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Paul Preston: "Soy un puto guiri, pero aún hay en España una veneración estúpida por Franco"
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Paul Preston: "Soy un puto guiri, pero aún hay en España una veneración estúpida por Franco"

El veterano hispanista revisa su obra sobre Franco con El Confidencial, explica su visión de la ley de memoria del PSOE y arremete contra Stanley G. Payne, al que acusa de falsear la biografía del dictador y de ser ultraderechista

Foto: El historiador Paul Preston. (EFE/Kai Försterling)
El historiador Paul Preston. (EFE/Kai Försterling)

Franco inventó su biografía sobre la guerra del Rif y exageró sus heroicidades. Franco traicionó vilmente a la II República, durante la cual aprendió, además, el oficio de dictador con la represión de 1934. Franco nunca fue un gran militar. Franco fue un dirigente despiadado y mediocre. Y, sin embargo, Franco es aún venerado por una gran cantidad de españoles. Las sentencias directas, sin márgenes de duda, del hispanista Paul Preston merecen un buen análisis. Si todo eso fue Franco, ¿debemos entender que medio país es estúpido o idiota? "Yo soy un puto guiri, tú vives en España, pero aún se venera a Franco por una mezcla de estupidez y por el lavado de cerebro de dos generaciones".

Después de toda una vida dedicada al estudio de la Guerra Civil, a la figura del dictador y al propio régimen franquista, el historiador analiza para El Confidencial su prolífica obra y las revisiones y ampliaciones de los últimos años, especialmente sobre lo que aparece —y lo que no, como comprobará el lector— en la última de ellas, El Gran Manipulador. La mentira cotidiana de Franco, (2022) una reedición que, como él mismo explica, "más que una biografía son ensayos sobre diferentes aspectos de Franco que en su conjunto constituyen una biografía para quienes no tengan ganas de leerse el 'mamotreto'".

placeholder 'El gran manipulador', de Paul Preston. (Debate)
'El gran manipulador', de Paul Preston. (Debate)

Muchas de las ideas se resumen en su biografía canónica, pero hay ciertas novedades y matices sobre lo que se refiere al periodo de la II República, esencial para entender a Franco y la Guerra Civil. ¿Qué pasó con la carta que escribió Franco a Casares Quiroga alertándole del ruido de sables antes del golpe de julio de 1936? "Es verdad que es delicado y muy importante, y que tengo dos versiones sobre el suceso... Siempre he tenido mis dudas". Sigan leyendo más adelante. ¿Y sobre la supuesta guerra de exterminio que ideó Franco, argumento que él mismo difundió durante décadas y que ha sido habitualmente rebatido? "Ni siquiera en la primera fase de la guerra, con las batallas de Jarama o Guadalajara, Franco quiso tomar Madrid, fue una presión de alemanes e italianos". Tampoco quiso con la Batalla de Madrid, según explica, a pesar de su dureza: "Le importaba un bledo su tropa, aunque claro que no era un tonto, más bien muy capaz y hábil, pero, en definitiva, un militar mediocre, nada de genio".

Ni Carrillo, ni Guerra..., ni Payne

Además, Preston arremete contra su colega Stanley G. Payne "por llevar 20 años derivando hacia la extrema derecha e inventarse y falsear la historia", y duda de que las versiones en inglés y en español de esa biografía sean iguales: "Lo que es evidente es que está llena de falsedades y que hay unos capítulos escritos por Jesús Palacios y otros por Payne". No elude tampoco todo lo relativo a la Ley de Memoria Democrática, que según él "se ha hecho de forma escasa y tarde, y por culpa de gente como Santiago Carrillo o Alfonso Guerra en los primeros años de democracia, aunque al menos ahora el PSOE lo haya corregido un poco". Para Preston, la reacción de los votantes de Vox y del PP ante lo ocurrido en el Valle de los Caídos evidencia, por otra parte, que la mistificación, la mitificación y el lavado de cerebro para los nacidos en la posguerra y también sus hijos, en la Transición, han funcionado a las mil maravillas para perpetuar las mentiras de Franco.

