entero. Me pareció una brutalidad lleno de belleza. Escribí a Bárbara y le dije: quiero todo lo que tengas de ella. Al día siguiente compré los derechos al castellano y al catalán de La vegetariana y de Actos humanos”, comenta. Entonces todavía era una escritora “barata”. A partir de ahora no se podrá decir lo mismo.
Así fue como en 2017 La vegetariana llegó por primera vez a las librerías españolas y se hicieron las primeras presentaciones por el país. Gracias a una editorial pequeña que había creído en la literatura. Cuando Han Kang acudía a Barcelona siempre iba a cenar con Batallé. En esos encuentros se produjeron algunas anécdotas graciosas. “Es super tímida y no habla nada. Un día estábamos cenando con ella, su traductora, mi pareja y mi hijo. Ella no hablaba nada, y su traductora era todo lo contrario. Después le dije a mi hijo que era una escritora muy buena y él me dijo, ¿pero cuál es la buena, la que hablaba o la que no? En esa misma cena le dije a mi hijo, esta mujer ganará el Nobel. Y hoy, cuando me he enterado, a quien he llamado primero ha sido a mi hijo, que ahora tiene 20 años. Se lo he dicho y me ha contestado ¡joder!”, revela entre risas Batallé.
"Hace años le dije a mi hijo, esta mujer ganará el Nobel. Hoy al primero que he llamado ha sido a él, que me ha dicho: ¡joder mamá!"
Además de los derechos de La vegetariana, un libro del que dice que por sí mismo bien vale un Nobel, y de Actos humanos, “que también es la hostia, muy crudo”, la editora compró después Blanco, del que afirma que es un bellísimo poema en prosa. Una muestra de lo dúctil que puede ser esta escritora sobre la que insiste: “Si la lees te va a cambiar la vida. Es de las escritoras que te cambian la vida”. Prácticamente no se puede llegar más alto con el piropo.
Por otro lado, hay otros dos factores que esta editora destaca de la nueva Premio Nobel. Uno de ellos es su juventud, de hecho, este es uno de los aspectos que más han llamado la atención tras conocer la noticia. Con 53 años es la mujer más joven en conseguirlo. Anteriormente solo Kipling y Albert Camus -dos hombres- se lo habían llevado antes de cumplir los 50. “Esto significa que podemos tener todavía muchos años más de libros suyos”, apostilla Batallé.
El otro es que, de alguna manera, este Nobel da una bofetada a todos aquellos que en su país, Corea del Sur, apenas le hicieron caso con La vegetariana. “La ignoraron totalmente. Es una sociedad tremendamente heteropatriarcal y este es un libro que habla del cuerpo, de la feminidad de forma dura”, manifiesta. Es obvio que ahora con este galardón para las letras surcoreanas no lo evitarán tan fácil.
Derechos echados a perder
Hay otra parte en esta historia. Batallé fue la editora de Rata, un sello que tenía una pasión por los libros increíble aparte de una puntería muy certera. Muchas veces ambas cosas van unidas. Fue ella la que también publicó a Olga Tokarczuk en catalán antes de que le dieran el Nobel. “Sí, este es ya mi segundo Nobel”, ratifica. Pero cuando en 2018 Batallé fue nombrada directora del Institut Ramon Llull, “en Enciclopedia catalana decidieron poner Rata en el congelador. Y ahora sigue congelada. Ahora vemos que igual no hay que congelar un proyecto así”, manifiesta con un poco de pesar.
Porque cuando se congeló lo que ocurrió es que los derechos de los libros se desvanecieron. Nadie los renovó. “Y mira que les insistí en que lo hicieran. Por mí no quedó”, recuerda. “Enciclopedia dejó morir los derechos y yo no quería que se perdieran esos libros”, cuenta. Batallé había trabajado durante diez años en Penguin Random House y conocía a su CEO, Nùria Cabutí, perfectamente. “Yo hice las gestiones para que Random lo comprara y ahora me alegro muchísimo de que la publiquen. No fue para nada un robo. Yo hice de puente. Yo soy generosa… pero supongo que en Enciclopedia se estarán tirando de los pelos”, comenta. La escritora que no era conocida acabó en el gran grupo editorial..., pero es lo que pasa en la vida cuando no se pone atención, cuando se descuida... Y la mala suerte.
Todavía quedan en Rata dos títulos de Kang, Actos humanos y Blanco. También están en catalán. Por si quieren conocer a la nueva Nobel, esa autora que, según su descubridora y ya amiga en España, te cambiará la vida.
Cuenta la editora Iolanda Batallé que cuando leyó por primera vez a Han Kang “me encontré con una fiera literaria con la que tuve uno de los flechazos más grandes que he tenido nunca”. Así de expresiva y apasionada lo dice. Enseguida vio, incluso, que tenía entre sus manos una autora que tarde o temprano ganaría el Nobel y así se lo llegó a contar a su hijo que entonces tenía doce años. Este jueves, mientras tenía una reunión con el equipo de trabajo de Ona Llibres, la casa cultural en la que trabaja, se enteró de que su vaticinio se había cumplido al recibir varias decenas de mensajes y llamadas a su móvil. “He pegado un grito de felicidad que se ha escuchado desde Pau Claris a Plaza de Catalunya”, ha confirmado verdaderamente exultante a este periódico.