Florida prohíbe 23 libros de Stephen King por "pornográficos": "¿Qué demonios?"
El Estado regido por el ultraconservador Ron DeSantis aprobó una ley que restringía los libros con contenido erótico explícito en las escuelas. Las grandes editoriales de EEUU acaban de demandar a Florida por violar la libertad de expresión
Lo anunció el pasado viernes un soliviantado Stephen King en x.com (red que, pese a todo, todavía ofrece destellos de información): “Florida ha prohibido 23 de mis libros. ¿Qué demonios?”. El escritor, que se acababa de enterar de que habían sido retirados de las bibliotecas de los colegios, no pudo evitar esta reacción apasionada. Lo cierto es que tampoco es el primero que sufre la censura en el estado norteamericano.
Y no lo es porque el Estado de Florida, donde gobierna el republicano ultraconservador Ron DeSantis, lleva meses en una cruzada contra determinados libros en las escuelas. En 2023 los Republicanos aprobaron una ley -ley HB 1069- que prohibía que los colegios pudieran ofrecer a sus alumnos cualquier tipo de material que contuviera material sexual explícito. Fue a raíz de las quejas de grupúsculos radicales como Moms For Liberty, que mantenían que sus hijos tenían acceso a novelas que ellas consideraban lascivas, pornográficas, malas. La normativa permite a los padres impugnar de las bibliotecas públicas escolares libros que consideren sean de esta índole o tengan relación con la identidad de género. Puesta la queja, libro prohibido. Así de sencillo.
Pero lo cierto es que en esta avalancha censora llevada a cabo en estos meses han entrado títulos que si tienen algo pornográfico entonces todos habitamos ya en el Jardín de las Delicias de El Bosco. Ahí están Paraíso perdido, de John Milton, La casa de los espíritus, de Isabel Allende, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Beloved, de Toni Morrison, El color púrpura, de Alice Walker, Catch-22, de Joseph Heller, En la carretera, de Jack Kerouac, The Firm, de John Grisham, El Dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy, Juego de tronos, de George R.R Martin y hasta El Diario de Ana Frank.
“Me enfurece que se debata sobre poner armas en manos de los profesores, pero no tengo la confianza suficiente para poner un libro en manos de un niño. No sé qué significa esto para el futuro de las bibliotecas, los libros y la educación. Lo que sí sé es que aunque a nuestro Gobernador le encanta vender camisetas promocionando nuestro Estado como el “Estado más libre de Estados Unidos” y su versión de la libertad está destrozando las aulas y enviando a los maestros en busca de nuevas carreras donde no solo se reconozca su experiencia sino que sean tratados con el respeto y la dignidad que merecen”, señaló hace unos meses al Orlando Sentinel Karen Castor Dentel, miembro de la Junta Escolar del Condado de Orange y ex maestra de escuela primaria.
Los profesores de Florida se sienten en el punto de mira, ya que son ellos los que tienen que retirar los libros de la biblioteca (tras la presentación de las controvertidas quejas de los padres, que son los que mandan en estos colegios). La ley en cuestión concede cinco días para la retirada de los libros impugnados, que serán revisados por los distritos escolares y, si éste considera que no contiene material que es objeto de la norma, puede ordenar que sea restaurado en la biblioteca. Pero tras una queja nada de esto suele suceder. "Se está creando esta cultura del miedo entre nuestros especialistas e incluso entre los maestros que sólo quieren tener una biblioteca en sus aulas para que los niños tengan acceso a los libros", afirmó también esta profesora. Es decir, ante el miedo, retirada masiva.
Otra maestra, Andrea Phillips, relataba hace unos meses en una columna en The Independent el impacto en su colegio de Florida de estas nuevas medidas: "Trabajo en un barrio de nivel socioeconómico bajo y la mayoría de mis alumnos no tienen acceso a libros en casa. El año pasado, con la ayuda de mi familia, amigos y comunidad, pude comenzar a administrar una pequeña biblioteca gratuita. En su tiempo libre, los alumnos podían venir, elegir un libro, llevárselo a casa, traerlo de vuelta y cambiarlo. Les gustó mucho y se corrió la voz". Ahora muchos de esos libros ya no están accesibles para el préstamo.
Las seis grandes editoriales pusieron finalmente el pasado jueves una demanda al Estado de Florida por violar la libertad de expresión
La prohibición ya ha llegado a más de 3.000 títulos -de hecho, Florida es la gran campeona de la censura puesto que en EEUU en total se han censurado 4.349 libros-, pero no ha sido hasta ahora cuando han reaccionado las grandes editoriales. El pasado jueves, las seis grandes (Penguin Random House, Simon & Schuster, Hachette Book Group, HarperCollins Publishers, Macmillan Publishers y Sourcebooks) pusieron finalmente una demanda de 94 páginas al Estado de Florida por violar el derecho a la libertad de expresión que marca la Primera Enmieda.
“Las disposiciones complejas y demasiado amplias de la ley HB 1069 de Florida han creado caos y agitación en todo el estado, lo que ha dado como resultado que miles de clásicos históricos y modernos, obras que estamos orgullosos de publicar, hayan sido etiquetados ilegalmente como obscenos y retirados de los estantes”. “Los estudiantes necesitan tener acceso a libros que reflejen una amplia gama de experiencias humanas para aprender y crecer. Es imperativo para la educación de nuestros jóvenes que se permita a los maestros y bibliotecarios utilizar su experiencia profesional para encontrar los libros de nuestros autores adecuados para el lector adecuado en el momento adecuado de su vida”, afirmó Dan Novack, vicepresidente de Penguin Random House (PRH), en un comunicado, según recoge The Guardian.
Por su parte, el periódico The Hill publicaba el correo electrónico del departamento de Educación de Florida enviado tras conocer esta demanda: “Esto es una maniobra publicitaria. No hay libros prohibidos en Florida. El material y la instrucción sexualmente explícitos no son adecuados para las escuelas”.
Lo anunció el pasado viernes un soliviantado Stephen King en x.com (red que, pese a todo, todavía ofrece destellos de información): “Florida ha prohibido 23 de mis libros. ¿Qué demonios?”. El escritor, que se acababa de enterar de que habían sido retirados de las bibliotecas de los colegios, no pudo evitar esta reacción apasionada. Lo cierto es que tampoco es el primero que sufre la censura en el estado norteamericano.