Foto: El historiador e hispanista estadounidense, Stanley G. Payne. (EFE/María C. Martín)

Aunque la magna obra de Preston culminó con la edición ampliada y revisada en 2016 de su gran clásico Franco, caudillo de España (Debate), no ha impedido su incesable labor de investigación, que se ha plasmado en las últimas décadas con El holocausto español (2012), o el mismo año pasado con Arquitectos del terror. El gran manipulador, con los tres capítulos nuevos, las ampliaciones y las revisiones que dan mucho de sí. Lo cuenta Paul Preston por videollamada justo después de cerrar y guardar en tres sitios diferentes lo que será su próxima publicación…

PREGUNTA. Haces bastante hincapié en revisar todo lo relativo a Franco durante la Segunda República porque consideras que eres el único de sus biógrafos que ha prestado verdadera atención a un tema como lo es el que dirigiera de facto la represión de la Revolución de Octubre de 1934. Me llama la atención, sin embargo, lo relativo a la famosa carta que escribió a Casares Quiroga y sobre la que no has acabado de cambiar nada...

RESPUESTA. Es verdad que reconozco que lo de la carta es un tema muy importante y también muy delicado —que no ha acabado de entrar en esta revisión—, así que te voy a dar mis dos versiones sobre todo esto, lo que yo pensaba cuando hacía la gran biografía y lo que he pensado después. En las primeras versiones de El gran manipulador coincide con lo que decía con mucho más detalle en la gran biografía. Hay que entrar primero en contexto, porque una de las grandes aportaciones de mi biografía de 1993 —luego ampliada y revisada— es la importancia que tuvo en la forja de Franco la represión de la Revolución del 34, que dirigió él aunque no se trasladara a Asturias. Entonces era a la sazón comandante militar de las Baleares, lo que significaba que era raro que estuviera al frente de esto. ¿Qué pintaba Franco dirigiendo esto? Lo que ocurre es que antes, en el verano de 1934 o más bien en octubre, el Gobierno cedista había organizado unas maniobras por la sospecha de una posible rebelión precisamente en Asturias...

P. Al igual que tres años después el Frente Popular sospechaba de los militares golpistas, el Gobierno de derechas contaba con una rebelión ya en 1933...

R. Sí, Diego Hidalgo, el ministro de la Guerra, que no era militar y admiraba mucho a Franco, le invitó para asesorarle. Al finalizar las maniobras, cuando comenzó la revolución, Franco se había quedado en Madrid por unas gestiones personales y no había regresado a Baleares. Hidalgo, que no estaba contento con muchos de los altos oficiales del Estado Mayor, de los que recelaba porque pensaba que quizás eran demasiado liberales, le hizo una propuesta alucinante. Mi libro es el único que subraya esto: Hidalgo le vino a decir que él estaba en un despacho en el ministerio y que no sabía nada sobre qué hacer o cómo enfocar una revuelta de este tipo, cómo se reprimía y se mantenía el orden y demás, y le pidió que redactara el plan, pero incluyendo contenido político, como órdenes, disposiciones y demás, para hacer frente desde el Gobierno y que luego firmaría el propio Hidalgo.

placeholder La Guardia Civil durante la represión de la revolución de Asturias en 1934. (Cedida)
La Guardia Civil durante la represión de la revolución de Asturias en 1934. (Cedida)

Hay que recordar que, cuando se declaraba el estado de guerra, según la Constitución del 31, todas las fuerzas de orden público, de la Policía a la Guardia Civil, pasando por el Ejército, claro, pasaban a depender directamente del ministro de la Guerra. El poder en esas situaciones del ministro de la Guerra era casi absoluto. Eso, para Franco, que era increíblemente ambicioso, y ya con esa idea de que era el elegido por Dios para salvar a España, le cambió. De facto, era una potestad de Diego Hidalgo, pero, en la práctica, era Franco quien tenía en ese momento prácticamente el control de España, así que esto fue directamente como decimos en Inglaterra: ‘On the job training’. Y eso es lo que fue para Franco: una experiencia de mini dictador alucinante.

