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Los muertos españoles del Titanic cuyas familias compraron cadáveres para cobrar la herencia
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Los muertos españoles del Titanic cuyas familias compraron cadáveres para cobrar la herencia

Hablamos con Carmen Posadas, que publica 'El impostor del Titanic', una novela policíaca donde entrelaza realidad y ficción del buque más famoso de todos los tiempos

Foto: Foto: Topical Press Agency/Getty Images.
Foto: Topical Press Agency/Getty Images.
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Cuando el Titanic se hundió aquella madrugada del 14 al 15 de abril de 1912, también había un grupo de españoles que viajaban en el buque aparentemente indestructible. Si hacemos un rápido cálculo, a nuestros compatriotas no les fue especialmente mal en esa lotería en la que acabaron en el fondo del océano 1.496 personas del total de los 2.208 pasajeros. De los diez españoles, siete consiguieron salir con vida aquella noche. Los tres que no lo hicieron fueron un camarero y dos pasajeros de primera clase cuyos cuerpos jamás llegaron a encontrarse. Sus familias se toparon entonces con las complicaciones que lega alguien que ha muerto en un naufragio pero no ha dejado un cuerpo para demostrarlo: no podían heredar o casarse de nuevo, pues en aquella época tenían que pasar 20 años hasta que se daba a las personas oficialmente por muertas. En una situación semejante, ser un poco ilegal y comprar un cadáver parecen unas opciones bastante atractivas.

A partir de esa anécdota real, que en una cena le contó el juez Manuel Marchena a la escritora Carmen Posadas, ella ha tejido su nueva novela ( El misterioso caso del impostor del Titanic), que a partir del 9 de octubre estará en librerías. Posadas, simplemente, ha tirado un poco más del hilo de la imaginación para crear una historia de detectives: ¿Y si de pronto apareciese ese supuesto muerto para reclamar que en realidad es un superviviente del barco? "Del Titanic se ha escrito muchísimo", admite la escritora en entrevista con El Confidencial. "Cosas reales y falsas, yo me he querido documentar muchísimo con ayuda de mi nieto para que la parte histórica fuera lo más ajustada a la realidad posible, aunque esté entrelazada con la ficción".

"He conocido la historia de una enfermera que era el colmo del gafe. Llegó a embarcar en tres barcos diferentes y los tres se hundieron"

Porque, aunque parece que ya se ha contado todo del Titanic, su historia nunca deja de fascinarnos. Periódicamente no solo se recuperan objetos que llevan más de 100 años sumergidos en el corazón del océano, también historias inverosímiles, aunque ciertas. "Hay una en concreto que me llamó especialmente la atención", asegura Posadas. "Una enfermera que era el colmo del gafe, que llegó a embarcar en tres barcos diferentes y los tres se hundieron. Ella logró salvarse en las tres ocasiones", (así que quizá no era tan gafe).

Fascinada también con las novelas de Agatha Christie, Posadas ha querido escribir una novela negra recuperando a un personaje muy especial: el detective Ignacio Selva, un personaje que en realidad salió de la mente de Emilia Pardo Bazán (que también aparece en el libro) y que existió en la realidad. "Al descubrir que a Emilia le gustaba la crónica negra como a mí, se me ocurrió que Ignacio Selva podía ser un detective de aquella época".

placeholder Portada de la nueva novela.
Portada de la nueva novela.

"Ella aparece en el libro también, porque era una persona fascinante, una mujer muy moderna, muy divertida, todos los tíos estaban enamorados de ella... tenía todo tipo de novios, un príncipe ruso, un conde polaco, por supuesto Pérez Galdós, y también Ignacio Selva, que era un muchacho de buena familia gallego como ella, aunque 20 años más joven, al que convirtió en protagonista de sus novelas", señala.

El Selva de Pardo Bazán era un niño mimado, rico, algo así como un dandy depresivo al que Posadas asegura que la escritora intentó dotar de una profundidad psicológica que otros detectives, como Sherlock Holmes, no tenían. "Era un playboy, un vividor. De alguna manera, quería enmendarle la plana a Conan Doyle porque estaba muy influida por Freud y quería crear un detective más complejo", explica.

De los diez españoles que viajaban en el Titanic, siete consiguieron salir con vida aquella noche

A Posadas también le interesaba mucho este periodo de la historia porque "se considera que es cuando comienza el mundo moderno realmente. El Titanic se hunde y con él se hunde una era y surge otra. Empieza el feminismo, la reivindicación de la mujer, el mundo económico como lo conocemos ahora, hay muchos temas sociales... pero también cosas terribles que sucedieron con la emigración de España a América desde Asturias, Galicia, Cataluña, etcétera... eso también sale en el libro. He aprendido mucho sobre la esclavitud de la época, que es algo de lo que no tenía ni idea", explica.

"Desde luego la película hizo mucho por el mito, pero este ya existía", asegura Posadas. "Es un símbolo de los millonarios, de ese mundo antiguo que desaparece con el Titanic... murió tanta gente de segunda y tercera clase que se descubrieron unas diferencias sociales tremendas. Por ejemplo, se cerraron las puertas para que ellos no pudiera subir a las cubiertas. Como era un barco "insumergible" no había botes salvavidas suficientes y además los tiraron al agua medio vacíos... fue un verdadero escándalo. Creo que cambió la percepción que se tenía del mundo, y esa brecha entre los ricos y los pobres se acaba de soldar con la Primera Guerra Mundial porque fue la primera vez que combatieron juntos. Y, tras la guerra, también aparecieron algunos impostores. Ese asunto fascinante de los impostores sucedió de verdad".

Cuando el Titanic se hundió aquella madrugada del 14 al 15 de abril de 1912, también había un grupo de españoles que viajaban en el buque aparentemente indestructible. Si hacemos un rápido cálculo, a nuestros compatriotas no les fue especialmente mal en esa lotería en la que acabaron en el fondo del océano 1.496 personas del total de los 2.208 pasajeros. De los diez españoles, siete consiguieron salir con vida aquella noche. Los tres que no lo hicieron fueron un camarero y dos pasajeros de primera clase cuyos cuerpos jamás llegaron a encontrarse. Sus familias se toparon entonces con las complicaciones que lega alguien que ha muerto en un naufragio pero no ha dejado un cuerpo para demostrarlo: no podían heredar o casarse de nuevo, pues en aquella época tenían que pasar 20 años hasta que se daba a las personas oficialmente por muertas. En una situación semejante, ser un poco ilegal y comprar un cadáver parecen unas opciones bastante atractivas.

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