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Elías Masaveu Rivell, el financiero de la discreción que forjó una fortuna
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Hombres de fortuna III

Elías Masaveu Rivell, el financiero de la discreción que forjó una fortuna

El empresario está encuadrado al inicio de una saga familiar que ha hecho del poder y la mesura el secreto de su supervivencia desde el siglo XIX

Foto: Elías Masaveu Rivell
Elías Masaveu Rivell

Un apellido es, posiblemente, el más breve de los relatos de la Historia. Y en algunos de ellos perviven una narración y una aventura que nunca se agota del todo. Masaveu, por ejemplo. Quizás el título más ilustre para una saga de clara vocación terrenal. Hoy está asociado al negocio de la banca y las finanzas, la energía, el transporte, las explotaciones agrarias y las bodegas, los laboratorios, el cemento, los negocios inmobiliarios... Pero también a esa otra versión más escasa de la virtud que es la discreción. Paradójicamente, la dinastía, que lleva alojada en su interior una de las grandes fortunas de España, tiene su memoria resumida en un billete de transporte, el que llevó en un frío noviembre de 1860 a Elías Masaveu Rivell desde su localidad natal, Castellar del Vallés, en Barcelona, a Oviedo.

Aquel boleto de viaje, protegido detrás de un cristal y, seguramente, colgado en un lugar principal de su vivienda, siempre le recordó a Elías la importancia de ese traslado de más de novecientos kilómetros que emprendió con trece años, cuando apenas se estrenaba en la adolescencia. Sería, sin duda, la decisión más trascendental de su vida: enrolarse en la tienda de tejidos que su tío, Pedro Masaveu Rovira, regentaba desde 1840 –el ‘año cero’ de la dinastía− en el número 26 de la calle Cimadevilla de la capital asturiana tras contraer matrimonio con la viuda del propietario del establecimiento. Esa casa, dedicada a la distribución de la producción textil catalana y a la importación de confecciones belgas y francesas, es el germen de uno de los más importantes grupos empresariales de España.

Aplicado en el oficio y con arrojo en el negocio, pronto ganó posición en aquel comercio

Aplicado en el oficio y con arrojo en el negocio, Elías Masaveu Rivell (Castellar del Vallés, Barcelona, 1847- Oviedo, 1924) pronto ganó posición en aquel comercio, convirtiéndose en uno de los hombres de confianza de su tío. Tan es así que, cuando éste decidió situar la tienda de textiles bajo la fórmula legal de una sociedad colectiva, contó con él, junto a dos de los dependientes de más antigüedad. Este movimiento no sólo mejoró sensiblemente sus ingresos al escalar de comercial raso a socio industrial, sino que lo dejó en un lugar preferente para, llegado el momento, tomar las riendas de un negocio que iba a girar, con el paso de los años, hacia la industria y las operaciones de banca. La aspiración quedó sellada al contraer matrimonio con una de las hijas de Pedro Masaveu Rovira, su prima Pilar.

Adelantados financieros

Casi en paralelo, la Casa Masaveu apostó por adentrarse, poco a poco, en el mundo financiero. Aunque hacia 1880 la actividad principal todavía consistía en la compra y venta de tejidos y sólo de forma ocasional se emprendían otras operaciones, como el giro o el cobro de efectos, la insuficiencia de medios de pagos obligó a esta saga de comerciantes a familiarizarse con fórmulas como la letra de cambio o los créditos. A este factor ambiental se sumó una importante red de corresponsales que le permitió asentarse con presteza, eficacia y garantía en las gestiones que demandaban las operaciones de naturaleza bancaria. Junto a los movimientos de pagos, cobros y transacciones, añadió al poco las cuentas corrientes, si bien sólo para un número restringido de clientes, seleccionados por su solvencia.

Con el viento a favor de los amplios réditos proporcionados por la actividad financiera, el único sobresalto se produjo a raíz de la muerte en 1885 de Pedro Masaveu Rovira y la llegada a los mandos de la compañía de Elías Masaveu Rivell. Sería la primera ocasión en que esta dinastía de empresarios exhibiera una de sus más firmes cualidades: la concepción de los negocios como un legado que trasciende a sus titulares, donde la proyección hacia el futuro y la transmisión de los bienes a las nuevas generaciones deben ser principios irrenunciables. En este sentido, la familia Masaveu siempre ha gestionado los relevos inspirados por una figura muy catalana, la del hereu (heredero), como una condición vital de supervivencia del grupo sin fraccionamientos y disgregaciones que lo fragmenten y debiliten.

