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Muere Alain Delon a los 88 años, el último mito del cine francés
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Adiós al actor galo

Muere Alain Delon a los 88 años, el último mito del cine francés

Fue uno de los actores franceses más reconocidos en el mundo con películas como 'A pleno sol' y 'El gatopardo'. En sus últimos años coqueteó con la extrema derecha

Foto: Alain Delon en 'A pleno sol' (1960)
Alain Delon en 'A pleno sol' (1960)

Alain Delon ha muerto a los 88 años de edad en su residencia de Douchy, según han anunciado sus hijos este domingo en un comunicado. De este modo termina la existencia de una de las grandes vacas sagradas del siglo pasado, lento en su fenecer durante el actual, cuando la mayor longevidad de las celebridades produce tanto en medios como en redes sociales una especie de largo adiós de un mundo al borde de la desaparición, sin esfumarse jamás del todo.

La despedida del actor francés bien podría ser el auténtico punto y final de una edad de oro del séptimo arte europeo. En septiembre de 2021, el deceso de Jean-Paul Belmondo, íntimo amigo además de rival, hizo intuir su gran amargura ante esa particular suerte de ser el último de esa fila tan especial, algo por otra parte medio deseado ante muchos recientes y nefastos sinsabores, como la muerte de su exesposa, la actriz Nathalie Delon, o el haber padecido un accidente cerebrovascular y una ligera hemorragia cerebral, claves para limitar su movilidad y ratificar el anhelo de esa muerte, en cierto sentido anunciada en el Festival de Cannes de 2019, cuando tras recibir la Palma de Oro honorífica consideró terminada su vida, riquísima en peripecias y polémicas de todo tipo.

Foto: alain-delon-hijos-herencia-venta-patrimonio

Sus inicios fueron más o menos convencionales. Nacido el 8 de noviembre de 1935 en el seno de una familia pequeño burguesa, todo empezó a torcerse cuando solo contaba con cuatro años de edad, quizá la fecha más calamitosa del Novecientos, ese 1939 de guerra y sangre, en su caso ornada con la separación de sus padres, ser acogido en la casa de un guardián de prisiones y a la postre recalar por las segundas nupcias maternas en el círculo de un charcutero. Así parecía dibujarse el futuro, evitado por una serie de carambolas dignas de estudio entre la amistad con Dalida, con quien más tarde realizaría una versión de la canción 'Parole Parole', la protección de homosexuales de los bajos fondos parisinos y la amistad de Jean-Claude Brialy, impulso a su verdadera pasarela en el Festival de Cannes de 1957, donde llamó la atención de la concurrencia, si bien su éxito se forjó poco después, tras rechazar los cantos de sirena del productor David O. Selznick y coincidir con Jean-Paul Belmondo y Romy Schneider en sendos rodajes, respectivamente el de 'Una rubia peligrosa' y 'Amoríos'.

placeholder Alain Delon recibiendo la Palma de Oro honorífica del Festival de Cannes en 2019 (REUTERS)
Alain Delon recibiendo la Palma de Oro honorífica del Festival de Cannes en 2019 (REUTERS)

El esplendor de los sesenta

Para la prensa rosa, el noviazgo quinquenal con la actriz austríaca fue una excusa perfecta para catapultarlo a una popularidad vertiginosa, insuficiente para su ambición una vez entendió sus posibilidades frente a la cámara, no como comediante, sino como actor, metiéndose en cada papel mientras comprendía cuáles eran más idóneos a sus características.

1960 fue la gran encrucijada al estrenarse dos filmes referenciales en su trayectoria. Según la leyenda, en 'A pleno sol', de René Clement se plantó para imponerse como Tom Ripley, rol a priori designado para Maurice Ronet, quien se conformó con interpretar a Dickie Greenleaf en la adaptación de la novela de Patricia Highsmith, mucho menos violenta, eran otras épocas, que la versión de Anthony Minghella, más efectista y menos conseguida pese a su fama en la contemporaneidad.

placeholder Romy Schneider y Alain Delon en el lago Lugano. (Getty)
Romy Schneider y Alain Delon en el lago Lugano. (Getty)

El segundo jalón hacia la cumbre fue sublime desde cualquier punto de vista y supuso el debut de una intensa colaboración con el italiano Luchino Visconti. Delon protagonizó 'Rocco y sus hermanos', una joya de tres horas donde debió meterse en el cuerpo de un chico bueno hasta la tontería, inspirado en el príncipe de 'El idiota' de Fiodor Dostoievski, en esta ocasión trasladado al violento mundo de los inmigrantes en el norte de Italia de la segunda posguerra mundial, más dinamitados si cabe entre luchas intestinas, amores dramáticos, con su consagración en el techo de la Catedral de Milán, y triunfar como derrota individual y salvaguarda del clan.

