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Laura Carneros, la voz de la generación precaria y la 'joyita' que hay que leer este año
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Laura Carneros, la voz de la generación precaria y la 'joyita' que hay que leer este año

En 'Proletaria consentida', refleja sin autocompasión a una generación frustrada por no encontrar trabajo, no poder emanciparse y por tener relaciones sentimentales líquidas

Foto: La escritora Laura Carneros (CEDIDA)
La escritora Laura Carneros (CEDIDA)

Hay familias que son pobres en 2022 y lo fueron también en 1995, 1985 y 1971. Familias que nunca se han lanzado a lo loco a meterse en cualquier hipoteca, que han mirado bien siempre la cesta de la compra, que envían con muchos esfuerzo a sus hijos a la universidad (y en incluso a Europa) y que luego se encuentran con el chaval/a hasta los treinta y pico en casa, sin trabajo, sin esperanza y con la angustia de no poder hacer nada. Según las (tristes) estadísticas, este es hoy un retrato robot bastante habitual y Laura Carneros (Málaga, 1988), que lo conoce bien, lo ha plasmado de forma muy brillante en ‘Proletaria consentida’ (Caballo de Troya), una novela fragmentada en la que hay mucha indignación, rabia y sexo (desesperado). Una joyita que hay que leer sí o sí.

placeholder 'Proletaria consentida'
'Proletaria consentida'

“Cuando terminé la carrera [de Comunicación] me sentía así”, cuenta por teléfono a este periódico acerca del título. “No estudiaba, intentaba hacer algunas cosillas… Yo sentía que para la clase a la que pertenecía, una familia trabajadora, obrera, debería estar trabajando y no en casa. Sentía que estaba deshonrando a mi clase social y que estaba parasitando a mis padres. Así que el título nace de esa situación de sentirme culpable e impotente”, revela esta escritora que tras algunas colaboraciones en el Festival de Cine de Málaga - “Eso no me da dinero, pero si no lo hago pienso que mi misión en este mundo no la estoy cumpliendo”- se gana la vida como teleoperadora. “Son las circunstancias. Intento buscar otra cosa, pero mientras tanto me tengo que adaptar a esto”, ataja.

Con estos mimbres, que ya estaban en el diario que Carneros empezó a escribir en 2013, fue naciendo una voz rabiosa que lleva a cuestas mucha frustración. Todo se hilvana a partir de la situación social de la protagonista porque, como ella misma asegura, el entorno, las posibilidades económicas, la estructura familiar en el que una persona nace y vive determina todo lo demás. Y a ella no le han tocado las mejores cartas. “No termina de arrancar su vida porque su entorno es así y sus oportunidades la han ido cercando. Hay un tope al que ha llegado y no puede subir más. La gente que nace con menos oportunidades económicas y sociales tenemos que luchar el doble o el triple y no se nos permite la mediocridad. O somos excelentes o tienes que luchar muchísimo por destacar al máximo porque no se nos permite equivocarnos, tener dudas… Todo es más complicado dependiendo de dónde se parte”, añade.

"La gente que nace con menos oportunidades económicas y sociales tenemos que luchar el doble o el triple y no se nos permite la mediocridad"

Por eso, y no es la única en su generación, le molestan esas comparaciones generacionales que hablan de tener una casa pagada con treinta años y con varios hijos a cuestas. O que hubo un tiempo, no hace mucho, arcoiris y mágico. “A muchos nos molestó mucho eso de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades. ¡Pero si en mi familia siempre hemos vivido con mucha mesura, siempre intentando ahorrar, no metiéndonos en trampas! Es verdad que hay rachas mejores y otras peores, pero quien está en una clase social media, media-baja tiene que luchar siempre. Puedes respirar un poquito mejor, pero es una lucha constante. Al menos en España”, manifiesta. A este asunto le dedica dos capítulos de título explícito: La vergüenza de ser pobre I y II.

Europa, crisis de ansiedad

En los últimos años, sobre todo a partir de la crisis de 2008, una salida para muchos ha sido la de marcharse fuera. A EEUU, a Europa. No siempre ha funcionado. En la novela la protagonista se marcha a Eslovaquia con un voluntariado y tampoco encuentra ElDorado. Al final acaban irritándole todos esos programas televisivos que muestran a españoles que viven muy bien en otros países. “Son realidades muy sesgadas. Mucha gente lo intenta y al final tiene que volver. Es más fácil si te vas con dinero o si has estudiado una carrera como una ingeniería, pero si es Filología, periodismo… Pero es que tendemos a idealizar lo que no tenemos”, sostiene.

placeholder Laura Carneros (Fran Carneros)
Laura Carneros (Fran Carneros)

En un momento de la historia la protagonista señala “el mundo me parece una amenaza”. La experiencia europea no ha ido muy bien, sigue sin encontrar trabajo “de lo suyo”, tiene 31 años y sigue viviendo con sus padres, ahogándose como las almejas cuando se cuecen en olla, según una metáfora que utiliza. Y acaba en un psicólogo, “pero de los baratos”. Si se busca en Google la palabra “ansiedad” junto a libros y canciones recientes de menores de treinta la cifra no es pequeña. Y no tiene nada que ver con la ansiedad sentimental sino que casa más con el disparado dato de deseo de suicidio entre los jóvenes, según estudios recientes.

