Esta escritora que estuvo en el frente avisa: "En Ucrania ya nadie siente nada"
Tamara Duda estuvo en el Donbás en 2014 y de allí salió la novela 'Hija del Donetsk'. En septiembre estará en el Hay Festival de Segovia y cuenta sus experiencias en esta conversación
La escritora ucraniana Tamara Duda. (Cedida por la autora)
La escritora ucranianaTamara Duda (Kiev, 1976), una de las voces más importantes de su país con premios como el prestigioso Shevchenko, ha pasado el verano en Polonia en una residencia de escritores. Un momento de calma, pero no exento de sustos y tragedias como el cruel ataque a comienzos de julio a un hospital infantil de Kiev que acabó con decenas de víctimas. Sus hijos estaban entonces en la capital ucraniana. Piensa que les podía haber ocurrido lo que a su madre, de 71 años, herida en un ataque el año pasado en el norte del país. Ahora está bien, pero quedó dañada en una mano. Tuvo suerte.
Esos golpes al corazón son su día a día desde la invasión rusa el 24 de febrero de 2022. Han pasado más de dos años y Duda lo confiesa a El Confidencial en esta charla vía Zoom realizada a mediados de julio: “Estamos todos agotados. Mis hijos tenían que haber venido a Polonia antes, pero mi hija cogió un virus y estaba enferma. Mis padres viven muy cerca de ese hospital, de hecho, se puede llegar andando, está a un kilómetro o kilómetro y medio. Así que lo vieron y lo escucharon todo. Las explosiones… todo. Y sin embargo, como me dijo mi hija, no sintieron nada. Se sentía entumecida, con total insensibilidad. No sentía ni dolor, ni miedo, ni pena ni nada. Y yo lo puedo entender porque en Ucrania la tragedia está continuamente. Y ya no se siente nada”, comenta.
Duda, que regresará este septiembre a Kiev y que también pasará por España para participar en el Hay Festival de Segovia, un vibrante certamen de debates e ideas con el que colabora El Confidencial, está viviendo la guerra muy de cerca. Prácticamente le pilló en las puertas de su casa en la capital. Cuando se produjo la invasión fue de las primeras en salir huyendo con su familia hacia la parte occidental, pero pasados unos días regresó en tren y se puso junto a su editora a organizar un grupo de voluntarios para ayudar en todo lo posible. Fueron los momentos más críticos de la ciudad ya que los rusos estaban a las puertas. El mundo entero -o al menos todos los que carecemos de información- pensaba que Kiev podría ser arrasado. No ocurrió y cuando pasó el peligro más inminente, ella y su editor decidieron meter varios centenares de libros en el coche y llevarlos a Polonia y la República Checa, donde se encontraban la mayoría de refugiados ucranianos. “Íbamos llevando libros e información sobre la guerra. El verano de 2022 lo pasé haciendo esos viajes por Europa. Y después ya me quedé en Ucrania”, cuenta.
Miedo en Kiev
Se quedó en Kiev porque, dice, era el sitio en el que tenía que estar. De alguna manera, en esos momentos era el frente de guerra, al que también había acudido en 2014 cuando la primera invasión rusa en el Donbás y cuya experiencia le sirvió para escribir el libro Hija del Donetsk, una mezcla de ficción y realidad que en español publicó la editorial Armaenia con traducción de Jacinto Pariente en 2023.
“En 2022 el frente de guerra estaba a un par de kilómetros de mi casa. En mi patio colocamos un montón de cosas para parar cualquier ataque. Fueron dos semanas de asedio de los rusos y fue tremendo porque nos quedamos sin comida. Hubo un día en el que solo tenía un kilogramo de harina… Cociné pizza usando lo que tenía y se la di a los dos chicos que tenía defendiendo nuestra casa. Por tanto mi voluntariado en 2022 fue directamente a mi casa”, explica.
