Alicia Valdés, filósofa, 32 años: "Hay que superar el 15-M porque a los de 20 años les suena a chino"
La autora analiza en 'Política del malestar' la importancia de las emociones para las estrategias políticas. Pide "pasar página" de movimientos como el 15-M, ya que se han quedado obsoletos para las izquierdas
Alicia Valdés (1992) apenas tenía 19 años cuando sucedió el 15-M, aquel movimiento que encumbró a líderes como Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y otros tantos ya desaparecidos. Estudiaba Políticas en Somosaguas y, como asegura, aquello le marcó. Pero también dice que ya es momento de pasar página y buscar alternativas distintas desde la izquierda en la que milita.
La suya es una voz feminista muy generacional y sus pensamientos los acaba de compartir en Política del malestar (Debate) donde analiza, desde perspectivas tan anatemas para la izquierda clásica y marxista como es el psicoanálisis, la importancia de las políticas afectivas y emocionales con estrategias comunicativas que, paradójicamente, siempre ha utilizado la derecha con muy buenos réditos. Por eso, Valdés afirma que hay que barrer la casa de la razón y la Ilustración, ya que se han quedado desfasadas como herramientas únicas para analizar la realidad que nos rodea.
Lo suyo es abrazar a Freud, a Lacan, a los posmodernos - a un montón de autoras apenas referenciadas, según asegura-, al feminismo interseccional y pasarle de una vez la bayeta a las políticas de izquierdas de los “filósofos machos” aunque les llamen “woke” o lo que sea. Así es la nueva sangre izquierdista de las que acaban de cumplir los 30. El mundo va a así de deprisa. Hablamos con ella por zoom:
PREGUNTA: La tesis que defiendes en 'Política del malestar' es que muchas veces hacemos cosas que no queremos, pero que no tiene que ver con lo material, es decir, por ejemplo, tener que trabajar en algo que no nos gusta porque hay que pagar un alquiler, sino que en estas decisiones intervienen otros elementos.
RESPUESTA: La tesis que yo intento compartir con el libro es que somos muy monoteístas. Siempre buscamos que los problemas sean únicos y las soluciones sean unicausales. Pero no podemos reducir las cosas a eso. Tenemos que intentar ir hacia análisis multicausales porque muchas veces cuando estamos intentando hacer un análisis desde este monoteísmo unicausal nos vamos directamente a las condiciones materiales o la razón, que nos ha pesado mucho como hijas de la Ilustración europeas blancas. Pero esto se está quedando desfasado. Cuando queremos analizar la tendencia al voto ya no es tan fácil como decir, esto se hace a través de la razón o condiciones materiales, sino que hay otra serie de elementos que juegan un papel clave y que forman parte del psicoanálisis y de la teoría de los afectos.
Política del malestar, de Alicia Valdés. (Debate)
P: ¿Cuáles son esos elementos?
R: Hay dos que son clave. Uno tiene que ver con los afectos. Cuando analizamos los atentados del 11-S vimos cómo cambiaba claramente la estrategia política. Empezaban a entrar las políticas afectivas y se hizo una gran movilización del miedo y de la ira a través de discursos con respecto a la seguridad. Se puso la seguridad por delante para decir que no a determinadas libertades y derechos. Por ese lado, el giro de los afectos, que ha estudiado muy bien el feminismo, es clave a la hora de comprender esto. Por otro lado, tenemos el deseo y el inconsciente. El deseo yo lo entiendo como una fuerza libidinal, un motor de acción y en ese sentido es clave porque se puede mover.
P: Estos aspectos siempre han tenido mala prensa para los analistas de izquierdas. De hecho, la izquierda marxista se caracteriza por centrarse mucho más en lo material. Lo que tú propones es bastante anatema: mientras se mira a los afectos la gente está en el paro o no tiene para comer.
