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"Lo leí en tres tardes": 'Blackwater', la saga de terror que arrasa 40 años después de su publicación
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el fenómeno de la temporada

"Lo leí en tres tardes": 'Blackwater', la saga de terror que arrasa 40 años después de su publicación

Publicada originalmente en 1983, ha vendido 300.000 ejemplares solo en España este año. Su autor, Michael McDowell, fallecido de sida en 1999, no pudo poner su verdadero nombre hasta 1985

Foto: Blackwater, de Michael McDowell. (Blackie Books)
Blackwater, de Michael McDowell. (Blackie Books)

Al norteamericano Michael McDowell (1950-1999) le encantaba ser un escritor de bestsellers. "Soy un escritor comercial y estoy orgulloso de serlo. La única razón posible para leer es por placer. Se puede decir que es para aprender o lo que sea, pero en el fondo ese es el asunto. Y sé que con mis libros la gente siente placer", dijo en la famosa entrevista que le hizo Douglas E. Winter para el libro Faces of Fear: Encounters with the Creators of Modern Horror, considerado una Biblia del terror y publicado en 1985. Tenía razón: sus libros —era enormemente prolífico— se leían como el agua. Lo increíble (o quizá no tanto) es que cuarenta años después sigue sucediendo.

Él, que de tonto no tenía un pelo, lo dijo en aquella conversación. "Yo escribo para la gente que va ahora a las librerías. Pero si te leen ahora te van a leer dentro de cien años. Si gustas, gustas", afirmó. Es algo que podría asegurar Shakespeare o hasta el romano Marco Aurelio. McDowell, que falleció a los 49 años por enfermedad causada por el VIH, no ha podido verlo, pero su saga de seis libros Blackwater, que fue publicada originalmente por entregas en 1983 (un volumen al mes, de enero a junio con un éxito apabullante), ha vuelto a impactar como la primera vez. Relanzada en varios países europeos el año pasado, pronto alcanzó los dos millones de lectores. Y en España no le ha ido a la zaga: publicada en español por Blackie Books en febrero, también por entregas, en estos meses ya ha llegado a los 300.000 ejemplares vendidos, según el dato ofrecido por esta editorial.

Siempre la familia

¿Y qué tiene esta saga para haberse convertido en el gran fenómeno literario de la temporada? ¿Qué tiene McDowell para ser el nuevo Stieg Larsson (recuerdan, aquel de la trilogía Millenium que tanto se leyó a finales de los primeros 2000)?

Blackwater son seis libros de terror gótico sureño, pero son, ante todo, la historia de una familia. Y con las familias, ya se sabe, que diría Tolstoi. El propio McDowell era muy consciente del poder literario que tiene el núcleo familiar. "La institución de la familia es la pesadilla americana", señaló en la entrevista de Winter este escritor que, pese a haber tenido una infancia feliz, no fue un niño feliz, un hecho que, decía, podía constatar prácticamente la mayoría de la gente si es honesta consigo misma.

placeholder El escritor Michael McDowell. (editorial Suntup)
El escritor Michael McDowell. (editorial Suntup)

"Con los amigos, las relaciones son horizontales porque la mayoría tienen más o menos tu misma edad. Y pueden ser más distanciadas… acercarte y volverte a ir. Pero las relaciones en la familia son verticales. Tratas con gente, o mucho más joven que tú, o mucho más mayor. Y las relaciones verticales son mucho más intensas que las horizontales. Además, la familia es como una viga pegada a ti que no se va nunca. Por eso yo escribo sobre familias", manifestó.

Así fue como surgió esta historia que durante cincuenta años retrata a una familia de un pueblo de Alabama —Estado donde nació McDowell— con todas sus alianzas, sus planes, sus dimes y diretes y su puntito de culebrón. Como Lo que el viento se llevó —que fue otro exitazo— o como hizo mucho después la serie ochentera Falcon Crest (otro fenómeno). Y que, como han señalado a este periódico varias lectoras (que no son habituales de bestsellers), te la ventilas en tres tardes.

"El primero nos lo regalaron a los libreros y lo leí en tres tardes. El segundo lo pedí y me pasó lo mismo. Los otros cuatro que me quedaban también los devoré en poquísimo tiempo", manifiesta N., quien, no obstante, reconoce que llegó a ellos con un poco de distancia. "Lo empecé sin ningún tipo de expectativas, pero me enganchó muchísimo... Quería saber qué pasaba, quién era realmente Elinor (la protagonista), cómo usaba el contexto mundial, por ejemplo, la crisis del 29, la Segunda Guerra Mundial… etc.".