Él, por supuesto, toma la responsabilidad con una falta de escrúpulos increíble, a diferencia de otros generales de Estado Mayor, que quieren buscar la paz. Una forma de reconducir las cosas de forma menos violenta, vamos. Franco, en cambio, utiliza las Fuerzas Aéreas, bombardea desde el mar, designa en el terreno al coronel Yagüe, que es un salvaje... En fin. Todo esto tiene la consecuencia inmediata de que lo convierte en un auténtico héroe para la derecha.

Foto: Traslado de José Antonio al Valle de los Caídos.

P. Lo detallas porque en el momento clave de 1936, cuando tiene lugar la carta y la posibilidad de un golpe de Estado, Franco, según tu criterio, ya ha probado las mieles del mando casi absoluto y se aviene casi a hacer lo mismo, esta vez con Casares Quiroga...

R. Claro, cuando llegan las elecciones de febrero de 1936, está involucrado en un golpe para impedirlas y, después, juega de nuevo con un posible alzamiento militar. Pero, claro, no lo hace y es una suerte. O sea, no cae en esa tentación, y pasa que Azaña se equivoca cuando es ministro de la Guerra al enviarlos lejos. Surgen muchos problemas inmediatamente y otra serie de errores de la II República en abril. Se echa de la presidencia a Alcalá Zamora, que se convierte en un desastre al subir a Azaña a la presidencia de la República, porque la idea original era la de que Prieto ocupara la presidencia del Gobierno. Pero Largo Caballero, su enemigo en el PSOE, maniobra para impedirlo y lo consigue —otro error monumental—, por lo que acaba Casares Quiroga ocupando el cargo de presidente del Gobierno y ministro de la Guerra.

Para empezar, Azaña se aparta de la política de la vida diaria que no le interesaba. Casares es buena persona, pero es muy cándido: mira que es informado en numerosas ocasiones de que existe ruido de sables y de que se prepara un golpe —al final no era una sorpresa—, pero a Prieto, que es uno de los más insistentes, lo califica de menopáusico.

"Si usted me vuelve a dar los poderes que tenía cuando la Revolución de octubre del 34, no hay golpe, yo lo soluciono"

Por ejemplo, a Yagüe había que haberlo quitado del mando de una parte importante de las fuerzas coloniales, porque era un peligro. Casares respondió que era un caballero y que no hacía falta. En este contexto, surge la carta de Franco. Cuando yo escribía mi gran biografía daba por supuesto, como casi todos los historiadores, que esa carta fue genuina y, claro, según eso yo hacía mi composición de lugar. Si es verdad que existió esa carta —y hay dudas—, lo que podríamos traducir de esa ambigüedad del texto de Franco es lo siguiente: "Si usted me vuelve a dar los poderes que tenía cuando la Revolución de Octubre del 34, cuando me estaba entrenando como dictador, no hay golpe, yo lo soluciono". Yo lo interpretaba así, mientras que la derecha lo hace siempre como el gran gesto pacificador de Franco, el hombre con una gran visión que podía evitar la Guerra Civil.

P. El historiador Ángel Viñas me contó que, en todo caso, la que existe es la copia, porque sale del archivo de Franco y que lo que no tenemos es la de Casares Quiroga sugiriendo que, aunque se escribiera, no se envió...

R. O más bien, ¿por qué no contestó? Con los años he pensado que, si Casares Quiroga recibió esa carta, tenía que haber pasado una de las dos cosas: o llamaba a Franco a Madrid para comprarle la idea y actuar de manera conjunta para acabar con el golpismo, por decirlo así, o, por el contrario, para arrestarle directamente, ya que era una velada solución autoritaria… La verdad es que todas las pruebas de su existencia provienen de fechas posteriores a la Guerra Civil y no estoy seguro: siempre me había preocupado un poco. Puede ser un descuido de Casares Quiroga, que no era el hombre más serio del mundo, pero es una carta muy importante que parece raro que, de existir, habría que haber hecho algo, lo que podría ser otro de los errores mayúsculos del Frente Popular en esos meses.

placeholder Casares Quiroga en el centro junto a Azaña, a la derecha de él, de uniforme, Franco. (Cedida)
Casares Quiroga en el centro junto a Azaña, a la derecha de él, de uniforme, Franco. (Cedida)

P. Uno de los pilares de tu estudio sobre Franco y la Guerra Civil, que ha derivado en debates a lo largo de los años, es la idea ya extendida, a partir de tus investigaciones, de que Franco siempre pensó la Guerra Civil como una campaña de exterminio. En la revisión, amplías, además, los supuestos mitos sobre la habilidad militar de Franco a pesar del esfuerzo de la Batalla de Madrid —como han hecho notar otros autores— o las del Jarama y Guadalajara, destinadas a tomar la capital, ¿sigues pensando en esta idea?