R: Yo creo que es un falso debate el que hay entre lo material y lo discursivo. Como si lo discursivo no fuera a tener efectos sobre lo material. Cuando tú estás recibiendo un discurso de odio, estás recibiendo un discurso que está movilizando tu miedo y sufres una serie de consecuencias materiales. No solo es un falso debate sino que es una grieta estúpida en la que podemos caer las izquierdas, que es precisamente decir que lo material está por encima de lo discursivo o lo discursivo por encima de lo material cuando creo que son dos cosas que solo se puden entender de manera conjunta. El problema tiene que ver con esto y con la tradición de la Ilustración. Existe esta idea de que hay gente que es irracional y solo sigue pulsiones y afectos mientras que hay otras personas que son seres de luz de la racionalidad. Aquí creo que ha habido un fallo absoluto de estrategia por parte de las izquierdas cuando han señalado que no les interesaba lo afectivo ni las pasiones bajas ni lo que tiene que ver con el deseo porque es una cosa que no es relevante. Pero aquí como feministas tenemos que hacer hincapié en que esta diferencia entre razón y emoción o lo lógico y lo irracional son diferencias que vienen muy marcadas por el género y el racismo. El salvaje y la mujer son los que se dejan llevar por las pulsiones mientras que el blanco y el hombre son los que se dejan llevar por la razón. Honestamente reproducir todavía estos discursos de las izquierdas es un error y se está viendo ya que la gente más politizada ahora mismo de las izquierdas son personas que están en luchas que antes se consideraban secundarias como el feminismo o el ecologismo.
P: Sin embargo, este tema de los afectos lo ha entendido bastante bien la derecha, ¿no? Estoy pensando en todos los discursos sobre la alegría durante la pandemia, por ejemplo. La derecha siempre ha tenido muy presente la emoción.
R: Efectivamente. Podemos pensar en la propaganda de Goebbels, en la idea de la movilización con la alegría, pero también con emociones negativas como es ahora toda la narrativa contra la gente migrante. Lo que sí que creo es que ahora se está dando un cambio y no solo desde la derecha. Lo que nos está sucediendo es que no se está dando la conversación sobre algo que ya está sucediendo. Desde las izquierdas nos negamos a pensar que aquellas personas que son más políticamente afines a nosotras también están dentro de los afectos, aunque también es verdad que esto no ocurre en todas las izquierdas.
"Al analizar la tendencia al voto hay elementos que juegan un papel clave y forman parte del psicoanálisis y de la teoría de los afectos"
P: ¿Qué es esto que está sucediendo y de lo que no se está hablando?
R: Por un lado, la movilización de los afectos cada vez es mayor. Más allá de los discursos políticos, ahí tenemos los discursos de Llados, los discursos de consumo con plataformas como Temu [mercado online de ropa y artilugios muy barata] cuyo eslogan es “compra como un billonario” con la que está movilizando afectos y aspiraciones. En todos los aspectos tenemos cada vez más una movilización interesada de los afectos. Siempre se movilizan afectos desde el momento en el que estás con alguien, el problema es cuando se manipulan con un objetivo como puede ser aumento del consumo. Creo que sí existen algunas estrategias desde partidos de izquierdas y no solo desde partidos sino desde las izquierdas militantes donde estamos poniendo cada vez más los afectos en el centro. No podríamos estar hablando de afectos si no estuviéramos hablando del movimiento feminista. El problema tiene que ver con quién quiere hacer pública esta conversación y quién no.
P: ¿Quién no quiere?
R: La derecha no quiere que hablemos de teoría de los afectos y enseguida nos llaman ‘woke’ etc, pero lo paradójico es que la derecha es la que más ha movilizado con la teoría de los afectos. Lo de las cañas de Ayuso era eso. Es decir, hay una estrategia comunicativa cada vez más clara que utiliza la derecha y también movimientos de izquierdas por parte interesada. Pero una cosa es la movilización de afectos y otra la manipulación de afectos. Y la derecha no se quiere tener la conversación porque se destriparían sus estrategias de control.
P: Por otro lado, en el libro hablas del deseo desde una perspectiva psicoanalítica en la que queda como un deseo insatisfecho. Es decir, como decía Schopenhauer siempre queremos más, más y más y eso arrastra las estrategias para que consumamos más.
R: Sí, pero lo que digo es que esta cuestión del deseo no nos la tenemos que tomar como algo negativo ya que si de repente mi deseo, que es un motor, se viera satisfecho, dejaría de moverme. Y qué vida más triste una vida en la que no se desea. Lo que pasa es que la manera en la que el capitalismo usa el deseo es diciéndonos que hay un objeto que va a colmar ese deseo. Pero saben que es mentira y como no se satisface después te ofrecen otro objeto y así continuamente.