Michael McDowell: "La familia es como una viga pegada a ti que no se va nunca. Por eso yo escribo sobre familias"

¿Y qué tiene para que esto suceda? Porque ya sabemos que no hay fórmula mágica del bestseller, pero a veces se da con la tecla. "Para mí es porque no te da toda la información de primeras, sino que la vas descubriendo poco a poco. También lo asocio un poco al realismo mágico, a que es la historia de una familia y que trata varias generaciones del sur profundo de Norteamérica. Además, es simple de leer, no tiene grandes florituras", asegura esta lectora.

Esa sencillez no es un punto negativo porque, además, como dice otra lectora, lo sencillo no es sinónimo de mal escrito. "No, no, están muy bien escritos. Es algo espectacular", sostiene. McDowell lo pretendía: "Soy un artesano de la escritura. A mí lo que me interesa es resultar claro y conciso. Escribir realmente lo que pienso y ser honesto conmigo mismo", señaló. Y es algo que resaltan otras lectoras como B. "Es muy fácil de leer. También está muy bien que sean seis volúmenes porque en cada uno de ellos te deja un cliffhanger impresionante y tienes que seguir", sostiene. Cliffhanger es la fórmula que se utiliza también en muchas series. Son esos finales en alto que daban mucha rabia cuando el siguiente capítulo no se podía ver hasta la semana siguiente.

Esta lectora relaciona Blackwater con películas como La gata sobre el tejado de zinc caliente, ya que está plagado de "historias oscuras, familiares y sexuales, como esta peli donde no sabes si los personajes son gays o no o por qué se odian. Son historias sugeridas, juega con la ambigüedad sexual… Y después todos los personajes son muy poliédricos. Y de todos, incluso los malos, saca su parte buena. También hay parejas que cuando se descubre que son gays, las trata con mucho amor y respeto".

McDowell era homosexual. Y, además, militante en favor de los derechos LGTBI cuando todavía muchas personas estaban en el armario porque no podían salir de él. Él mismo tuvo que hacerlo. Empezó a ser publicado en 1979, pero hasta 1985 no pudo firmar con su nombre. Le obligó su editor, ya que pensaban que si se sabía que el escritor era gay y militaba en una organización pro derechos LGTBI eso podía afectar a las ventas. Así eran los ochenta. Paradójicamente, hoy la condición sexual no solo da igual, sino que lo que menos hace es restar lectores.

La venganza y el terror

Hasta su muerte, McDowell fue muy amigo de Stephen y Tabitha King. Y estaba considerado, como ellos, uno de los grandes del género del terror. Pero el suyo es un terror mundano, que, como él mismo señalaba, puede ser el peor. "Es que yo veo la vida bastante ridícula, donde casi todo es divertido. Por eso es imposible escribir un libro sin humor. Y por eso el horror se convierte en algo mucho más horrible en una situación mundana", afirmó.

"Son historias sugeridas, juega con la ambigüedad sexual… Y después todos los personajes son muy poliédricos. De todos saca su parte buena"

En este sentido, también era consciente del porqué de su éxito. En parte tiene que ver con que hay cosas que no funcionan en la vida real, pero sí en los libros. Como la venganza. Para él, en la vida real no tenía mucho sentido ejercerla porque siempre vas a perder frente al otro. Hay demasiados factores que no puedes controlar. "Yo lo único que hago cuando alguien me ha jodido es decirle adiós. No puedes hacer nada más. Pero en los libros sí funciona porque tú lo controlas… Y como eso no es posible en la vida real, resulta tan placentero leer un acto de venganza que sale bien".

Y lo que le salió extraordinariamente bien fue Blackwater. Estén atentos porque este verano van a ver sus ejemplares —es una edición pequeña, bonita, muy bien cuidada— junto a las toallas y las hamacas.

Al norteamericano Michael McDowell (1950-1999) le encantaba ser un escritor de bestsellers. "Soy un escritor comercial y estoy orgulloso de serlo. La única razón posible para leer es por placer. Se puede decir que es para aprender o lo que sea, pero en el fondo ese es el asunto. Y sé que con mis libros la gente siente placer", dijo en la famosa entrevista que le hizo Douglas E. Winter para el libro Faces of Fear: Encounters with the Creators of Modern Horror, considerado una Biblia del terror y publicado en 1985. Tenía razón: sus libros —era enormemente prolífico— se leían como el agua. Lo increíble (o quizá no tanto) es que cuarenta años después sigue sucediendo.

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