El nuevo capitán puso en marcha un proyecto inédito en España a final del siglo XIX: la fabricación de cemento artificial

Aquel adolescente que veinticinco años antes había viajado desde un pueblo de la comarca catalana del Vallés Occidental a Oviedo acabó por convertir la tienda de paños de la calle Cimadevilla en el corazón de una potente maquinaria comercial e industrial. Así, el nuevo capitán puso en marcha un proyecto inédito en España a final del siglo XIX: la fabricación de cemento artificial, con la creación en 1898 de la sociedad anónima Tudela Veguín –radicada en la localidad asturiana del mismo nombre, al pie de unas canteras de caliza − para atender la demanda de materiales de construcción surgida a raíz de la expansión urbanística y de los inicios de la construcción del puerto de El Musel, en Gijón. La expansión alcanzaría también al comercio, la alimentación, el abastecimiento de aguas, los transportes, la metalurgia…

Con todo, las responsabilidades nunca apartaron a Elías Masaveu Rivell del primitivo impulso comercial y, fiel a su vinculación inicial con la actividad minorista, no sólo mantuvo abierto el comercio original de tejidos, sino que llevó a cabo una propuesta innovadora: la apertura del Gran Salón Bazar (1905) en la capital asturiana, establecimiento inspirado en los magazines y boutiques de París. “La reputada Casa Masaveu y Compañía, establecida en Oviedo en la calle de Cimadevilla, tiene tres magníficos comercios, uno de confecciones y novedades para señora, otro de sastrería y el gran Salón Bazar, construido en edificio ad hoc. Dedícase también esta acreditada casa al negocio de banca”, informaba la revista ilustrada Blanco y Negro el 26 de septiembre de 1908.

Pasión por el arte

En este moderno comercio, precisamente, tuvo su origen la pasión familiar por el arte, pues acogió en su interior el Salón Masaveu, la primera galería de Asturias, que concretaba los ensayos realizados en torno a la exhibición y el comercio de cuadros en los escaparates de la tienda primitiva, situada al otro lado de la calle. De inspiración similar a las barcelonesas Galeries Dalmau, fundadas por los mismos años, este espacio desplegó una amplia programación a partir de 1918 con la celebración de exposiciones y las operaciones de compraventa de obras. Esta iniciativa inauguró la colección artística de la familia, considerada como una de las más relevantes de Europa en el ámbito privado, con obras de El Greco, Murillo, Zurbarán, Alonso Cano, Ribera y Goya, entre otros.

En sus años finales, Elías Masaveu Rivell mantuvo una intensa actividad, formando parte como vocal o presidente de numerosos consejos de administración y, también por entonces, creó los bancos de Oviedo y Gijonés (1920), con colaboración del Banco Español de Crédito (Banesto), circunstancia que le otorgó a la familia plaza en la cúpula de esta última entidad. Tuvo siete hijos. Al mayor de los varones, Pedro Masaveu Masaveu, le tocó coger el cetro tras la muerte de su padre en 1924. Tenía el título de profesor mercantil y cursó estudios de música. De él se ha contado que la primera vez que el consejo de Banesto se reunió a almorzar en su mansión de Oviedo, se arrancó a los postres con unas sonatas al piano de Mozart que dejaron maravillado al personal.

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Curiosamente, a medida que las actividades económicas de la Casa Masaveu se aproximan al presente, éstas se difuminan −otra vez− entre el sigilo y la mesura, cualidades que bien podrían explicar la longevidad de la fortuna del linaje a lo largo de varias generaciones y de casi dos siglos. Porque, entre ellos, apellido y negocios parecen formar un todo indisociable, como si ambas dimensiones, la familiar y la mercantil, constituyeran un único concepto, preservado generacionalmente como un valor institucional. Desde su enriquecimiento en la Asturias decimonónica, “la Casa”, según la terminología que siempre ha utilizado la familia, se presenta a modo de proyecto dinástico y, como tal, su preservación y transmisión a las generaciones futuras es un mandato inexorable que transciende a las personas.

Un apellido es, posiblemente, el más breve de los relatos de la Historia. Y en algunos de ellos perviven una narración y una aventura que nunca se agota del todo. Masaveu, por ejemplo. Quizás el título más ilustre para una saga de clara vocación terrenal. Hoy está asociado al negocio de la banca y las finanzas, la energía, el transporte, las explotaciones agrarias y las bodegas, los laboratorios, el cemento, los negocios inmobiliarios... Pero también a esa otra versión más escasa de la virtud que es la discreción. Paradójicamente, la dinastía, que lleva alojada en su interior una de las grandes fortunas de España, tiene su memoria resumida en un billete de transporte, el que llevó en un frío noviembre de 1860 a Elías Masaveu Rivell desde su localidad natal, Castellar del Vallés, en Barcelona, a Oviedo.

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