"La derecha no quiere que hablemos de los afectos y nos llama 'woke', pero es la que más ha movilizado con la teoría de los afectos"
P: Utilizas mucho el pensamiento de Freud y ensayos como 'El malestar de la cultura', pero Freud tampoco ha sido muy bien visto por la izquierda… Mucho menos por el feminismo.
R: Es que no sé qué campo del conocimiento está libre de ser un campo de hombres machistas, sexistas y racistas. Y al igual que no digo, a por saco la medicina, tampoco digo, a tomar por saco el psicoanálisis. Cuando decides desterrar el psicoanálisis pero no ramas como la psiquiatría, que es mucho más peligrosa y afecta a la vida de muchas personas, ahí hay algo que me chirría. Efectivamente, el psicoanálisis ha sido instrumentalizado por determinados estratos sociales altos para poder patologizar y echar de las sociedades a personas que no cumplían con determinados patrones. Si me preguntas por Freud, creo que hay que contextualizarlo y además hizo dos cosas que son interesantes. Por un lado, el descubrimiento del inconsciente y, por otro, fue el primero que dijo que las pulsiones sexuales no tienen que ir siempre vinculadas a la reproducción. ¿Que en 2024 nos parecen teorías anticuadas y erróneas y que han podido causar mucho dolor a la gente en la manera en la que entendió determinadas cosas vinculadas a la sexualidad sobre todo de personas LGTBI? Absolutamente. Pero a mí me parece muy interesante lo que hizo y por qué no voy a poder repensar el psicoanálisis.
P: En el libro también haces una crítica al filósofo “macho alfa”, el filósofo blanco, hetero... Dejas caer por ahí nombres como el de Zizek… pero, ¿alguno más concreto? Y, ¿por qué esta crítica? Me recordaba un poco a lo que ya se dijo de Sartre hace tiempo…
R: Hay algunos y los nombro de alguna manera en el libro… Sigo esta línea que planteó Luna Miguel y que es compartida por muchas autoras sobre el macho y quería llevármela al campo de la filosofía, ya que creo que hay una especificidad que tiene que ver con el académico macho y pensador macho. Por un lado, ellos son los primeros que dicen que solo hay un problema, solo hay una solución y por lo tanto solo hay un pensamiento. Se colocan como la piedra filosofal. Un caso es Byung Chul-Han que cada equis meses tiene un libro que tiene un nuevo título sobre un nuevo tipo de sociedad que es siempre la misma. Y creo que es una cosa que a mí no me interesa. Una cosa que pasa con el filósofo macho es que les da igual el espacio donde estén, el interés o no del público o la capacidad de universalizar su propia experiencia. Hace poco entró en la conversación la idea del capitalismo afectivo, que es cómo tenemos que manejar nuestros propios afectos para poder triunfar dentro del capitalismo. Y digo: hola, señores, esto nos lleva pasando a las mujeres y a las personas no blancas toda la vida. Es decir, todo eso de “sonríe, que estás más guapa”, “no seas una amargada en el trabajo”, “no contestes porque no tienes papeles” etc etc. Es decir, el capitalismo afectivo no les había tocado a ellos hasta ahora, pero no podemos decir que es un fenómeno novedoso.
Alicia Valdés. (Isabel Sangro)
P: Otro asunto que tocas, citando a autoras, es la patologización de determinados asuntos que tienen que ver con la salud mental. Por ejemplo, hablas de Ann Cvetkovich, que dice que la depresión es sobre todo un fenómeno cultural y social. Es un tema peliagudo…
R: Sí, lo es. Mi opinión es que el paradigma de la enfermedad mental es una cosa que tendríamos que empezar a replantear. No sé hasta qué punto se deben llamar enfermedades. Cuando hablamos de salud mental estamos poniendo un estándar y un ideal de lo que es la salud, de cómo deberían funcionar los aparatos psíquicos de las personas. La conversación cada vez es más amplia sobre la salud mental, término que detesto, pero esto no ha implicado que tengamos más conocimiento, más formación o que los recursos sean mejores. Ahora parece que se quieren hacer unos cambios en el Ministerio de Sanidad que apuntan a otros paradigmas, pero es una cosa peliaguda. Tenemos que empezar a diferenciar lo que es un síntoma de lo que es un trastorno. Creo que hemos pasado por un momento en el que todo afecto o toda emoción que no se sabe llevar o nombrar aparece registrada en el DSM. Es decir, cuando se tiene desasosiego no se dice, “tengo desasosiego” sino “tengo ansiedad”. Cuando estamos pasando por un duelo no decimos, estoy pasando por un duelo sino “estoy deprimido”. No tenemos palabras para tantos afectos y las que nos están dando provienen del campo de la psiquiatría, pero esta tiene una hipótesis y es que todas estas “enfermedades” vienen de una serie de regulaciones químicas en el cerebro etc cuando sabemos perfectamente que muchos de los malestares que estamos sufriendo vienen por causas sociales o de la biografía de un sujeto y no porque le pase nada en el cerebro.