"¿Qué hacemos si ahora entran los rusos en el edificio y en los apartamentos y empiezan a matar y a violarnos?" "Yo, tirarme por la ventana"
Todo lo recuerda ahora con cierto temblor de voz. No es fácil expulsar al miedo ni olvidar las situaciones traumáticas. “Teníamos que quedarnos en Kiev y hacer todo lo posible por defender nuestra ciudad. Una mujer de mi edad no podía luchar, pero sí podía cocinar, tratar con medicinas, llevar medicinas y apoyar a los vecinos y al resto de civiles que vivían en Kiev”, relata para describir a continuación el clima que había entonces en la ciudad. “Hubo un momento en el que había un permanente sonido de las bombas y era como una gran campana sonando todo el rato. A mí me hacía daño en los oídos por su sonido constante… Un día estaba sentada con mi editora Irina en mi apartamento y le dije: ¿Qué hacemos si ahora entran los rusos en el edificio y entran en los apartamentos y empiezan a matar y a violar a los ciudadanos? Y me respondió: “No sé lo que harías tú, lo que yo haría es tirarme por la ventana porque no quiero ser violada ni asesinada por los rusos”. Y estuvimos muy cerca de eso, la verdad”, señala.
Decepcionada
En 2014, apostilla, todo había sido muy diferente. Para empezar, afirma, porque ni siquiera hubo bombardeos aéreos de los rusos ni arrasaron ciudades y pueblos como sí sucedió hace dos años. A la propia ciudadanía ucraniana le dio tiempo a montar un ejército de voluntarios -en el que participó- y consiguieron esquivarse aquellas balas. Pero a Duda aquellos acontecimientos le supusieron su primera decepción con la comunidad internacional. “Si entonces las fuerzas europeas, si EEUU y los americanos hubieran presionado a los rusos quizá se hubieran prevenido los enormes ataques de después y todo lo que se desarrolló posteriormente. Eso es lo que creo”, sostiene.
Ahora está relativamente enfadada con el comportamiento de las fuerzas occidentales. Por un lado, pone por delante el apoyo europeo ofrecido a los refugiados. “Cuando se produjo el peor escenario, no solo de la pérdida de territorio sino de vidas, ustedes salvaron nuestro futuro, a nuestros niños. Eso es muy importante”, puntualiza. Pero también cree que después se ha sido demasiado laxo con Rusia. “Ucrania necesita armas y mucha más asistencia militar. Además, Rusia no está siendo prohibida en los mercados internacionales. Ellos reciben dinero del comercio del petróleo, del gas… Así que de alguna manera Europa también está patrocinando esta guerra… Pagan las armas con las que se matan a ucranianos. Al final es una balanza bastante desequilibrada”, manifiesta.
La escritora Tamara Duda. (Cedida por la autora)
Por su trabajo, da conferencias en Europa y en estos últimos meses ha tenido todo tipo de conversaciones con europeos que, cree, no acaban (acabamos) de entender del todo la situación de su país. “Siempre que me han hablado de los rusos me han intentado dar motivaciones de por qué los rusos están haciendo lo que hacen, además de pronósticos sobre su comportamiento, pero yo les repito constantemente: no hay ninguna razón para hacer lo que hacen, no hay ningún tipo de interés legítimo…. Ellos lo único que quieren hacer es agarrar el territorio, los recursos y la gente. Para apoyar su propia economía, sus hogares… ya que muchas veces lo que hacen es robar electrodomésticos y se los llevan a su casa en Rusia”, sostiene.
"Los rusos no se van a parar. Y no se van a quedar satisfechos únicamente con Ucrania. Ellos ambicionan mucho más"
También cree que muchas veces estamos ciegos con respecto a la conducta rusa. No piensa que sea un régimen dispuesto a la negociación. “Para nosotros está bastante claro que los rusos no se van a parar. Y no se van a quedar satisfechos únicamente con Ucrania. Ellos ambicionan mucho más: Polonia, los países bálticos… ellos quieren Europa. Y ahora mismo no podemos apelar a su razonamiento ni a lo emocional, ni a su amabilidad, ni a su moral, ni a los valores humanos. Es como si estuviéramos tratando con bárbaros muy destructivos”.
