Es noticia
La gran revolución de los románticos alemanes en la literatura que no se ha podido superar
  1. Cultura
el poder de la subjetividad

La gran revolución de los románticos alemanes en la literatura que no se ha podido superar

La germanista Helena Cortés Gabaudan publica 'Los Cuentos más bellos del Romanticismo alemán' que permite aprender de verdad sobre aquel cambio de paradigma cuyos ecos aún no se han extinguido

Foto: Caspar David Friedrich, 'Dos hombres contemplando la luna' (1819) Nueva York. (Museo Metropolitano de Arte)
Caspar David Friedrich, 'Dos hombres contemplando la luna' (1819) Nueva York. (Museo Metropolitano de Arte)

"Desde lo alto de un promontorio divisaron una comarca romántica, repleta de ciudades y castillos, de templos y sepulturas, que reunía toda la amable gracia de las llanuras habitadas por los temibles encantos de las soledades desiertas y los parajes poblados de abruptas peñas". Las líneas las podría haber firmado ese caminante, ese viajero exquisito y solitario al que Caspar David Friedrich inmortalizó de espaldas, uniendo su mirada a la del espectador, y conformando un icono: la expresión gráfica del Romanticismo.

Con motivo del 250 aniversario de la muerte del pintor, la atención se ha vuelto hacia esos paisajes y esos personajes tan característicos del movimiento, pero el Romanticismo fue mucho más que imágenes. Fue poesía, narración y ambiente, cultura asumida y encarnada en numerosísimos hombres y mujeres que sintieron que el tiempo era distinto y ellos eran otros: de no haber sido así no hubiera acabado constituyendo un auténtico cambio de paradigma, cuyas profundas raíces son visibles hasta la actualidad.

De entre sus manifestaciones literarias, una apuesta contundente: el cuento, por encima de la poesía, es el "máximo exponente de los ideales, temas, tono y estilo del Romanticismo alemán". La afirmación no la hace cualquiera. La escribe Helena Cortés Gabaudan, responsable de la edición de Los Cuentos más bellos del Romanticismo alemán, que ha publicado La Oficina. Dos años de trabajo, más de ochocientas páginas en tapa dura, que incluyen un amplio estudio introductorio y semblanzas de todos los autores, conforman la antología más completa de este género que existe en español. Al frente de ella, esta doctora en Filología Alemana, que ha traducido buena parte de los clásicos alemanes (es Premio Nacional a la Mejor Traducción 2021 por su trabajo en El Diván de Oriente y Occidente, de Goethe) y les ha dedicado diversas monografías. Además, Helena Cortés Gabaudan es miembro numerario de la Academia alemana de la Lengua y la Literatura (Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung) y Medalla de Oro Goethe de la Sociedad Internacional Goethe por su contribución a la Germanística. Su libro responde a su intención de "dar a conocer en España a los autores románticos, porque me doy cuenta de que se habla mucho del Romanticismo alemán, pero se lo conoce muy poco desde sus textos, y en parte porque solo están muy parcialmente traducidos al español".

placeholder 'Los cuentos más bellos del romanticismo alemán', de Helena Cortés Gabaudan
'Los cuentos más bellos del romanticismo alemán', de Helena Cortés Gabaudan

Que ¿por qué el cuento? Aparte de condensar en pocas (o no muchas páginas) los elementos y el pensamiento románticos, estos textos supusieron una forma nueva de hacer literatura: mezclaban géneros con la más absoluta libertad, experimentaban con la voz del narrador, constituían divertimentos dentro de otros cuerpos narrativos más extensos… En el cuento todo lo que parecía posible era posible —al menos, literariamente hablando— de modo que los siempre anhelantes autores románticos se dedicaron a cultivarlo. "Todo lo divino y todo lo bello es rápido y ligero", escribe Friedrich von Schlegel en Fidelidad y broma. Esa frase de un texto donde el autor filosofa principalmente sobre el amor condensa al mismo tiempo buenas razones de la querencia de los románticos por este género. Lo cultivaron desde los Grimm hasta E.T. A. Hoffmann, pasando por Heinrich Kleist, Clemens Brentano, Joseph von Eichendorff o Novalis, a cuya narración titulada El cuento de Klingsohr pertenecen las líneas que abren este texto.

