Un primer primerísimo plano de un toro que bufa. En el contraplano también bufa el torero Andrés Roca Rey. Clava la mirada, gesticula exagerado, afila el morro. Casi como imitando al animal. "Una amiga mía muy delicada que vive en París, vio eso y me preguntó que por qué los toreros ponen esas caras. ¿Quizás para asustar al toro? ¡Qué bonita y qué poética la idea, ¿no?! Imaginarse que los toreros actúan como un espejo, poniendo esas caras para asustar al toro". Albert Serra habla con El Confidencial de su última película, Tardes de soledad, un ensayo fílmico sobre la corrida protagonizado por Roca Rey y que compite por la Concha de Oro en la 72 edición del Festival de San Sebastián. Esta misma tarde se ha convocado una manifestación frente al Kursaal contra "el blanqueamiento de la tauromaquia por parte de Zinemaldi", según rezan los carteles.
Tardes de soledad se perfila como una firme —y polémica— candidata a la Concha, aunque para conseguirlo tendrá que ganar el favor de jurados como Jaione Camborda (O corno, 2023, ganadora en el año anterior) o Ulrich Seidl (Sparta, Rimini), dos cines con perspectivas muy diferentes y que prevén que será difícil llegar a un consenso. El sábado tendremos la respuesta.
En sus Tardes de soledad, Serra sigue a Roca Rey de plaza en plaza. Ha metido sus cámaras —rueda con tres simultáneas— y sus micrófonos donde nadie antes había llegado. Se escuchan las pezuñas arañar la arena, los bramidos mientras embiste, el filo de la espada atravesar la carne. Como en La sangre de las bestias (1949), el celebérrimo documental de Georges Franju dentro de un matadero, las imágenes crudas de la carne son directas, sin subterfugios. Muchas veces, los ojos piden apartar la vista. Pero aquí corren ríos rojos —la de Franju es en blanco y negro— por los costados de los animales y no hay ninguna voz en off que hile aquello que muestra la pantalla, que habla por sí sola. Fue un amigo de Serra, que dirige un máster de creación documental en la Universidad Pompeu Fabra, quien lo empujó a rodar —este— su primer documental.
"El único tema que está un poco cerca, que es un poco extremo, que por mis ligeros conocimientos y por el cine digital me puede resultar interesante es eso de los toros", explica Serra, que participó en la Sección Oficial de Cannes con Pacifiction (2022), su anterior película, que además obtuvo nueve nominaciones a los César, los equivalentes franceses del Goya. "Me comprometí y me insistía la persona del máster y, como no sé decir que no, el proceso se fue haciendo muy interesante, intentando mantener una perspectiva pura e inocente respecto a un tema que ya sabíamos que era controvertido".
Tráiler de 'Tardes de soledad'
Corrida tras corrida, Roca Rey se enfrenta al toro, como si quisiera inmolarse. Lo vemos en la furgoneta, antes y después, siempre ensimismado, a pesar de estar rodeado de su cuadrilla. Parece como si la única relación honesta y frontal la tuviese con el toro. Como si su único pensamiento estuviese consagrado a ese todo ideal. Sus compañeros lo halagan —a veces hasta lo cómico—, pero él siempre encuentra la falla, y se flagela. Quizás con un toro más bravo, quizás arriesgando un poco más cerca. Como a través de ese rival perfecto encontrase la eternidad pasando por la muerte.
Por primera vez se les escucha dentro de la plaza. Lacónicos y atávicos, se comunican a base de gruñidos. "¡Ey, oh!". Siempre con los "olé tus cojones" en la boca. Y su cuadrilla admira a Roca Rey como si fuese un semidiós. Y lo parece cuando, tras una cogida, decide volver al ruedo, con la cara ensangrentada y una herida abierta. Más allá de la carne y la arena, Albert Serra también retrata el rito, la superchería, el beso a las vírgenes, al crucifijo. Roca Rey siempre apela a la suerte. Serra consigue en Tardes de soledad que el resto del mundo desaparezca y que entre el espectador y la pantalla solo queden el toro y Roca Rey, frente a frente. No esconde el sufrimiento del animal, pero tampoco se regodea.