La escritora insiste en lo peligrosa de la situación, aunque, obviamente, con una cerveza o un tinto de verano en la mano en una terraza española sea bastante difícil verla. Duda cree que ni siquiera los españoles estamos a salvo. “Nuestra situación es muy insegura. Me preocupa que si esta guerra no se para en Ucrania se pueda extender a otros países de Europa. Y no tenemos la posibilidad de parar la guerra mediante la negociación ni mediante las palabras. Tenemos que destruir sus bases, sus armas, su ejército. Hasta entonces… Ellos tienen bombas nucleares y eso podría ser un peligro bastante grave para todo el mundo. Yo ahora estoy mirando a estos niños que están jugando aquí en Polonia y ellos son tan inocentes…”, recalca una vez más con la voz emocionada.
Explosión literaria
Las palabras quizá no sirvan para parar las balas, pero sí amortiguan la desesperación. De hecho, esta escritora reconoce que a la par que la guerra hay toda una ebullición literaria en el país. La gente sí quiere poner palabras a lo que está viviendo. Escribir para frenar el miedo, para acompañarse. Lo que siempre ha hecho la literatura y la cultura, aunque parezca una frase cursi.
“Sí, estamos viviendo una avalancha de nuevas voces, nuevos autores, más palabras… En literatura y en otro tipo de artes. Hay una nueva ola de autores modernos ucranianos. Sobre todo está ocurriendo en la poesía. Hay un aluvión de autores, sobre todo mujeres. Las mujeres y chicas están creando muchísimos textos ahora. Y sabemos que van a aparecer nuevas novelas también. Estamos viviendo un momento interesantísimo en la literatura ucraniana y espero que pueda ser traducido a las lenguas europeas”, apostilla.
Tamara Duda. (Cedida por la autora)
Le pregunto por qué cree que ocurre eso. Por qué en medio de los bombardeos (o el miedo a ellos) la gente coge papel y boli o un portátil y se pone a escribir. “Estamos todos traumatizados, todos nosotros necesitamos psicólogos…. Y al mismo tiempo tenemos una mayor lucidez. Todos sentimos unas enormes limitaciones, también de tiempo… No sabemos lo que vamos a hacer la próxima semana ni lo que va a pasar, por lo que estamos hiperconcentrados y lo guardamos todo. A mí me preocupa que mi diario sea destruido por las bombas. Mis colegas hacen lo mismo; guardan todo y tratan de escribir todo todo el rato. Porque lo queremos es dejar algo en el caso de que pase algo”, asegura.
Precisamente, la desgraciada contrapartida de esta explosión artísticaes que la gente (los escritores) están muriendo. Un amigo suyo escritor fue enterrado pocos días antes de esta conversación tras morir en un ataque ruso. “Estamos perdiendo escritores y lectores… La literatura ucraniana está perdiendo lectores cada día. Como las bibliotecas, que se están convirtiendo en lugares vacíos”, comenta con tristeza.
"Creo en Ucrania, en la humanidad y en Europa. Habrá una victoria de Ucrania y de la humanidad en esta guerra y reconstruiremos nuestro país"
Pese a ello, Duda, que tiene también una novela en la que la protagonista acaba bailando sobre la tumba de Putin, reconoce que es una mujer optimista. Como su madre después de ser herida por los rusos. Tiene esperanza. “Creo en Ucrania, en la humanidad y en Europa. Habrá una victoria de Ucrania y de la humanidad en esta guerra y después reconstruiremos nuestro país, recultivaremos nuestro suelo para que vuelva a ser verde, limpiaremos nuestros campos. Quizá en un futuro yo sea constructora o arquitecta o granjera para reconstruir Ucrania y hacer del país un lugar para vivir”, zanja.
La escritora ucranianaTamara Duda (Kiev, 1976), una de las voces más importantes de su país con premios como el prestigioso Shevchenko, ha pasado el verano en Polonia en una residencia de escritores. Un momento de calma, pero no exento de sustos y tragedias como el cruel ataque a comienzos de julio a un hospital infantil de Kiev que acabó con decenas de víctimas. Sus hijos estaban entonces en la capital ucraniana. Piensa que les podía haber ocurrido lo que a su madre, de 71 años, herida en un ataque el año pasado en el norte del país. Ahora está bien, pero quedó dañada en una mano. Tuvo suerte.