Es noticia
Menú
¿Por qué Griñán y no Bárcenas? Breve historia del indulto desde tiempo de Pilato
  1. Cultura
coba fina

¿Por qué Griñán y no Bárcenas? Breve historia del indulto desde tiempo de Pilato

Mucho antes del pasaje de san Marcos, que aparece en el Nuevo Testamento, la cosa de los indultos ya estaba en boca de todos y conseguía alimentar, como hoy en día, la confusión total

Foto: 'Ecce Homo', de Antonio Ciseri
'Ecce Homo', de Antonio Ciseri

"En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición. La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. Pilato les dijo: '¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?'. Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo: '¿Qué quieren que haga, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?'. Ellos gritaron de nuevo: '¡Crucifícalo!'. Pilato les dijo: '¿Qué mal ha hecho?'. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: '¡Crucifícalo!'. Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado".

Mucho antes de este pasaje de San Marcos, que aparece en el Nuevo Testamento, la cosa de los indultos ya estaba en boca todos y conseguía alimentar, como hoy en día, la confusión total en las personas que conforman una sociedad. ¿Por qué por este sí y este no? ¿Dónde está la línea del perdón? ¿Es una margarita bicolor que separa al bueno del malo? ¿Acaso no tiene Bárcenas, por ejemplo, el mismo derecho a ser perdonado que Griñán? Gracias a la tesis del licenciado en derecho, Don Ireneo Herrero Berbabé, he podido tirar un poco del hilo histórico que utiliza el indulto como medida de gracia. Y la cosa es tan vieja como lo de las putas. Así que trataremos de hacer una línea temporal, apoyado en los trabajos del magno profesor, y veremos cómo desde hace miles de años, manejamos la doble moral que camina entre lo justo, lo correcto, y entre algo más que no terminamos de entender, en este ecuánime arte conciliador de ir por ahí perdonando condenas judiciales como si la firma de un señor estuviese por encima de la ley, como parece que lo sigue estando, en estos tiempos en los que está tan mal mirado aquello de los privilegios a hunos solos y no a todos los 'hotros'.

En estos tiempos está mal mirado aquello de los privilegios a hunos solos y no a todos los 'hotros'

Así, la tesis del doctor Herrero Bernabé desgrana algunos de los ejemplos con más canas en este arte de perdonar, y que han venido uniendo tanto a republicanos como a monárquicos desde hace siglos, hinchando de orgullo y poder al perdonador desde que este es hombre y manda sobre todo. Como bien explica el profesor y cito literalmente: “La institución de la gracia era concebida como un atributo de la divinidad que la ejercita, como medio para equilibrar la justicia. De la divinidad se traslada al Rey, ya que este representa a Dios en la tierra, convirtiéndose de este modo en un instrumento arbitrario en manos del Príncipe: voluntad benévola que acabará por caracterizar la soberanía del poder absoluto” Llámenme loco, pero a mí me da que ya sospechan quién es el príncipe del poder absoluto aquí por casa.

Y continúa contándonos algunos casos, como por ejemplo, en el Código de Hammurabi, donde aparecen varios edictos que hacen referencia a los perdones allá por la Babilonia de hace 4.000 años. Lo mismo ocurre con los libros sagrados de la India, donde el ejercicio concreto de esa facultad constituía un acto religioso que purificaba al monarca. Al igual que en el antiguo Egipto, usando de referencia a Diodoro de Sicilia, quién cita a Ramsés II, que liberó a todos los prisioneros políticos cuando ascendió al trono de oro. Continúa el profesor hablando de la Amnistía, principio que ya vino recogido en la Ley del Olvido, que Trasíbulo hizo votar a los atenienses una vez expulsados “los treinta tiranos”, o Séneca, que ya en Los Tratados Morales, aconsejaba a Nerón acerca del concepto de Clemencia. Poco después, en tiempos de Augusto, la cosa comenzó desbocarse y se hizo, como su poder, absolutamente caprichoso. De este modo, la 'indulgencia suprimis' podía llegar a ser 'specialis' y 'generalis', mediante la 'abolitio publica', y quedaba perdonado por gracia suprema del emperador romano. Así fue evolucionando hasta llegar a nuestros fueros, que a modo de 'Fuero Juzgo' y bajo el nombre de “merced”, venía a ser un perdón que sólo el Rey podía otorgar, después de haber escuchado al Consejo de Miembros de la Iglesia y el de Los Mayores de la Corte, que ahora encarnan vidas de político de provincia que no salen de Madrid, con sus rayas, sus lumas y sus buenas dietas de alboroto polarizado, que encima compran sus voceros mediáticos con chalet en la Finca.

