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Tosquelles, el psiquiatra que humanizó los manicomios, llega al Reina Sofía
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Hasta el 27 de marzo

Tosquelles, el psiquiatra que humanizó los manicomios, llega al Reina Sofía

Una curiosa exposición de pinturas y fotografías recoge sus trabajos en los centros psiquiátricos que ayudó a mejorar a través de la cultura y de la integración de los pacientes con personas sanas

Foto: Tosquelles, en el Hospital Saint-Alban, hacia 1944-45. (Romain Vogoroux)
Tosquelles, en el Hospital Saint-Alban, hacia 1944-45. (Romain Vogoroux)

Es muy probable que a usted el nombre de Francesc Tosquelles (Reus, 1912-Francia, 1994) no le diga nada. Es normal. Se exilió a Francia en 1939 al término de la guerra civil y ya prácticamente no regresó a España hasta muy a finales de su vida. Sin embargo, es una figura muy importante de la psiquiatría como pone en solfa la exposición que se acaba de inaugurar en el Museo Reina Sofía de Madrid y que cuenta con un título tan enigmático como lo es el cerebro: ‘Como una máquina de coser en un campo de trigo’. Prepárense: imágenes surrealistas, dibujos elaborados por pacientes psiquiátricos (art brut), fotografías de hospitales para enfermos mentales y de campos de concentración en España y de refugiados en Francia, historiales médicos, revistas. La paranoia que todos llevamos dentro, que decía Lacan y que, como recogió Tosquelles —muy ligado al psicoanálisis—, puede ser un material extraordinario para la revolución. Es una muestra colaborativa que pasó por Toulouse, estuvo hasta finales de agosto en el CCCB de Barcelona y acabará su recorrido en el American Folk Art Museum de Nueva York en verano. Otro ejemplo también de la magnitud que ha cobrado el asunto de la salud mental en la actualidad.

Si el psicoanálisis de diván se centra en curar a una persona, la intención de Tosquelles desde el principio fue sanar a las instituciones mentales

Los trabajos psiquiátricos de Tosquelles comenzaron en los años treinta, con la II República. Por aquel entonces a Barcelona se le llamaba “la pequeña Viena” por la profusión de las ideas de Freud que se manejaban en el ámbito de la salud mental, ciertamente de moda. También fue una época extraordinariamente política, con mucha militancia y mucha afiliación a partidos obreros, como le sucedía al propio Tosquelles, que estuvo en el Bloc Obrero y Campesino y en el Partido Obrero Unificado Marxista (POUM). Es más, estos partidos tenían hasta secciones de psiquiatría. En la exposición se puede ver mucha cartelería política de la época y cómo existió esta fusión entre la ideología marxista y las nuevas ideas para los tratamientos de salud mental.

Precisamente, si el psicoanálisis de diván se centra en curar a una persona, la intención de Tosquelles desde el principio fue sanar a las instituciones mentales, según explica Joana Masó, comisaria de la exposición junto a Carles Guerra. Hasta la fecha, imaginen cómo eran: manicomios sin mucha luz que mantenían prácticamente a los enfermos encerrados, sin cuidados, con camisas de fuerza… Los pacientes eran, simplemente, los locos que había que tener ocultos. “Le influyó mucho la teoría de la paranoia de Lacan desde que en 1932 tuvo un encuentro con él. Decidió que todo el colectivo psiquiátrico, no solo los médicos, debía recibir cursos de formación para cuidar mejor a los pacientes. Introdujo los sistemas cooperativos en estos hospitales. Y también la cultura. Promovió que en ellos hubiera teatro, cine, música, lectura, talleres… Porque para él quien estaba enfermo no era el paciente sino el psiquiatra y por eso había que formarlos”, señala Masó.

placeholder El cuadro de José Roa sobre cómo trabajaba con los pacientes en el campo de refugiados de Septfonds.
El cuadro de José Roa sobre cómo trabajaba con los pacientes en el campo de refugiados de Septfonds.

Todo esto lo pudo poner en práctica en lugares poco comunes. Primero en el Institut Pere Mata de Reus, que tenía una arquitectura bastante novedosa, puesto que privilegiaba los espacios libres, con luz natural y vegetación. Cuando estalla la guerra es nombrado jefe de psiquiatría del ejército de la república y estuvo destinado en el frente de Aragón, en Extremadura y en Almodóvar del Campo, en Ciudad Real. Allí, en los hospitales a donde acude gente enferma y traumada por el conflicto —hay varias fotografías en la exposición—, empieza a trabajar también con grupos no profesionales. Es decir, pensaba que era positivo que en las instituciones mentales también trabajasen músicos, escritores y hasta prostitutas. De hecho, cerca del frente había un prostíbulo en el que se prohibió la actividad durante la guerra y Tosquelles decidió que las prostitutas trabajaran con él en el hospital.

