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'The Old Man': ¿qué es la retro-masculinidad y por qué está de moda?
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la serie del fin de semana

'The Old Man': ¿qué es la retro-masculinidad y por qué está de moda?

Un hecho insólito: todos los protagonistas de las sagas de acción modernas tienen 60 años

Foto: 'The Old Man'. (Disney )
'The Old Man'. (Disney )

Las películas de acción parecen una tontería hasta que descubres su mensaje oculto. Entonces son una tontería con mensaje oculto, y se ven de otra manera. Ha tenido que llegar a Prime Video Nadie (Ilya Naishuller, 2021) para que entendiera por fin la saga de John Wick, las películas de Liam Neeson o los dos The Equalizer de Denzel Washington. No son películas de acción, son películas sobre retro-masculinidad. Acompáñenme en este viaje hermenéutico por la testosterona, los perros y la revolución de los hombres de 60 años.

Nadie nos presenta a un hastiado oficinista con vida reglamentaria: casado, padre de dos hijos y con casa en propiedad. Se aburre, pero no ha hecho nada malo. Una noche dos ladrones entran a robar en su casa. Llevan la iniciativa hasta que el hijo mayor de nuestro pobre hombre se enfrenta a uno de ellos. Entonces Hutch Mansel, interpretado por Bob Odenkirk (Better Call Saul), tiene ocasión de vencer a los asaltantes descargando un palo de golf sobre el segundo atracador, pero duda y, al final, no lo hace. Los atracadores se salen con la suya.

Cuando llega la policía, se ríe de él. Cuando se va la policía, su familia se avergüenza de él. No se ha comportado como un hombre, sino como un ser civilizado. El cielo le espera, pero su mujer va a acabar buscando a otro hombre, a uno que sea capaz de ejercer violencia física en defensa de su familia.

El planteamiento recuerda a Fuerza mayor (Rubén Östlund, 2014), donde un padre huye cuando una avalancha de nieve se precipita sobre su mujer y sus hijos. El accidente hace pensar a su familia que el padre les ha fallado, que no hay un padre ahí como Dios manda, que detiene avalanchas, piensa primero en sus hijos y su mujer y hasta moriría por ellos. No, este tipo se pone a salvo a sí mismo y luego pregunta a los demás si están bien. Un blandengue.

Los tiroteos de la película son como cuando un hombre se va solo a tomar copas: una liberación

Abrumado por las consecuencias degradantes de su masculinidad domada, el protagonista de Nadie empieza a agonizar moralmente. Sin embargo, un detalle, el collar del gato de su hija, que se ha perdido durante el robo, enciende al fin su ser profundo, el macho atávico.

Desde ese punto, la película es una sucesión de escenas de violencia que solo muestran una cosa: me gusta ser un hombre. Hasta el padre del protagonista, ya con 80 años y en una residencia, redescubre la masculinidad cuando le ponen una escopeta en cada mano y puede matar gente. Todos los tiroteos de la película son como cuando los hombres se van solos a tomar copas: una liberación.

60 años

Nadie nos da la clave de todo un género cinematográfico que, sutilmente, ha inundado las pantallas durante la última década. De pronto, aflora un patrón, se unen los puntos y descubrimos el mensaje de este cine: ¡ya no quedan hombres!

Dense cuenta de que Bob Oderkirk tenía 57 años cuando rodó Nadie; que Keanu Reeves, a sus 58, sigue haciendo John Wick, que interpretó por primera vez con 50; que Liam Neeson, con 70, no deja de hacer películas de acción, o que Denzel Washintong ha rodado The Equalizer también con 60 años. Por su parte, Tom Cruise sigue colgándose de las puertas de los aviones con una edad parecida. ¿Por qué?