Goethe y Schiller, románticos fuera de su patria

Si en la nómina anterior han echado de menos a dos de los grandes nombres de las letras alemanas, no se preocupen que enseguida aparecen. Entre los 25 autores que recupera el compilatorio de La Oficina no faltan Goethe y Schiller. Son dos casos especiales a los que en Alemania, como explica el estudio introductorio, nadie considera románticos, mientras que en España y Francia se les cataloga como las figuras más representativas del Romanticismo alemán. ¿Qué pasa aquí? Si parece una historia de misterio tan del gusto romántico… Helena Cortés lo explica: "En España tradicionalmente todo nos llegaba vía Francia y allí se hizo una recepción del Romanticismo alemán con muy pocos matices, como un fenómeno único, sin entrar en distinciones entre las distintas corrientes que convivieron en esa época de Gozne de 1800 y que, aunque es verdad que compartían un aire de época, tenían enormes diferencias entre sí. Una autora del tiempo llamada Madame de Staël viajó a Alemania y escribió un texto llamado precisamente De l'Allemagne, en el que daba a conocer a los autores alemanes de la época. En él concebía a Goethe y Schiller como románticos y ejerció una enorme influencia tanto en Francia como indirectamente en España. Pero, en Alemania, Goethe es: o bien, de joven, un autor del Sturm und Drang, con su Werther, es decir, un movimiento prerromántico, pero no puro Romanticismo; o bien ya de mayor, un autor clasicista que se aparta conscientemente del Romanticismo porque le parece antivitalista, caótico, formalmente imperfecto, etcétera".

A Schiller lo encontramos de nuevo entre esos precursores del Romanticismo. Comparece en el recopilatorio con el cuento El criminal por culpa del honor perdido, una historia de bandidos verdadera, como señala el subtítulo. Se inicia con una frase que resume buena parte de los intereses románticos: "En toda la historia de la humanidad no hay capítulo más instructivo para el corazón y la mente que el de los anales de sus extravíos". Efectivamente, todo lo que se aparte de los órdenes establecidos y prefiera la sombra a la luz —en sentido tanto literal como metafórico— atraerá a los románticos como un imán.

Todo lo que se aparte de los órdenes establecidos y prefiera la sombra a la luz atraerá a los románticos como un imán

Tres son las piezas de Goethe insertas entre Los Cuentos más bellos del Romanticismo alemán. Su nombre lo encontramos en el capítulo de precursores, en el del pleno desarrollo de la corriente y en el del Romanticismo tardío. Dado los años que vivió y su extensísima producción tanto en temática como género, se podría decir que el Romanticismo era lo que ocurría mientras Goethe escribía desaforadamente (y se encontraba con dicha corriente en algunos puntos de su trayectoria).

Pero si los nombres de la famosa pareja son los primeros que salen al encuentro de quien, desde España, se ponga a pensar en el Romanticismo alemán, hay otros muchos, poco o nada conocidos, que tampoco conviene pasar por alto. Precisamente este libro, que reúne treinta y dos relatos de veinticinco autores, está concebido en parte también "al rescate" de esos nombres. Porque "algunos de los mejores sí son bastante conocidos, como Novalis, Tieck o, sobre todo, E.T.A. Hoffmann, pero es que otros como Friedrich de la Motte-Fouqué, Achim von Arnim, o Eichendorff son igual de buenos y todavía muy pocos leídos en España. Por no hablar de otros excelentes, y a los que nadie conoce, como Zschokke, Salice-Contessa o Immermann", explica Helena Cortés.

Tormenta (de ideas) y otros elementos

El viaje iniciático, la naturaleza y su belleza abrumadora e insondable, salpicada de castillos, ruinas… Fantasía irrefrenable, llena de arquitecturas imposibles, sortilegios, prodigios, animales y plantas que hablan, seres que se transforman en otros o intercambian apariencias, que mueren y vuelven a vivir, autómatas, apariciones, fantasmas, fuegos fatuos, pactos con el diablo… Caballeros medievales, preferencia por lo pintoresco, algunos escenarios y nombres españoles… El mencionado gusto por los márgenes, el inexpugnable imperio del yo. A modo de tormenta de ideas, las pinceladas anteriores componen un cuadro bastante completo del ideario romántico. Se podría aún trazar una diagonal para añadir ciertas dicotomías interesantes: subjetividad e irracionalidad frente a civilización y ley, es una de ellas. Quizá la definitiva sea naturaleza frente a cultura.

Faltaría por añadir el gusto por lo popular, la historia y el folclore que se incorpora a las narraciones, a menudo en forma de versos o canciones tradicionales. Es un capítulo en el que merece extenderse.