La cosa comenzó desbocarse y se hizo, como su poder, absolutamente caprichoso

Y desde que la civilización es injusta, que viene a ser desde el principio del todo, el tema de los indultos se ha ido basando en, básicamente, lo que le salía de los mismísimos cojones al que mandaba, al igual que pasa hoy. Y como en las putas que decía antes, navegamos con esa misma incertidumbre, esa duda, el doble sentido y juego extraño que ensombrece la moral del que se sabe portador de esas dos caras. Estoy seguro, por ejemplo, que de los cuatro mil que firmaron lo hicieron sabiendo que el dinero que se llevaba crudo Bárcenas no costó un céntimo al contribuyente, y que sin embargo, los más de seiscientos kilos que se vaciaron de las cargas públicas en ayudas a los desempleados, sí que costaron al español medio precisamente eso: seiscientos millones de euros, rayita arriba, francés natural abajo. ¿Hubieran firmado todos ellos para liberar a Bárcenas, que no hizo otra cosa que forrarse robando a turbios empresarios que jugaban a las concesiones de billetes de quinientos? ¿O es que la cosa va de cifras? ¿O es que va de contactos? Si se indultó en anterioridad a otros, ¿cómo no indultar ahora a Griñán del que todos coinciden que no robó? ¿Entonces por qué ha sido condenado?

A mí que me lo expliquen, porque de pronto, el delito se blanquea como quien gana mundiales, escribe libros o hace películas, y en todos esos casos, aparece el buenísimo patrio que regala palmadas en la espalda y trata de pasar así, como de lado, por el paternalismo del que decide para quién es una sentencia. Claro que no es agradable ver a Griñán preso, ¿cómo va a serlo? Eso quedaría para gente con delitos de sangre, violadores y calaña de peor crimen, como así reclaman algunos escritores reconvertidos en juristas, o en simplemente escritores españoles, que es lo mismo que decir cualquier otra cosa porque es nuestro deporte nacional: opinar, curar, juzgar y, por supuesto ahora también, perdonar. No están hechas las cárceles para gente de bien como Griñán; sí para golfos como Granados, Rato y cía: esos delincuentes sí que se la pasaron buena. Los otros no lo vieron y no fue su culpa. Les debieron indultar antes del deceso. Dijeron, que tampoco se había metido tanto. El chófer flipa, en cambio.

No están hechas las cárceles para gente de bien como Griñán; sí para golfos como Granados, Rato y cía

Y la sociedad se divide porque no comprende; pasa con muchas cosas, como con las putas. Unos dicen que deberían prohibirlo y otros hablan de la libertad de elección, tanto de mujeres y hombres para ejercerla, como de directores generales de trabajo para disfrutarla. Y entre esas bambalinas se muesca la cara de la gente que ya ha asimilado el error y que perdona, sobre todo porque todo el mundo se equivoca y no se merece pasar por tal barraca del hampa real. Porque pasó hace tiempo y ya lo hemos ido adoptando a nuestra imagen de buena gente, que es al final lo mejor que tenemos. Y lo firmamos y lo dejamos por escrito, porque queremos públicamente reconocer, que al final, este hombre no merece lo que la justicia dice que merece. Somos así para algunas cosas y no para otras.

En el Castillo de Pilato que somos en casa, antes de la cena, se te ocurre comentarlo. El padre, cansado de currar y de estar tantas horas pagando letras dice que le encierren. La mujer, o el marido del hombre, porque hay que dar para todos, ladea la cabeza concediendo esa segunda oportunidad que más bien se trata de la final por la edad del encausado. El abuelo piensa igual: deberían soltarle ya. Peores golfos hay, mira Pujol, añade. La hija, que es pequeña pero no tonta, también opina: ¿No soltaron a los de ETA cuándo tenían miles de años por cumplir? Pero es distinto hija, es delito de sangre. Ya. Pues que cumplan lo que deben. Pero la hipocresía del que firma aludiendo cierta altivez con respecto al resto, como que cojea.

Yo, que sólo miro y luego trato de escribir un poco más despacio, no entiendo dónde van publicando los requisitos para que tanto hunos como 'hotros' consigan la suerte del indulto; algo parecido a cuando prescribe un delito: ha sido tan pícaro, que al final, el pueblo enfurecido no pedirá a gritos que lo crucifiquen sino que lo liberen, como le pasó al bueno de Barrabás.

"En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición. La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. Pilato les dijo: '¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?'. Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo: '¿Qué quieren que haga, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?'. Ellos gritaron de nuevo: '¡Crucifícalo!'. Pilato les dijo: '¿Qué mal ha hecho?'. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: '¡Crucifícalo!'. Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado".

Indulto