¿Por qué se elige como actor ideal para dar mamporros, saltar desde edificios, tirotear rusos y recibir cuchilladas y puñetazos a un señor de 60 años? ¿No sería lógico escoger a un joven actor musculoso y viril, como se hacía antes (Bruce Willis en La jungla de cristal o Matt Damon como Jason Bourne)? ¿Desde cuándo un hombre de 60 años es capaz de poner una maleta en un altillo sin romperse la cadera?

¿Por qué se elige como actor ideal para dar mamporros, tirotear rusos y recibir cuchilladas a un señor de 60 años?

Curiosamente, viendo estas películas uno no piensa que esos actores tienen una edad como para irse a dar de comer a las palomas. Uno piensa que son perfectos para el personaje; que tienen, sí, unos eternos cuarenta y pico años. Así, lo inverosímil sería que Timothée Chalamet o Tom Holland mataran 50 personas en una película, porque nadie se creería que son tan salvajes.

La clave de esta masculinidad reedificada está en que viene en compañía de numerosas marcas de virilidad clásicas, que Chalamet o Holland no pueden representar. Perros, por ejemplo, los hombres de acción gustan de los perros; coches antiguos: tanto en John Wick como en Nadie conducen automóviles carismáticos y contaminantes. Rusos, por supuesto: los malos de verdad siempre han sido los rusos. ¡Lo sabe cualquier hombre!

Foto: Una mujer muestra a su mascota. (EFE) Opinión

Es, en fin, la nostalgia por la masculinidad perdida la que constituye la columna vertebral de este cine de acción, que pisotea la nueva masculinidad, la ideología woke, el feminismo, el ecologismo y tener que estar en casa a las nueve para bañar a los niños. Es el regreso de Rambo, amigos.

O en palabras de David Gistau: "Si lo que hacen los hipsters es conducir en banda motos de gran cilindrada, tocados con cascos con cuernos, para emborracharse, destrozar bares y pegarse con otros hipsters, entonces mis respetos y me apunto en cuanto alguien me diga dónde hay que firmar".

Todo este movimiento cinematográfico parece decirnos que los 60 son los nuevos 18, y ahí están las canciones siempre clásicas y grupales (You´ll never walk alone, por ejemplo), los discos de vinilo, las botas de cuero, perder los nervios por cosas sin importancia y afirmar que un tiro en el pecho es solo un rasguño.

'The old man'

Disney + no es ajeno al éxito de estos productos retro-masculinos y ha tenido cierto éxito estrenando una serie de título muy evidente: The old man. Jeff Bridges, sí, con 70 años, se pasa toda la serie haciendo cosas que con 20 ya requieren de la asistencia posterior de cuatro fisioterapeutas. Golpes, codazos, tiros, cuchilladas; y volcar coches. ¿No había un actor un poco más joven y en forma para este despliegue físico? Lo había, pero no iba a funcionar.

Por si fuera poco, al fondo de todo este cine de añoranza de la testosterona (no nos vayamos sin citar la saga Los mercenarios, con Stallone y otros septuagenarios pasándolo en grande) comparece un Dios tutelar, la semilla del mal narrativo masculino. Es Ernst Hemingway, el macho americano de la literatura. Casi todas estas películas recurren a la misma idea: un hombre que parece anodino y vive como uno más es en realidad una máquina de matar, agente del FBI retirado, mafioso escondido o hit-man en excedencia. Es el relato Los asesinos (1956), de Ernst Hemingway el que sigue dando aliento a este evangelio de virilidad y body counts: cuanta más gente se mata en la película, más feliz es un hombre.

Las películas de acción parecen una tontería hasta que descubres su mensaje oculto. Entonces son una tontería con mensaje oculto, y se ven de otra manera. Ha tenido que llegar a Prime Video Nadie (Ilya Naishuller, 2021) para que entendiera por fin la saga de John Wick, las películas de Liam Neeson o los dos The Equalizer de Denzel Washington. No son películas de acción, son películas sobre retro-masculinidad. Acompáñenme en este viaje hermenéutico por la testosterona, los perros y la revolución de los hombres de 60 años.

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