Otro momento de la película. (Andergraun Films)
"Hay gente que dice: ¡Oh, pobre!Pero es que el toro no sabe que existe la muerte, el toro no sabe que va a morir", prosigue Serra. "No tiene el concepto de muerte en la cabeza, así que no tiene ninguna tristeza. Los ojos los tienen tristes porque la vida los abandona y tienen menos energía. Es verdad que hay hasta poesía en esta imagen de que muere, sí, de que la vida se le va, se le escapa, le abandona".
A Serra le importa poco la opinión pública o la repercusión de sus palabras. Cataluña es, probablemente, uno de los territorios más inhóspitos para la tauromaquia, así que un director gerundense dirigiendo una película sobre la tauromaquia resulta una anomalía contestataria. "Mi relación con la tauromaquia viene desde pequeño; iba bastante con mi padre, pero a plazas de segunda categoría. Como mucho, alguna vez a Barcelona. Luego estuve el resto de mi vida sin ir nunca más. Pero luego, por amistad con el apoderado de José Tomás, fui varias veces a verlo a la Monumental de Barcelona. Pero, aparte de esto, sí me gusta la corrida, soy favorable a ella en el sentido de que prefiero que exista, no quiero que se prohíba; pienso que aporta algo interesante".
Aunque no dirige el discurso, Tardes de soledad sí se posiciona. Lo hace en el sentido de que "se nota cierto aprecio hacia la tauromaquia y hacia el protagonista principal, pero no renuncia a hacer cine, que es una causa en sí misma. Lo que la gente piense sobre el tema me es muy ajeno, me interesa lo que piensen de la película", insiste. No teme la acogida del documental en países poco familiarizados con la corrida "Me ha sorprendido incluso a mí que la película haya sido seleccionada en todos los festivales, por ejemplo en el Festival de Nueva York, Oslo, Montreal. Yo no sabía que iba a ser así. La mirada desde fuera no tiene nada que ver con la mirada de aquí. Fuera es una mirada más antropológica".
Albert Serra ha presentado este lunes en el 72 Festival de Cine de San Sebastián 'Tardes de soledad'. (EFE/ Javier Etxezarreta)
Serra se acercó a la idea de la película evitando cualquier prejuicio y apriorismo. "Quería que las cámaras buscaran y encontraran cosas que no se pueden ver con los ojos, cosas que nunca has visto, que nunca has sentido, que nunca has oído". Serra encontró la película en montaje, después de años siguiendo a Roca Rey y al torero Pablo Aguado, aunque este último no aparece en esta película. El material de aguado, eso sí, aspira a convertirse en otra obra. "La idea inicial era filmar a los dos toreros, Pablo Aguado y Roca Rey, y hacer un paralelismo entre ellos. Tienen personalidades muy distintas. En montaje nos dimos cuenta de que no podíamos hacer una película de cuatro horas, así que se acabó imponiendo Roca Rey, también por su fotogenia y su magnetismo personal".
No solo hay muerte en Tardes de soledad. También hay sentido del humor e ironía. Está mezclado el esperpento con el compromiso. La idea que atraviesa toda la película tiene que ver con que la vida en sí misma "no vale nada". "La vida hay que conservarla, pero para hacer algo grande, para hacer algo que sea superior a la simple conservación de la vida sin más, ¿sabes? Es para hacer cosas grandes, o sea. Te preguntas todo el rato qué lleva una persona a jugarse todos los días la vida, que es de lo que va la película. La vida en sí misma no vale nada".
Un primer primerísimo plano de un toro que bufa. En el contraplano también bufa el torero Andrés Roca Rey. Clava la mirada, gesticula exagerado, afila el morro. Casi como imitando al animal. "Una amiga mía muy delicada que vive en París, vio eso y me preguntó que por qué los toreros ponen esas caras. ¿Quizás para asustar al toro? ¡Qué bonita y qué poética la idea, ¿no?! Imaginarse que los toreros actúan como un espejo, poniendo esas caras para asustar al toro". Albert Serra habla con El Confidencial de su última película, Tardes de soledad, un ensayo fílmico sobre la corrida protagonizado por Roca Rey y que compite por la Concha de Oro en la 72 edición del Festival de San Sebastián. Esta misma tarde se ha convocado una manifestación frente al Kursaal contra "el blanqueamiento de la tauromaquia por parte de Zinemaldi", según rezan los carteles.