P: Esa es una afirmación arriesgada…
R: Sí, es un tema muy complejo porque además nos afecta a muchas en muchos sentidos. Me gusta tener cuidado con estas cosas, pero lo importante es cambiar el paradigma por el cual estamos mirando todo esto y nos demos cuenta de que hay una clara patologización a través de la psiquiatría que además viene incentivada por los creadores de contenido en las redes sociales. Ahora mismo algo muy común es abrir tu móvil, entrar en Instagram y que te salgan cuatro personas diciendo que si tienes TDAH, autismo, depresión y cómo se tiene que tratar. Y lo que yo creo que esta patologización desde la psiquiatría tiene que ver con que es un nicho de mercado. Es decir, si digo esto, cuántas visualizaciones voy a tener etc.
P: Al final las ideas que arguyes en el libro van destinadas a un concepto que también proviene del psicoanálisis: el goce es el causante del mal de nuestros tiempos. Es decir, esa sensación placentera, pero que procede de algo malo. Pones como ejemplo cuando le dices alguien “te lo dije” porque en el fondo te estás regodeando en su error.
R: Es el malestar de la cultura, que decía Freud, aunque el concepto de goce viene de Lacan. Bueno, es una satisfacción y muchas veces tenemos satisfacción aunque haya un dolor, un displacer. El deseo no siempre nos conduce a algo placentero.. Por eso uso esa idea del “ya te lo dije”, que es un “jódete”. Muchas veces el displacer nos mueve mucho más que lo que pensamos.
"Sabemos que muchos de los malestares vienen por causas sociales o de la biografía de un sujeto y no porque le pase nada en el cerebro"
P: El goce engancha con el concepto del “yo ideal”, es decir, idealizar a personas que, sin embargo, te están haciendo daño. Analizas ahí cómo un trabajador puede votar opciones que, en realidad, no le benefician.
R: Es la idea de la hipnosis, de cuando nos hipnotizamos con alguien, que comparte muchas cosas con el enamoramiento. Milei es un gran ejemplo de esto. Es una persona a la que no le gusta el asado, que es la comida nacional de Argentina, no le gusta el tango, no le gusta el fútbol, odia a Maradona, se ha metido con el Papa… Y aun así ha conseguido ganar las elecciones. Aquí se mezclan muchos elementos. Primero, uno de goce muy grande. Cuando estás en una sociedad que va muy mal y que parece que no hay alternativa, muchas veces pensamos en que la solución es una especie de tábula rasa, que se vayan todos a tomar por saco y que la gente que no se lo merece va a estar fatal, pero yo que me lo merezco voy a estar bien. Y en este tábula rasa, en esta destrucción para empezar de cero hay mucho goce, hay una gran pulsión de muerte. Pero para que alguien llegue a ese punto tiene que tener una relación libidinal con ese líder. Pasa con Ayuso, de quien mucha gente dice, “es que dice las cosas como son”. Esto es interesante porque para conseguir esa relación libidinal con el votante el líder tiene que convertirse en lo que ellos querrían ser.
