Fernando Trueba: "Aún no se ha hecho la gran película de la guerra civil. Quizá nunca se haga"
Hablamos con el director sobre su nueva película 'Isla perdida', que se estrena en cines el próximo 23 de agosto. Y también sobre muchas otras cosas
En medio del ajetreo de Madrid, del ruido constante de los coches y el vaivén acelerado y propio de las grandes ciudades (incluso en un caluroso agosto), el estudio en el que nos recibe Fernando Trueba parece un recinto sagrado, rodeado de un jardín silencioso y tranquilo. Como una cueva ancestral, repleta de películas de otro tiempo, carteles de cine y libros apilados unos encima de otros, donde el cineasta se muestra seguro y recogido, a salvo, bebiendo café y rodeado de sus preciados objetos, como harían los grandes faraones. "Nunca bebo café antes de comer, pero haré una excepción" señala. Todo lo que Trueba dice es pausado y tranquilo, reflexiona con breves silencios meditabundos y después, apunta y dispara.
Hablamos de Isla Perdida, claro, la película que acaba de rodar con Matt Dillon y Aida Folch y que llega a los cines el próximo 23 de agosto, aunque también hablamos de muchas otras cosas. La historia de Isla Perdida nos traslada a una especie de Ítaca, una isla perdida en Grecia, donde Álex (Folch) comienza un nuevo trabajo como camarera en un restaurante donde conoce a Max (Dillon), el gerente, con el que también empieza una relación amorosa en la que nada es lo que parece. Un thriller de los de antes, rodado —prácticamente— en inglés.
PREGUNTA. ¿Cómo surgió la idea de rodar Isla Perdida?
RESPUESTA. Siempre me ha atraído mucho el género de suspense y no había tenido muchas oportunidades de trabajarlo. Recuerdo una época que tenía los derechos de una novela de Patricia Highsmith, pero luego de pronto me eché para atrás, no sé por qué, me dejé convencer de no hacerla. Tengo un guion incluso que escribí también de este género, un remake de una película vieja que escribí con David Newman (el guionista de Bonnie y Clyde) y que nunca he hecho. Quizá debería hacerlo. O sea que no es algo para mí ajeno, de alguna manera El sueño del mono loco (1989) participaba también de esto. De repente me apetecía escribir un original, hacer cine sin ninguna referencia. Lo bonito del cine de género —no es que a mí me gusten todos ni que sea aficionado, me gusta el cine negro, la comedia y para de contar— es que en el arte lo importante es lo que haces, pero siempre se habla de las referencias de la obra. Si uno hace cine social parece que tiene que hablar del paro o las injusticias, con lo cual no se habla de cine. Lo importante de una película es que cinematográficamente sea buena, para lo demás tienes un periódico o el sindicato. Nos hemos acostumbrado a confundir en el arte —especialmente en el cine— el hecho artístico en sí con el tema. Para mí es que al hacer una película de este género cuentas una historia y punto, y eso me apetecía, me ponía. Y sobre todo poder contar una historia que partiese de la realidad, como nosotros que estamos ahora mismo aquí, hace sol, se está tranquilo…
P. Sin pretensiones, ¿no? Una historia aparentemente sencilla, por lo menos al principio.
R. Exacto, eso me apetecía. Yo he hecho muchas películas donde el referente tiene importancia, ¿eh? No se la estoy quitando. Si cuento la historia de Tenorio Jr. o de Héctor Abad, pues por supuesto esas historias me importaron mucho. Pero me importaba el hacer con ellas cine, si no, déjalas porque el libro de Héctor Abad ya está ahí, lo que hay que intentar es aportar algo cinematográfico.
P. Te quería preguntar por Aida Folch, con la que has trabajado tres veces, ¿qué destacarías de repetir con un actor?
R. Pues es maravilloso. Mira Bergman, tenía cuatro actores o cinco y con ellos hizo toda su obra, imagino que eso da una tranquilidad, una seguridad… escribes para ellos. Igual que en la vida, te rodeas de una docena de personas que son con las que te sientes bien. Con Aida, desde que la descubrimos en un casting en Barcelona cuando tenía catorce años, pues quién nos iba a decir que diez años después rodaríamos una película en francés y diez años después otra en inglés. Es muy bonito, me gusta trabajar con ella porque es una curranta. Como todos los actores, hace cosas por decirlo de algún modo "alimenticias", que no le gustan, con las que incluso sufre… pero se lo prepara con la misma seriedad y el mismo rigor que cuando hace algo que le gusta mucho. Eso me encanta y me entiendo muy bien con ella. Al trabajar puedo decirle una broma y con eso le he dicho todo y ella lo entiende. Creo que hay que dejar al actor ser libre. ¿Qué es una buena interpretación? Primero que el personaje y los diálogos estén bien escritos, que son dos tercios de la interpretación, y luego que hayas elegido a un buen actor, y el trabajo detrás está en sus manos. El director tiene que conseguir que se toque la partitura con esos ingredientes.