R. Sí, absolutamente. Hay varios elementos para afirmarlo, como el deseo de una victoria lenta para poder destrozar el número mayor de republicanos. Pero es que es verdad, no le interesaba conquistar Madrid rápidamente, ni siquiera en noviembre. Si, en vez de haberse parado en Maqueda, hubiera continuado hacia Madrid —una espléndida oportunidad en octubre que echó a perder por desviarse hacia el Alcázar de Toledo—, se la habría encontrado prácticamente indefensa, con una voluntad menos férrea de resistir y desorganizada, sin la presencia, además, de las Brigadas Internacionales, ni la ayuda de la URSS, que envió aviones y tanques; pero, además, es que existía una rivalidad entre Franco y el general Mola y no quería que su rival conquistara tampoco Madrid, como explico en el capítulo dedicado a Mola de Arquitectos del terror.

Foto: La reina Isabel de Inglaterra y el duque de Edimburgo, con la roca de Gibraltar al fondo en 1954. (Cedida)

P. ¿Realmente fue así? Porque, después de la Batalla de Madrid, Franco toma inmediatamente la decisión de intentarlo con la ofensiva en el centro que deriva en las batallas del Jarama y Guadalajara.

R. Es verdad que luego hubo intentos de asediar Madrid no desde tan cerca. Rodearlo, como fueron Jarama y Guadalajara. Pero esto se debió principalmente a las presiones de italianos y alemanes. Recuerda que una de las razones por las que pudo llegar pronto a Madrid fue la ayuda aérea que le habían proporcionado ambos, y ellos estaban desesperados por que la usara para tomar rápidamente la capital y acabar con la guerra. No podían creer que Franco fuera tan lento. Hay un punto bastante interesante en este aspecto, y es una de las razones, aparte de que les iba a costar menos dinero como pasa ahora en Ucrania, que cuanto más dure, más le cuesta a Occidente. Hitler y Mussolini querían que se diera prisa porque estaban convencidos —erróneamente— de que los británicos no iban a permitir que siguieran ayudando a Franco. Básicamente no se habían dado cuenta del nivel de apoyo que había conseguido en Londres. (Preston, en su obra, reconoce que Franco tuvo bastante habilidad diplomática y también suerte con el contexto internacional).

"No digo que Franco fuera idiota, sabía lo que quería hacer y lo consiguió"

Franco sí que se había dado cuenta y jugaba con esa ventaja, pero, es que hay otros ejemplos que se repiten a lo largo de la guerra. Cuando el general Rojo planteó ofensivas bastante interesantes como fueron Brunete, Belchite o el Ebro, todas ellas ofrecían a Franco oportunidades de conquistar rápidamente Madrid. Pero hizo caso omiso, porque lo que le interesaba era destruir a las tropas republicanas debido a su mayor número de tropas y su mejor material. Lo del Ebro es clarísimo: podría haber parado a las tropas republicanas en Gandesa y avanzar sobre Barcelona. Le habría sido fácil. O incluso sobre Madrid, porque todo lo del Ebro era para defender Valencia. Pero no digo que Franco fuera un idiota, porque no es verdad. Sabía lo que quería hacer y hay que reconocer que lo consiguió, por lo que no se le puede tildar de erróneo o equivocado, pero no lo convertía en un gran general.

placeholder Francisco Franco en 1954. (EFE)
Francisco Franco en 1954. (EFE)

P. Uno de los aspectos más interesantes de la ampliación del libro es que repasas un poco la historiografía y las biografías más importantes que se han publicado sobre Franco. Pones por delante de Stanley G. Payne a Luis Suárez, que es hasta cierto punto un hagiógrafo porque su estudio bebía de los papeles de la Fundación Franco. Además, hay una paradoja, y es que buena parte de lo que se conoce sobre él proviene del relato de las personas cercanas que lo admiraban... ¿Cómo de fidedignos son estos datos y por qué la izquierda ha hecho prácticamente una campaña en contra del hispanista estadounidense Stanley G. Payne?