“Está escrito en un momento en el que yo sufrí ansiedad. Fue después del covid, no tenía trabajo, todo lo que intentaba no me salía… No podía luchar. Quería contar cómo me sentía y lo importante que es ir al psicólogo, todos esos temitas que afortunadamente en los últimos tiempos se está hablando más de ellos”, comenta. En este sentido, le fastidia que se hable de los jóvenes como quejicas y llorones con terapia semanal. “No, es que encontrar trabajo es muy complicado. Ha cambiado cómo accedemos al mercado laboral, las probabilidades que tenemos…Y hace falta soltarlo”.

Sexo infeliz

Las dificultades laborales son una de las patas de la novela. La otra es el sexo. Un sexo despreocupado pero que está muy lejos de ser feliz y divertido. No solo porque no hay amor, sino porque no hay ni cercanía con los tipos con los que se encuentra. Ni siquiera con su pareja más estable. Si fuera un holograma tampoco pasaría nada.

“La precariedad sentimental es como la laboral. A mí me preocupa mucho cómo vivimos las relaciones hoy en día porque no nos comprometemos. No le damos importancia, pero a la vez le damos mucha… Podemos tener una historia importante y que nos marque y, sin embargo, lo dejamos ahí como si fuera nada porque pensamos que ya de entrada no va a funcionar”, comenta. Ella, como la protagonista, echa de menos “esa cosa de ir poco a poco, de conocerte”.

"La precariedad sentimental es como la laboral. A mí me preocupa cómo vivimos las relaciones hoy en día porque no nos comprometemos"

No le hace falta ser una ludita para denostar las aplicaciones tipo Tinder, ya que, asegura, están quitando el tiempo que antes se solía tener para conocer a una persona. “Acudimos a las aplicaciones porque no encontramos medios para relacionarnos y a la vez esas aplicaciones son una manera de relacionarse que no permite darnos espacios. Cuando empiezas a hablar con alguien se da por hecho que quieres todo, que te quieres acostar ya con esa persona… Nos hemos acostumbrado a no interactuar”, comenta. Pone un par de ejemplos: la inmensa cantidad de jóvenes que ya no llama por teléfono (mensajes y audios sí, llamadas, no) y la pirueta de conocer a alguien en un entorno físico y buscarlo en Tinder para charlar con él. “Nos sentimos muy inseguros si salimos del mundo online. Si no estamos detrás de una pantalla nos asusta muchísimo dar el paso de conocer a alguien".

Los responsables

‘Proletaria consentida’ no es el único libro que en los últimos tiempos muestra en primera persona la inestabilidad laboral y emocional de los jóvenes contada por ellos mismos y sin caer en un tono autocompasivo ni lastimero. De la misma fuente beben ‘Las maravillas’, de Elena Medel, ‘Para acabar con Eddy Bellegueule’, de Edouard Louis o ‘Como ser una chica’, de Caitlin Moran. ¿Es un grito sordo cuyos responsables no están escuchando en las sociedades más desarrolladas?

"Hasta que no lanzamos voces muy personales parece que somos una masa y no se nos oye"

“Quise que fuera una novela autobiográfica en primera persona porque si hablamos generalizando creo que no se conocen tanto las realidades. Hasta que no lanzamos voces muy personales parece que somos una masa y no se nos oye. Todo el mundo sabe que la gente lo pasa mal, sufre ansiedad por la economía, pero eso parece una masa, como los inmigrantes que se ahogan en el mar. Para mí era importante acotar la historia en personajes concretos”, mantiene. Y soltarlo, que se escuche. También para que alguien que se encuentra en la misma situación se sienta arropado. “Yo tenía la necesidad de contar lo mío para que otra gente que estuviera tan frustrada como yo, tan harta como yo, pudiera sentirse comprendida a través de mi escritura”. Y de ahí salió un libro. Léanlo. No defrauda.

Hay familias que son pobres en 2022 y lo fueron también en 1995, 1985 y 1971. Familias que nunca se han lanzado a lo loco a meterse en cualquier hipoteca, que han mirado bien siempre la cesta de la compra, que envían con muchos esfuerzo a sus hijos a la universidad (y en incluso a Europa) y que luego se encuentran con el chaval/a hasta los treinta y pico en casa, sin trabajo, sin esperanza y con la angustia de no poder hacer nada. Según las (tristes) estadísticas, este es hoy un retrato robot bastante habitual y Laura Carneros (Málaga, 1988), que lo conoce bien, lo ha plasmado de forma muy brillante en ‘Proletaria consentida’ (Caballo de Troya), una novela fragmentada en la que hay mucha indignación, rabia y sexo (desesperado). Una joyita que hay que leer sí o sí.