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Karen Armstrong, la monja que lo dejó para estudiar: "Nuestra especie es violenta, la religión no"
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Karen Armstrong, la monja que lo dejó para estudiar: "Nuestra especie es violenta, la religión no"

Es una de las principales expertas del mundo en la historia de las creencias, premio Princesa de Asturias, y ahora llama al regreso a una fe natural en 'Naturaleza sagrada' (Crítica)

Foto: Karen Armstrong.
Karen Armstrong.

"Debemos recuperar el sentimiento de veneración que siempre nos ha inspirado la naturaleza y que durante miles de años hemos cultivado con mimo los seres humanos. De lo contrario, nuestra preocupación por el entorno natural no pasará de ser una emoción superficial. Y no tiene por qué ser una tarea insuperable, puesto que, a pesar de nuestra conducta negligente y destructiva, no hemos perdido por entero nuestro amor a la naturaleza".

La británica Karen Armstrong (Wildmoor, Worcestershire, 1944), escritora y especialista en el estudio de las religiones, ganó en 2015 el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, dotado con 50.000 euros, por tratarse, según el acta del jurado, de "una de las mayores autoridades" en el conocimiento del judaísmo, el cristianismo y el islam, y por "la profundidad de sus análisis históricos". Armstrong fue monja y dejó los hábitos para dedicarse a la historia comparada de los grandes sistemas de creencias —cristianismo, islam, judaísmo, hinduismo o budismo— desde presupuestos de tolerancia y comprensión que se enfrentaba tanto el dogma fundamentalista como a la belicosidad de los nuevos pensadores ateos. En su último libro, 'Naturaleza sagrada' (Crítica), indaga en las conexiones más profundas que el ser humano puede trabar con el mundo natural a la búsqueda, tal vez, de una nueva espiritualidad que nos empuje a enfrentar con más pasión los desafíos ambientales de la actualidad.

placeholder 'Naturaleza sagrada' (Crítica).
'Naturaleza sagrada' (Crítica).

Armstrong ha estudiado en 'Una historia de Dios' (1993), 'Historia de la Biblia' (2007), ' Campos de sangre: la religión y la historia de la violencia ' (2015) cómo la peculiaridad secular de Occidente es una rara avis que no incluye además a su más pujante nación: los muy 'believers' Estados Unidos. En el resto del mundo la religión está contraatacando cada vez con más pujanza, aunque la violencia que observamos por ejemplo en el terrorismo yihadista no sea en realidad estrictamente religiosa. Desafiando la muy generalizada idea de la indisoluble comunión entre religión y violencia, compartida generalmente también por los propios creyentes, Armstrong documenta que la guerra a menudo tiene poco que ver con la religión y mucho con detalles como ser una sociedad agraria o no (las primeras se matan mucho más). Al revés: la religión habría servido más bien como fuerza apaciguadora.

PREGUNTA. Me ha sorprendido su último libro. La leo desde hace tiempo y de pronto escribe usted algo muy diferente, algo así como un 'catecismo natural' que concluye cada capítulo con ‘un camino a seguir’. ¿La historiadora de las religiones ha vuelto a dejar paso a la monja que fue?

RESPUESTA. Jaja, ¡no! No me siento para nada como una monja, creo que soy muy diferente a aquella niña que fui hace tantos años cuando era una chica tímida y callada que lloraba constantemente. Era entonces muy obediente y jamás pensaba en mí. He avanzado mucho desde entonces. Este libro me lo sugirieron realmente mis editores. Yo pensaba como siempre que iba a volver a escribir otro de mis grandes libros de historia de las religiones, aunque en este caso con la naturaleza como protagonista. Pero ellos me dijeron que ahora es el momento de algo diferente, de tratar de cambiar la manera en la que nos comportamos respecto a la naturaleza y de cómo nos estamos quedando sin tiempo. Sí, el libro es diferente, pero no es tanto un catecismo como una llamada a la acción contra el cambio climático. Lee y, después, ¡haz algo!

Soy muy diferente a aquella monja que fui hace tantos años cuando era una chica tímida y callada que lloraba constantemente

P. Justifica su propuesta de una forma interesante. El ser humano es tan emocional como racional. Si el cambio climático es uno de los mayores peligros para nuestra especie, no basta con los datos. Solo si establecemos una relación religiosa con la naturaleza, nos lo tomaremos en serio. Es una idea interesante, repito, pero, ¿no es también un poco inocente en un mundo cada vez más desacralizado?

R. Sí, el mundo, desde luego, ha sido desacralizado y ese es el problema: tratamos a la naturaleza como un recurso, como algo a explotar para ventaja nuestra. Dañándolo gravemente por el camino. Las cosas se están poniendo muy serias y todos debemos intentar hacer algo. La ciencia ayuda, pero no basta, necesitamos un vínculo emocional con lo que ocurre que no esté basado solo en el miedo porque el miedo paraliza. Y las religiones pueden ayudarnos mucho al respecto, no tanto la cristiandad como las creencias antiguas que veían lo divino presente en el mundo natural. O el Islam, ojo, que tiene una visión muy profunda sobre la naturaleza.