R. Evidentemente, ha habido 140 biografías de Franco posiblemente, pero las importantes son relativamente pocas. La principal es la de Arrarás, que era amigo de Franco y mucho, y las cosas que hemos contado todos sobre las virtudes militares de Franco y su coraje eran mentiras que introdujo Arrarás por expresa voluntad de Franco sobre la Guerra de África. Luego, está lo de Galinsoga, que se basa en las memorias de Salgado Araujo. Y hay una frase que dice: "Pacón puso la letra y yo puse la música" o viceversa. La primera biografía más o menos seria, pero muy hostil, es la de Rincón. Y el más moderado, y sigue siendo un libro muy importante, es la pequeña biografía de Fusi…

"Stanley Payne era un buen historiador, pero se ha pasado a la ultraderecha"

Lo de Luis Suárez y, como conoces, hay varias ediciones, sigue siendo eminentemente útil en el sentido en el que él fue el primero que tuvo acceso libre a lo que hay en la Fundación Franco. Pero, claro, es un libro escrito desde un punto de vista de adoración a Franco. La FF, mucha gente no lo sabe, tiene los papeles oficiales de Franco. Es decir, lo que como jefe del Estado pasó por encima de su mesa. Pero sus papeles privados no están ahí, que, además, los vendió el marido de Carmencita…

P. Cristóbal Martínez Bordiú.

R. Sí, sí, y no sé si llegarán a conocer que los compró un coleccionista.

P. Pero ¿qué hay sobre Stanley G. Payne y esa ojeriza de la izquierda?

R. Respecto a Stanley G. Payne, tengo que decir que era un buen historiador, y sus primeros libros son muy buenos. Tiene uno sobre La Falange y Franco que es de absoluta referencia (como también lo es el de Joan Maria Thomàs). Otro sobre el Ejército español, el del fascismo en España y otro pequeñito, pero muy valioso sobre el Régimen de Franco, de Alianza; pero en los últimos 20 años ha ido progresivamente hacia la extrema derecha y eso se nota en la cantidad de prólogos de libros de esta corte y de artículos que ha ido escribiendo, por ejemplo, de Pío Moa, que, según él, es ya el historiador más grande de Franco y la Guerra Civil de todos los tiempos. Bueno, quizás exagero, pero, vamos, que se ha pasado un poco de rosca. Y, luego, Jesús Palacios es un periodista muy inteligente, pero también hay que recordar que fue una figura muy importante en el grupo neonazi CEDADE en los 70 y 80.

placeholder Unos visitantes en el Valle de los Caídos. (EFE/Inés Verdejo)
Unos visitantes en el Valle de los Caídos. (EFE/Inés Verdejo)

Hay un libro dirigido por Ángel Viñas con diferentes historiadores que se cagan en los muertos de ese libro y que rebaten las falsedades que contiene, como, por ejemplo, y eso te lo digo yo, las cifras de víctimas civiles de la Guerra Civil, que se inventa directamente. Dicen cosas ridículas, como que los civiles muertos a manos del bando nacional no fueron más de 30.000, cuando, de hecho, alcanzarían los 150.000. Por otra parte, te voy a confesar que no he llegado a leer la versión española, además de la inglesa, de la biografía de Franco de Payne y Palacios, pero estoy bastante seguro de que son diferentes. Porque, para empezar, lo que es evidente es que Payne escribe unos capítulos y Jesús Palacios otros, y yo tengo la impresión de que la versión española es diferente, no lo sé a ciencia cierta, pero es una sospecha que tengo... Entonces, claro, después de lo de Payne y Palacios hay una que no está nada mal de Enrique Moradiellos y otra de Cazorla.