Delon protagonizó 'Rocco y sus hermanos', una joya de tres horas donde debió meterse en el cuerpo de un chico bueno hasta la tontería

Su interpretación, potenciada por un excelso blanco y negro y un reparto casi inigualable, le valió repetir con el noble comunista en 'El gatopardo', indiscutible obra maestra donde encarnó a Tancredi Falconieri, sobrino del Príncipe de Salina y supremo oportunista de la inolvidable frase “cambiarlo todo para que nada cambie”, maná político de todo un sistema bien reflejado en esta versión fílmica de la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1963.

Ese Delon era tildado por sus detractores de sex symbol sin chispa, algo desmentido por sus actuaciones, o de bello tenebroso por sus partidarios. Este maniqueísmo omitía su riesgo a la hora de afrontar contratos, decantándose en el extranjero, como acaeció con 'Gran jugada en la costa azul', por ingresar un porcentaje de la recaudación en taquilla, preludio a su interés por el universo de la producción cinematográfica y de otros eventos, como los campeonatos mundiales de Boxeo.

placeholder Delon junto a Visconti
Delon junto a Visconti

Este gusto por jugar desde lo cotidiano, no sin cierta planificación, le llevó a probar una breve y aplazada aventura americana, destacándose a toro pasado 'El último homicidio', acompañado entre otros por Jack Palance y Ann-Margret. Esta incursión en una atmósfera negrísima puede conectarse de manera ideal con las luces y las sombras de la década de los sesenta, con las segundas apuntándole por sus complicidades con algunos elementos de los bajos fondos, juzgadas con luz y taquígrafos por la opinión pública, sobre todo en otoño de 1968, cuando tras la misteriosa muerte de Stevan Markovič, su chico para todo, surgió un escándalo con suficientes hechuras como para salpicar a las más altas instancias de la Quinta República, como Georges Pompidou, involucrado ante las acusaciones, más tarde desmentidas, contra su mujer.

Melville, Borsalino, Losey

La carrera de Delon tiene muchos matices, pero si quien escribe debiera escoger un instante iría directo a su asociación profesional con el cineasta Jean-Pierre Melville, uno de los mayores genios del cine europeo y quien mejor supo sacar partido a la versatilidad del actor en la trilogía compuesta por Le Samourai, aquí traducida como 'El silencio de un hombre', 'Círculo rojo' y 'Crónica negra', obras realizadas entre 1967 y 1972 con tanta entidad como para ser consideradas los pilares del cine negro francés y europeo.

En la primera, la bestia gala se pone en la piel del sicario Jeff Costello, un hombre en problemas, silencioso y sigiloso en su proceder. Los primeros minutos de la película son una maravilla incomparable, rematada, nunca mejor dicho, por las secuencias finales de un engranaje irrepetible, una lección de cómo narrar no solo desde las imágenes.

placeholder Delon junto a Melville
Delon junto a Melville

El idilio se ampliará en las dos siguientes, perlas con repartos actorales casi excesivos, de Gian Maria Volonté a Catherine Deneuve, de Bourvil a Yves Montand, y una tensión narrativa sazonada con mucho lirismo visual a través de una fotografía en color con trucos de blanco y negro, pues Melville pudo acatar ese cambio cromático debido a las exigencias de la televisión, eso sí, sin renunciar a su ideario, basado en una estética condenada a desaparecer por la imposición de una comercialidad centrada no tanto en las salas, sino en su posterior llegada a las pantallas de todos los hogares.