P. Llama en su libro a recuperar, aunque sea en parte, el sentido de comunión con la naturaleza de las tribus anteriores al surgimiento de las grandes religiones monoteístas. Pero usted precisamente ha estudiado en sus libros la interacción entre el medio y las creencias religiosas. ¿Cómo va a creer un urbanita como yo (o como la mayoría de los habitantes del planeta) en una naturaleza sagrada si cuando visitamos el campo, nos aburrimos y nos empiezan a picar los bichos, estamos deseando volver a la metrópoli?

R. Jaja, espero que sí porque, en caso contrario, estamos perdidos como especie. No se trata de una idea peregrina que se me ha ocurrido a mí, sino algo tremendamente urgente. ¿Qué ocurrió al final de la pandemia del covid? Todo el mundo corrió a recuperar su vida anterior, a coger aviones alrededor del mundo. Y sabemos que eso, o ir en coche a todas partes, envenena nuestra atmósfera. Yo también soy urbanita, pero intento forzarme a mí misma a buscar la naturaleza, incluso en el centro de Londres, como estoy ahora mismo. Me siento a mi mesa, miro por la ventana al gran árbol precioso que tengo enfrente y pienso que tiene una vida sagrada propia.

Es importante volver a ver la naturaleza como algo sagrado, porque nuestras vidas dependen de ello

P. Me han fascinado las páginas que dedica a ‘nuestro quebrantado mundo’. A diferencia de mito de la creación judeocristiana, otras confesiones imaginan un origen mucho más imperfecto, plagado de dolor y errores, que entiende mejor el sufrimiento humano. Y, sin embargo, tenemos la figura de Cristo, su muerte y resurrección para salvar de los pecados, del error...

R. Sí, diría que las grandes religiones monoteístas no han sido muy buenas en esto que me dice. Lo que sí hicieron bien, como ocurre con el Cristo crucificado, es mostrar el daño que nos hacemos entre nosotros. Lo que les faltó, repito, es desarrollar más el sentimiento religioso de la naturaleza. En la China moderna, por ejemplo, existe un gran movimiento confuciano inspirado en Menzius que defiende que la célebre regla de oro la inventó Confucio: "no impongas a los demás, lo que no quieras para ti mismo". Y Menzius tomó el testigo y dijo: apliquemos también la regla de oro, no solo a los seres humanos, sino también a la naturaleza. Es importante volver a ver la naturaleza como algo sagrado, porque nuestras vidas dependen de ello. O nuestros hijos nos maldecirán.

P. Mira a las religiones orientales como antídoto al individualismo y el egotismo que llevaron a Occidente a dominar el mundo. Oriente solo pudo competir cuando adoptó esas ideas occidentales. Abandonar el yo tal vez nos haga más felices o nos dé la iluminación, pero ¿y si eso nos hace también más débiles y permite que llegue otro y nos esclavice?

R. Muy buena pregunta. Pero piense una cosa: ¡nosotros ya hemos esclavizado a otras personas! Y desde luego nosotros los británicos más que nadie. Fuimos a sus países, arruinamos sus vidas, destruimos sus culturas, les obligamos a ser como nosotros, ¿y todo para qué? Y ustedes los españoles hicieron lo mismo. Los imperios hacen eso y no crea usted que nos admiran hoy. Yo entiendo el resentimiento, por ejemplo, de los indios respecto a los británicos. Y como tratamos a los demás en el pasado, tratamos hoy a la naturaleza.

La religión es un intento de controlar esa violencia que de forma tan creativa nuestros cerebros imaginan constantemente

P. No sé si sabe que, cuando le dieron el premio Princesa de Asturias en 2017, hubo críticas en sectores conservadores españoles que aseguraban que usted relativizaba de alguna forma el fundamentalismo religioso, especialmente el del islam, al defender que las religiones no son naturalmente violentas.

R. Desde luego hay personas violentas. También cristianos o judíos violentos. Nuestra especie es violenta, la religión no. La religión más bien es un intento de controlar esa violencia que de forma tan creativa nuestros grandes cerebros imaginan constantemente, inventando siempre nuevas maneras de matar a los demás. Existen sin duda pasajes violentos en el Corán, pero, curiosamente, en sus primeros setecientos años de historia, los grandes pensadores del islam defendieron que tales pasajes ya no se aplicaban. Y solo se recuperaron a partir de los siglos XII y XIII, cuando el islam se vio amenazado, por un lado, por los cruzados y, por el otro, por los mongoles, amenazando su supervivencia.

P. Si una religión natural puede ayudarnos a combatir el cambio climático, ¿qué principio religioso se le ocurre que puede ser útil contra la invasión rusa de Ucrania y la amenaza de una extinción nuclear de toda la humanidad?

R. Ama a tus enemigos.

"Debemos recuperar el sentimiento de veneración que siempre nos ha inspirado la naturaleza y que durante miles de años hemos cultivado con mimo los seres humanos. De lo contrario, nuestra preocupación por el entorno natural no pasará de ser una emoción superficial. Y no tiene por qué ser una tarea insuperable, puesto que, a pesar de nuestra conducta negligente y destructiva, no hemos perdido por entero nuestro amor a la naturaleza".

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