“Tenía una visión muy local, muy situada y pragmática de la psiquiatría. Y creía en que era bueno mezclar a los médicos, los pacientes y la gente del pueblo. Y también creía en la función socializadora de la cultura”, añade Masó. Como decía su admirado Lacan, pretendía desmontar la línea entre la normalidad y la locura, problematizando la normalidad y naturalizando la patología. En definitiva, que todos, incluso los que nos pensamos sanos, tenemos nuestro cruce de cables. Otra idea era no separar a los heridos de los lugares donde habían vivido el trauma, ya que si no se cronifica, por lo que era necesario una unidad psiquiátrica cerca del frente.

placeholder Tosquelles, en Saint-Alban, con la escultura de Forestier, uno de sus pacientes.
Tosquelles, en Saint-Alban, con la escultura de Forestier, uno de sus pacientes.

Después de la guerra, y ya en el exilio, una faceta que, como recalca Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, le afectó bastante y es una de las patas de su actividad clínica —esta cosa de sentirse extranjero de sí mismo—, trabaja primero en el campo de refugiados españoles de Septfonds —hay varias imágenes y pinturas de cómo trabajaba y lo que pintaban los propios pacientes— y después en el Hospital Psiquiátrico de Saint-Alban, donde estará hasta 1962. Allí tiene que tratar a numerosos pacientes que pasaron por el trauma del nazismo y también fue el lugar de reposo y cuidados de escritores como Paul Elouard, que estuvo con su mujer Nusch, y Tristan Tzara. Varias fotografías de Jacques Matarasso revelan estas estancias. Allí fue donde también Tzara escribió su poema ‘Hablar solo’ que se dirige a mujeres estigmatizadas por la alienación mental.

Pacientes psiquiátricos

Como Tosquelles creía que la cultura tenía una tremenda función para ayudar a los pacientes con patología mental, la exposición se complementa con lo que se ha denominado como ‘art brut’, obras realizadas por varios pacientes de su hospital. Entre ellas, las de Auguste Forestier, Aimable Jayet y Marguerite Sirvins, que vivió en el hospital entre 1932 y 1957. Muchos de estos cuadros son retratos de figuras deformadas, con ojos muy introspectivos y algunos alucinados.

placeholder Obra de pacientes psiquiátricos en la exposición 'Francesc Tosquelles. Como una máquina de coser en un campo de trigos'. (EFE)
Obra de pacientes psiquiátricos en la exposición 'Francesc Tosquelles. Como una máquina de coser en un campo de trigos'. (EFE)

Para terminar, hay obras de otros exiliados políticos como Joaquim Vicens Gironella, Miguel Hernández Sánchez y José García Tella, si bien ellos no fueron pacientes psiquiátricos. Hay un Dalí de 1935 que anticipaba los tambores guerreros y hay una colección de cintas de casetes que Tosquelles grabó durante los treinta últimos años de su vida y que son una reflexión sobre casos, pacientes y cómo mejorar el tratamiento de la salud mental.

“Era más un radical reformista que un revolucionario. En 1952 ya dijo: para cambiar algunas cosas tenemos que cambiar otras”, resume Carles Guerra. Era contrario a los psicofármacos, era más partidario de una psiquiatría independiente de la medicina, si bien después su disciplina no ha seguido esa trayectoria. En cualquier caso, fue todo un innovador que mejoró la vida de sus pacientes y que hoy, por sus ideas relacionadas con la cultura, también es pieza de museo. Una exposición muy curiosa, llamativa, rara, pero que merece la pena.

Es muy probable que a usted el nombre de Francesc Tosquelles (Reus, 1912-Francia, 1994) no le diga nada. Es normal. Se exilió a Francia en 1939 al término de la guerra civil y ya prácticamente no regresó a España hasta muy a finales de su vida. Sin embargo, es una figura muy importante de la psiquiatría como pone en solfa la exposición que se acaba de inaugurar en el Museo Reina Sofía de Madrid y que cuenta con un título tan enigmático como lo es el cerebro: ‘Como una máquina de coser en un campo de trigo’. Prepárense: imágenes surrealistas, dibujos elaborados por pacientes psiquiátricos (art brut), fotografías de hospitales para enfermos mentales y de campos de concentración en España y de refugiados en Francia, historiales médicos, revistas. La paranoia que todos llevamos dentro, que decía Lacan y que, como recogió Tosquelles —muy ligado al psicoanálisis—, puede ser un material extraordinario para la revolución. Es una muestra colaborativa que pasó por Toulouse, estuvo hasta finales de agosto en el CCCB de Barcelona y acabará su recorrido en el American Folk Art Museum de Nueva York en verano. Otro ejemplo también de la magnitud que ha cobrado el asunto de la salud mental en la actualidad.

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