Cuentos populares que no lo son tanto

"Mi madre me mató,
mi padre me comió,
mi hermana, la Marlene,
mis restos los buscó
[…]"

Fdo.: los hermanos Grimm. Los de Blancanieves y La bella durmiente. Esos, sí. En teoría, son reconocidos como los primeros folcloristas y la imagen habitual los sitúa viajando de pueblo en pueblo, recopilando historias de boca de los lugareños… No pasó. Estos lingüistas, expertos en gramática, se asociaron con los escritores románticos Clemens Brentano y Achim von Arnim para llevar a cabo el proyecto ideado por estos últimos: publicar una recopilación de cuentos populares. Finalmente, los ideólogos de la empresa desistieron y los Grimm se quedaron al mando. Teletrabajaban. Las historias les llegaban y no pocas veces las informantes eran jóvenes burguesas que poco tenían que ver con el folclore y el elemento popular que supuestamente se buscaba. Pródigos en el retoque y la paciencia, los Grimm no obtuvieron al principio buenos resultados, pero el éxito acompaña casi siempre a quienes insisten y esta ocasión no fue una excepción. Edición tras edición (siete desde 1812-1815 hasta 1857) los Grimm fueron modelando los cuentos, apartando lo demasiado sórdido, embelleciéndolos, imbuyéndolos del gusto de la época hasta que triunfaron. Y cómo.

'El enebro' es una macabra narración donde la madrastra hace una sopa con los cachitos de su hijastro y se la sirve al padre: los Grimm sin filtro

En Los Cuentos más bellos del Romanticismo alemán se incluye El enebro, una macabra narración donde la madrastra hace una sopa con los cachitos de su hijastro y se la sirve al padre: es un buen ejemplo de esos hermanos Grimm sin filtro.

A caballo entre el cuento habitual de autor, con una marcada intención estilística y literaria, y el de tradición oral, de fuentes difusas y edición mínima, las prácticas de los hermanos Grimm dieron lugar a un nuevo género: el 'género Grimm', que unía ambos y liquidaba la escisión clara entre el cuento artístico y el popular.

¿Dónde están las románticas?

Hay una autora entre todos los autores que componen el recopilatorio: Bettina Brentano, un personaje fascinante. De vida poco convencional, fue criada, al morir su madre, por las monjas y, al morir su padre, por su abuela. Su hermano Clemens Brentano fue también autor romántico, al igual que su marido, el mencionado Achim von Arnim, amigo del anterior. Tuvieron siete hijos y vivían de manera independiente, separados mucho tiempo, aunque se reunían para pasar los veranos en familia. La suya fue una relación muy epistolar y quizá eso sentó las bases de la carrera literaria que Bettina Brentano desarrolló, sobre todo después de la muerte de su marido, cuando ya tenía cincuenta años. Las cartas y la fantasía fueron dos elementos importantes de su narrativa. A veces se mezclaban.

placeholder La escritora romántica Bettina Brentano. (CC)
La escritora romántica Bettina Brentano. (CC)

De ideas avanzadas, se opuso a la pena de muerte, defendió la igualdad de derechos de las mujeres y, si tuviéramos que añadir más calificativos, a partir del relato seleccionado, podríamos decir de ella que era protoecologista, protoanimalista y activista antropocentrista. A saber, su cuento, El hijo del rey, presenta una reina atribulada porque no puede dar descendencia a su marido. Frustrada y castigada, se repliega a la parte de los jardines palaciegos que lindaban con los bosques, llenos de animales salvajes. Contemplándolos, "la reina sentía deseos de ser ella misma un animal de presa". Un buen día, de la nada (que para eso el Romanticismo es el reino de la fantasía) alumbra un hijo con las fuerzas de una criatura de siete años que le es arrebatado por una osa. Después de aquel, llegaron seis más que hicieron muy feliz al rey; a ella no. Quería al primogénito y se lo reclamaba a los osos, pedía información a las aves, por si estas, desde los cielos, tenían pistas sobre su paradero. Pero los animales no podían darle razón de aquel niño "porque los hombres los persiguen y no comparten nada con ellos, se limitan a tratar de arrebatarles la vida para comer su carne o quitarles su piel […]. Por eso, los animales no tienen compasión del ser humano […]".