En este sentido Delon, comprometido sin duda con el cine de autor, no hizo ascos a ese destino previsto en la agenda de su industria, manejándose como pez en el agua en varias lides, como en 'Borsalino', cinta de 1970 donde como productor otorgó la dirección a Jacques Deray y contrató a Jean-Paul Belmondo como coprotagonista para cosechar un enorme éxito de taquilla al juntar a los dos monstruos sagrados del celuloide francés de su generación, el otro como podrán imaginar era él mismo, en una trama acertadísima para todos los públicos, felices de asistir a la sala para contemplar esa historia de mafiosos marselleses de los años treinta con buenas dosis de tiroteos, algunas cucharadas de amor, otras de risa y muchas de incertidumbre para enganchar al espectador en la butaca, consciente de la trascendencia de su oficio como arte por excelencia de la era.

placeholder La trilogía de cine negro 'Le samurai'
La trilogía de cine negro 'Le samurai'

Ello comportaba tener mil rostros y desmentir el sinfín de malas lenguas a través de lo realizado, como ocurrió con 'El otro señor Klein', una de las piezas más valientes de su singladura al producir e interpretar este clásico de Joseph Losey de 1976, donde un marchante de arte más bien amoral cae en la telaraña de su curiosidad por dar con un perseguido de idéntico nombre durante la Ocupación nazi de Francia; la cronología no es para nada banal al situar a Delon como un valiente por plantear estas cuestiones en una década donde muy pocos se atrevieron a plantearlas, salvo Patrick Modiano, Louis Malle o Costa-Gavras en 'Sección especial'.

El otoño y la palabrería

¿Mengua todo este ímpetu tras los prodigiosos sesenta y setenta? No, solo evoluciona hacia otros aires, no tan protagónicos si se quiere al ceder su lugar a nuevas hornadas y gestionar su legado construyéndolo desde un presente en continuo movimiento.

El último Delon ha sido, como tantos otros, víctima de demasiados prejuicios, como si alguien de su gremio no pudiera ser de derechas, menos aún en un país traumatizado por una serie de relatos donde el 68 siempre asoma. Su adscripción ideológica al conservadurismo lo convirtió en un blanco fácil para los amantes de la cultura de la cancelación, con un catálogo de agravios bien preparado para defenestrarlo, como su amistad con Jean-Marie Le Pen, su rechazo a que los homosexuales adoptaran, el amor a las armas, el rechazo a la clase política tradicional, su apoyo a la pena de muerte o una poco disimulada nostalgia por la Francia de Charles de Gaulle, con toda probabilidad la síntesis de todo su decálogo de opiniones más bien impopulares, como si el siglo XXI le resultara indigesto e incomprensible al habituar su marco mental a otras coordenadas históricas, como sus valores, enmarcados en una masculinidad siempre menos hegemónica. Durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 se quedó en casa, negándose a votar a Marine Le Pen al no haberse portado bien con su padre, fundador del Frente Nacional. El partido de extrema derecha no fue su única opción en las urnas, decantándose en ocasiones por los herederos políticos del símbolo de la Liberación.

Su adscripción ideológica al conservadurismo lo convirtió en un blanco fácil para los amantes de la cultura de la cancelación

Muchos talibanes de la moral pública demuestran no haberse informado de referentes aún válidos, como Albert Camus, quien al discrepar de Jean-Paul Sartre a principios de los cincuenta señaló un camino para disentir hasta de los suyos, práctica sanísima y reacia al blanco o el negro como absolutos para fomentar la libertad, no solo de expresión. La práctica del Premio Nobel de 1957 podría complementarse en Delon con el derecho a contradecirse de Charles Baudelaire, más que nada para derribar esos muros tan limpios donde no caben desviaciones a lo normativo.

placeholder Junto a Jean Marie Le Pen
Junto a Jean Marie Le Pen

En 2018 el actor firmó en Le Monde un manifiesto junto a Pedro Almodóvar, Juliette Binoche, Jude Law, John Turturro, Laetitia Casta e Isabelle Adjani para evitar la sexta extinción masiva de nuestro planeta como consecuencia del calentamiento global, algo más bien impropio de un fascista, aunque ahora mismo todos podemos serlo desde horribles axiomas del presentismo, a sepultar si queremos construir una Historia Cultural ajena al culto a la estupidez, sólida al trazarse con líneas cargadas de belleza como enseñanzas para el mañana, lecciones apuntaladas de criticismo con todos los puntos sobre las íes.

Alain Delon ha muerto a los 88 años de edad en su residencia de Douchy, según han anunciado sus hijos este domingo en un comunicado. De este modo termina la existencia de una de las grandes vacas sagradas del siglo pasado, lento en su fenecer durante el actual, cuando la mayor longevidad de las celebridades produce tanto en medios como en redes sociales una especie de largo adiós de un mundo al borde de la desaparición, sin esfumarse jamás del todo.

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