P. ¿Cómo valoras todo lo relativo a la Ley de la Memoria Democrática? ¿No crees que hay otro lavado de cerebro de la izquierda que precisamente ha hecho revivir cierto apoyo a la figura de Franco por oposición a esa idea de buenos y malos?

R. Yo no voy a decirte cómo piensan los españoles, tú eres de allí y sabes lo que pasa, y yo soy un puto guiri y, además, por razones del covid, hace mucho que no voy a España. De hecho, hace tres años que no voy a España. Pero lo que sí que te puedo decir es que la supervivencia de ciertas ideas del franquismo y la hostilidad hacia todo el trabajo de memoria histórica tiene que ver con el deseo de Franco de destruir al pueblo republicano —durante la Guerra y la represión— que, entre civiles y militares, podrían ser aproximadamente casi medio millón, más los exiliados, otro medio millón, y más los de los campos de concentración. Tenemos un régimen de terror, torturas, cárceles y todo lo demás, y yo lo que explico es la inversión de terror que hace Franco, que no hacía falta durante todos esos años, porque el miedo que había surgido durante de la guerra y demás ya valía para décadas.

Pero es que, además, hay una base que yo llamo el lavado de cerebro y se fundamenta en que, hasta la muerte de Franco, el control total de los medios de comunicación, de la educación y de la Iglesia católica significa que durante casi 40 años la población española está sujeta a un lavado de cerebro y, cuando muere, no cambia. La historia de la Transición, es cómo los moderados del franquismo y los de la izquierda pudieron superar esto para llegar a un compromiso. Una vez restablecida la democracia en el año 77, lo que no se podía montar era un contra lavado de cerebro, por las propias características del sistema. Los millones de españoles que habían crecido con la lección de que Franco era el gran salvador de la patria, de las hordas de Moscú, y todo eso seguían pensándolo y sus hijos también. Yo pensaba cándidamente que todo eso habría pasado ya en la primera década del siglo XX, pero, claro, no contaba con la aparición de Vox.

"Que haya surgido Vox demuestra que sigue existiendo veneración por Franco"

P. Insisto en si no habrá tenido que ver la insistencia de la izquierda en saltarse ese Pacto del olvido, como denominas tú a la Transición, y que, de alguna forma, había reconciliado a las dos Españas.

R. No. Mira, yo recuerdo en los años 90 haber tenido una conversación con Alfonso Guerra sobre por qué no se había hecho nada sobre esto, nada para asegurar la memoria histórica, y la verdad es que solo se puso foco en el robo de propiedades. O sea, todas las reparaciones de los partidos y demás eran la agenda. Los procesos injustos que se habían realizado durante el franquismo. También tenía conversaciones con Carrillo y me decían todos que era demasiado peligroso, porque el peso de los franquistas en la opinión pública era muy potente. Lo de Zapatero era un paso adelante, pero muy tardío y deficiente, pero algo era algo. El último también es tardío. Yo no vivo en España, pero el hecho de que haya surgido Vox o los éxitos anticatalanistas del PP demuestran que sigue existiendo esa veneración por Franco. Pasa en Inglaterra con el Brexit. Como diríamos los ingleses, es una calle de dos carriles, porque por una parte a los periódicos con sus editoriales y a la televisión con sus tertulianos les interesa hablar de eso, porque es verdad que al público también le interesa. Aunque hay una contradicción, y es que hay muchísimos jóvenes no tienen ni idea de quién era Franco, por lo que estamos hablando de la misma generación: los hijos de la posguerra y sus hijos nacidos en la Transición.

Franco inventó su biografía sobre la guerra del Rif y exageró sus heroicidades. Franco traicionó vilmente a la II República, durante la cual aprendió, además, el oficio de dictador con la represión de 1934. Franco nunca fue un gran militar. Franco fue un dirigente despiadado y mediocre. Y, sin embargo, Franco es aún venerado por una gran cantidad de españoles. Las sentencias directas, sin márgenes de duda, del hispanista Paul Preston merecen un buen análisis. Si todo eso fue Franco, ¿debemos entender que medio país es estúpido o idiota? "Yo soy un puto guiri, tú vives en España, pero aún se venera a Franco por una mezcla de estupidez y por el lavado de cerebro de dos generaciones".

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