P. Me da la sensación de que el cine ha cambiado mucho en lo últimos años, antes era más complicado rodar una película íntegramente en inglés, quizá por limitaciones de los actores, y ahora todo se ha globalizado…
R. Era, digamos, más excepcional. Pero en España hemos tenido a Borau haciendo una película en América, o a Summers, o a Ricardo Franco, Colomo, Bigas Luna… siempre ha habido la tentación esa de hacer "mi película americana". Y no porque quisieran ir a trabajar o quedarse en Estados Unidos, pero era la aventura americana. Yo me doy cuenta de que en mi caso, a posteriori, he rodado en un montón de países, (pero un huevo), y eso me gusta. Las historias te llevan a distintos lugares y regiones, y como yo considero que el planeta es un país, el país que yo reconozco es el de todos, de los animales, las plantas, las personas… mi constitución es
"Considero que el planeta es un país, pero a la vez admiro a gente como mi hijo que ha hecho todas sus películas en calles alrededor de su casa"
P. Hablando de tu hijo Jonás, que va a estrenar Volveréis, tú apareces en la película. ¿Cómo es ponerse a las órdenes de un hijo y, además, delante de la cámara?
R. Me dio mucho miedo, le dije: "Pero tío, ¿por qué no coges a un actor?". Me agobiaba mucho, pero me dijo que el personaje tenía que ser yo. Mi agobio era pensar que iba a estropear la película. Intenté hacerlo lo más… no voy a decir natural, lo más normal posible. No hacer un numerito de director que sale… intenté pasar desapercibido para hacer lo que me decía y ya está.
P. ¿Da más órdenes que tú o se parece a ti en la forma de trabajar?
R. Es distinto, pero también tiene algo en común conmigo, que es la manera de crear un grupo y el trato con el equipo. Conseguir crear un grupo de amigos con el que dialogar. Ahí sí me reconozco en él.
P. Yendo por otros derroteros un poco diferentes, ¿qué opinión te merecen las plataformas y el hecho de que cada vez haya menos ventana entre los estrenos en cine y la plataforma? Supongo que tendrás una mentalidad optimista y no creerás que el cine vaya a desaparecer.
R. Las plataformas están financiando cine y cada vez se dan más cuenta de que si una película pasa por las salas se les da más importancia que con eso del "estreno exclusivo en plataforma", que al día siguiente nadie se acuerda. Deberían mantener ellas los cines, creo que algunas lo están entendiendo. Son una nueva fuente de financiación y tienen sus ventajas. Por ejemplo, yo llevo aquí en este estudio los últimos cuatro días, tengo un proyector que se ve de puta madre, ahora mismo no hay ninguna película que me apetezca en el cine, pues he aprovechado para ver algunas que se me habían escapado. No había visto todavía nada de Alice Rohrwacher — no he visto La quimera porque la pasan a las cuatro de la tarde y a esa hora no voy al cine—, pero he visto Corpo celeste y Lazzaro feliz en estos últimos días y me ha parecido una tía con mucha personalidad. Gracias a las plataformas veo películas que se me han escapado, es cojonudo. Pienso en los padres que tienen niños pequeños que dejan de ir al cine durante una época, los que viven en un pueblo donde no quedan cines… es que solo se pueden decir cosas buenas de las plataformas. Lo malo es que eso sustituya al cine claro, lo fundamental es que existan las salas. Yo ayer habría preferido ver Lazzaro feliz en un cine con 60 personas, pero al menos he podido verla y oye, de puta madre también. Con lo que soy beligerante es con que el cine desaparezca: hay que volver a abrir salas en ciudades o pueblos que no tienen. Hace poco vi un reportaje de un pueblo de 300 personas que habían abierto un cine y era muy bonito porque veías a los viejetes del pueblo que acababan de ver 20.000 especies de abejas y estaban encantados porque veían el mundo de ahora. Hostia, esto deberían verlo los políticos y tomar nota.