El misterio del niño-animal se resuelve al final del cuento. El de las mujeres en la época lo desvela Helena Cortés que precisamente trabaja ahora en un libro sobre las mujeres del Romanticismo, de modo que, ¿dónde estaban?, ¿qué hacían las románticas? "Por primera vez, de un modo generalizado, empezaban todas a escribir, privadamente, casi siempre, aunque algunas se atrevían ya a publicar, muchas veces con seudónimo: estaban mal vistas las mujeres autoras. De las que escriben, pocas trascienden a los manuales de historia de la literatura, salvo Bettina Brentano o Annette von Droste-Hülshoff (como poeta y novelista), porque estas mujeres suelen hacer una literatura de género, por lo general novela sentimental o histórica, o crónicas de viaje, como modo para ganarse la vida cuando se quedan viudas o se divorcian. Sin embargo, contribuyeron de modo extraordinario a la cultura del tiempo gracias a su labor anónima como publicistas, como anfitrionas de salones literarios (hubo muchos en el Berlín romántico), como mecenas cuando eran princesas o grandes aristócratas, o apoyando desde la sombra a sus parejas escritores (y digo parejas porque es una época de muchos divorcios, casi todas se divorciaban de su primer esposo, impuesto por los padres de jovencitas, para casarse, cuando podían, con sus amantes). Fue una contribución callada a la cultura, pero no menos importante. Y aunque no publicasen, casi ninguna se privó de escribir en casa sus poemas o biografías, sin hablar de la importancia de sus casi infinitos epistolarios, una verdadera mina de información que hoy se está volviendo a rescatar en Alemania en ediciones críticas muy valiosas (por ejemplo, el epistolario de la salonnière berlinesa judía Rahel Levin, una figura esencial del Romanticismo)".

El Yo toma el mando (y todavía no lo ha soltado)

Los cambios de siglo suelen ser periodos fascinantes y críticos: siempre pasan cosas y siempre suelen ser relevantes. La de 1800, ha quedado claro, es la especialidad de esta traductora y editora: "Me interesa muchísimo precisamente en la medida en que somos herederos del cambio de paradigma que se produjo entonces".

El Romanticismo llega hasta nuestros días y está presente en distintos niveles, desde lo más o menos banal hasta lo más profundo, nuestra interioridad. Helena Cortés Gabaudan hace el recorrido: "De entrada, es evidente la larga estela que ha dejado la idea del 'amor romántico'. De manera superficial, no cabe duda de que sigue viva, alimentando a autoras 'románticas', culebrones, etc., y generando también muchas frustraciones en las parejas. En el capítulo de la novela de fantasía y de la novela de terror, es fácil reconocer la deuda con el Romanticismo, aunque de nuevo sea de modo, por lo general, bastante degenerado".

La cultura occidental es deudora, al cincuenta por ciento, del racionalismo ilustrado, por un lado; y de la subjetividad romántica, por otro

Como apuntaba el texto de Brentano, la ecología, la necesidad de naturaleza es un fenómeno que hunde sus raíces también en aquellos años: "El deseo de una vida más natural, la crítica a la explotación industrial, etc., todo esto se nutre directamente del cambio de paradigma en el concepto de naturaleza que surge con el Romanticismo. Y la visión del arte como algo sublime también es romántica. Pero si hay algo que nos define actualmente, que surge con la entrada en la Modernidad y se afianza y toma carta de naturaleza con el Romanticismo, es el Yo, la subjetividad, el verlo todo desde nosotros mismos y tener una exigencia permanente y nunca saciable de autorrealización. Resumiendo: la actual cultura occidental es deudora, al 50 %, del racionalismo ilustrado y el cientificismo positivista, por un lado; y de la subjetividad romántica, con todo el descubrimiento de las pasiones, emociones, fantasía, arte, etc., por el otro lado. Supongo que habría que echarle por encima a ese cóctel de dos ingredientes, la guinda que aporta la posmodernidad".

"Desde lo alto de un promontorio divisaron una comarca romántica, repleta de ciudades y castillos, de templos y sepulturas, que reunía toda la amable gracia de las llanuras habitadas por los temibles encantos de las soledades desiertas y los parajes poblados de abruptas peñas". Las líneas las podría haber firmado ese caminante, ese viajero exquisito y solitario al que Caspar David Friedrich inmortalizó de espaldas, uniendo su mirada a la del espectador, y conformando un icono: la expresión gráfica del Romanticismo.

Libros Literatura
El redactor recomienda