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Dino y Sibilla: la más extraordinaria historia de amor, locura y guerra
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un romance epistolar

Dino y Sibilla: la más extraordinaria historia de amor, locura y guerra

Se publican por primera vez en español las cartas que cruzaron el poeta loco y maldito Dino Campana y la novelista confesional Sibilla Aleramo en los años de la Primera Guerra Mundial

Foto: Dino Campana y Sibilla Aleramo. (Alamy)
Dino Campana y Sibilla Aleramo. (Alamy)

En el verano de 1916, en el ecuador de la Gran Guerra que incendiaba Europa, la escritora Sibilla Campana (1876) lee por casualidad en Florencia el poemario Canti Orfi que su atribulado autor Dino Campana (1885) vendía de mano en mano por los cafés de la ciudad. Sibilla queda tan deslumbrada por aquellos versos autoeditados de forma cochambrosa —con el tiempo, serían reconocidos como una obra maestra de la poesía italiana del siglo XX— que escribe inmediatamente a Dino para mostrarle su admiración, quien se lo agradece con una "extraña tarjeta". La envenenada flecha de Cupido acababa de salir del arco.

Así lo relataba ella muchos años después, en 1950: "Hubo un intercambio epistolar, tras encontrarnos en Barco, un conjunto de casas de los Apeninos salvajes. El amor estalló en un delirio salvaje. Campana ya estaba loco, ya había sido recluido dos veces en un manicomio, pero yo no creía verlo así y los primeros tiempos, durante todo el mes, lo pasamos juntos en una localidad llamada Casetta di Tiara; él estaba en medio de mil extravagancias, muy tranquilo y felicísimamente enamorado como un chiquillo. Decía que no era capaz de escribir, pero no parecía sufrir por ello. Proyectaba para el invierno encontrar un empleo, trabajar, vivir conmigo y por mí. Éramos felices. Escribí Fauno, pero una vez bajamos a Florencia, ya en septiembre, comenzaron a manifestarse en él signos de graves desequilibrios. Todo en mi pasado le producía atroces celos".

placeholder 'Un viaje llamado amor'. (El Paseo)
'Un viaje llamado amor'. (El Paseo)

No sabemos cómo reconstruirán los historiadores del futuro nuestras historias de amor que nacen y mueren en un wasap, en un like, en un vídeo fugaz de TikTok. Pero, aunque como advertía Kafka, "las cartas se las beben por el camino los fantasmas", los largos siglos en los que la correspondencia sirvió de arteria esencial que comunicaba los corazones de los amantes dejaron un tesoro escrito y perdurable para la posteridad. Hay grandes amores epistolares que ya son obras clásicas como los de Modigliani y Jeanne Hébuterne o los de Verlaine y Rimbaud, a los que no les va a la zaga los menos conocidos, pero impresionantes, de Dino Campana y Sibilla Aleramo que ahora podemos leer por fin traducidos al español por Manuel Moya en el libro Un viaje llamado amor. Cartas, 1916-1918 (El Paseo).

Encuentros y abandonos

Sibilla Aleramo se llamaba en realidad Marta Felina Faccio, hija de una familia acomodada del Piamonte que fue obligada a casarse con el hombre que la violó a los quince años y del que tuvo un hijo. Con solo 26 años los abandona a los dos, dispuesta a rehacer su vida como una mujer libre, pionera del feminismo y del socialismo. Colabora con la prensa, imparte clases nocturnas gratuitas a los obreros, colecciona amantes sin miedo al qué dirán y publica, ya con el nome de plume de Sibilla Aleramo, la novela —Una Donna— que logra un éxito editorial inmediato y hoy se considera un clásico del feminismo.

Prosa, versos, cantos y requerimientos desesperados, y se lee con emoción creciente y con el augurio inevitable de un dramático final

Dino Campana fue un niño feliz hasta que el nacimiento de su hermano Malio desencadenó un síndrome de príncipe destronado que le llevó a rozar la locura. Dejó su casa para errar por los Apeninos, exacerbó su neurastenia y le tornó poeta vagabundo y visitante habitual de manicomios. Fue después de un frustrado intento de alistarse en el ejército debido a un desequilibrio nervioso cuando escribe los inolvidables versos de Canti Orfi, los reparte por la ciudad, los lee Sibilla y empieza Un viaje llamado amor.

La pasión dura dos años tan maravillosos como atroces, pero no sería más que otro amor más barrido por el viento de no haber cristalizado en una extraordinaria correspondencia editada años más tarde con permiso de sus autores e interpola prosa, versos, cantos y requerimientos desesperados, y se lee con emoción creciente y con el augurio inevitable de un dramático final. Miedo, ternura, traición, reconciliación, amenazas, miseria, enfermedad... Una historia de amor que fue llevada al cine en 2002 por Michele Plácido y que concluye abruptamente con un último telegrama de Dino el 17 de enero de 1918, que quedó sin respuesta: "Querida: si crees que he sufrido lo bastante, estoy dispuesto a darte lo que queda de mi vida. Ven a verme, te ruega tu Dino".

En el verano de 1916, en el ecuador de la Gran Guerra que incendiaba Europa, la escritora Sibilla Campana (1876) lee por casualidad en Florencia el poemario Canti Orfi que su atribulado autor Dino Campana (1885) vendía de mano en mano por los cafés de la ciudad. Sibilla queda tan deslumbrada por aquellos versos autoeditados de forma cochambrosa —con el tiempo, serían reconocidos como una obra maestra de la poesía italiana del siglo XX— que escribe inmediatamente a Dino para mostrarle su admiración, quien se lo agradece con una "extraña tarjeta". La envenenada flecha de Cupido acababa de salir del arco.

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