P. Pero, ¿cómo lo incentivas? Si luego la gente no va al cine…
R. Esa iniciativa había salido de ellos. Lo bonito del cine no es solo ver la película, sino hablar. Salir de una película y estar dos horas comentándola en un bar. El cine recrea la vida y te hace pensar y enfrentarte a cosas. Eso, solo lo tiene el cine. No va a desaparecer nunca, es imposible. Lo que pasa es que ahora estamos en un momento turbulento de cambio y hay riesgos. Por ejemplo, lo de ver una serie a toda velocidad, que es como una enfermedad de nuestro tiempo... aunque eso que nos escandaliza tanto de lo de ver las películas a doble velocidad yo luego me quedé pensando y anda que no hay gente que se lee los libros en diagonal, sin saborearlos, solo para poder decir que los han leído. Eso es más antiguo que el cagar. O los que van por un museo a toda hostia sin ver nada… ¿no es lo mismo? Es muy bonito cuando lees a alguien como Hisham Matar, que habla de que en Londres durante años iba varias veces por semana a la National Gallery a ver solo un cuadro, durante veinte minutos, y luego se iba a una cita o a comer. Cuando yo era adolescente y hacía pellas por la tarde me iba al cine y por la mañana al Prado. En el Prado todos los copistas me conocían, y me encantaba eso de sentarme durante varias horas delante de El jardín de las delicias o Las Meninas. Y cada vez que vuelvo lo hago, me asomo y veo algo nuevo que antes no había visto.
"Estamos en un momento turbulento, de cambios, pero el cine nunca va a desaparecer"
P. Desde luego es una experiencia diferente a eso de ir al Louvre y ver todo de golpe.
R. ¿Qué película era, Banda aparte o Jules y Jim que cruzaban el Louvre corriendo? Pues igual…
P. Te quería preguntar otra cosa más peliaguda. Hubo una época en la que se decía constantemente que en el cine español solo se hacían películas sobre la guerra civil…
R. Joder, pues ojalá se hubieran hecho diez veces más. Yo creo que no existe la gran película sobre la guerra civil y es un gran fracaso, no del cine español sino del país. Imagina lo que habrían hecho los americanos con la guerra civil. Mira lo que han hecho ellos con la de Vietnam, con la mundial, con la de Corea… ¿Y nosotros? Está por hacer esa gran película, o quizá no se haga nunca.
P. Te van a criticar los lectores por haber dicho eso.
R. Pero, ¿por qué? Es una epopeya. ¿Por qué les va a sentar mal? ¿No les gusta la historia? ¿Qué problema tienen? ¿Cómo a alguien no le va a gustar que le cuenten la historia de su país? Me parece absurdo, no tiene explicación.
"Imagina lo que habrían hecho los americanos con la guerra civil. Mira lo que han hecho con la de Vietnam, con la mundial..."
P. Ahora, no te quiero preguntar en concreto por el tema catalán, pero sí por el tema de siempre, la cancelación…
R. Estoy con una película, por Dios. Quiero hablar de cine. No quiero hablar de esto.
P. Muy bien. ¿Qué nuevos proyectos tienes en mente?
R. Acabo de terminar una comedia, me apetece hacer reír a la gente y que se lo pasen bien. Y empiezo a rodar este año un documental con Niño Josele.
P. ¿Qué es más duro en el proceso de trabajo?
R. En realidad es todo precioso. Quizá lo más exigente es el rodaje, pero también puede ser un disfrute si estás contento con los actores. O quizá sufres. A mí me ha pasado de todo. Pero escribir es también muy bonito, aunque también tiene sus momentos difíciles, como los escritores. El montaje es maravilloso también, siempre que estés feliz con lo que has hecho, porque si no vas a convivir con algo con lo que estás jodido durante un tiempo.
P. Hablando de escritores, es una profesión muy solitaria, pero el cine es mucho más coral… no sé cuánto de artesanía y cuánto de arte ves en el cine.
R. En el cine trabajan muchos artesanos, pero es un arte. Yo soy muy sensible a la música, la literatura, la pintura… pero el cine es el que me arrebató en un momento y al que he dedicado mi vida. No todas las películas quizá sean arte, pero Fellini, John Ford, Renoir, Buster Keaton… eso, desde luego, es arte.
En medio del ajetreo de Madrid, del ruido constante de los coches y el vaivén acelerado y propio de las grandes ciudades (incluso en un caluroso agosto), el estudio en el que nos recibe Fernando Trueba parece un recinto sagrado, rodeado de un jardín silencioso y tranquilo. Como una cueva ancestral, repleta de películas de otro tiempo, carteles de cine y libros apilados unos encima de otros, donde el cineasta se muestra seguro y recogido, a salvo, bebiendo café y rodeado de sus preciados objetos, como harían los grandes faraones. "Nunca bebo café antes de comer, pero haré una excepción" señala. Todo lo que Trueba dice es pausado y tranquilo, reflexiona con breves silencios meditabundos y después, apunta y dispara.