P: ¿Este tipo de líderes se desactivan con otra buena ración de afectos? Parece que es lo que estamos viendo en todas las estrategias comunicativas…
R: Es complejo. Nos vemos muy abandonados y huérfanos en este momento porque parece que hay una especie de imposibilidad de luchar contra la mentira. Cuando ves debates como el de Trump y Harris ves a una persona que está mintiendo todo el rato. ¿Cómo se puede tener una discusión con una persona que no atiende a la realidad? Trump, al igual que Milei, son personas que intentan construir una nueva narrativa sobre la realidad. Ellos nunca van a decir que están mintiendo sino que quien miente es el otro. Y más allá de entrar en la confrontación creo que debemos empezar a construir desde otros sitios. Ellos están intentando movilizar afectos y nosotros tenemos que movilizar también afectos y deseos, no nos podemos quedar siempre en esto de la razón y la Ilustracion porque ya no tiene sentido. No creo que debamos entrar en la manipulación de afectos, pero sí prestar atención a lo afectivo. Las alternativas, además, no están en el futuro, no es algo a construir a 80 años vista ni en la imagen idílica de hace 50 años. Y no sé cuánto vamos a ganar discutiendo en Twitter con cuatro bots y cuatro trolls, pero sí hacemos mucho haciendo un trabajo más de base.
P: Es lo que está haciendo la campaña de Kamala Harris. De hecho, el comunicado de Taylor Swift apoyando a Harris tras el debate y hablando de las chicas con gato va en esa dirección de movilizar afectos…
R: Nunca pondría a EEUU como ejemplo de nada, pero si tuviéramos que hablar de este tipo de estrategias sí, es una estrategia de movilización de afectos. Es lo que está intentando Taylor Swift a través de una figura que ha sido objeto de burla por parte de Trump como son las mujeres que nunca nos casaremos y tendremos ocho gatos. Supongo que sí, esta es una de las maneras. En el Estado español creo que esto se está haciendo también a través de podcast, redes municipalistas y de otro tipo de economía. La movilización que hace Taylor Swift la hace en un periodo electoral teniendo en cuenta que ese es su objetivo. Mi objetivo, como persona de izquierdas, no es que sea tener unas elecciones.
P: Al final acabas diciendo que lo que hay que hacer es tomar las calles. ¿Un nuevo 15-M?
R: Yo creo que tenemos que pasar un poco la página ya. Ya no tenemos 20 años y las personas que tienen 20 años el 15-M les suena a chino. Hubo un momento de muchísima movilización y fue un momento muy bonito porque nos organizamos muchísimo y conocimos a gente que sigue en nuestras vidas… Para toda una generación, y más para mí viniendo de Somosaguas y de Políticas, marcó una época. Pero creo que tendríamos que dejar de caer en esa romantización. Nos estamos quejando todo el rato de los viejos que nos decían “es que en mis años no sé qué, no sé cuánto” y ahora somos nosotras estos viejos. El 15-M tuvo cosas muy buenas pero hay cosas que tendríamos que repensar, por ejemplo, uno fue que todo el movimiento social lo acaparó un partido que fue Podemos y con eso creo que perdimos mucha fuerza en las calles y eso es algo que tenemos que volver a reconstruir. ¿Que esa reconstrucción de la movilización tiene que pasar por un 15-M? Pues mira, la vida cambia, ya está. Yo no me quiero convertir tampoco en una abuela cebolleta del 15-M.
"La vida cambia, ya está. No me quiero convertir tampoco en una abuela cebolleta del 15-M"
P: ¿Qué ha cambiado en estos casi 15 años para que haya que pasar página de un 15-M como el de 2011?
R: Creo que lo que ha cambiado en la escena política y en la agenda pública ha sido la lucha feminista interseccional. No podemos sacar de ahí al ecologismo, las compañeras “migras”, las trabajadoras del hogar, las trabajadoras sexuales… Creo que ha sido esto lo que lo ha revolucionado todo.
P: Pero a la vez el mundo está girando a la derecha…
R: Yo creo que ahí la izquierda tiene que generar más espacios. Ahora tenemos más espacios digitales para la construcción de comunidades políticas, pero creo que tenemos que crear más espacios presenciales. Y no creo que debamos poner todo el peso sobre los jóvenes. Además, desde las izquierdas debemos dejar de comprar los marcos a la derecha como lo de la migración circular etc.
Alicia Valdés (1992) apenas tenía 19 años cuando sucedió el 15-M, aquel movimiento que encumbró a líderes como Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y otros tantos ya desaparecidos. Estudiaba Políticas en Somosaguas y, como asegura, aquello le marcó. Pero también dice que ya es momento de pasar página y buscar alternativas distintas desde la izquierda en la que milita.